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LA AUTOHIPNOSIS Y EL SÍ MISMO DEL TERAPEUTA

In document Lo Esencial de La Hipnosis (página 147-151)

HIPNOSIS EN LOS DEPORTES

CAPITULO 18 LA AUTOHIPNOSIS Y EL SÍ MISMO DEL TERAPEUTA

¿Cómo es su medio interno? ¿Es cómodo? ¿Estresante? ¿Generalmente se acepta a usted mismo o es autocrítico? A lo largo de este libro he enfati-zado el papel de la comunicación (incluyendo la comunicación con uno mismo) ya sea para intensificar o para disminuir la propia experiencia.

En ciertos aspectos, gran parte de lo que trata la psicopatología es de que las personas piensan en cosas que les hacen daño (sobre sí mismos, sobre los otros, sobre la vida o sobre lo que sea) y cometen el error de creer realmente en sí mismos. Por eso cuando alguien se dice a sí mismo «nunca tendré una buena relación», si acepta que esto es cierto se convertirá fácilmente en una dolorosa profecía autocumplidora. Ernest Hilgard, una figura muy importante dentro del mundo de la hipnosis, una vez llamó a la hipnosis la «imaginación creída». Si las personas llegan a creer en cosas útiles se dicen a sí mismos («puedo hacer esto, incluso aunque me intimide un poco»), éstos no se identifican o presentan como síntomas. Los terapeutas sólo oyen hablar de las cosas dolorosas que la gente se dice a sí misma, y de las consecuencias asociadas.

Yo creo que es una vergüenza que los terapeutas tiendan a centrarse sólo en la patología y la debilidad en vez de en los puntos fuertes y las habilidades. Creo que cuanto más se sabe sobre las experiencias internas de la gente que hace algo bien, más se aprende sobre cómo corregir o volver a centrar a aquellas personas que están actuando mal en esa misma área. Por ejemplo, las personas que tienen miedo a hablar en público crean vividas imágenes visuales (normalmente a través de la imaginación) de sí mismas hablando delante de un auditorio lleno de personas (o incluso delante de unas pocas) que parecen aburridas, irritadas y antagónicas. Se visualizan a sí mismos con detalle echando a perder su presentación, y pareciendo tontos a los ojos de los presentes. Entonces tienen todos los sentimientos ansiosos y aterradores (respuestas ideoafectivas) como sí esa imagen fuera real. Las personas que no tienen miedo a hablar en público no visualizan el fracaso. Los análisis más amplios sobre

«por qué» alguien tiene miedo a hablar en público son totalmente irrelevantes si continúan generando esas imágenes tan dolorosas. Ningún proceso de relajación puede competir con el poder de las imágenes que provocan dicha ansiedad si se les permite continuar. La terapia tiene que interrumpirlas.

LOS PUNTOS FOCALES Y LA CALIDAD DE LA VIDA DEL TERAPEUTA

Gran parte de lo que he dicho sobre la hipnosis se puede resumir su- cintamente con dos palabras: punto focal. Dónde se centra la atención y a qué aspectos de la experiencia se les presta atención y en cuáles se implica uno determinan en gran medida cómo responde y, finalmente, cómo se siente uno consigo mismo. Todas las situaciones tienen muchos puntos focales. Por ejemplo, al hacer hipnosis uno puede centrar su atención en cómo se siente a medida que realiza la sesión, que palabras dirá y las imágenes que hay en su mente a medida que las describe. El terapeuta está centrado, por lo tanto, principalmente a nivel interno. Si es así, está realizando la hipnosis bien. Si la atención no está centrada en el cliente, el terapeuta perderá la oportunidad de observar y utilizar respuestas espontáneas a medida que éstas surjan.

En otro ejemplo, si alguien está preocupado y absorto en algún problema (centrado en lo interno) pero se siente obligado a ir a una fiesta, si no puede cambiar los puntos focales y orientarse externamente para unirse a los otros, será visto como inaccesible (los demás lo interpretarán como arrogante, malhumorado o tímido) y conseguirá retroalimentación negativa como resultado. No será una buena experiencia.

En otro ejemplo, si yo me centro en satisfacer las necesidades del otro, y raramente en satisfacer las mías, me vuelvo dependiente del otro para tener autoestima, tengo miedo a ser abandonado, y tristemente, falto de conciencia de mí mismo como persona.

La hipnosis tiene que ver con el cambio de los puntos focales. Consiste en dirigir a las personas en una dirección o en otra, para que se centren en ideas que pueden facilitar sus circunstancias. Implica ayudar a la gente a construir el «encuadre mental» para que hagan cualquier cosa que intenten hacer, para que conecten con los recursos que necesitan para alcanzar sus objetivos. Por lo tanto, para ser un profesional hábil uno tiene que saber qué puntos focales hay que tocar para que el cliente tenga éxito.

LA AUTOHIPNOSIS Y EL SÍ MISMO DEL TERAPEUTA 161 Ahora ampliemos esta idea al lector. La autohipnosis consiste en aplicarse los mismos principios a uno mismo. Usando las inducciones que aparecen en este libro, el lector puede aprender a introducirse en la hipnosis, a dirigir su atención hacia aspectos de la experiencia a los que normalmente no presta demasiada atención. Uno se puede hablar a sí mismo a través de los pensamientos, de las cosas que quiere realizar y de cómo las va a realizar. Se puede usar la imaginación para visualizar el manejo exitoso de circunstancias difíciles, estableciendo la expectativa de que el éxito puede pasar de ser posible a ser probable. Se puede construir sobre la base de los sentimientos de deseo y recordar intensamente los sentimientos que van asociados al hecho de asumir un riesgo inteligente y superarlo; luego se amplían dichos sentimientos respecto a las preocupaciones que se tienen a mano.

¿Cómo se puede iniciar el aprendizaje de la autohipnosis? La sección de re- ferencias que aparece al final de este capítulo contiene algunas fuentes de infor- mación excelentes para ampliar la lectura. Yo recomiendo empezar grabando cintas de uno mismo como si fuera el cliente. Se elige una cuestión sobre la que trabajar, y se graba una cinta de cásete en la que aparece el proceso (el capítulo 21 contiene un ejemplo de un proceso orientado a los objetivos desde el principio hasta el final, que se puede usar como modelo) que trate de los propios intereses. Sugiero que se empiece por una cinta por varias razones. La primera es que ¿quién sabe cómo hablar con usted mejor que usted mismo? Segunda, cuando empiece a practicar la autohipnosis, al principio su atención se puede distraer. El hecho de tener la cinta como guía externa le permitirá que su atención vague pero vuelva a centrarse en la cinta. Con la práctica, la atención se distrae cada vez menos y uno aprende a estar «en camino» durante períodos cada vez mayores de tiempo. Y por supuesto, se puede acabar la sesión cuando se quiera reorientándose hacia el «estado despierto» normal y continuando con la agenda diaria. Finalmente el cásete se vuelve irrelevante a medida que uno aumenta la capacidad para entrar y permanecer hipnotizado sin necesidad de usarlo. Hay que practicar muchas sesiones sin cásete hasta poder realizar una sesión mentalmente sin necesitarlo.

La autohipnosis permite a la persona utilizar cualquier parte de sí misma que le ayude a beneficiarse más de una situación dada. Define la relación con uno mismo como cooperativa y respetuosa y no como con un conflicto interno y devaluado.

Para actuar bien como persona, al igual que como terapeuta, el «ambiente interno» se debe desarrollar y proteger. Es muy cómodo saber que

uno puede usar sus habilidades hipnóticas para mejorar no sólo las vidas de los clientes sino también la propia.

BIBLIOGRAFÍA

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CAPITULO 19 LA UTILIZACIÓN

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