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La Noción General de la Cosa

In document Insight 1 - Bernard Lonergan (página 134-136)

Puesto que la noción de una cosa implica un nuevo tipo de chispazo inteligente, haremos bien en recordar los rasgos principales del tipo antiguo y ahora familiar de chispazo inteligente. Este se apoyaba en la presencia o ausencia de leyes que gobernaran las relaciones entre los datos. Así, los conjugados experienciales se alcanzaron captando la correlación entre términos tales como 'rojo en cuanto visto', y 'ver el rojo' o 'calor en cuanto sentido' y 'sentir calor'. De manera semejante, los conjugados explicativos se alcanzaron captando las correlaciones superiores y más remotas que ligan y definen implícitamente, digamos, las masas o los vectores del campo electromagnético. Por otra parte, las probabilidades se alcanzaron argumentando con la ausencia de sistema en las relaciones entre los datos.

{271} Fijarnos en la ley y el sistema nos llevó a considerar los datos, no en la totalidad de sus aspectos concretos, sino sólo desde un punto de vista abstracto. Emplear un conjugado experiencial es prescindir de todos los aspectos de los datos excepto de alguna cualidad singular tal como 'rojo' o 'caliente'. Emplear un conjugado explicativo es retirar la atención de todos los aspectos directamente perceptibles, y dirigirla a un término no imaginable que puede alcanzarse sólo por una serie de correlaciones de correlaciones de correlaciones. Hablar de una probabilidad es suponer un proceso de razonar que no se apoya directamente en lo que es dado, ni se apoya positivamente en lo que puede entenderse {246} en lo dado, sino indirecta y negativamente en lo que se sigue de una falta de sistema en lo dado.

Ahora bien, la noción de una cosa se funda en un chispazo inteligente que capta, no las relaciones entre los datos, sino una unidad, identidad, totalidad en los datos; y esta unidad se capta no considerando los datos desde un punto de vista abstracto, sino tomándolos en su individualidad concreta y en la totalidad de sus aspectos. Porque si el lector vuelve su mente hacia cualquier objeto que él llama una cosa, hallará que ese objeto es una unidad a la que le pertenecen todos los aspectos de cada dato dentro de la unidad. Así, el perro Fido es una unidad y a Fido se le atribuye la totalidad de los datos ya sean de color o forma, ya de sonido u olor, ya de sensación o movimiento. Más aún, de esta captación de unidad en una totalidad concreta de datos se siguen las variadas características de las cosas.

Así, las cosas se conciben como extensas en el espacio, permanentes en el tiempo y, sin embargo, sujetas al cambio. Ellas son extensas en el espacio, en la medida en que los datos espacialmente distintos le pertenecen a la unidad en un instante dado. Ellas son permanentes en el tiempo, en la medida en que los datos temporalmente distintos le pertenecen a esa misma unidad. Ellos están sujetos al cambio, en la medida en que en esa misma unidad hay alguna diferencia entre el agregado de datos en un instante y el agregado de datos de la misma unidad en otro instante.

Igualmente, las cosas poseen propiedades y están sujetas a leyes y probabilidades. Porque los datos mismos que, tomados concretamente, se entienden como pertenecientes a una cosa singular, también pueden tomarse abstractamente y así pueden llevar a una captación de los conjugados experienciales, de los conjugados explicativos, y de las probabilidades. Debido a que los datos son los mismos, resulta una obvia relación entre los chispazos inteligentes y entre los conceptos consiguientes. Esta relación se expresa diciendo que los conjugados son las propiedades de la cosa, y que las probabilidades se refieren al ocurrir de cambios en la cosa.

Igualmente, la misma relación está involucrada en lo que se llama atribución. La {272} unidad concreta abraza una totalidad de aspectos. Desde varios puntos de vista abstractos, han de alcanzarse otras nociones aparte de la noción de la cosa. Pero porque el mismo grupo de aspectos da como resultado tanto la noción de la cosa como las otras nociones, las últimas se relacionan con la primera, y la relación, considerada lógicamente, se llama atribución. Así, el decir que Fido es negro o que él es una molestia, es concebir a la vez una unidad en una totalidad de aspectos, y algún aspecto de entre la totalidad y luego atribuir el último a la primera.

Igualmente, el silogismo de Aristóteles se encaminaba a poner un orden inteligible dentro {247} de los atributos de las cosas. En una totalidad dada de datos se capta una unidad llamada la luna. En la misma totalidad se capta una serie regular de formas luminosas llamadas 'fases de la luna.' En la serie regular de fases uno puede captar que la superficie de la luna no puede ser plana y que debe ser esférica. Aristóteles llamaría a la luna el sujeto, a sus fases el término medio, y a su esfericidad el predicado. El notaría que el término medio explica la atribución del predicado al sujeto. El llamaría la atención sobre la diferencia entre una causa essendi y una causa cognoscendi; las fases son la razón por la que conocemos que la luna es esférica; pero la esfericidad es la razón por la que la luz aportada por el sol se refleja desde la luna en la serie regular de formas llamadas fases.

Igualmente, sin la noción de la cosa, no puede darse la noción del cambio. Porque un cambio no es sólo un dato observado nuevamente, ni la substitución de un dato por otro, ni la creación de un dato que previamente no existiera. Más aún, no hay cambios en los dominios de las abstracciones, porque cada abstracción es eternamente lo que se define que sea. Si se da un cambio, tiene que haber una unidad concreta de datos concretos que se extienda por algún intervalo de tiempo, tiene que haber alguna diferencia entre los datos al principio y al fin del intervalo, y esta diferencia puede ser sólo parcial, porque de otra suerte no ocurriría un cambio sino una aniquilación y una nueva creación.

Así como la noción de la cosa es necesaria para la noción del cambio, así también es necesaria para la continuidad del pensamiento y desarrollo científico. Es necesaria porque el desarrollo científico implica una sucesión de sistemas explicativos. Cada uno de dichos sistemas sirve para definir implícitamente un grupo de términos conjugados que, mediante una serie de correlaciones de correlaciones, puede ligarse con los datos concretos. Con todo, esta sucesión de sistemas con sus implicaciones no basta para constituir el pensamiento científico. Porque los sistemas tienen que descubrirse en los datos y verificarse en los datos; ellos no pueden {273} descubrirse y verificarse en cualesquiera datos, ni pueden descubrirse y verificarse en los datos que ellos mismos seleccionen, (pues en ese caso, varios sistemas incompatibles serían igualmente verificables ya que cada uno satisfaría igualmente bien los datos que él seleccionara). Según esto, el pensamiento científico necesita no sólo sistemas explicativos, sino también descripciones que determinen los datos que deben satisfacer las explicaciones. Más aún, el pensamiento científico necesita la noción de la cosa, que tiene como sus propiedades tanto unos conjugados experienciales como unos explicativos, que permanece idéntica ya sea que se describa o se explique, que por su identidad {248} demanda una explicación coherente o un grupo de explicaciones que sea verificable en los datos fácilmente afirmables de la cosa en cuanto descrita.

Así, la cosa es la construcción sintética básica del pensamiento y desarrollo científico. Ella abarca en una unidad concreta una totalidad de datos espacial y temporalmente distintos. Ella posee como cualidades y propiedades suyas los conjugados experienciales que pueden determinarse por observación. Ella está sujeta al cambio y la variación en la medida en que sus datos en una ocasión difieren de los datos en otra. Mediante las observaciones de las cualidades, las cosas se clasifican por sus semejanzas sensibles. Mediante las mediciones de los cambios se han alcanzado las leyes clásicas y las frecuencias estadísticas. Tales leyes y frecuencias están sujetas a revisión, y la revisión se efectúa mostrando que la visión anterior no satisface completamente los datos [que provienen] de la cosa en cuanto descrita. Finalmente, no sólo los conjugados experienciales, los conjugados explicativos, y las probabilidades de eventos son verificables; [también] la construcción de la cosa es verificable ella misma. [Se afirma esto] porque la antigua lista de los cuatro elementos, tierra, agua, fuego, y aire ha sido rechazada, y la nueva lista de la tabla periódica se ha establecido sobre el fundamento científico de la hipótesis y la verificación; y tanto la antigua lista como la nueva son listas de clases de cosas.

Además se dice que las cosas existen. Antes hemos distinguido entre unas preguntas que admiten las sencillas respuestas 'Sí' y 'No', y otras preguntas que no las admiten. Carece de sentido responder 'Sí' o 'No' a la pregunta: '¿Qué es una cosa?' Por otra parte, dicha respuesta es muy apropiada cuando uno pregunta si ahí hay algunas cosas. Ahora bien, la existencia puede definirse como lo que se conoce en la medida en que se le da una respuesta afirmativa a la pregunta: '¿Ahí hay cosas?' Según esto, la existencia es a la cosa, como el evento o el ocurrir es al conjugado. Porque la existencia de la cosa se conoce verificando la noción de la cosa, así como el ocurrir se conoce verificando el conjugado. Más aún, tanto el conocimiento general de las cosas como el conocimiento de los conjugados se alcanza por los {274} procedimientos clásicos; en cambio, el conocimiento general de la existencia y el conocimiento del ocurrir se obtiene mediante las leyes estadísticas. Así, las definiciones de los elementos y compuestos químicos son del tipo clásico; pero las predicciones de análisis o síntesis exitosas en la naturaleza o en el laboratorio tienen que estar basadas en probabilidades.

¿Puede notarse de una buena vez que, por lo regular, la significación precedente ha de atribuírsele a nuestra utilización de los términos 'existe', 'existencia', 'existencial'? Sólo cuando el contexto lo pida, estas palabras recibirán la significación que ellas tienen en la filosofía existencialista.

{249} Igualmente, todas las cosas existentes son particulares, pero nosotros podemos pensar en ellas en general, y entonces abstraemos su particularidad. Uno obtiene la noción de la cosa captando una unidad en los datos individuales; pero una vez que se tiene la noción, uno puede pensar y hablar tanto de las cosas en general como de las cosas pertenecientes a determinadas clases especificadas por sus conjugados o propiedades. Más aún, desde tales consideraciones generales uno puede regresarse al particular, y tal regreso puede

ocurrir de una de tres maneras. El caso más simple surge cuando uno se regresa a una cosa particular cuyos datos se dan aquí y ahora; entonces, por un simple desplazamiento de atención, uno se mueve desde la 'cosa' o 'cosas' hasta 'esta cosa' o 'estas cosas'. El segundo caso ocurre cuando la cosa particular a la que uno se regresa no se halla en el campo de observación; entonces tiene que invocarse un marco de referencia espacio-temporal que proporcione el nexo entre los datos dados aquí y ahora, y los datos relevantes para la cosa particular en cuestión; mediante la utilización de tal marco de referencia uno llega a pensar y hablar de 'esa cosa' o 'esas cosas'. El tercer caso surge dentro de los confines de la ciencia plenamente explicativa, que no maneja las cosas en cuanto relacionadas con nuestros sentidos, sino en cuanto relacionadas entre sí. Claramente, hay datos sobre las cosas sólo en la medida en que están relacionadas con nuestros sentidos; se sigue que no puede haber recurso a los datos mientras uno considere a las cosas mismas, a las cosas en cuanto explicadas, a las cosas en cuanto relacionadas entre sí, a las cosas en cuanto equivalentes para todos los observadores mientras que uno prescinde de todos los observadores. A pesar de ello, pensamos y hablamos de las cosas mismas en cuanto existentes; y sólo los particulares existen. ¿Cuál es, pues, el fundamento de la individualidad de la cosa misma? La solución aristotélica a este problema sería postular una materia prima que es a la unidad inteligible o forma de la cosa, como los datos son al chispazo inteligente; así como los datos en cuanto dados son anteriores a todo chispazo inteligente, y por ello son anteriores a toda distinción y relación o unificación, así la materia prima es concebida como un constitutivo de la realidad al que la forma presupone y por ello, de por sí, no es una cosa, ni una cantidad, {275} ni una cualidad, ni una relación, ni un lugar, ni un tiempo, ni ningún otro objeto positivamente concebido. 50

Sin embargo, todavía no podemos intentar decir la posible significación que se le puede asignar a la frase 'constitutivo de la realidad'. Pero vale la pena notar que el problema de la individualidad de las cosas mismas no es ni único ni aislado. Como se ha visto, cuando no es posible la observación, tampoco es posible una imagen verificable; esto es así porque lo imaginado en cuanto imaginado puede verificarse sólo cuando lo que es imaginado también puede ser sentido. Según esto, no hay imágenes verificables para los {250} elementos subatómicos. Pero si no pueden imaginarse los elementos subatómicos, entonces los átomos no pueden imaginarse, porque uno no puede imaginar un todo como hecho de partes no imaginables. De esto se sigue que ninguna cosa en sí misma, ninguna cosa en cuanto explicada puede imaginarse Si los átomos no pueden imaginarse, por un razonamiento semejante, las moléculas no pueden imaginarse. Si las moléculas no pueden imaginarse, entonces tampoco las células. Si las células no pueden imaginarse, entonces tampoco las plantas. Una vez que uno entra en el camino de la explicación relacionando unas cosas con otras, uno se ha descarriado de la vereda que da imágenes representativas válidas. Sin duda yo puedo imaginar la planta en cuanto vista, en cuanto relacionada con mis sentidos, en cuanto descrita. Pero si yo aplico el principio pleno de equivalencia y prescindo de todos los observadores, entonces yo también prescindo de todos los observables. Así como el electrón, así también el árbol, en la medida en que es considerado él mismo una cosa, se halla dentro de un patrón de relación inteligible y no da pie a la imaginación. La diferencia entre el árbol y el electrón es simplemente que el árbol, además de ser explicado, también puede ser observado y descrito, mientras que el electrón, aunque puede ser explicado, no puede ser observado directamente y puede ser descrito adecuadamente sólo en términos de observables que involucran otras cosas también. De momento, sin embargo, hemos de contentarnos con notar que la cosa misma plantea unos problemas que todavía no estamos preparados para enfrentar.

In document Insight 1 - Bernard Lonergan (página 134-136)