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LA HIPNOSIS EN EL TRATAMIENTO DE TRASTORNOS COMUNES

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HIPNOSIS EN LOS DEPORTES

LA HIPNOSIS EN EL TRATAMIENTO DE TRASTORNOS COMUNES

En la práctica clínica uno se encuentra con una amplia gama de problemas. Algunos son bastante raros y otros bastante comunes. En este capítulo se ofrece una consideración breve y superficial sobre algunos de los problemas clínicos más comunes y algunos de los más frecuentemente asociados al tratamiento hipnótico. Se comenta cómo se puede usar la hipnosis, ya sea directa o indirectamente, en el tratamiento.

TRASTORNOS DE ANSIEDAD (ANSIEDAD, ESTRÉS, FOBIAS,

TRASTORNO POR ESTRÉS POSTRAUMATICO)

La hipnosis como herramienta de trabajo puede ayudar a crear habilidades para relajarse y dar una sensación de autocontrol. Yo creo que enseñar a los clientes la autohipnosis (inducciones hipnóticas y utilizaciones que pueden llevar a cabo ellos mismos cuando quieran) es una parte necesaria del trabajo hipnótico en contextos clínicos. El simple hecho de saber que uno puede relajarse profundamente y reconocer sus pensamientos, sentimientos y conductas puede tener un efecto poderoso a la hora de controlar el estrés y la ansiedad. Después de todo, el estrés suele estar en la interpretación que hace el cliente de los acon- tecimientos, no en los acontecimientos mismos. La hipnosis puede facilitar pers- pectivas alternativas y, por lo tanto, respuestas alternativas (Bandler, 1985; Brown y Fromm, 1987: Crawford y Barabasz, 1993; Habeck y Sheikh, 1984; Spiegel, 1993a; Yapko, 1989).

DEPRESIÓN

La depresión es un problema multidimensional muy complejo que prác- ticamente todo el mundo experimenta de vez en cuando en diferentes gra-

dos. Tratar los problemas de relación de la persona deprimida, sus distorsiones cognitivas, sus atribuciones de culpa y otros patrones depresógenos con métodos hipnóticos puede ser un enfoque eficaz.

La hipnosis se puede usar a nivel superficial para aliviar la ansiedad, in- terrumpir la rumiación negativa, aumentar la capacidad de respuesta y establecer expectativas positivas. Se puede usar a un nivel más intenso para fle-xibilizar patrones de pensamiento o interpretar acontecimientos rígidos y distorsionados, reformular los significados vinculados a experiencias que tienen su raíz en sistemas de creencias de culpa y construir marcos de referencia positivos para responder a la vida desde un encuadre más efectivo (Burrows, 1980; Havens y Walters, 1989; Havens, 1986; Miller, 1984; Torem, 1992; Yapko, 1988, 1989, 1992a, 1992b).

TRASTORNO DE PERSONALIDAD MÚLTIPLE (TPM)

En algún momento se consideró un trastorno extermadamente raro, pero ha sido descrito en alguna bibliografía clínica como un trastorno mucho más frecuente de lo que algunos clínicos imaginan. Es un diagnóstico muy controvertido puesto que, aunque ha sido incluido en la cuarta edición del Manual

Diagnóstico y Estadístico (DSM-IV), hay muchos clínicos que todavía se

cuestionan abiertamente si la disociación evidente en dichos casos no puede ser un producto, al menos en algunos de ellos, de los métodos del clínico.

Generalmente se cree que el TMP tiene su origen en graves traumas in- fantiles (por ejemplo, abuso físico o sexual) y las reacciones disociativas («fragmentación») se emplean como mecanismos de afrontamiento. Las personas con TMP han demostrado ser muy hipnotizables y con propensión a la fantasía (Frankel, 1990; Frischholz, 1985; Lynn, Rhue y Green, 1988).

Se utiliza la hipnosis con los TMP para explorar la amplitud y la cualidad de las disociaciones del cliente, para reformular el trauma, trabajar con los recuerdos traumáticos, facilitar la integración y tratar síntomas relacionados (Bliss, 1986; Braun, 1986; Horevitz, 1993; Kluft, 1985; Kluft y Fine, 1993; Putnam, 1989; Ross, 1989).

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DOLOR, ENFERMEDAD, CURACIÓN

A partir de una sección anterior en la que se trató la analgesia y la anestesia el lector tiene cierta familiaridad con el hecho de que la hipnosis se puede usar para reducir o eliminar el dolor o el sufrimiento. La idea errónea más común que tiene la gente es que se puede alterar la percepción del dolor que uno tiene con la hipnosis, como si el dolor no fuera «real», queriendo decir que debía ser «psicológico» (es decir, psicógeno). De hecho, la hipnosis se puede usar como anestésico único o principal incluso en operaciones importantes, cuando el daño del tejido es claramente evidente y tiene una base física. Todo el mundo conjetura cómo pueden crear las inducciones y la utilización de alguna de las docenas de estrategias de control del dolor un estado que permita tolerar una operación sin anestesia (éste es el objetivo de buena parte de la investigación), pero, aunque resulte sorprendente, es un fenómeno real.

Da igual que el dolor sera agudo o crónico, debido a una enfermedad or- gánica conocida o desconocida, quizá psicógena; la fuente de éste no tiene mucho que ver con el uso eficaz de la hipnosis para reducir el sufrimiento (Brown y Fromm, 1987; Chaves, 1993; Erickson, 1959, 1966; Hammond, 1990; Hilgard e Hilgard, 1994; Spanos y Chaves, 1989).

La hipnosis se ha aplicado exitosamente en el tratamiento de una amplia variedad de problemas médicos como quemaduras, cáncer, asma, alergias, zumbidos, hipertensión, verrugas, y casi cualquier otro en el que se pueda pensar. Aumenta la calidad y la velocidad de la recuperación, y puede ayudar a mantener la sensación de control sobre el propio estado (acortando la depresión y la ansiedad), o tener simplemente un efecto placebo que sea útil.

¿La hipnosis cura el cáncer, el SIDA o cualquier otra enferme-dad?¿Qué pasa con la hipnosis y la curación? Esta es una área muy controvertida dentro del mundo de la hipnosis clínica. Existen muchos informes anecdóticos sobre remisión de cáncer y aparentes curas tras un tratamiento hipnótico. Cada vez existe mayor evidencia objetiva respecto a su efecto en el desarrollo de un sistema de defensas naturales del propio organismo, el sistema inmunitario (Spiegel, 1993b). El mensaje «usted se puede curar a sí mismo si tiene la actitud apropiada» es popular por razones obvias, y tiene un poderoso atractivo para los enfermos y los moribundos. Los profesionales éticos tienen claro que no pueden decir «yo curaré su cáncer» (o lo que sea), pero también está claro que potencialmente se

puede ganar mucho intentándolo. Encontrar el equilibrio entre fomentar una falsa creencia en la cura y mantener una actitud positiva respecto a las posibilidades de curarse es un cuestionamiento diferente para el profesional que usa métodos de curación cuerpo-mente (Benjamin y Trubo, 1987; Chopra, 1991; Jevne y Levitan, 1989; Pearsall, 1987; Rossi, 1993; Rossi y Cheek, 1988; Siegel, 1986; Simonton, Henson y Hampton, 1992).

PROBLEMAS DE RELACIÓN (PAREJAS, FAMILIAS)

Muchas veces, las personas que participan en una relación tienen habilidades de comunicación o expectativas inadecuadas o mal definidas, falta de autoestima, miedo a la intimidad o al compromiso y otras barreras que impiden tener una relación efectiva.

Las estrategias hipnóticas se pueden usar para clarificar las expectativas, aumentar el nivel de motivación para resolver las diferencias en las relaciones, desarrollar habilidades de comunicación y resolver conflictos inconscientes respecto a la intimidad y el compromiso. Los enfoques metafóricos, la prescripción de síntomas y la reformulación son patrones que resultan eficaces en el asesoramiento en estas áreas. Cambiar la experiencia personal es una buena estrategia cuando se trabaja individualmente con alguien que tiene problemas de relación, creando los recursos necesarios para relacionarse con la otra persona. Ayudar a la persona a clarificar qué es lo que realmente quiere y valora es un buen punto de inicio para tratar cualquier problema clínico, pero esto es especialmente necesario en el contexto de las relaciones (Haley, 1973; Kershaw, 1992; Lankton y Lankton, 1986; Protinsky, 1988; Ritterman, 1983, 1985).

PROBLEMAS DE AUTOESTIMA

Cuando se trabaja hipotéticamente con problemas de autoestima se puede animar al cliente a asumir el control de situaciones planeando y ejecutando el curso de la acción de manera efectiva. Los clientes muchas veces se censuran a sí mismos con un flujo ininterrumpido de autocríticas. Tener una buena autoestima no significa que no exista la «crítica interna», sino que la persona no acepta que es cierta ni queda absorto en ella como si ésta fue-

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ra la suma total de su ser. La autoestima permite minimizar o ignorar la im- portancia de la crítica interna y no confundir quién eres y qué haces. La primera reformulación para tratar la autoestima es decir «no eres tú, es la manera como intentas hacer X». Cuando la persona encuentra estrategias exitosas para hacer X, su autoestima aumenta.

Se puede atraer la atención del cliente con metáforas al tiempo que descubre las experiencias de otras personas: cómo la persona de la metáfora tenía los mismos problemas o éstos eran estructuralmente similares, cómo los manejó y cuáles fueron las consecuencias. A través de una metáfora terapéutica el cliente puede adquirir conocimientos de gran impacto. La metáfora puede encajar en el grado que el clínico desee con el marco de referencia, sentimientos, nivel de experiencia y dinámicas inconscientes del cliente. Una vez se ha establecido la identificación, la metáfora terapéutica continúa, sugiriendo soluciones, esti- mulando acciones y aportando sugestiones entremezcladas (Alman y Lambrou, 1992; Hammond, 1990; Lankton y Lankton, 1983; McNeal y Frederick, 1993).

DlSFUNCIONES SEXUALES

Las personas con problemas sexuales tienen muchas veces un estado di- sociado respecto a su funcionamiento sexual. Hay una parte de ellos que intenta implicarse en actividades sexuales, y otra que observa y critica la ejecución. El resultado es una concentración difusa e insuficiente para tener un buen funcionamiento sexual. La hipnosis se puede emplear para facilitar el proceso de reintegración de manera que la persona en su totalidad pueda estar en el «aquí y ahora», experimentando y empleando la actividad sexual. Una intervención consiste en alterar la conciencia sensorial aumentando las sensaciones cinestésicas hipnóticamente. Ésta es una técnica de ampliación del enfoque sensorial que utilizan los sexólogos más tradicionales para el tratamiento de las disfunciones sexuales.

La ansiedad relacionada con el desempeño es un objetivo fundamental en estos casos. La ansiedad produce un mal desempeño que, a su vez, produce más ansiedad, que entonces aumenta la probabilidad de un mal desempeño y se convierte en un círculo vicioso. Un buen modelo para usar durante la actividad sexual es aprovechar la tranquilidad que ofrece la hipnosis para permitir que el cliente se «deje ir», algo fundamental para disfrutar de la actividad. Enseñar a los clientes autohipnosis para ayudarles a afrontar la

ansiedad permite generalizar la relajación al contexto en el que quieren tenerla. Reformular el sexo como una función natural y sana es uno de los patrones hipnóticos más usados en la terapia sexual. Dar órdenes paradójicas como «evitar el sexo a toda costa esta semana» puede facilitar la actitud del cliente de «ahora te enseñaré: lo practicaré más todavía». Cambiar la historia personal para volver a enseñar una actitud positiva respecto al sexo es también una estrategia de tratamiento viable. La progresión temporal en la que el cliente se ve a sí mismo sexualmente activo y satisfecho es otra aplicación potencial de la hipnosis. Ambas, hipnosis y terapia sexual, son muy compatibles y se pueden integrar con facilidad en el tratamiento de las disfunciones sexuales (Araoz, 1982, 1984; Crasilneck, 1982; Erickson, 1973; Hammond, 1990; Zeig, 1980).

ABUSO DE SUSTANCIAS (TABACO, PESO, DROGAS)

La hipnosis se puede usar para volver a cultivar la conciencia corporal y aumentar la autoestima y una sensación de independencia que permita afrontar

cualquier situación sin necesidad de recurrir al abuso. El clínico puede hacer que

la experiencia de abuso de sustancias sea muy desagradable, resolver cualquier depresión subyacente, un fenómeno tan común entre los que abusan de sustancias pero tan pocas veces diagnosticada (muchas veces la sustancia de la que se abusa se usa como automedicación para tratar la ansiedad asociada a la depresión), e incluso se pueden recrear hipnóticamente las sensaciones positivas de la sustancia sin tomarla realmente.

Resolver los problemas de abuso de sustancias puede ser un proceso de reintegrar los elementos disociados y reformular tanto el significado de la con- ducta autodestructiva como las implicaciones del sistema de creencias del cliente (Alman y Lambrou, 1992; Hammond, 1990; Levitt, 1993; Lynn, Neufeld, Rhue y Matorin, 1993; Orman, 1991; Page y Handley, 1993; Spiegel y Spiegel, 1987; Zeig, 1985).

CONCLUSIÓN

Aprender cómo, cuándo y dónde aplicar las diferentes experiencias te- rapéuticas disponibles a través de la hipnosis requiere años de práctica y es-

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tudio. Este capítulo ha expuesto al estudiante algunas de las muchas formas en que se puede aplicar la hipnosis de manera creativa y significativa. Cuanto mayores sean los conocimientos que tenga uno sobre los componentes que forman parte de todos y cada uno de los síntomas, mayor será el respeto que sentirá por toda la integridad del sistema perfectamente equilibrado llamado «cliente».

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MUESTRA DE LA TRANSCRIPCIÓN DE UN TRANCE:

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