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1. PRIMER MOVIMIENTO: LA LIBERTAD DE LA VOLUNTAD Y SU ESTRUCTURA

1.3 ALTERNATIVAS, CRÍTICAS Y OBJECIONES

1.3.4 Objeción de manipulación

La objeción de manipulación es la primera de las críticas que se establecen frente a cualquier perspectiva internalista sobre la autonomía y, de forma derivada, sobre la libertad de la voluntad (Taylor J. S., 2009, pág. 52). En su versión más simple plantea lo siguiente: si la jerarquía de deseos no es suficiente para garantizar la libertad de la voluntad, la simple identificación con alguno de ellos tampoco permite suponer que el sujeto es autónomo porque, ¿cómo podríamos estar seguros de que tanto el deseo de primer orden como su aceptación volitiva no han sido implantados en la persona mediante, por ejemplo, las estrategias alienantes de un malvado neurocirujano? En el marco de la reconstrucción jerárquica de la voluntad y la autonomía, una posible solución a esta problemática está presente en los enfoques procedimentales e históricos elaborados por Dworkin y Christman pero que, como estipula con detalle Oshana77, solo terminan retrasando la aparición del problema porque, en definitiva, siguen proponiendo una respuesta que es casi con exclusividad internalista, es decir, que toma en consideración estados mentales, psíquicos o actitudinales de los sujetos como fundamento último (y que en definitiva afecta de forma más significativa sus posturas dado que ambos buscan determinar las características y condiciones de aplicación de la noción de autonomía).

En cambio, el problema de la manipulación impacta de otra forma en la teoría de Frankfurt En primer lugar, no debe perderse de vista que, como se ha detallado en la primera sección del capítulo, la respuesta de Frankfurt a la pregunta sobre qué implica que una persona posea una voluntad libre se da en el marco del debate compatibilismo-incompatibilismo. Por lo tanto, al igual que sucede en la respuesta al problema de la autoridad, la manipulación que conlleva la intervención intencional de un agente en la estructura desiderativa de la persona solo es una variante más de la generación causal y no controlada de los deseos que, como se ha consignado, no afecta la posibilidad de que finalmente la persona posea la voluntad que quiere

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Oshana plantea que los enfoques internalistas presentan dos problemas importantes: “En primer lugar, las teorías internalistas en efecto asimilan la autonomía sobre las preferencias o valores con la autonomía de personas, como si como lo que puede predicarse de los primeros se pudiese predicar de las personas también […] Pero no hay una transición natural desde una concepción de la autonomía que se enfoque en los estados psicológicos o en las capacidades, hacia un enfoque de la autonomía de las personas […] Una teoría más externalista como la que ofrezco niega que la autonomía personal sea una condición que sobrevenga a los estados psicológicos o disposicionales por sí sola. En un análisis externo, es posible para dos individuos satisfacer todas las condiciones psicológicas e históricas pero diferir con respecto a su estatus como seres autónomos –y esta diferencia puede ser explicada en términos de algunas variaciones en sus circunstancias sociales” (Oshana, 1998, págs. 84-85).

59 tener78. La manipulación es un problema para la libertad del agente cuando, de hecho, ya no es un agente (es decir, cuando no es activo con respecto a sus deseos y preferencias, cuando no le preocupa el tipo de voluntad que posee, cuando, en definitiva, ya no es un problema para la persona). Mientras no sea así, el origen espurio de los deseos no marca una diferencia en la tarea de acoplarlo coherentemente al resto de deseos y creencias, tarea que implica la familiaridad del sujeto con sus estados volitivos y mediante la cual se distingue a una persona de un wanton, o mejor dicho, a una persona que se autorrealiza de un sujeto alienado. En un pasaje de “Identificación y externalidad”, Frankfurt afirma:

“Una pasión puede ser externa cuando es artificialmente inducida por medios tales como la hipnosis o el uso de drogas. En casos como éstos, la pasión no suele surgir como respuesta a una experiencia percibida. En consecuencia, puede presentársele a la persona en cuya se las arregla para aparecer como discontinua respecto de la comprensión que tiene de su situación y respecto a la concepción que tiene de sí misma. Aun así, muchas veces parece que la persona, por instinto, esquiva estas discontinuidades mediante la racionalización: instantáneamente proporciona significado a la pasión, o de alguna manera interpreta que tiene un lugar natural en su experiencia. Entonces, a pesar de su origen, la pasión se acopla a un principio motor dentro de la persona, y la persona ya no es más un observador pasivo con respecto a ella de lo que habría sido si la pasión hubiera surgido en una respuesta más integral a sus percepciones” (Frankfurt, 2006f, pág. 95).

Las referencias a “concepción de sí misma” y “principio motor” adelantan la apelación que posteriormente Frankfurt realizará a la nociones de “incondicionalidad” o a “necesidades volitivas” como forma de responder al verdadero dilema que está detrás de la objeción de manipulación, es decir, el problema de la legitimidad como coherencia y apropiación. En Frankfurt este problema no remite al origen de los deseos, sino al tipo de relación que el sujeto establece con ellos y a la forma en la que, finalmente, están integrados en una voluntad que el sujeto reconoce como propia. De allí que la objeción de la manipulación afecta, en este primer estadio de desarrollo, a la idea que se propone para dotar a la identificación de una sustancia autoritativa: el concepto de satisfacción que implica tanto un estado psicológico como una decisión por parte del sujeto. En el artículo “Tres conceptos de acción libre” Frankfurt presenta veladamente esta problemática al afirmar que “es imposible que una persona sea un observador pasivo de sus voliciones de segundo orden. Ellas constituyen su actividad y [no] tiene sentido preguntarse si alguien se identifica con la identificación que tiene de sí mismo, a menos que la intención sea simplemente preguntar si su identificación es

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60 sincera o total” (Frankfurt, 2006g, pág. 84). Pero, como se verá en el siguiente capítulo, esta pregunta no es simple y, finalmente, responderla de forma cabal es importante para dotar de sentido al pasaje desde la teoría de la responsabilidad moral a una teoría de la autorrealización en el corpus frankfurtiano. Porque sin un marco de relativa estabilidad –que en Frankfurt lo dotará el concepto de necesidad volitiva- la apelación a una decisión intencional como marca distintiva de la persona siempre tiene los rasgos de la elección radical con sus consiguientes limitaciones que se detallarán en 2.2.2 y 3.3.1.