A) De 'buen mozuelo' a 'hombre de bien' La conversión en el Lazarillo de
3. Niveles de la conversión
3.4. Santa Teresa ante el modelo agustiniano: el carácter medial de la conversión
3.4.4. Funciones de la conversión: levantar el espíritu
La dimensión fisiológica que aportan la lectura y escritura de la conversión reside en su función como medio para ‚levantar el espíritu’, pues «en algunos libros que están escritos de oración tratan que, aunque el alma no puede por sí llegar a este estado – porque es todo obra sobrenatural que el Señor obra en ella – que podrá ayudarse levantando el espíritu de todo lo criado […]» (V 22.1, p. 298).
El motivo literario del ‚levantamiento’ o de la ‚elevación’ del yo ha sido analizado por Pestalozzi (1970) desde Dante hasta la lírica alemana de mitad del siglo XX. Una vez que el yo lírico dantesco alcanza la cumbre de la montaña, Pestalozzi comenta, se hacen notar los límites expresivos del lenguaje; más allá de esos límites se halla Dios y lo que no halla sitio dentro de la memoria queda en el cuerpo, a modo de residuo, en forma de ‚pasiones’ y movimientos emocionales.103
También Giordano Bruno recurre a una retórica de la emocionalidad para describir la elevación de su alma hacia Dios. El concepto central para Bruno es el ‚furor’ divino que le proporciona al alma la energía necesaria para alcanzar la realidad divina:
103 «Aquí en la cumbre del todo el tópico de lo indecible separa lo intencionado de la lengua. Con esto
la lengua se convierte en límite de lo que trasciende. La dimensión que se escapa a la lengua, a la cual remite, es por un lado Dios, que está por encima de todo entendimiento. A ella le corresponde en el poeta mismo una capa que en una pseudocomparación se llama ‘la passione impressa’ y en otra transposición ‘lo dolce nel cor’. Lo que la memoria no logró retener se mantuvo como movimiento emocional inarticulado» (Pestalozzi 1970: 16-17, trad. S.C.). [«Hier, auf dem Höhepunkt des Ganzen, setzt der Unsagbarkeitstopos das Intendierte von der Sprache ab. Damit wird die Sprache zur Grenzlinie dessen, was sie transzendiert. Die der Sprache entzogene Dimension, auf die sie verweist, ist einerseits Gott, der über alles Begreifen ist. Ihr entspricht im Dichter selbst eine unterhalb der Sprache liegende Schicht, die im Pseudovergleich ‘la passione impressa’ und in dessen Umsetzung ‘lo dolce nel cor’ heisst. Was die memoria nicht zu behalten vermochte, hat sich erhalten als unartikulierte Gefühlsregung»].
114 Esta palabra decisiva abre ulteriores vínculos. Es una palabra clave en el platonismo renovado por los Florentinos renacentistas. Marsilio Ficino lo había empleado en su comentario del Symposio para el ímpetu que le posibilita al alma la elevación hacia la unidad original (Pestalozzi 1970: 33).104
En el Libro de la vida, el concepto de levantar el espíritu equivale, según Steggink (1986: 525) al éxtasis, particularmente después de haber leído las Confesiones agustinianas y poco antes de formular el propósito de escribir «un libro nuevo, una vida nueva». Santa Teresa puntualiza que el levantamiento es diferente de la unión, pues en ambos casos Dios obra de manera distinta; el levantamiento es un fuego pequeño que consume un hierro, mientras que la unión es un fuego grande que en muy poco tiempo desprove al hierro de todo su ser:
Acaece venir este levantamiento de espíritu u juntamiento con el amor celestial; que a mi entender es diferente la unión del levantamiento en esta misma unión. […] mas un fuego pequeño también es fuego como un grande, y ya se ve la diferencia que hay de lo uno a lo otro: en un fuego pequeño, primero que un hierro pequeño se hace ascua, pasa mucho espacio; mas si el fuego es grande, aunque sea mayor el hierro, en muy poquito pierde del todo su ser, al parecer (V 18.7, p. 254).
En el capítulo 22.3, Santa Teresa postula levantar el alma de las cosas corpóreas, mientras que en el capítulo 9.5, poco antes de narrar su conversión, la santa describe cómo la observación del campo y de las flores le recordaban el Creador. La lectura de las Confesiones le da fuerzas para salir de su «tormento» y le dio «vida para salir de muerte tan mortal» (V, 9.8, p. 172). Si la observación del campo y de las flores es una vía para hacer memoria del Creador y el levantamiento del espíritu requiere apartarse de las formas corpóreas de la Creación, entonces la conversión que tanta fuerza vital le otorga al yo literario es una forma de olvido. Recordemos que la conversión ocurre a través de la lectura y en un acto de reconocimiento: Santa Teresa se reconoce a sí misma en el relato agustiniano. Entre el yo de San Agustín y el de Teresa se establece, así, una relación especular. Pero a través de todo el Libro, santa Teresa subraya que la lectura nunca le fue suficiente para alcanzar el conocimiento divino; éste lo obtuvo gracias a Dios mismo, quien le enseñó de otra manera los fenómenos que ella deseaba conocer. La lectura es como la mirada en un espejo, pero, comparada con el conocimiento divino, es una mirada del todo efímera. La lectura es, en este sentido, una alegoría para el olvido, pues ayuda a levantar el espíritu pero no llega a crear las condiciones aptas para
104 «Dieses entscheidende Wort eröffnet weitere Zusammenhänge. Es ist ein Schlüsselwort des in der
Renaissance von den Florentinern erneuerten Platonismus. Marsilio Ficino hatte es in seinem Kommentar zum ‘Symposion’ für den Elan verwendet, der der Seele den Aufstieg zum Ureinen ermöglicht».
115 experimentar la unión: «Como yo no tenía maestro y leía en estos libros, por donde poco a poco yo pensava entender algo (y después entendí que, si el Señor no me mostrara, yo pudiera poco con los libros deprender, […]) […]». El aprovechamiento de las almas, es, según Teresa, el objetivo último de su escritura:
Una de las cosas por qué me animé, siendo la que soy, a obedecer en escrivir esto y dar cuenta de mi ruin vida y de las mercedes que me ha hecho el Señor –con no servirle, sino ofenderle –ha sido ésta: que, cierto, yo quisiera aquí tener gran autoridad para que se me creyera esto. A el Señor suplico Su Majestad la dé.
Digo que no desmaye nadie de los que han comenzado a tener oración con decir: ‚si torno a ser malo, es peor ir adelante con ejercicio della’. Yo lo creo si se deja la oración y no se enmienda de el mal; mas, si no la deja, crea que le sacará a puerto de luz (V, 19.4, pp. 262-263).
Santa Teresa da su legitimación para inscribirse en la tradición literaria de san Antonio, Lucas, San Agustín y de todos los místicos que fijaron por escrito sus vivencias de lo divino: la lectura es efímera, como la mirada en un espejo, mientras que la escritura es la que le otorga permanencia a lo vivido y puede contribuir al levantamiento de aquellas almas que lean sus palabras.