En líneas generales, en la larga cola todo es abundante. Espacio de venta abundante, distribución abundante, opciones abundantes. Entonces, ¿cómo es posible que una de las definiciones de economía dada por Wikipedia sea ésta?
Eco-nom-ics: n. The social science of choice under scarcity22
También hay otras definiciones (como «La asignación de recursos escasos para satisfacer necesidades ilimitadas»), pero muchas comparten el mismo elemento problemático: se centran en la escasez, especialmente en cómo se asignan los recursos escasos. Esto es un problema en una era de abundancia en todos los órdenes, desde la ley de Moore (la observación de que la relación precio/prestaciones de un ordenador se duplica cada 18 meses) hasta sus equivalentes en el almacenamiento y el ancho de banda.
Es imposible ignorar la importancia que tiene para la economía la idea de que no todo se puede tener gratis; toda la disciplina está orientada al estudio del intercambio y cómo se hace. Por ejemplo, Adam Smith creó la economía moderna al analizar la relación de intercambio entre el tiempo o la comodidad y el dinero.
Planteó cómo una persona podía vivir cerca de una ciudad y pagar más por el alquiler de su casa, o vivir más lejos y pagar menos, «pagando la diferencia en términos de comodidad». Y desde entonces, la economía ha consistido en cómo dividir las cosas limitadas.
La economía neoclásica no opera con elementos abundantes. Tampoco niega que el oxígeno sea gratis cuando intentamos encender el fuego; simplemente no incluye eso en sus ecuaciones. Lo deja a otras disciplinas, como la química.
Pero estamos entrando en la era del lineal infinito. Dos de las funciones básicas derivadas de la escasez en la economía tradicional —el coste marginal de fabricación y el de distribución— tienden a cero en el mercado digital de la larga cola, donde los bits se copian y se transmiten a coste cero. ¿No tendrían que decir algo al respecto la economía?
Es evidente que la abundancia (también conocida como «holgura») que nos rodea está en todas partes, sobre todo en la tecnología. La ley de Moore es un ejemplo clásico. Carver Mead, el pionero del semiconductor y profesor en Caltech, supo ver en 1970 al incitar a sus estudiantes a «consumir transistores», que esos transistores habían llegado a ser abundantes, o sea prácticamente gratuitos. El cambio de mentalidad, de aprovechar recursos informáticos escasos a «derrochar» memoria dibujando ventanas e iconos sobre la pantalla condujo a la era del Mac y a la revolución del ordenador personal. Sin mencionar el escandaloso derroche de una Xbox 360, ¡una supercomputadora usada para divertirse!
También tenemos leyes de abundancia similares que se aplican al almacenamiento, el ancho de banda y prácticamente todo lo digital. Al margen de la tecnología, la revolución verde trajo una gran abundancia a gran parte de la agricultura (ahora, para mantener los precios, les pedimos a los agricultores que no siembren sus semillas y les pagamos por eso). ¿Cuál es la fuerza que ha impulsado el auge de China y la India, sino la abundancia de mano de obra, que les ha permitido, en cierto sentido, «consumir» personas?
Incluso las ideas se pueden considerar abundantes, en cierto modo, porque es posible propagarlas sin límite debido a su naturaleza «no competitiva». Como escribió Thomas Jefferson, el creador del sistema de patentes en Estados Unidos: «Quien recibe una idea de mí, recibe una instrucción para él sin disminuir la mía; como aquel que enciende su vela en la mía, recibe luz sin dejarme en la oscuridad».
Hace más de diez años el apóstol de la abundancia George Gilder sugirió una buena manera de pensar en todo esto:
Durante casi toda la historia de la humanidad, la mayoría de las personas han creído que la economía es esencialmente un negocio sin pérdidas ni ganancias y que la escasez al final prevalece sobre la abundancia. El famoso pastor [y economista] Thomas R. Malthus expuso la tesis de que las poblaciones aumentan geométricamente mientras que la producción agrícola aumenta aritméticamente. Desde el punto de vista malthusiano, la escasez de alimento a la larga detiene el crecimiento. Karl Marx consideraba que toda la economía se reducía a una lucha de clases sobre los escasos «medios de producción».
La atención prioritaria que han dedicado los economistas a la escasez deriva del hecho de que la escasez puede medirse y termina en cero. Fuerzan el modelo económico hasta producir un resultado claramente calculable, un punto crítico identificable en el sistema del circuito industrial. Las abundancias, en cambio, son incalculables y no tienen un límite claro. Cuando son ubicuas, como el aire o el agua, parecen «hechos externos» invisibles. Pero la abundancia es la fuerza impulsora de todo el crecimiento y el cambio económico23
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Entonces, ¿cómo conciliar esto con la economía neoclásica? Gilder recomienda adoptar el consumo.
En cada revolución industrial, se reduce radicalmente el coste de algunos factores clave de la producción. En relación con el coste anterior, el nuevo factor es prácticamente gratuito. La fuerza física en la revolución industrial llegó a ser casi gratis en comparación con sus gastos cuando provenía de la potencia muscular de los animales y de los seres humanos. De repente, era posible hacer cosas que antes no podíamos permitirnos. Podíamos hacer que una fábrica trabajara durante las 24 horas del día y produjera bienes de un modo que era del todo incomprensible antes de la era industrial. Esto realmente significó que la fuerza física llegó a ser casi gratuita en cierto sentido. Toda la economía tuvo que reorganizarse para aprovechar esa fuerza física. Teníamos que «gastar» la fuerza motriz de la máquina de vapor y sus derivados para triunfar, en la guerra o en la paz.
Esto nos sugiere una manera de considerar el consumo en un contexto económico. Si los recursos abundantes sólo son un factor en un sistema de otro modo limitado por la escasez, entonces podrían no desafiar la ortodoxia económica. Son como las curvas de aprendizaje y los costes de transacción minimizados: promotores de la eficiencia de la producción que sirven para reducir los precios e incrementar la productividad, pero no invalidan las leyes de la economía.
Y, en efecto, a pesar de todo su poder, la abundancia de la larga cola está rodeada de estas limitaciones. Si bien hay una variedad casi infinita de medios, todavía existe una escasez de atención humana y de horas en el día. Nuestra renta disponible es limitada. En cierto sentido, seguimos teniendo que repartirnos el pastel sin que podamos hacerlo crecer. Con un millón de programas de televisión, la gente no mirará la televisión más que antes, sólo verá una televisión diferente, más apropiada a sus gustos individuales.
Por último, hay que destacar que la economía, con todos sus atractivos, no tiene la respuesta a todo. Muchos fenómenos se dejan simplemente a otras disciplinas, desde la psicología hasta la física, o se dejan sin una teoría académica. La abundancia, como el crecimiento, es una fuerza que está cambiando nuestro mundo de múltiples maneras que experimentamos cada día, con o sin una ecuación para describirla.