HIPNOSIS EN LOS DEPORTES
LA EXPERIENCIA DE LA HIPNOSIS
La hipnosis es una experiencia extremadamente subjetiva, puesto que no hay dos personas que la experimenten de la misma manera. En este capítulo se presentan algunas de las características más destacadas de dicha experiencia, tanto físicas como psicológicas. En la tabla 1 aparece una lista de las características más normales que manifiesta la persona hipnotizada.
Estas características se han de comunicar de manera diferente a una persona hipnotizada de como se haría en una interacción más rutinaria.
CARACTERÍSTICAS PSICOLÓGICAS DEL ESTADO HIPNÓTICO
Atención selectiva
Si algún lector ha oído o ha usado alguna vez la frase «sólo ve lo que quiere ver» es consciente de que los seres humanos se dan cuenta de aquello a lo que eligen darse cuenta. Esto implica que las personas quizás no aprecien aquello de lo que eligen no darse cuenta. A este fenómeno se le conoce como «atención selectiva», es decir, la capacidad de centrarse deliberadamente en una porción de la experiencia mientras que «se desconecta» del resto.
El proceso de la atención selectiva es un factor instrumental en la interacción hipnótica (Crawford y Gruzelier, 1992; Weitzenhoffer, 1989). El cliente debe atender selectivamente y de forma gradual a las sugerencias que se le ofrecen y reducir su atención a cualquier asociación interna que puedan estimular las sugestiones. El cliente generalmente está centrado en lo interno; incluso aunque se dé cuenta de los acontecimientos externos y responda a ellos, realmente éstos representan sólo una mínima parte de la atención del cliente. Se vuelve muy destacada la capacidad del inconsciente para responder a las cosas que están fuera del campo atencional consciente de la persona. Con esto acabo de sentar las bases para la siguiente característica que comentaré: la disociación.
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Tabla 1
La experiencia de la hipnosis
Absorción de la atención experiencial y selectiva (Spiegel y Spiegel, 1987). Expresión fácil (Gilligan, 1987).
Implicación experiencial y no conceptual (Erickson, Rossi y Rossi, 1976). Deseo de experimentar (Gilligan, 1987).
Flexibilidad de las relaciones espacio/tiempo (Erickson, Rossi y Rossi, 1976). Alteraciones de la percepción (Erickson y Rossi, 1979).
Fluctuaciones en el grado de implicación (Gilligan, 1987). Inhibición motriz/verbal (Erickson, Rossi y Rossi, 1976).
Lógica del trance: reducción de la contrastación con la realidad (Shor, 1959). Procesamiento simbólico (Zeig, 1980).
Distorsión del tiempo (Erickson, Rossi y Rossi, 1976).
Amnesia (total o parcial) (Erickson, Rossi y Rossi, 1976; Rossi, 1993).
Disociación
Mientras la persona está hipnotizada, su atención está centrada de manera selectiva en las sugestiones del clínico y, como consecuencia, se puede desencadenar cualquier asociación inconsciente y producirse una división entre la mente consciente y la inconsciente. La mente consciente se ocupa de los procedimientos hipnóticos mientras que la inconsciente busca activamente significados simbólicos, asociaciones pasadas y respuestas apropiadas. Esta separación de las dimensiones consciente e inconsciente del funcionamiento durante la experiencia hipnótica se lleva a cabo a diversos niveles con diferentes personas y se llama «disociación». El hecho de que la mente consciente y la inconsciente se puedan dividir en cierta medida y utilizar como entidades independientes aunque sean dependientes, es la piedra angular de la hipnosis. Facilitar la disociación mediante los enfoques hipnóticos permite tener un acceso más directo a los diferentes recursos de la mente inconsciente y profundizar en el conocimiento del funcionamiento interno de la persona.
Otra forma de considerar la naturaleza disociativa de la experiencia hipnótica es a través de la «conciencia paralela» que se amplifica durante la
hipnosis. El cliente hipnotizado tiene múltiples conciencias y cada una de ellas opera en un nivel separado. Uno de dichos niveles es relativamente objetivo y tiene una comprensión realista de la naturaleza de la experiencia, una parte de la persona a la que Ernest Hilgard (1986) llamó el «observador oculto». Éste está separado (disociado) de la inmediatez de las experiencias sugeridas, y puede mantener cierto grado de objetividad respecto a la experiencia. Esta característica disociativa del estado hipnótico permite que el cliente preste atención y responda a las sugerencias y al mismo tiempo se observe a sí mismo al tener la experiencia (Hilgard, 1992; Kirsch y Council, 1992; McConkey, 1986).
Aumento de la respuesta a la sugestión
Los factores atencional y disociativo descritos antes llevan normalmente a un aumento de respuesta ante las sugestiones. La interacción hipnótica se ha definido como terapéutica y/o educativa para el cliente, y la capacidad de influir está ciertamente presente. El cliente atiende de manera selectiva a la sugestión del clínico, y dicha sugestión le produce respuestas y asociaciones. El aumento de la capacidad de respuesta está evidenciado por un mayor deseo del cliente de ser guiado por las sugestiones del clínico, probablemente por la expectativa de poder conseguir algo aceptándolas.
La capacidad de respuesta, por lo tanto, no se ha de confundir con la credulidad o con la aceptación sin cuestionamientos. El estado hipnótico
amplifica realmente el rango de elecciones de la persona, incluida la elección de
rechazar una sugestión que no tiene coherencia (Hilgard, 1965; Kirsch, Lynn y Rhue, 1993). El aumento de la capacidad de respuesta a la sugestión es una elección que realiza el cliente y ha de estar guiada por alguien en quien él/ella confía y cree que le puede ayudar. Si las dinámicas personal, interpersonal y contextual no son favorables, la capacidad de respuesta es inexistente. El resultado es lo que clásicamente se conoce con el nombre de «resistencia».
Interpretación subjetiva
Cómo responderá una persona a una palabra o frase es algo impredeci-ble. Hay que recordar que cada persona usará su propio marco de referencia (es decir, experiencias, conocimientos) para dar significado a las palabras del clínico. Lo mejor que este último puede hacer es usar las palabras con sufi-
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ciente cuidado como para dejar tan poco espacio como sea posible (o tanto, según sea el caso) a la mala interpretación «errónea». El entrenamiento en hipnosis con pares permite recibir una retroalimentación honesta sobre el impacto que han tenido las palabras y frases que es bastante probable que los clientes no den. Descubrir qué comunicaciones facilitan la experiencia hipnótica y cuáles la entorpecen son dos de los aspectos más valiosos de la formación en hipnoterapia clínica con grupos pequeños (Erickson y Rossi, 1979, 1981; Matthews, Lankton y Lankton, 1993).
«Lógica del trance»
Una característica del estado hipnótico que es totalmente práctica, aplicada a la clínica se llama «lógica del trance». Esto hace referencia a que el cliente no tiene necesidad de que su experiencia sea enteramente realista o racional. En otras palabras, el cliente puede, al menos temporalmente, aceptar la realidad sugerida, aunque ésta sea ilógica y objetivamente imposible, como si fuera la única realidad.
La lógica del trance es un estado voluntario de aceptación de las sugestiones sin que tenga lugar la evaluación crítica que, por supuesto, destrozaría la validez o el significado de algunas sugestiones. La oportunidad de que el cliente responda «como si» algo fuera real puede ser la puerta que lleve hacia sentimientos más profundos y a cuestiones apropiadas para realizar intervenciones terapéuticas (Lynn y Rhue, 1991; Orne, 1959; Sheehan y McConkey, 1982).
Relajación
Una persona puede estar hipnotizada sin que necesariamente esté relajada, pero la relajación de cuerpo y mente es una característica que la mayoría de la gente asocia con la hipnosis. La mayor parte de los procesos terapéuticos tienen que ver con la relajación como forma de facilitar la disociación de la mente consciente e inconsciente. La relajación hace que los clientes se sientan bien, altera su experiencia de sí mismos de manera bien definida, y se les puede convencer, incluso, de que están hipnotizados (Benson y Carol, 1974; Edmonston, 1991; Mitchell y Lundy, 1986).
La relajación asociada a la hipnosis surge en forma de varios cambios físicos (descritos en la siguiente sección) y de una pasividad voluntaria en la que el cliente experimenta que hacer cualquier cosa supone demasiado es-
fuerzo. Si se le pide al cliente que hable, se mueva o piense, éste suele reaccionar con una inactividad aparente, simplemente porque lo que se le ha sugerido requiere más energía de la que él/ella está dispuesto a gastar. Esta es otra razón para asumir un enfoque laxo en vez de uno exigente, para que el cliente experimente la hipnosis a su manera sin tener que «actuar».
CARACTERÍSTICAS FÍSICAS DEL ESTADO HIPNÓTICO
¿Cómo sabe uno que su cliente está hipnotizado?La respuesta es un de- finitivo... no se sabe. Se desconoce cuál es el momento preciso en el que una persona ha dejado su estado de conciencia normal y ha entrado en uno más centrado. Dado que el estado hipnótico difiere de la experiencia mental cotidiana en el grado y no en el tipo de experiencia, no existen unos límites claros que separen el estado «normal» del estado hipnótico. Asimismo, tampoco existen líneas claras que dividan los diferentes grados de profundidad hipnótica. Sin embargo, con la experiencia, es probable que uno se dé cuenta de las diferentes características físicas que están asociadas con la hipnosis y las pueda usar como indicadores generales de su presencia (Erickson, Rossi y Rossi, 1976).
Los indicadores físicos útiles son:
1. Relajación muscular: obsérvese el nivel de tensión que tiene la persona en el cuerpo y especialmente en los músculos faciales, antes y durante el trabajo hipnótico, para comparar.
2. Contracciones musculares: a medida que cuerpo y mente se relajan se producen espasmos totalmente involuntarios que están relacionados con cambios neurológicos producidos con la relajación.
3. Lacrimación: cuando la persona se relaja, algunas veces puede derramar alguna lágrima. Algunos suponen automáticamente que la persona está triste y llora, pero es algo injustificable que puede llevar a una conclusión posiblemente errónea. Si se tienen dudas, es bueno preguntar.
4. Ojos cerrados y parpadeos: a medida que la persona empieza a cambiar su centro de atención y entra en la hipnosis, puede empezar a parpadear a gran velocidad, normalmente sin ser consciente de ello. Además se producen movimientos oculares rápidos que son observables a lo largo de todo el proceso hipnótico, y más si los métodos implican mucha visualización.
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5. Cambio en el ritmo respiratorio: es normal el cambio en la respiración, ya sea porque se enlentece o porque se acelera. Es bueno observar los patrones respiratorios del cliente antes y durante el proceso para comparar. La respiración de algunas personas se vuelve más superficial y la de otras más profunda; algunas tienen una respiración torácica y otras diafragmática. 6. Cambio en el ritmo del pulso: también es normal que el pulso se acelere o se
retarde. Cuando un cliente está sentado cómodamente, se puede observar el pulso de la arteria carótida en el cuello. Si se prefiere (y se tiene el permiso del cliente) se puede coger al cliente por la muñeca «para darle apoyo» y tomarle el pulso.
7. Relajación de la mandíbula: muchas veces la mandíbula inferior cae y, subjetivamente, parece que pese tanto que cuesta un esfuerzo consciente cerrarla. (Yo he conocido personas que no participarían en hipnosis de grupo debido a lo embarazoso que les resulta su tendencia a babear.)
8. Catalepsia: es una inhibición de los movimientos voluntarios que se refleja únicamente en la absorción que produce la hipnosis. A diferencia del sueño, en el que se está en movimiento casi constante, la persona hipnotizada se mueve muy poco, si es que llega a hacerlo. Muchas veces el cliente se siente disociado de su cuerpo y, por lo tanto, lo olvida.
A veces uno puede encontrar a alguien que se mueve mucho (esto ocurre sobre todo en los niños). En un curso de formación, yo tenía a un alumno en clase que tenía el sobrenombre de «el agitador». Cuando estaba hipnotizado, le gustaba rodar por el suelo y moverse a gran velocidad. Al acabar describía lo bien que se relajaba su cuerpo a través del movimiento. Aunque el movimiento pueda parecer excesivo o perjudicial a los ojos del terapeuta, el cliente puede estar igualmente hipnotizado.
Cada una de las características físicas descritas anteriormente se puede usar como indicador general de la hipnosis, pero ningún signo, por sí solo, puede decirnos qué es lo que realmente está experimentando el cliente a nivel interno. En cierto sentido el clínico es un visitante en el mundo de otra persona y debería ser un observador cauto y, sobre todo, respetuoso. Gran parte de la evaluación de cuándo se pasa de una fase de la sesión de hipnosis a otra, por ejemplo ir de la inducción a la utilización, se basa en lo bien que se observen los cambios en el cuerpo y la conducta del cliente. Tomar una línea de base de su tensión muscular, su ritmo respiratorio y pulso y cualquier otra cosa que se encuentre antes de empezar, puede ayudar a darse cuenta de los cambios que
tienen lugar a medida que se progresa y que sugieren el desarrollo de un estado diferente del que tenía el cliente originariamente. No siempre se puede saber cuál es el contenido de la experiencia, pero se pueden observar cambios que indican que la guía del terapeuta ha producido algún impacto. Cuanto más hábil se vuelva uno en observar dichos cambios, más cómodo se sentirá para adaptar las sugestiones espontáneamente a la experiencia del cliente (Grinder y Bandler, 1981; O'Hanlon, 1987).
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