E L Ê THOS U NIVERSITARIO.
1.4. Actividades de la universidad, configuradoras de su êthos.
1.4.2. Legitimación de las actividades universitarias por sus bienes internos.
Los bienes internos son los que le dan sentido y legitimación a la actividad social. Sólo este tipo de bienes pueden proporcionar la aceptación social, pero así como hay bienes internos también existen por complemento y diferencia los bienes externos. Bajo esta dicotomía, hablar ahora de los bienes externos nos ayuda a terminar de entender lo anterior. El bien externo es el que se alcanza también dentro de una misma actividad, no es el tipo de bien que le da sentido a la actividad pero también se obtiene de su práctica. Estos bienes son comunes a la mayoría de las actividades, son bienes como el dinero, la fama, el prestigio, la reputación o el poder. Este tipo de bienes no definen las metas por la que una actividad cobra sentido, pero sí la puede afectar cuando las prioridades cambian; lo que significa que las actividades sociales legitimadas por la validez pública de sus bienes internos, al darle prioridad al bien externo, se corrompen.11 Los bienes internos también son bienes públicos
10
Según la Teoría del desarrollo moral de Kohlberg, ésta cuenta con tres niveles, siendo el nivel post- convencional el subsecuente de los dos primeros, cada uno de estos niveles cuenta con dos estadios, los que corresponden al nivel señalado son el quinto y sexto, que señalan que: Lo correcto consiste en sostener los derechos, valores y contratos de una sociedad, además de que se asume guiarse por principios éticos universales que toda humanidad pueda seguir. Para información a mayor detalle: Kohlberg, L. Essays on
moral development, Vol.1: The philosophy of moral development. Moral stages and the idea of justice, Nueva
York,Harper & Row, 1981, 409-412.
11Corrupción, en el más amplio sentido de la palabra, significa “cambiar la naturaleza de una cosa volviéndola mala” privarle de la naturaleza que le es propia, pervirtiéndola. La corrupción de las actividades se produce
que buscan su aceptación y legitimación en la sociedad. Entonces, cuando se sustituye la búsqueda de estos por el afán de obtener bienes externos a dicha práctica (Etxeberría y Rodríguez, 2009: 42; Cortina, 2005: 158; Martínez, 2000: 40), se está yendo en contra de su naturaleza, corrompiéndose para volver inmoral la actividad o el fin.
Al comparar entre sí los bienes internos y los externos, se encuentra que, cuando los sujetos que realizan unas actividades o prácticas -la universitaria en este caso,- compiten por los bienes externos, se encuentran con la ley de suma cero según señala, Etxeberría y Rodríguez (2009). Cuando alguien tiene más bienes externos -fama, reputación, dinero etc.- , menos queda para los demás, lo que trae consecuencias negativas; cuando se compite por los bienes internos, ya la competencia no es entre sujetos sino que va hacia la práctica de la excelencia en las actividades. Para prevenir las derivas moralmente perversas en el ejercicio de las prácticas, tanto a nivel personal como institucionalizado, en primer lugar se debe tener claro que los bienes externos en su justa medida son bienes auténticos también; segundo, los bienes internos no deben de estar subordinados a los externos o instrumentalizarse en función de éstos. MacIntyre define a partir de estos criterios lo que puede considerarse corrupción de la práctica, tanto en el nivel personal como en el institucional; tercero, lo ideal para la armonía es que los bienes externos se logren y se utilicen de modo tal que potencien los bienes internos (Etxeberría y Rodríguez, 2009: 42- 44).
Cada actividad social cobra sentido moral en la búsqueda y logro de los bienes internos que le identifican y le legitiman. A la universidad en los últimos años se le ha incrementado su número de actividades y responsabilidades. Se puede tener como referente que por cada actividad o responsabilidad que se espera que la universidad realice devengará en un bien interno por alcanzar. Entre los bienes internos de la universidad en un sentido general se toman de inicio y, como ejemplo, unos defendidos por Peña (Peña, 2008: 11):
Formar en capital humano avanzado.
Desarrollar conocimiento por medio de la investigación.
Revitalizar la cultura deliberativa propia de la democracia.
ellas se persigue, y las realizan exclusivamente por los bienes externos que por medio de ellas pueden conseguirse. Nota extraída del libro Ciudadanos del mundo (Cortina, 2005[1997]: 158-159).
Contribuir a la cohesión social.
Servir de canal meritocrático para los grupos ascendentes.
Formar a las elites profesionales y políticas.
Con ello se levanta la crítica de si estas funciones son aspiraciones, descripciones fidedignas de su quehacer, recursos de legitimación de su existencia o simples expectativas. Muchas de las actividades universitarias tradicionalmente están en un discurso aspiracional y en las expectativas, pero no siempre se cumplen; sólo se validan a priori por ser parte de una institución tradicionalmente legitimada. El autor anteriormente citado hace mención de una condición que, al parecer, se repite en el discurso sobre la importancia de las universidades:
Cuando se las quiere reformar, las universidades erigen ese ideal12 como si fuera un retrato de lo que ellas son. ¿Y quién querría modificar o cambiar tan excelsas instituciones? En cambio, cuando los grupos que las integran abogan por mayores recursos, esgrimen esos ideales como proyectos aspiracionales. ¿Acaso la sociedad no desea contar con instituciones de tamañas virtudes? (Peña, 2008: 12).
He aquí en donde radica parte de la legitimación a priori y el mayor problema a la hora de querer trabajar en políticas públicas para la universidad. Con lo que se refuerza también que, el êthos en la actividad universitaria: “determina el sentido de los elementos que lo componen y de los procederes de quienes lo forman, en cuanto agentes propios del mismo […] es una articulación práctica de bienes, que da lugar a formas específicas de acción, es decir, a modos peculiares de integrar la prosecución de esos diversos bienes” (Cruz, 2006: 108).
Existen actividades que las universidades han apropiado, que han hecho suyas a consecuencia del arrastre de la racionalidad económica, o por la presión de expansión a nuevos órdenes mundiales que la llevan a modificar sus prioridades y a moverse más sobre la tendencia de los bienes externos, los cuales, por sí mismos, no son malos, lo inmoral se produce cuando se actúa únicamente en función de ellos.
12
Otro de los acercamientos que se pretende realizar en la presente, es conocer, lo más cerca posible, las actividades que ahora forman parte de las preocupaciones y ocupaciones de las instituciones de educación superior. Cómo han venido evolucionando en la historia algunas de ellas y cómo fue que le devengaron otras más. Las actividades de las instituciones de educación superior deben cobrar el sentido que precisan los bienes que persiguen para su legitimación. Estos bienes internos apelan a un êthos universitario que se jacta de estar en la búsqueda del bien común y, por ende, de una moralidad irreprochable que supere las expectativas de los discursos para verse traducido en buenas prácticas.