Irreversibilidad de los cambios
1. Los procesos de globalización
1.1. La globalización: el hecho y sus implicaciones
El término globalización hace referencia a la interconexión global de los procesos económicos, tecnológicos, políticos, sociales, culturales, medioambientales, migra- torios, etc., en un mundo cada vez más fusionado en una unidad planetaria. En el marco de la globalización confluyen la Sociedad de la Información y el Conoci- miento (Drucker, 2002) y la Sociedad del Riesgo (Beck, 1998). Paralelamente, se ha producido una importante hibridación cultural y han aparecido «nuevos actores globales o transnacionales» (Beck, 2002) como las multinacionales, las ONG y los movimientos sociales de nuevo cuño. Entre tanto, se ha ido diluyendo el poder de los Estados y se han incrementado las desigualdades sociales en todo el mundo. Como consecuencia, están surgiendo muchos conflictos bélicos locales pero que cada vez tienen más consecuencias globales. Todos estos procesos se han reforzado mutuamente y están generando una nueva mentalidad, unaconciencia global. En definitiva, la globalización implica una nueva forma de organizar la producción, las relaciones y los valores. O lo que es lo mismo, una nueva forma de «estar-juntos» como especie, una civilización global.
El resultado de estas interacciones es el fenómeno de la «glocalización»(Robert- son, 2003): global y local a un tiempo. Este término expresa el cambio que se ha producido en la dialéctica entre las cuestiones globales y las cuestiones locales al difuminarse los límites entre ambas realidades. La glocalidad de los riesgos es el mejor ejemplo. La política de EE.UU. o China frente al cambio climático, ¿es un problema local o global? El deshielo polar –que provocamos globalmente– hará desaparecer de la faz de la tierra a Bangladesh y otras zonas «locales» del planeta; una crisis de impagos relacionada con hipotecas de bajo coste (y alto riesgo) en EE.UU. ha desencadenado la mayor crisis económica mundial desde la segunda Guerra Mundial. Es a esto a lo que se ha llamado «efecto mariposa», a la extrema- da interconexión y sensibilidad de un mundo «glocal».La globalización ha genera- do un «contexto global» que hace muy compleja la dialéctica entre universalismo y localismos.
1.2. La globalización como proceso histórico de largo alcance
Si tenemos que hablar de una «macro tendencia» en el mundo contemporáneo, ésta no sería otra que la idea de «globalización». En sí misma, como idea-resumen, puede descri- bir adecuadamente el momento de cambio presente por sus connotaciones de totalidad, globalidad e inmediatez. Todo. En todas partes. A todas horas. Ser, materia, espacio y tiempo confluyen simultáneamente en el marco de un largo proceso de la civilización. Es la complejidad del orden social llevado a su máxima expresión (de momento), un «orden social global» (aunque no esté muy ordenado) en el que todo lo demás cobra sentido. El origen de la fase actual hay que situarlo a finales de la década de los 70 por la co- incidencia histórica de varios procesos independientes que confluyen conjuntamente: la crisis energética y económica, la revolución tecnológica y a la aparición de movi- mientos sociales culturales, más allá de losmovimientos de clase (Castells, 2003). Sin embargo, la historia de la humanidad en sí misma, desde sus orígenes en África y la posterior expansión hacia el resto del planeta podría considerarse como lahistoria de una globalización. Visto con retrospectiva, era evidente que no nos íbamos a quedar en las sabanas africanas9. Desde entonces las distintas interacciones entre «seres» (culturas), tiempos y lugares se han ido incrementando. Del mundo mesopotámico a la expansión helenística y el imperio romano, del descubrimiento de América a los distintos imperialismos europeos del siglo xix y primera parte del xx, de la Ilustración a la macdonalización o la colonización del mundo por las cocinas y medicinas hindú y asiática..., todos estos ejemplos han constituido hitos en este largo proceso de in- terconexión global de la especie humana. Han supuesto intercambios crecientes de bienes, ideas y personas, de cosmovisiones, prácticas y tecnologías. Un flujo culturalpermanente desde las sociedades de la Antigüedad clásica hasta nuestros tiempos. Pero ninguno de estos intercambios había llegado nunca al nivel actual.
Norbert Elias ya intuyó la idea de globalización como «fase inevitable» del proceso de la civilización: «El aumento de las interdependencias en zonas más y más extensas hace que ya se perfilen en el horizonte las luchas por la hegemonía en un sistema de interdependencia que abarcará a toda la tierra habitada»(Elias, 1987, p. 521).Y
9 Como mirando con «prospectiva» resulta evidente que tampoco nos quedaremos en el planeta Tierra. La NASA y la Agencia Espacial Rusa ya preparan el primer viaje tripulado a Marte para 2035.
Elias se quedó corto. La globalización convierte en obsoletos los conceptos «tierra» y «habitada» como descriptores de todo el mundo que es posible. Las luchas actuales por la hegemonía desbordan conceptualmente estos términos, los conflictos ya están también fuera de la Tierra (en la conquista del espacio) y en sitios no habitados (en los polos, en las selvas, o en las áreas deshabitadas del planeta ricas en recursos). La idea de la aldea globalse ha materializado como realidad. Que el epicentro de este macro proceso haya estado en la cultura occidental ha sido solo una coyuntura histó- rica. Ya estamos ante el hecho consumado de una cultura que tiende a ser universal.
1.3. La politización del término
La definición misma de lo que sea la globalización (qué elementos se incluyan en ella, qué juicios ético-morales) es controvertida, forma parte de la lucha política; se trata de un término altamente politizado. El término globalización no tiene un sig- nificado unívoco, ni para los principales actores del proceso ni para los analistas so- ciales. Para unos la globalización es una mera «construcción ideológica» (Touraine, 1999) al servicio del mercado, una transformación más del capitalismo (Jameson, 2008) con una lógica única y muy clara: la institucionalización del mercado mun- dial en una «economía-mundo» (Yabar, 1986; Wallerstein, 2007) en la que se globa- liza la riqueza y se localiza la pobreza (Bauman, 1999). El neoliberalismo pretende que con su mundo-empresa llegó el final de la historia que hace ya algunos años nos anunciara el arcángel Francis Fukuyama. Los movimientos anti-globalización, por su parte, afirman que estaríamos ante la mismísima reencarnación del maligno. Pero el
globalismo liberal no cierra el campo semántico que la globalización implica: una so- ciedad «políticamente multidimensional, policéntrica y contingente» (Beck, 2002). Ni los aspectos negativos del proceso, ni los intentos de apropiación del significado del mismo por parte del neoliberalismo deben impedir entender la globalización como un proceso en construcción abierto a posibilidades múltiples.
1.4. La segunda globalización
La globalización ya no se relaciona exclusivamente con un fenómeno capitalista oc- cidental. La propia dinámica de los acontecimientos globales ha hecho cambiar los
centros de decisión política, económica, científica y cultural. El eje de desarrollo del Pacífico Asiático (los dragones del Pacífico) es ya un ejemplo consumado de esto. El cre- ciente desarrollo de países como China, la India o Brasil constituyen otro ejemplo. Los centros de poder en el mundo global son difusos y, desde luego, se encuentran bastan- te deslocalizados ya que las nuevas tecnologías hacen que se muevan en un espacio de
flujos (a veces virtuales, como ocurre con los flujos financieros globales) más que en un espacio de lugares (Castells, 2008). La primera globalización, con las deslocalizaciones y las descentralizaciones a gran escala, desató una serie de fuerzas centrífugas des- controladas que marcan el fin del monopolio que Occidente poseía desde el siglo xvii, ya sea en términos políticos (la democracia), económicos (el mercado), científicos (las tecnologías) o intelectuales (la modernidad) (Artus y Virard, 2009). La transferencia de actividades económicas clave de los países más desarrollados hacia los países emer- gentes durante la primera globalización ha desmantelado parte del sistema productivo primario occidental (por ejemplo, la especialización agrícola e industrial) generando una situación de «colonialismo inverso» (Giddens, 2008) que ha dotado a las nuevas economías emergentes de una nueva capacidad de negociación, de decisión y lideraz- go en una economía global que ya no respeta las viejas fronteras del viejo Occidente. Ha empezado la «segunda globalización» (Artus y Virard, 2009) o los efectos perversos, de la primera globalización. Un boomerang de retroceso centrífugo e incierto.