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RIESGOS DE LA HIPNOSIS Y ASPECTOS ÉTICOS

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HIPNOSIS EN LOS DEPORTES

CAPITULO 24 RIESGOS DE LA HIPNOSIS Y ASPECTOS ÉTICOS

En un capítulo anterior en el que se trataban los conceptos erróneos sobre la hipnosis, uno de ellos tenía que ver con el daño potencial que podía sufrir un cliente que siguiera un tratamiento hipnótico. En dicho comentario señalo que la hipnosis es una herramienta, no una terapia, y que se puede aplicar de manera hábil o se puede usar mal y dañar al cliente. Esto otorga una responsabilidad total al clínico, que la ha de usar manera juiciosa y precavida.

Al tratar la mente inconsciente del cliente y sus dinámicas intrapsíqui-cas más directamente, el clínico tiene la oportunidad de acceder a un mundo interno que tiene un equilibrio delicado. Si uno es insensible a las poderosas emociones que puede desencadenar lo que tradicionalmente se llama «abreacción», puede poner al cliente en peligro y perder la oportunidad de llevar a cabo una curación real. Si el clínico se siente incómodo tratando fuertes asociaciones emocionales que quizá han sido provocadas por lo que inicialmente pretendía ser una experiencia hipnótica tranquila, puede elegir entre intentar sentirse cómodo o evitar realizar cualquier trabajo que tenga un impacto realmente emocional (es decir, hacer terapia en un estilo totalmente intelectual).

En este capítulo me gustaría comentar algunas de las posibles reacciones inesperadas provocadas por la hipnosis que exigen que se le tenga un respeto sano por dicha técnica.

Antes de que el lector empiece a fantasear posibilidades horribles e inexplicables permítanme asegurar un par de cosas. Primera, si el terapeuta es respetuoso con la integridad de su cliente, se evitarán prácticamente todos los peligros potenciales. Segunda, si el terapeuta puede apreciar que las abreacciones tienen un gran valor terapéutico puesto que alivian el insight y la emoción si se guían de forma hábil, no les tendrá miedo. Eso tampoco significa que se tengan que potenciar, pero se pueden ver como una ventana abierta a una poderosa experiencia terapéutica.

No existen peligros que se puedan atribuir al estado hipnótico en sí mismo. Cualquier tipo de dificultades que surjan como resultado de la experiencia hipnótica tienen que ver con las asociaciones que provocan los elementos de comunicación que están presentes en la interacción. Éstos incluyen la relación entre el clínico y el cliente, el estilo de comunicación empleado, el contenido de la sugestión específica utilizada, las variables contextúales y, lo más importante de todo, la comunicación intrapersonal del cliente (Frauman, Lynn y Brentar, 1993; Judd, Burrows y Dennerstein, 1985; MacHovec, 1986).

Surgirán problemas si se hace un uso indiscriminado de la hipnosis debido a algunas de las razones que comentaré ahora al identificar las dificultades potenciales y su resolución.

SUSTITUCIÓN DEL SÍNTOMA

Uno de los argumentos más comunes que se utilizan contra la hipnosis tiene que ver con la «sustitución del síntoma». Esto hace referencia al surgimiento de un nuevo síntoma, no necesariamente peor, que sustituya al anterior que se eliminó durante el tratamiento. Para que uno otorge a la hipnosis esta potencial labilidad, ésta debe verse como un tratamiento sintomático y no como un enfoque dinámico que aborda las causas subyacentes. La teoría dinámica dice que la energía psíquica asociada a conflictos internos se alivia mediante el desarrollo de un síntoma: una salida para la energía. Al eliminar dicha salida, la energía se ha de volver a dirigir a algún otro lugar y hay que buscar otra salida. Otros enfoques «sintomáticos», el más destacado de los cuales es el conductismo, han sufrido esta misma acusación.

En el caso de la hipnosis, existe un rasgo peculiar que hace que la respuesta a la crítica sea algo más compleja. La hipnosis se puede usar sintomáticamente (estandarización del enfoque) y, en mi opinión, se usa de esta manera con demasiada frecuencia, debido parcialmente a la falta de leyes que regulen una formación y una práctica competentes. Las sugestiones simples y directas dirigidas al síntoma objetivo las pueden usar personas legas y sin formación que desconozcan las cuestiones que aparecen a lo largo de este capítulo en particular y de todo el libro en general. Sin entender el papel del síntoma en la vida de la persona y las dinámicas relacionadas, su sustitución puede ser (pero no necesariamente) un resultado inesperado y no deseado.

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Lo característico es que, aunque la hipnosis se puede usar sintomáticamente, uno de sus puntos fuertes deriva de su capacidad para ser usada de una manera más compleja, por ejemplo tratando las dinámicas y consecuencias subyacentes al síntoma. Éste es el tipo de ideas que yo quería promover a lo largo del libro al abordar los diferentes aspectos y conceptos asociados a la práctica responsable de la hipnosis clínica (Rosen, 1960; Spiegel y Spiegel, 1987; Weitzenhoffer, 1989).

FRACASO A LA HORA DE ELIMINAR LAS SUGESTIONES

Uno de los miedos más frecuentes a los que hacen referencia mis alumnos tiene que ver con el fracaso al eliminar las sugestiones. Con la cantidad de cosas que ocupan la mente del clínico cuando está realizando hipnosis (formular sugestiones significativas al mismo tiempo que se observan de cerca y se utilizan las respuestas del cliente), ¿qué ocurre si el clínico olvida eliminar una sugestión?

La respuesta a este estado aparentemente peligroso es relativamente simple. Las sugestiones dadas para conseguir respuestas particulares en la persona hipnotizada son específicas del estado hipnótico. En otras palabras, sólo son operativas mientras la persona está hipnotizada. Las respuestas obtenidas mediante la hipnosis no se pueden trasladar al estado «despierto» del cliente a menos que se le haya dado una sugestión para hacerlo. De hecho éste es el principal propósito de la sugestión poshipnótica: permitir que las respuestas obtenidas en la hipnosis se generalicen a otros contextos. Sin sugestiones poshipnóticas (ya sea del cliente a sí mismo o por parte del clínico) que permitan trasladar una respuesta a otro contexto, ésta sólo se puede observar durante la hipnosis. Por lo tanto, si el clínico olvida, al final del proceso, eliminar sugestiones que ha dado durante la hipnosis es bastante probable que desaparezcan automáticamente al salir del estado hipnótico. Si se produce una excepción y el cliente continúa experimentando una sugestión que no pretendía ser poshipnótica, es probable que él mismo se haya dado una sugestión para hacerlo. La hipnosis se puede introducir y eliminar si se desea (Brentar, Lynn, Carlson y Kurzhals, 1992; Kleinhauz y Beran, 1984; Orne, 1965; Weitzenhoffer, 1989).

REGRESIÓN ESPONTÁNEA Y ABREACCIÓN

Los términos «regresión espontánea» y «abreacción» no son sinónimos pero están tan relacionados que he decidido explicarlos juntos en esta sección. Una regresión espontánea es la acción en la que aparecen en la conciencia experiencias del pasado reprimidas. La abreacción aparece definida al inicio de este capítulo como la expresión de emociones reprimidas. Ambas explican las emociones inesperadas que hacen que la hipnosis sea una herramienta tan poderosa. Cuando se está haciendo algo aparentemente tan simple y general como un procedimiento de relajación, un cliente puede asociarlo con una palabra o imagen que tenga una gran carga emocional para él, provocándole sentimientos de dolor, enfado o cosas similares.

La regresión espontánea ante algún recuerdo desagradable es un indicador de lo que normalmente se llama «asuntos pendientes», que son experiencias que están pendientes de ser resueltas. A veces la represión es tan grande que el material permanece fuera de la conciencia incluso durante la hipnosis, y la persona se queja de dolor de cabeza o algún otro tipo de molestia después de la experiencia hipnótica.

Incluso el clínico más hábil no sabe qué minas hay en el inconsciente del cliente esperando a que uno tropiece con ellas durante la terapia o la hipnosis. Cada ser humano tiene una historia personal única y hace asociaciones idiosincrásicas con las palabras y las experiencias. Lo que parece un término neutral para una persona puede desencadenar alguna experiencia personal intensa en otra. Por lo tanto, la idea de hacer hipnosis sin producir nunca una abreacción es bastante improbable. Por otra parte, hay algunos clínicos que las promueven mediante una especie de «voyeurismo psicológico», suponiendo que las emociones intensas son terapéuticamente necesarias así como fascinantes de observar.

Las abreacciones se pueden manifestar de muchas maneras como llorando, con hiperventilación, con temblor corporal (o de partes específicas del cuerpo), mediante conversiones histéricas, desconexión prematura de la hipnosis, alucinaciones, delusiones y movimientos de balanceo similares a los auristas. Estas conductas no indican automáticamente la existencia de abreacción pero se debería responder a ellas con precaución y de forma sensata. Lo más importante que hay que recordar es esto: el terapeuta se puede sentir cómodo pidiendo al

cliente que describa su experiencia. Es útil dar sugestiones protectoras y apoyar

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utilizar. La persona ha empezando con alguna información delicada y no hay que desperdiciar la ocasión de permitir que se produzca una abreacción y ser útil al cliente ayudándole a tener una nueva perspectiva de dicha experiencia. Después de todo para esto sirve la terapia, ¿no es cierto? No se puede cambiar el pasado pero sí las actitudes que se tienen respecto al mismo.

Algo que ayuda es usar sugestiones que calmen e incluso, si la reacción es totalmente inesperada, el terapeuta sabe, a partir de ahí, que se puede encontrar con lo inesperado. Hay que asegurarse de que la voz sea suave y dé confianza. En general, lo mejor que se puede hacer es usar la hipnosis para resolver la situación y cerrarla. Incluso si ha acabado la hora de visita, la responsabilidad del terapeuta todavía no ha acabado. Hay que asegurarse de que el cliente se marcha de manera tranquila.

Si un cliente empieza con alguna información delicada que el terapeuta no se siente preparado para controlar por alguna razón, sugiero que se asegure de que lo va a derivar inmediatamente a un profesional apropiado que le pueda ayudar (es importante tener una buen listado de profesionales para hacer derivaciones) (Crasilneck y Hall, 1985; Feldman, 1985; Hammond, 1990; Kroger, 1977; Spiegel y Spiegel, 1987; Spiegel, 1993; Yapko, 1992).

DIRECTRICES ÉTICAS

Las descripciones anteriores sobre las dificultades potenciales que pueden surgir al usar la hipnosis señalan indirectamente la necesidad de tener una formación oficial sobre las dinámicas del comportamiento humano, de respetar la integridad de todo ser humano y de conocer los propios límites al realizar intervenciones terapéuticas.

Se supone que el terapeuta, como profesional de la ayuda, tiene sólo las mejores intenciones para sus clientes y que usará sus conocimientos sobre la naturaleza humana y la capacidad para influir a nivel interpersonal de manera constructiva. Por lo tanto, a continuación aparecen sólo unas cuantas directrices éticas tratadas de manera superficial:

1. La principal prioridad es ayudar, no hacer daño. Si uno siente que, por cualquier razón, es incapaz de trabajar bien con una persona o con el problema que ésta plantea, ha de evaluar honestamente si sería mejor derivarla (y hacerlo cuando sea apropiado).

2. La responsabilidad del profesional es educar, no ostentar; la hipnosis tiende a ambos y espero sinceramente que los fenómenos hipnóticos que está aprendiendo el lector los utilice y/o demuestre sólo en los contextos clínicos o educativos apropiados.

3. Hay que intentar definir la relación con el/los cliente(s) lo más claramente posible, incluyendo la naturaleza de la intervención, la duración, el costo, las expectativas, los puntos de evaluación, etc. Implicar y educar al cliente hará que la relación sea mejor y más productiva.

4. No es bueno ir más allá de las propias posibilidades ni falsificarse a uno mismo. Los problemas humanos son muy complejos y no se pueden reducir a un párrafo de dinámicas. Si uno siente que no se puede con un problema es mejor derivar a la persona a alguien que pueda afrontar mejor sus necesidades. 5. La información errónea y/o el uso de técnicas indirectas se pueden juzgar a

veces como el mejor enfoque. Hay que tener cuidado porque pueden ayudar al cliente pero también puede salir el tiro por la culata. Hay que tener estrategias preparadas para cada paso del camino pensando en la intervención.

6. Hay que incluir, siempre que se considere apropiado, a los profesionales adecuados que tengan la cualificación necesaria. Por ejemplo, cuando se trabaje con síntomas de base orgánica, a menos que uno sea médico, habrá que derivar a un médico y contar con su acreditación para trabajar el problema. Practicar la medicina (psicología, nutrición, etc.) sin la licencia o los conocimientos adecuados es una falta de responsabilidad.

Lo más importante de todo, repito mi advertencia, es no ir nunca más allá de la propia capacidad. Usar técnicas hipnóticas sin el conocimiento adecuado es peligroso y hacer daño a alguien debido a la ignorancia es imperdonable (Frauman, Lynn y Brentar, 1993; Gravitz, Mallet, Munyon y Gerton, 1982; Sheehan y McConkey, 1993; Steere, 1984; Wall, 1991; Zeig, 1985).

CONCLUSIÓN

Los conceptos y técnicas presentados en este capítulo figuran entre los más importantes del libro. Espero que ayuden a sensibilizar al lector respecto a los aspectos asociados a la práctica responsable de la hipnosis.

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La hipnosis como herramienta tiene un gran valor y éste puede aumentar a gran velocidad en la comunidad profesional cuando todos los que la usen lo hagan de una manera juiciosa.

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