• No se han encontrado resultados

Lo privado y lo empresarial.

U NIVERSIDAD Y S OCIEDAD C IVIL.

4.3. Universidad entre lo público y privado.

4.3.2. Lo privado y lo empresarial.

Partiendo de la base del principio de que la universidad es un bien público, no se encuentran tensiones en este sentido entre la universidad pública y la privada, ya que ambas son bienes públicos. La tensión viene cuando una universidad que es un bien público y se gestiona por medios privados, y realmente la tensión aparece a la hora de la legitimación en la producción de esos bienes (de Sousa 2005: 88). La sociedad civil, como hemos dicho, es el espacio de las interacciones sociales y el asociacionismo, que es como un orden espontaneo y voluntario en donde además se esgrimen las raíces de publicidad, en la que existe una relación de interdependencia mutua entre el ámbito privado y el público como espacios para el desarrollo de sus acciones en libertad y sin coacción. Ahora se decanta la sociedad civil con este concentrado de características pero más hacia la acción empresarial y del mercado, sin marginar que la sociedad civil es un espacio sólo para ello - como ya se ha señalado-. Por otra parte, al existir universidades privadas y públicas con toda su diversidad de posibilidades y modalidades, es un reflejo y una forma de contribución a una sociedad plural permitiendo también una diversidad de posiciones (Garrido, Herrera y Svensson, 2012: 74-75). Si todas las universidades fueran públicas o todas privadas el resultado probable sería una hegemonía, y hasta un monopolio. La división y fragmentación puede garantizar el espacio para lo público desde su construcción de razón pública por los impactos de estas hacia la sociedad.

La mayor parte de la diversidad de instituciones de educación superior ha surgido como respuesta a la masificación y crisis de la universidad a finales del siglo pasado, y en su mayoría predominan en el campo de propiedad privada. La universidad estatal o instituciones tecnológicas o cualquiera que se produzca dentro del esquema de propiedad estatal, siempre tendrá la misma naturaleza. En cambio la mayor diversidad se presentará en el ámbito de lo privado. Las acciones de las universidades privadas no permean únicamente el campo de lo privado. De hecho muchos de los impactos producidos para con la sociedad serán públicos. Dentro de la educación superior privada el sector se caracteriza por una diversidad lo suficientemente amplia como para poder contar con una sola definición de ésta. No existe una sola tipología dentro de esta categoría, pero se toma en la presente la clasificación que aporta Levy para identificar algunos arquetipos de educación

superior privada115. Esta se encuentra estructurada en torno a tres elementos base: la primera, de oferta elitista, la segunda religiosa y la tercera de absorción de demanda. Esta clasificación es pertinente independientemente del crecimiento que ha padecido la educación superior en las últimas décadas. Las tres principales categorías cubren casi todos los tipos de educación superior privada y es común que las tres funcionen dentro de un mismo país, conformando la heterogeneidad del sector (Levy, 2011:141-142), como sigue:

1. Elite/semielite

2. Identidad

3. No elite/absorción de demanda

o Con fines de lucro

o Mixtas (privado/público)

1. Elite y semielite. Según Levy, citando a Altbach y Balán (Altbach y Balán, 2007), las universidades de elite o de nivel mundial en la mayor parte del globo son públicas, exceptuando las de Estados Unidos. Realidad que se ha llegado a comprender a través del análisis de los dos prominentes rankings globales de universidades116. Pero, al mismo tiempo, señala que en América Latina, sobretodo en Brasil, Chile y México se está constituyendo una realidad intermedia. Un número de prestigiosas universidades privadas se ha vuelto de elite por la selectividad y calidad académica en varias áreas. “Estas áreas suelen estar relacionadas con los negocios, aunque han ido ampliándose, mientras que las universidades públicas, en general, continúan dominando en las áreas de la medicina, la ciencia y la ingeniería” (Levy, 2011: 142). No es complicado encontrar también una mayor presencia privada entre las instituciones se semi-elite, que se encuentran entre las instituciones líderes a nivel nacional en cada uno de sus países, aun cuando no pueden competir

115

En esta tipología que consta de tres partes hay que destacar el notorio entrecruzamiento entre las instituciones de identidad y las otras dos categorías. Agregándole a los tres tipos, dos tipos más, explícitamente transversales, que son las que tienen fines de lucro y las mixtas.

116

Para mayor información sobre el ranking de Shangai, véase http://www.shanghairanking.com/es/ recuperado el 3 de mayo de 2015.

con el vértice de las mejores universidades públicas, sí pueden hacerlo dignamente en la siguiente escala.

2. Identidad. La palabra identidad en esta clasificación refleja, histórica y actualmente a la universidad de carácter religioso. Las primeras instituciones sin fines de lucro en la educación han sido las de este tipo. Las instituciones religiosas se hallan entre las catalogadas sin fines de lucro, aunque no se niega que algunas son de alto estatus económico, accesibles a la clase social alta y en menor porcentaje a la clase social media. Aunque no hay motivaciones de lucro de primera mano, son privadas con aranceles altos, con los que sopesan y cubren gran parte del costo de su financiación. La mayoría de éstas suelen ser de muy buena calidad y reputación. En general el catolicismo fue la forma religiosa dominante que creó las primeras universidades privadas tanto en Europa, América Latina y África. En Estados Unidos, algunas de las primeras universidades como Yale y Princeton, tenían inspiración protestante pero se convierten en privadas bona fide117(Levy, 2011: 144). Las universidades religiosas continúan representando dignamente uno de los principales tipos de educación superior privada. En Asia, y en África, han surgido orientaciones religiosas tanto evangélicas como islámicas en la educación superior privada. Donde los musulmanes son minoría, la creación de instituciones propias de educación superior privada es una opción. Donde estos son mayoría, las instituciones públicas proveen establecimientos confesionales (Levi, 2011: 145). Esto contribuye al pluralismo no sólo ideológico sino religioso y rompe con la referencia decimonónica de la universidad estatal (Garrido, Herrera y Svensson, 2012: 80). Países africanos como Kenia y Nigeria tienen ahora instituciones católicas, evangélicas e islámicas. América Latina está siendo testigo de una proliferación de universidades de identidad protestante, aunque la mayoría son pequeñas. La disminución del poder de la religión en algunas sociedades, refleja una decadencia de la identidad religiosa pero no necesariamente en sus instituciones de

117

Se refiere a cualquier corporación, asociación, cooperativa u otra organización fundada por ciudadanos de Estados Unidos que residen allí, la cual opera principalmente para propósitos científicos, educacionales, de servicio, filantrópicos o similares de interés público, usa sus ingresos para mantener, mejorar y expandir sus

educación superior, las cuales además se encuentran entre las instituciones sin fines de lucro y forzadas a competir en el mercado (Levy 2011: 145)118.

3. No elite y absorción de demanda. La aparición de pequeñas instituciones de no elite o también denominadas no universitarias119, permite explicar la cuota cada vez más

alta de la educación superior privada en cuanto al número de instituciones que la ofrecen, más que de la matrícula. También permite explicar que son parte del resultado del proceso de masificación y crisis, padecidos por las instituciones de educación superior a finales del siglo pasado. La proliferación de instituciones privadas de no elite ha sido más débil en Medio Oriente que en América Latina y África en comparación con el primer período de crecimiento privado en Europa del Este (Levy, 2011: 146). Las organizaciones de no elite, tienden a tener dudosa reputación pero no debe generalizarse esta percepción ya que también es evidenciable la existencia de universidades públicas de arraigada burocracia y endogámicas que arrastran en su historia reputación similar. No se puede generalizar que una universidad o institución de educación superior de no elite sea de mala calidad, así como tampoco se puede decir que todas las de elite hacen siempre prácticas excelentes, ni mucho menos asegurar que todas las públicas garantizan ciertos estándares de servicio y buenas prácticas. Porque ya situados en la realidad que aquí ocupa, las carencias existirán en todas las organizaciones de educación superior en las que no exista un compromiso con el bien interno, ya sea por la institución en lo general o las personas que lo integran en lo individual.

Suponiendo que todas las instituciones de educación superior de semi-elite y las de identidad operan con esquemas de organizaciones sin fines de lucro, el no lucro no garantiza que las organizaciones se administren sin escoyos en su andar, ni que el no lucro

118

Incluso antes del giro hacia un agestión de mercado, muchas instituciones religiosas tenían prácticas financieras sólidas y una administración jerárquica, un punto que suele hacerse en contraste con las universidades públicas. Algunas instituciones religiosas pueden catalogarse en la tipología de semi-elite. 119

La acepción de no universitarias se refieren a las instituciones de educación superior cuya formación es técnico-profesional y que se ciñe únicamente a proveer al estudiante las competencias profesionales necesarias acorde al perfil ofrecido, su misión es limitada comparada con lo que tradicionalmente ha venido haciendo la universidad, pero en el ámbito de la educación superior se le reconoce como una institución que está dentro de estas. Ya que ha sido por recomendaciones de las instancias internacionales (BM, BID, UNESCO, UMC) a los países que estas se han creado en respuesta al fenómeno de masificación como parte de la diversificación de la oferta formativa. Por ello algunos catalogan a la universidad como una institución de mayor calidad y profundo raigambre y a las instituciones de educación superior con un escalafón menor.

garantice el comportamiento moral de las personas que la integran. Ciertamente en el aspecto financiero pueden disminuir los riesgos ya que el interés principal no es generar riqueza para los propietarios. Pero sí tienen dentro de su misión advenirse de recursos económicos para poder sufragar su financiamiento, entonces tienen una meta más para garantizar sus otras metas. Empieza a ser también extensivo, en las universidades públicas, el que busquen diferentes opciones de financiamiento, lo que les da un carácter empresarial al desarrollar propuestas de auto-sustento.

Si la universidad privada tiene o adquiere identidad propia será capaz de establecer una relación moral significativa con sus miembros. Cuando los vínculos existen, los alumnos se sienten concernidos por el destino de su universidad y dispuestos a ayudarlas e incluso a hacerles donaciones, estableciendo relaciones duraderas entre la universidad y antiguos alumnos en el que su compromiso se sabe para toda la vida (Peréz-Díaz, 2004: 139). La universidad privada puede ser clave para la educación liberal si ahonda en la experiencia de su propia libertad e identidad. Se trata de que la universidad privada se voltee a ver a sí misma y pueda cuestionarse si cuenta o no, con un proyecto propio y una identidad, o que sea capaz de adquirirlos para caminar hacia el futuro de su propia trascendencia (Garrido, Herrera y Svensson, 2012: 81-82). El hablar de identidad y proyecto propio se refiere también al ubicarse dentro de los bienes internos propios de una universidad que apela y aspira a la excelencia y no sólo a cuestiones económicas.

Siguiendo con la categorización señalada, habrá que distinguir en las instituciones de no elite, dos categorías más que también pueden permear paralelamente a las demás, lo que significa, por ejemplo, que una universidad de identidad sea al mismo tiempo de elite y con algunos acuerdos mixtos, o bien, que una universidad de semi-elite opere bajo esquemas de lucro. Aquí no hay reglas estrictas en la categorización pues, como se ha señalado al inicio de este apartado, la diversificación de los modos de ser de la educación superior privada tiene muchas formas de combinación posible dentro de sus esquemas de organización, gobierno y operación. Al someterse a las reglas del mercado las instituciones de educación se vuelven vulnerables, así que las características señaladas no aplican de manera estricta sólo a las organizaciones como a las instituciones de educación superior de no elite.

Así como hay instituciones de dudosa calidad y poco transparentes que promueven como objetivo principal la ganancia económica de sus socios o dueños, las hay también conformadas por instituciones de no elite serias, orientadas hacia el campo laboral y a través de nuevas modalidades, ofrecidas a veces de manera muy responsable, proveyendo canales de acceso diversos, dirigiéndose a un estudiantado no tradicional, respondiendo con ello a las necesidades que surgen del desarrollo de la fuerza laboral. Cuantitativamente y cualitativamente, puede ser impresionante el impacto social de este tipo de institución de la cual se puede decir que operan con altos esquemas de moralidad, ya que no debe estar peleado el fin de lucro con la misión primigenia de la formación profesional. “A menudo estas instituciones están bien administradas e incluso pueden mostrar ciertos rasgos afines con algunas instituciones de semielite” (Levy, 2011: 147). Habitualmente se observa que, tanto los mejores como los peores tipos de universidades de no elite, dan acceso a la educación superior a grupos comparativamente poco privilegiados, incluyendo adultos con trabajo.

 Con fines de lucro.

Existen visiones en las que el lucro y la educación son inherentemente contradictorios, sobretodo en el ámbito de la educación superior, ya que las instituciones con fines de lucro pueden anteponer el objetivo de lucrar, al objetivo de cumplir con la misión, funciones y metas de la actividad universitaria. Es pertinente aclarar que, bajo la realidad de la educación superior, con las presiones acarreadas por lo descrito en el segundo y tercer capítulo, donde sobresale el problema del financiamiento, ha generado nuevas formas de operación en las que hasta las universidades públicas ya están desarrollando formas alternas de obtener recursos, como la venta de productos académicos. Esto no las hace necesariamente instituciones con fines de lucro. Hay que precisar una importante diferencia: la que existe entre el lucro de los asociados que controlan la organización universitaria, que hacen de la universidad un medio para extraer provecho económico de ella, y la ganancia económica de la universidad, en la que entra con terceros a comercializar servicios para incrementar sus ingresos, o bien cubrir los costos de su operatividad. “En el primer caso los recursos salen de la universidad para ingresar al patrimonio de sus asociados controladores y de sus administradores. En el segundo, los recursos ingresan a la

universidad en la forma de utilidades de sus negocios, para financiar con ellas sus actividades propias” (Bernasconi, 2013: 3-4). La visión extendida al respecto es que no deberían de existir las instituciones, organizaciones o consorcios en educación superior con fines de lucro, pero aun cuando la legislación en los países señalan la prohibición de éstas, los sesgos de las estructuras legales, así como las interpretaciones que se hace de la ley al respecto, permiten abrirse caminos soslayando la prohibición y en muchos lugares se crean formas que hacen posible su existencia.120

Si este sector va creciendo es porque ofrece alternativas que la sociedad considera viables. En muchos casos el crecimiento de esta forma de educación superior con fines de lucro sería imposible si no existieran mecanismos que posibiliten su alternativa, como los convenios de financiamiento o ayudas económicas por becas, que tienen algunas instituciones de orden privado -bancos-, o público programas de ayuda económica gubernamentales que otorgan el recurso para que el estudiante lo aplique donde considere pertinente. Así que, basado en la circunstancia económica y sin considerar el tipo de institución, mientras se trate de instituciones acreditadas,121 hay estudiantes que se decantan por estas opciones. “En Sudáfrica, las instituciones con fines de lucro constituyen más de dos tercios de lo que se considera legalmente educación superior privada; la educación superior privada en Ucrania también se inclina fuertemente hacia el lucro” (Levy, 2011: 149). La preocupación sobre esta línea desde el aspecto de la moral es que este tipo de instituciones están mayormente expuestas a ser cuestionadas en cuanto a su calidad académica por los fines que persiguen de inicio, pero, si equilibran sus prioridades pueden llegar a tener características de instituciones de semi-elite, o que desarrollen atributos de las instituciones serias de no elite; y legitimar entonces su presencia con acciones que las encaminen a cumplir con su compromiso social buscando la excelencia.

120

Como lo demuestra la presencia de Laureate International Universities, consorcio universitario con fines de lucro, una de las mayores redes de instituciones académicas privadas, que participa en el mercado mundial de la comercialización de servicios de educación superior y con presencia de 6 universidades en Norteamérica, 30 en Latinoamérica, 24 en Europa, 8 en Medio Oriente, 2 en África y 14 en Asia Pacífico. Como hay formas de soslayar la prohibición de instituciones hay instancias que se abren camino con ello como el Grupo Laureate Internacional Universities, que. http://www.laureate.net/OurNetwork recuperada el 4 de mayo 2015.

121

En Estados Unidos, el financiamiento federal para las instituciones con fines de lucro cuenta con la aprobación del Congreso, pero está en peligro debido a las prácticas fraudulentas de reclutamiento y a la baja empleabilidad que enfrentan los graduados de algunas instituciones (Levy 2011: 149).

 Formas mixtas

La universidad privada frecuentemente está en la búsqueda de la legitimidad, en búsqueda de poder garantizar la calidad y el acceso a instalaciones especiales, laboratorios o currículum de vanguardia; por lo que suele afiliarse con la universidad pública que busca, por contraparte, aportes económicos como forma de la diversificación de sistemas de financiamiento. Las asociaciones entre universidades existen en muchos países y, a menudo, los acuerdos interinstitucionales no están claramente establecidos y las diferentes motivaciones, así como el tema de propiedad, llevan conflicto. “Las formas mixtas que combinan lo privado y lo público son una preocupación creciente entre los responsables de las políticas y los académicos, dentro y también más allá de la educación superior” (Levy, 2011: 151)122. Por lo regular, los actores de la educación superior siempre habían caído en la dicotomía de ser uno esencialmente privado y el otro esencialmente público.

Outline

Documento similar