Tras los eventos de 1957 y la imposición de las leyes marciales, el nivel de control sobre las libertades de expresión y actividades políticas se multiplicó Aunque las leyes marciales que
Artículo 10 de la Ley de Partidos Políticos de 1955: el gabinete de ministros puede disolver el partido, a base del consejo del ministro, si ve que:
1.4 La Guerra de 1967: La Guerra de Seis Días
La situación en el país se complicó con la brote de la Guerra de 1967 que fue debida a una serie de factores, uno de ellos fue el aumento de los ataques de los fedayín palestinos a los territorios israelís y la respuesta israelí contra estos ataques (Jamal, 2002: 75-76).
Aunque estos ataques fueron comunes, en mayo de 1967, la escalada de los ataques empezó. De importancia, hubo informes circulados en los círculos de inteligencia sobre la concentración de las fuerzas israelís en la frontera Siria. Egipto y Siria respondieron a estos informes de movilización con re- establecieron el acuerdo de defensa conjunta entre los dos países el 17 de mayo. Mientras tanto, Egipto empezó a movilizar sus fuerzas hacia Sinaí, y pidió de las Naciones Unidas a retirar las fuerzas de seguridad de la frontera Egipcia-Israelí (que se estacionaron allí tras el ataque israelí de Sinaí de 1956). El colmo de la tensión fue a decisión de Abdel Nasser a cerrar los Estrechos de Tirán contra los barcos israelís, lo que fue considerado como un acto de guerra y hostilidad por parte de Israel (Long, 1984).
La guerra de estrelló el 5 de junio, cuando las sirenas sonaron en todo Israel, y la Fuerza Aérea de Israel lanzó una operación aérea militar contra los aeropuertos egipcios. La superioridad área y militar
israelí permitió la victoria de Israel en la guerra en solamente seis días15, donde consiguió ocupar Cisjordania, Jerusalén Este, la Franja de Gaza, los Altos del Golán, y el Sinaí (Al Dustur, 2013b).
Tras la Guerra de 1967, unos tres cientos mil refugiados llegaron de Cisjordania al este del Río Jordán. Esta nueva ola de refugiados causó problemas económicos, sociales y políticos (por el tema de identidad, lealtad y pérdida de recursos al que la economía dependía) (Robins, 2004: 124). El número de los refugiados aumentaron a ocho cientos cincuenta mil pocos meses después (Abu Ghneme, 1998:201). La economía jordana sufrió mucho por la pérdida de la mitad de su capacidad industrial y el 25% del territorio arable, perdiendo 40% de su producto interior bruto (Robins, 2004: 124-125). Se debe notar que a pesar de la ocupación, Cisjordania continuó siendo, desde el punto de vista jurídico, parte del Reino Hachemíta hasta 1988 y Jordania continuó ejerciendo su papel financiero y administrativo en Cisjordania.
Debida a esta realidad, la hegemonía jordana sobre los Territorios Ocupados fue puesta en tela debido a tres actores: las élites tradicionales (que fueron aliados con el régimen jordano), la OLP e Israel (Álvarez-Ossorio, 2001: 46). En relación con las elites palestinas tradicionales, su posición sobre la ocupación israelí resultó en dividirse en tres grupos: un primer grupo abogaba por el retorno de la situación anterior a la ocupación israelí al considerar que Cisjordania y Jerusalén Este formaban parte de Jordania; el segundo grupo fue partidario de las negociaciones directas y bilaterales con Israel para establecer un Estado independiente en Cisjordania y Gaza con Jerusalén Este como capital; y el tercer grupo pretendía crear una entidad árabe independiente que viviese en paz con Israel y que no estuviese sujeta a las imposiciones de los gobiernos árabes. Estas tres corrientes descartaban la vía armada promovida por la OLP y los grupos armados (Álvarez-Ossorio, 2001: 52). Mientras tanto, la competición entre el régimen jordano y la OLP sobre el control de Palestina continuó, aunque técnicamente, Israel fue la fuerza gobernante tras la Guerra de 1967 y la ocupación de Cisjordania.
Por otro lado, la guerra resultó en cambios en la orientación política al nivel regional. Por una parte, la estela de Abdel Nasser se iba apagando de la citada derrota ya que inmediatamente después de ella, hubo un cambio en el eje neurálgico del mundo árabe. Antes de la guerra de los Seis Días, el mundo árabe giraba alrededor del panarabismo de Abdel Nasser y después de la derrota, este eje se trasladó en torno a los países ricos en petróleo debido a las necesidades económicas del grupo de países derrotados y fronterizos con Israel (Jamal, 2002: 76-78). Además, la guerra puso en relieve el fracaso del sueño Naserí de la gran unión árabe y por lo tanto cuestionó el papel de todos aquellos que se habían beneficiado de su protección. Tras la guerra, la OLP - que fue concebida como un instrumento controlado por Egipto para dirigir el movimiento nacional palestino - abandonó esta función y emergió en esta nueva etapa como el aglutinador del nacionalismo palestino (Álvarez-Ossorio, 2001: 54) con la disminución del control egipcio en la región. La guerra de 1967 también perjudicó las élites
tradicionales palestinas, mientras se extendió la noción que la liberación de Palestina únicamente podría provenir desde el exterior y de la mano de la OLP. Los palestinos, que han desaparecido del mapa medio-oriental como actor independiente durante en periodo de casi dos décadas retomaron en 1967 su lugar en la escena política (Álvarez-Ossorio, 2001: 54-60).
A partir de entonces, la línea oficial de la OLP perdió su peso y se comenzaron a emerger con fuerza unas organizaciones palestinas que confirmaron la necesidad de articular su estrategia de liberación de Palestina al margen de los gobiernos árabes, anteponiendo la liberación del territorio palestino a la consecución de la unidad árabe (Álvarez-Ossorio, 2001: 42). Hubo un convencimiento árabe popular de la imposibilidad de que sus ejércitos pudieran algún día derrotar a Israel mediante guerras y ejércitos clásicos. El derrocamiento de las fuerzas jordanas, egipcias y sirias en la guerra de 1967 convenció esta comunidad palestina activa que solamente los esfuerzos de sus organizaciones a sus armas pueden hacer realidad sus aspiraciones nacionales políticas (Robins, 2004: 126-127). Por esto, se llegó a la conclusión de que la larga guerra de guerrilla era el único camino a seguir, emulando a los vietnamitas y los argelinos.
Así pues, la ocupación de Cisjordania tuvo un efecto de radicalización a los palestinos, como los palestinos expresaron este nuevo sentido de comunidad política a través de unirse con las diferentes organizaciones del movimiento nacional palestino (Robins, 2004: 126-127). En las filas de los guerrilleros palestinos inmediatamente después de la derrota de la Guerra de 1967 se alistaron miles de voluntarios palestinos y árabes. Las organizaciones que estaban formadas por “grupos minoritarios y de aventureros y revolucionarios pronto se convirtieron en organizaciones de masas” (Jamal, 2002: 78). Así empezó en Jordania el aumento en el número de las organizaciones palestinos que tomaron las armas como estrategia para liberar Palestina.
A partir de 1967, la OLP pasó a ser percibida por la comunidad palestina como el principal defensor de la identidad nacional y la prensa nacionalista palestina lanzó campañas contra las élites palestina tradicionales que apoyaron el régimen jordano y defendió la OLP. Además, a partir de 1967, unos dirigentes tradicionales palestinos comenzaron a cuestionar los beneficios del patronazgo Hachemíta y reclamaron la creación de un liderazgo autóctono que actuase al margen de los intereses de la monarquía jordana (Álvarez-Ossorio, 2001: 53-61). Así, la Guerra de 1967 no solamente resultó en la ocupación de Cisjordania y la inmigración de Cisjordanos a Jordania, pero también cristalizó la identidad palestina nacional independiente manifestada en la OLP y las otras organizaciones palestinas. Lo que antes fue un pueblo unido representado por un gobierno unido se transformó en un pueblo la mitad de que pertenecía políticamente a una organización que hablaba en su nombre y representaba sus intereses.