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Sociedad civil en la esfera pública de la opinión.

U NIVERSIDAD Y S OCIEDAD C IVIL.

4.2. El Estado y la esfera pública de la opinión en la sociedad civil

4.2.3. Sociedad civil en la esfera pública de la opinión.

La sociedad civil desmarcada del Estado, pero además del mercado, o dicho de otra forma, desmarcada del mundo político y del económico, es otra idea que se suma a las anteriores. Es desarrollada por Habermas, y la define así: “La sociedad civil se compone de esas asociaciones, organizaciones y movimientos surgidos de forma más o menos espontanea que recogen la resonancia que las constelaciones de problemas de la sociedad encuentran en los ámbitos de la vida privada, la condensan elevándole, por así decir, el volumen de voz, la transmiten al espacio de la opinión pública y política” (Habermas 1998: 447). Como el Estado y el mercado no surgen de un orden espontáneo con afanes solidarios y comunicativos, quedan excluidos de esta idea de sociedad civil, no sólo del poder político como el señalado en el anterior apartado, sino también del económico. Se reconfigura la idea como ese espacio para las asociaciones voluntarias, no estatales y no económicas, que arraigan las estructuras comunicativas de la opinión publica en el mundo de la vida107, tales como la familia, movimientos sociales o asociaciones cívicas, que expresan opiniones e intereses a través del espacio de una esfera pública autónoma (Cortina, 1998b: 376). Si bien Habermas vincula la sociedad civil con el diálogo, lo hace a costa de eliminar de esta esfera, no sólo las acciones derivadas directamente del poder político, sino también todo lo referente al ámbito económico.108

Lo que hay que resaltar de la visualización habermasiana sobre sociedad civil, es la potente idea de opinión pública que en ella radica, misma que es retomada de la tradición kantiana para asegurar que ésta forma parte de la sociedad civil. No como una institución formalizada como puede ser el Estado o categorizada como lo puede ser el mercado, sino

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El mundo de la vida según Habermas se orienta a la solidaridad donde surgen las condiciones necesarias para el asociacionismo, elemento característico de la sociedad civil.

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Con ello habríamos ganado en la identificación de las capacidades que tienen los individuos para actuar orientados al acuerdo, lo que Habermas denomina poder comunicativo, en referencia a la fuerza motivadora de la acción que tienen las convicciones “producidas discursivamente y compartidas intersubjetivamente” J.Habermas, Facticidad y Validez, 215.

como el medio y el fin de una construcción dialógica; por los actos comunicativos en la naturaleza de las tramas asociativas inter-relacionales e intra-relacionales, propias de la sociedad civil. Cortina señala que Kant utiliza el concepto de publicidad en partida doble: primero, como principio de ordenación jurídica y segundo, como método de ilustración, en el primero el principio de publicidad es condición indispensable de la justicia de las leyes (Cortina, 2005 [1997]: 163). En donde se señala que, para que haya justicia, se debe apelar al principio de publicidad, con ello “son injustas todas las acciones que se refieren al derecho de otros hombres cuyas máximas no soportan ser publicadas.”109 Principio y razón que fortalece la transparencia e impacta en la autonomía de cualquier organismo, institución y persona. Además, dadas sus implicaciones públicas, todas las acciones - incluidas las del mercado- buscan y necesitan ser legitimadas110 por afán de justicia. Cortina asocia concreta y directamente el método de ilustración con el concepto de uso

público de la razón de Rawls,111 en donde son los ciudadanos son los que han de criticar públicamente a los poderes públicos, haciendo uso público de su razón. Así, las personas o ciudadanos dentro de las asociaciones de la sociedad civil, son como un puente entre la esfera de la vida privada conectada a las experiencias del mundo de la vida y la formación institucionalizada de la opinión pública (Habermas, 1998: 450).

Tomando como referencia que la sociedad queda estructurada en dos ámbitos, el público y el privado; en donde el primero se ha vinculado durante mucho tiempo al poder político, y el segundo a los intereses de los ciudadanos. Dentro de los cuales se incluye el interés por la esfera de la opinión pública, como ese espacio de mediación entre el Estado y las necesidades de la sociedad; que surge muchas de las veces como un interés privado hacia el espacio público, siendo este vinculante con la comunidad política; entonces el núcleo de la sociedad civil “lo constituye una trama asociativa que institucionaliza los discursos solucionadores de problemas, concernientes a cuestiones de interés general, en el marco de espacios públicos más o menos organizados” (Habermas 1998: 447). La distinción entre lo privado y lo público ya no estará necesariamente acorde con la distinción sociedad civil-

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Immanuel Kant, Sobre la paz perpetua, Apéndice II. 110

La universidad muchas veces es legitimada a priori, entonces puede ser que muchos de sus acciones se encuentren sólo en el discurso y la opinión pública se mueva más en las lindes del bien social que representa. 111

En donde Cortina nos señala que “Utiliza públicamente su razón el ciudadano maduro que trata de aducir en su comunidad política aquellas razones que los demás ciudadanos pueden aceptar, sea cual fuere su concepción de vida buena, su teoría comprensiva del bien” (Cortina 2005[1997]: 167).

Estado, porque la sociedad civil tiene tanta legitimidad para participar en las cuestiones públicas como el Estado y tanta obligación como él en asumir sus responsabilidades por actuaciones que tienen consecuencias públicas. De hecho, no es democrática una sociedad que no cuente con una esfera pública de discusión y debate, autónoma frente al Estado (Cortina, 1998b: 366).

Haciendo una asociación e interpretación respecto al esquema mencionado anteriormente y aplicado a la universidad, se puede desarrollar la siguiente conjetura partiendo de la pregunta ¿a quiénes les interesa que haya ciudadanos formados profesionalmente? De facto se respondería a todos, y esos todos son, sin ningún orden de prioridad, el Estado y la sociedad civil. El Estado requiere de ciudadanos preparados para los puestos propios que existen en sus esquemas de servicio y funcionariado, además también en los campos de la iniciativa privada para activar la economía. Por añadidura, también al Estado le interesa que se sumen a las filas de un tercer sector que ayuda a hacer cosas que el Estado ya no hace. Entonces se tienen intereses generales de carácter público. Por otra parte, se tiene a los propios ciudadanos que están interesados en formarse para aspirar a un modo de ciudadanía como profesional por razones de servicio, aprendizaje e intercambio comercial de su fuerza laboral ya sea como profesional independiente, empleado empresarial, funcionario en el Estado, o sumándose a las fuerzas laborales del tercer sector. Aquí el interés surge de una motivación privada particular que traerá, a su vez, -independientemente de donde se realice su ejercicio profesional- un bien público, ya que impactará de manera diversificada en la sociedad. Si además apela a la excelencia mucho mejor porque se legitimará como bien público y tendrá claros los propósitos y bienes internos de su labor, cumpliéndose tanto el bien público como el bien privado. Con todo esto ya surgieron varias tramas asociativas en la transferencia de intereses público-privados a bienes público-privados. Ahora las tensiones que pueda haber entre la función del profesional y también de la universidad respecto al Estado, estarán dentro de otro abanico de posibilidades.

Habermas distingue tres dimensiones en cualquier sociedad moderna: “el subsistema político, el económico y lo que en la tradición fenomenológica se denomina <<mundo de la vida>> fácilmente asimilable a la sociedad civil. Si el subsistema político se orienta en su actividad al poder, y el económico, por el dinero, el mundo de la vida -a juicio de Habermas- se orienta a la solidaridad. De suerte que política y economía se valen de la

llamada <<racionalidad estratégica>> y el mundo de la vida se sirve de la <<racionalidad comunicativa>> (Cortina, 1998b: 378).

Bajo esta óptica, la carencia de racionalidad comunicativa que padece tanto la economía como el Estado, evidencia que para los políticos, economistas y empresarios es la racionalidad estratégica y la racionalidad comunicativa para la sociedad civil y opinión pública. Pero no termina de encajar este reparto de racionalidades al saber cuál es el sentido de la práctica social, porque, como ya se mencionó, las actividades públicas requieren de legitimidad y esta surge de acciones comunicativas; lo que significa que el criterio de racionalidad comunicativa aplicaría en todos los sectores, no sólo a la sociedad civil, vinculada en esta teoría al tercer sector. Desde el punto de vista de cualquier concepto de sociedad civil no puede excluir la relación que de hecho existe entre la lebenswelt112 y los sistemas político y económico, por más que pueda ser conveniente separarlos analíticamente (García-Marzá, 2003b:125). Pero la sociedad civil será siempre la base social de la esfera pública autónoma. Por lo que tendrá un doble rol: primero, como la influencia sobre el poder político al canalizar las exigencias generadas por la opinión pública y, segundo, el motor estabilizador y extensor de la misma y de su espacio de opinión pública (Habermas, 1998: 450), que bajo la pretensión de institucionalización se convierte en un poder comunicativo a través del poder político. Habermas no considera explícitamente la necesidad de legitimar desde la opinión pública actividades no políticas, como las del mercado y las del voluntariado, cuando a juicio de Cortina ésta es una de las grandes tareas de una sociedad civil responsable: “exigir a cuantas actividades sociales se desarrollen en su seno que lo hagan de acuerdo con los bienes internos que les prestan sentido y legitimidad social” (Cortina, 2005 [1997]: 173); siendo esto extendido a todas las instancias que interactúan en la sociedad. Existe entonces un círculo de interacciones entre lo político, lo económico y lo civil. “Los que quieren sacrificar la libertad política para gozar más tranquilamente de la libertad civil no son menos absurdos que los que quieren sacrificar la libertad civil con la esperanza de garantizar y extender más la libertad política. Estos últimos sacrifican el objetivo a los medios. Los primeros renuncian a los medios, so pretexto de llegar al objetivo” (Constant 2010: 437).

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