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Sociedad civil al margen del Estado.

U NIVERSIDAD Y S OCIEDAD C IVIL.

4.2. El Estado y la esfera pública de la opinión en la sociedad civil

4.2.1. Sociedad civil al margen del Estado.

Las asociaciones profesionales, empresariales, las universidades, los sindicatos, las fundaciones, las organizaciones cívicas solidarias, los mercados y su consumo, la cultura y sus subculturas, la familia con sus funciones y disfunciones, las diferentes prácticas ideológicas y religiosas, así como la opinión pública y la publicada forman parte de un entramado social. Entramado que por sus características, parece ser el espacio actual donde la sociedad civil existe; o bien, las diferentes posibilidades en donde ésta se desenvuelve. El concepto de sociedad civil tiene dentro de sí una extensión tan grande de constructos que no siempre resulta sencillo hablar de ella con pretensiones de ser incluyente en todas sus aristas. En este apartado se pretende ampliar la idea de sociedad civil al margen del Estado. No se espera unificar las ideas de sociedad civil en una sola, ni tampoco conjuntarlas por medio de sus puntos de encuentro. La intención es poner en diálogo algunas concepciones de ésta para comprender mejor su universo, ampliando con ello la visión y perspectiva de los rangos de influencia que puede tener la idea respecto al interés y objetivo de la presente investigación.

El concepto de sociedad civil, como cualquier otro que intente definir una realidad social, difícilmente representará una homogeneidad, tampoco tendrá una sola idea que arraigue su definición. Mucho menos generará un solo grupo de categorías o vínculos y asociaciones resultado de las interacciones que se visualicen e interpreten dentro de ella, o con relación con sus componentes internos, o alguna institución externa pero que forma parte de su categorización, como lo es la universidad. La sociedad civil, acorde con Michael Walzer, consistiría en ese espacio de asociación humana sin coerción y el conjunto de la trama de

relaciones que llena este espacio. Sumando a ello algunas de las consideraciones de

Cortina, donde precisa que: cualquier ser humano “antes” que miembro de una comunidad política, “antes” que productor de riqueza material, “antes” que participante de un mercado, “antes” que componente de una nación, es miembro de una sociedad civil, en la que se ha socializado convirtiéndose en persona (Cortina 1998a: 191).104

La sociedad civil toma actualidad y relevancia en la década de los setenta y los ochenta del siglo pasado. El neoliberalismo posicionado en la ideología colectiva demandaba con la crisis del Estado de bienestar, la reducción de éste para liberar la economía de su intervención, y, con ello, ampliar el mercado lo máximo posible. Para el neoliberal, la sociedad civil se entiende más como la sociedad civil burguesa de Hegel, que potencializada promueve y fortalece el liberalismo económico, justo de lo que también fue víctima la universidad y ha quedado señalado en el capítulo anterior. Con el liberalismo se promueve el individualismo, por lo que no contribuye mucho a la unificación de la sociedad civil como el espacio para poner en común la voluntad en la satisfacción de determinados intereses, tanto particulares, como recíprocos o universales.

Desde el punto de vista de Pérez-Díaz: los mercados, las asociaciones cívicas, y la esfera pública, constituyen un sistema de cooperación y de competencia que afecta a gran número de agentes autónomos en lo económico, social, político y cultural. Esta premisa contradice dos postulados sobre la concepción de la idea de sociedad civil que existían: Primero, dentro de la tradición marxista, sus escritores suelen usar el término para denotar un lugar o territorio particular de la sociedad, en donde se tiende a reducir la sociedad civil al

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Las ideologías que reducen a la persona a ser parte de la comunidad política (cierto republicanismo), del proceso productivo (marxismo), del mercado (capitalismo), de la nación (nacionalismo), han olvidado la dimensión originaria de esa persona por la que forma la sociedad civil. (Cortina 1998a: 191).

mercado; Gramsci por el contrario lo asocia a las instituciones socioculturales. Segundo, los pensadores marxistas consideran que ese lugar o territorio tiene una significación estratégica extraordinaria, y relacionan su teoría de la sociedad civil con una teoría de la lucha de clases o de hegemonía (Pérez- Díaz, 1996: 81).

Pero la relevancia de la sociedad civil en los años ochenta radicó en algo más allá que la libertad de participación en los mercados de consumo y el asociacionismo cívico o voluntario. Ese más allá, fue el posicionar la idea de sociedad civil como ese espacio en el que se desarrolla la civilidad y solidaridad que habían entrado en crisis. Se percibió que con los recursos existentes los ciudadanos no podían aprender y ejercer la civilidad necesaria, para llevar a cabo una democracia anheladamente sana. Percatándose de que los elementos de civilidad y solidaridad rara vez están presentes en las esferas de la política y la economía, o bien; en el primer y segundo sector de las organizaciones sociales. Sectores que son los que dominaban, y, al parecer, siguen haciéndolo en el sistema de percepciones del deber ser de la vida. Para los defensores de esta propuesta de sociedad civil, encabezados por un grupo de teóricos filósofos comunitaristas como Kymlicka y Walzer, ya no se podía entender ésta como un conjunto de individuos atomizados con intereses meramente particulares (Cortina, 2005:135), sino como ese espacio de interacción social en donde se reivindica la moral, aportando con ello a la ética cívica, que es incluyente y plural. “La caracterización más aceptada de la hodierna sociedad civil es la que incluye en ella las asociaciones e instituciones no sometidas directamente al control estatal y que tienen, por tanto, una naturaleza espontánea y voluntaria” (Cortina 1998b: 374; 2005[1997]: 136), en la que están incluidos el segundo sector y el tercero, dejando al margen al Estado que es quien detenta el poder coercitivo. Entonces, lejos de que la sociedad civil se componga solamente, de mercados, o de asociaciones voluntarias como se señaló líneas atrás, se entiende a la sociedad civil como “la esfera pública que está fuera del control directo por parte del aparato de gobierno” (Molina, 2004:122).

El neoliberalismo de manera afortunada o desafortunada -según se vea-, también llegó a la educación superior, transfiriéndole una serie de situaciones que se volvieron problemáticas, sumando también a estas instituciones el legado que ya había permeado a la sociedad. Y como entre sociedad y universidad hay una relación simbiótica, este impacto fue

simultáneo y, al parecer, no hubo resistencia. Se aceptó como parte del fenómeno evolutivo de la sociedad y hasta se potencializó con el desarrollo de las tecnologías de información, la economía basada en el conocimiento y hasta en el desarrollo de mercados internacionales de la misma educación superior. Dejando carencias morales, desplazando y reduciendo funciones que legitiman a la universidad como una institución que, aún, estando masificada o en procesos de masificación, podía apelar a una educación de primera línea, direccionada a las necesidades sociales que se le demandaban. Parte de este contexto ha quedado señalado tanto en el capítulo dos como en el tres de la presente, pero, de manera general, se retoma que: con todo esto, la universidad ha ido desplazando la convicción de sí ante su función social, ante su misma naturaleza, su misión, sus funciones y sus metas. Ha abierto con ello el problema de redefinir cuál debería ser ahora su misión, sus funciones y sus metas, encarando con ello la difícil tarea de priorizar, dentro de un universo tan amplio de exigencias. Sumando, además, la influencia de una sociedad de mercado que arrastra a muchas instituciones sólo por el camino de la supervivencia, desarrollando capacidades reactivas y sin tiempos para una planeación propositiva.

Bajo la idea de que las instituciones de la sociedad civil incluyen tanto los mercados como las asociaciones voluntarias, se explica la complejidad interna de la misma (Keane 1998, citado en Pérez- Díaz, 1996: 81), y su peculiar combinación de cooperación y competencia entre sus unidades constituyentes. Con lo que Walzer sugiere que los proyectos dentro de ésta deben ser relativizados y deben acercarse unos a otros en lo posible. Eso es lo que hace a la sociedad civil un marco de referencia que incluye y delimita a todos los demás, en donde cada uno puede encontrar la realización parcial dentro de un marco de inclusión en el que se participa particularmente y están los demás. “La sociedad civil es un proyecto de proyectos; requiere muchas estrategias de organización y nuevas formas de acción estatal. Requiere una nueva sensibilidad para lo local, específico, contingente y sobre todo un nuevo reconocimiento” (Walzer, 1992: 39). Al ser un proyecto de proyectos también evidencia la complejidad de las interacciones o interrelaciones que son su principal elemento característico.

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