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La plasticidad de la relación natura-cultura

In document Salud pública en tiempos postmodernos (página 128-130)

del campo de la salud pública en tiempos postmodernos

2. Los nuevos significados de la salud y la enfermedad

2.2. El enfoque multidimensional de la salud: un movimiento de placas tectónicas

2.2.1. La plasticidad de la relación natura-cultura

La diferenciación radical entre naturaleza y cultura es una de las falsas dicotomías desplazadas por el pensamiento complejo. Tanto la naturaleza como la dimensión biológica de la enfermedad (desease) son procesos cada vez más controlados por el ser humano. Las posibilidades de identificación, observación, manipulación y control del potencial biológico del ser humano y de la naturaleza (y de la interac- ción entre ambos) han convertido estas variables en elementos previsibles y modi- ficables. Se pueden monitorizar. Pero no solo eso. También se pueden construir y deconstruir. La naturaleza y la biología hoy son algo con lo que podemos jugar. Y esto supone un salto importantísimo: por primera vez en la historia el ser humano puede controlar, manipular y orientar su desarrollo biológico84. La cultura ha llega-

84 Por primera vez a semejantes niveles de profundidad; las primeras manipulaciones se produjeron en la Prehistoria mediante la trepanación craneal. Independientemente de su finalidad (médica o de otro tipo), las trepanaciones craneales constituyen un ejemplo muy ilustrativo de la voluntad de poder, de esa voluntad del ser humano de au- totransformarse a sí mismo, a pesar de la naturaleza. Basta con echar la vista atrás y pensar en esas prácticas de nuestros primeros tiempos para saber que no nos quedaremos quietos. No habrá puertas eternamente cerradas. Esta constatación puede constituir un estímulo positivo acerca las potencialidades del ser humano o puede provocar es- calofríos si pensamos lo que podríamos llegar a ser capaces de hacer.

do a la estructura molecular del ADN y ejerce ya un nanocontrol casi total sobre la biología. Ahí radica una de las grandes novedades de nuestro tiempo. Se ha pasado de la consideración ontológica de lo natural como un hecho inevitable a su consideración como un hecho construido y controlable, con todas las implicaciones epistemológicas y pragmáticas que ello conlleva. El «está escrito en los genes» ya es como las posiciones en el universo: muy relativo; las posibilidades de reescritura abren una potencialidad inédita hasta el momento. Y, de hecho, ya hemos pasado de la potencia al acto: son numerosos hoy día los procesos patológicos realmente controlados a través de intervenciones biotecnológicas (diabetes, trasplantes de órganos, selección genética, células madre, etc.), lo que ha hecho posible que se difuminen las fronteras entre las personas enfermas y las saludables y, por tanto, un cambio profundo en los significados salud-enfermedad y en todos los otros sig- nificados relacionados con ellos.

Un ejemplo ilustrativo de la actual plasticidad líquida de la relación natura-cultura lo aportan las Técnicas de Reproducción Asistida (TRA) y la concomitante transfor- mación del concepto de maternidad que implican. Una vez que se ha cruzado el Rubicón de la maternidad de alquiler, una práctica ya bastante habitual en EE.UU. y otros países85, es evidente que la gestación y el parto extrauterino (en útero ar- tificial) están por llegar (http://www.nature.com/index.html). Es solo una cuestión de tiempo. Y si para ser madre ya no es necesario parir a tus hijos con dolor, si se ha roto la vinculación entre la identidad maternal y la corporeidad (biología), no hay ninguna razón para preferir un útero humano de pago (un mercado imprevisi- ble, con todo lo que ello implica) antes que un útero artificial, tecnológicamente avanzado, científicamente avalado y, por tanto, con una seguridad real o percibida tremendamente superior a la voluntad de una madre de alquiler humana a la que no es posible controlar durante los nueve meses de gestación. Se pierde el control sobre la bioinversión que se haga en ella, y con ello aumenta el riesgo: ¿y si fuma?, ¿y si bebe?, ¿y si se expone a otros riesgos?, ¿un accidente? ¿Cómo dejar tan alta bioinversión al albur de las contingencias humanas? Un útero de alquiler siempre será humano, demasiado humano. Frente a él, es mucho más seguro el hospital y la gestación extrauterina, tecnológicamente controlada, monitorizada. En un contexto así el significado de madre «natural» se relativiza. La buena madre del futuro y el

arcángel San Gabriel delegarán sus funciones en la tecnología. Como vemos, la cul- tura modifica incluso la maternidad, uno de los más sagrados misterios de la madre natura. Y no habrá que desplegar una gran imaginación para entrever las tremendas implicaciones sociales, económicas, jurídicas o políticas de estos cambios.

En un contexto en el que la cultura construye cada vez con mayor intensidad lo bio, resulta difícil seguir manteniendo la biología como causa primera y última de todo lo real86. Aún así, la conjunción de la predominante filosofía de laboratorio y de cier- tos determinismos biológicos no deja de intentar naturalizar la cultura (Martínez- Hernáez, 2008a). La magia de la cateris paribus hace como si se le pudiera quitar la cultura al ser humano (si se quitara, quedaría natura). Sin embargo, este es un razonamiento falaz. No se puede quitar la cultura, no es un traje, es una incrusta- ción. Como no podemos quitarle al agua un átomo de hidrógeno y pretender que siga siendo agua. Y además, la plasticidad va en aumento y, por tanto, en el futuro resultará muy difícil separar lo biológico de lo psicológico y lo social. Son un todo inseparable cada día más compacto que se construye mutuamente a través de una relación de interdependencia. Por eso, a pesar de las presiones de la biomedicina, las placas no se separan. La principal enfermedad grave aparecida en el siglo xxi, el SARS (2003), donde más rápidamente se propagó fue en hospitales ultramodernos de grandes ciudades (OMS, 2007) y su peor vector potencial fue el avión. Precisa- mente en las tecnofortalezas mejor equipadas contra el mal y a través de nuestras más veloces máquinas... ¿cómo separar en un contexto así natura y cultura?

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