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2. SEGUNDO MOVIMIENTO: PREOCUPACIONES Y NECESIDADES VOLITIVAS

2.1 PREOCUPACIÓN (CARE ABOUT)

2.1.2 Preocupación y voliciones de segundo orden

El comienzo de las conferencias Kant que Frankfurt dicta en 199897 parece, a primera vista, una amonestación a sí mismo. Porque en los primeros párrafos afirma que en las discusiones sobre la naturaleza de la acción humana y la estructura del razonamiento práctico los filósofos suelen recurrir a un repertorio conceptual más o menos convencional y bastante limitado cuyo elemento más conocido “es la indispensable, ubicua y proteica noción de lo que la gente quiere o de lo que desea” (Frankfurt, 2007ñ, pág. 243). Además, un uso relativamente descuidado de estas nociones hace que la relevancia de algunos aspectos fundamentales de la vida de las personas tienda a desdibujarse gravemente. Centrando su crítica en Thomas Hobbes y en cierta perspectiva metafísica y política liberal que le sucede, Frankfurt afirma que la confianza generalizada en el mero hecho del deseo le sorprende como profundamente indiscriminada: “Al parecer, a Hobbes no le preocupa que la gente pueda estar descaminada en lo que quiere; a su juicio, la felicidad consiste en la satisfacción, sin más, de cualquier deseo que ella realmente tenga. La felicidad de una persona no está determinada por lo que ella meramente quiere, y ni siquiera por lo que prefiere [...] La razón es que algunas de las cosas que la gente quiere o prefiere no son cosas por las que realmente se preocupa” (Ibíd., pág. 246). Es posible preguntarse, luego de esta diatriba, si el abordaje que hace Frankfurt en sus primeras obras no lo hace merecedor de las advertencias expresadas en las líneas anteriores. Pero tal lectura no es factible por dos razones: a) en primer lugar, Frankfurt entiende que el conjunto de interrogantes y respuestas sobre la libertad de la voluntad y el compatibilismo que aborda en sus primeras obras no coincide con aquellos que son centrales para la teoría de la acción y para el análisis tradicional del razonamiento práctico; b) “el mero hecho del deseo” no es igual al deseo con el que un sujeto se identifica y, en principio, es significativamente diferente de aquello por lo que un agente se preocupa.

De cualquier forma, en la ontología de la voluntad frankfurtiana la naturaleza esencial de la preocupación no termina de cristalizarse con absoluta precisión. Mientras que es bastante claro que las voliciones de segundo orden son elementos de la voluntad que, aunque su estatus se modifica a partir de la actividad de identificación, siguen siendo deseos (aunque ya no meros deseos); la preocupación (así también como sus objetos) posee una cierta ambigüedad definicional que ha llevado a algunos comentaristas críticos a sugerir que Frankfurt adopta diversos modelos de voluntad a lo largo de la consolidación de su

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76 pensamiento98. Porque el filósofo estadounidense se refiere a las preocupaciones de las siguientes formas:

1. Como aquello que sirve de referencia al agente para guiarse con su vida y en su conducta (Frankfurt, 2006h, pág. 122). Esto implica que orienta deliberadamente su atención, sus actitudes y su comportamiento en respuesta a circunstancias pertinentes a la suerte del objeto por el cual se preocupa (Frankfurt, 2007j, pág. 179).

2. Como un conjunto completo de disposiciones y estados cognitivos, afectivos, volitivos (Frankfurt, 2006h, págs. 122-123): “Es indudable que, en muchas situaciones, creencias, sentimientos y expectativas de ese tipo sí indican de manera más o menos certera que una persona considera que algo es de importancia para ella. Sin embargo, en el núcleo de la cuestión no hay una situación de sentimiento, creencia o expectativa sino de voluntad” (Frankfurt, 2007ñ, pág. 252) (cursivas mías).

3. Como un compromiso con la permanencia de cierto deseo (Frankfurt, 2007ñ, pág. 252).

4. Como implicando una actividad reflexiva mediante la cual el agente hace algo consigo mismo (Frankfurt, 2006h, pág. 122).

5. Como un tipo de disposición a ser afectado por los cambios en el estado de las cosas a las que el agente se dedica, con las está investido o con las que se identifica (Frankfurt, 2006h, págs. 123-125). Vale consignar que esta noción de identificación es, en varios sentidos, diferente a la destacada en el capítulo anterior. Ya no remite a aquellos aspectos motivacionales que el sujeto puede asumir como propios sino a una característica relacional de la voluntad que se asemeja a la idea de simpatía en Hume99, a cierta versión corregida del concepto de imaginarse ser otro de Wholleim100 que toma David Velleman101, o a la noción

98 (Cuypers, 2000). 99 (Hume, 1988). 100 (Wollheim, 1973).

101 Velleman afirma: “identificarte con alguien puede ser caracterizado, pienso, como una forma de imaginar que eres él, con las consecuencias psicológicas particulares” (Velleman, 2002, pág. 106). Velleman sugiere que esta podría ser una forma de entender el concepto de identificación clave en la generación de voliciones de segundo orden (aunque asume que Frankfurt no lo utiliza de esa forma). Frankfurt responde que la forma en que Velleman caracteriza la función de identificarse con alguien es incorrecta: “¿Qué significa identificarse con otra persona? Cuando digo que puedo identificarse con alguien, no quiero decir que puedo imaginarse ser otra persona. Solo que puedo imaginarse realmente respondiendo con lo hace tal persona a una situación de cierto tipo” (Frankfurt, 2002d, pág. 127).

77 de receptividad tanto en las versiones de Michael Slote102 como en la de Nicolas Kompridis103

En la búsqueda de estabilizar el sentido de la noción de preocupación puede ser de utilidad detallar con qué tipo de acciones o elementos volitivos no debe asemejarse. En primer lugar, el preocuparse por algo difiere no solo de quererlo y preferirlo, es decir, del mero deseo del objeto, sino también de juzgarlo valioso. La persona que reconoce en algo un considerable valor intrínseco no se compromete con ello a convertirlo en objeto de su preocupación. Tal vez se compromete a reconocer que es apto para ser deseado por sí mismo y buscado como fin último. Pero esto dista de significar que lo desea o lo busca efectivamente o que debería hacer una u otra cosa104. En segundo lugar, que una persona se preocupe por cierto estado de cosas o por ciertos objetos no tiene que ver con el entusiasmo que sienta ante la perspectiva de que suceda el evento o los beneficios que crea o espere extraer de la relación con los objetos. En tercer lugar, aún cuando Frankfurt no es del todo preciso en este punto, parece bastante claro que los objetos de intencionalmente vinculados con las preocupaciones constituyen un conjunto más amplio y variopinto que aquellos a los que remiten las voliciones de orden superior. En este último caso, sus objetos son deseos efectivos de cualquier orden inferior. En el primero, aún cuando la preocupación puede remitir a un deseo, lo hace en principio de forma derivada dado que los objetos inmediatos de preocupación son cosas tales como otras personas, ideales morales y políticos, tradiciones familiares, prácticas culturales y religiosas, el sujeto en sí mismo, etc.. Siendo así, es posible entender la aproximación frankfurtiana de la preocupación como el compromiso con la permanencia del deseo desde otra óptica. En este sentido, el filósofo norteamericano afirma que si un deseo tiende a desaparecer o a ser olvidado, la persona que se preocupa “estará dispuesta a renovarlo y reforzar el grado de influencia que quiere verlo ejercer sobre sus decisiones y su comportamiento” (Frankfurt, 2007ñ, pág. 253). Pero la influencia sobre su comportamiento que el sujeto quiere renovar no es la que produce el deseo, en primera instancia, sino el objeto con el que está investido. El

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(Slote, 2013)

103 (Kompridis, 2011). Este autor construye su noción de receptividad a partir de Cavell y Heidegger. Sería un interesante trabajo analizar los puntos de contacto que existen entre el concepto de preocupación en Frankfurt y de

receptividad en Kompridis y Cavell dado que ambos tienen un “aire de familia” con la noción de Sorge en Heidegger.

Sobre la comparación entre Frankfurt y Heidegger, ver el final de este capítulo. 104

Salvedades cuando se trata de afirmar que una persona se preocupa por algo:

a. Aun cuando la preocupación de la persona por algo esté constituida por algunos de sus deseos, quizá no pueda evitar preocuparse por ello porque no puede evitar tener dichos deseos.

b. Tal vez se preocupe pese a ver con claridad que es necio y hasta irracional hacerlo a la luz del hecho de que nunca podrá satisfacer el deseo al que no está dispuesta a renunciar.

c. La persona puede preocuparse por algo aun cuando desee no hacerlo y a despecho de rigurosos esfuerzos por evitarlo,

d. Puede preocuparse mucho por ciertas cosas sin darse cuenta en absoluto de que lo hace, y tal vez no se preocupe realmente para nada por cosas que cree o considera muy importantes para ella (Frankfurt, 2007ñ, pág. 252).

78 compromiso, finalmente, no es con una volición, sino con el tipo de persona que el agente no quiere dejar de ser dado el carácter de relación que establece con el objeto en cuestión105. Estas distinciones serán precisadas cuando se aborde la forma en la cual Frankfurt caracteriza una variante particular de la preocupación que es el amor. En cuarto lugar, preocuparse se distingue de tomar una decisión o tener una intención. En particular, porque decidirse no significa que el sujeto haya iniciado la situación que se ha decidido crear a menos que esa situación se produzca realmente. La preocupación es un rasgo efectivo de la voluntad, no una característica de un yo idealizado. Frankfurt dice que no valdría la pena destacar esto, dado que es algo relativamente evidente, “salvo porque en ocasiones se adjudica una importancia exagerada a las decisiones, las elecciones y a otros actos de la voluntad similares” (Frankfurt, 2006h, pág. 125). Es importante señalar que en esta sentencia Frankfurt parece abandonar su idea de la identificación como decisión y satisfacción, al señalar que las decisiones y las elecciones son actos que realiza la voluntad, pero que no la constituyen. Si la voluntad es aquella por la que la persona se mueve, entonces lo que le preocupa es más cercano al carácter de la voluntad que las decisiones (Frankfurt, 2007h). Más aún, Frankfurt afirma que “la voluntad se forma cuando [una persona] comienza a preocuparse por ciertas cosas” (Frankfurt, 2006i, pág. 133). Así, una persona ya no se distinguirá por la libertad de su voluntad sino por la configuración de sus preocupaciones. Por último, y vinculado con lo anterior, las preocupaciones se distinguen de las voliciones de segundo orden porque permiten establecer una continuidad temática en la vida volitiva desde el punto de vista del agente. Frankfurt propone imaginar un individuo al que nada le preocupe. En este caso,

“[su] capacidad de tener deseos y voliciones de orden superior podría permanecer intacta, Por otra parte, algunos de esos deseos y voliciones de orden superior quizá tendieran a perdurar y, de ese modo, a proporcionar cierto grado de consistencia y estabilidad volitiva a nuestra vida. [Pero] desde nuestro punto de vista como agentes, sin embargo, cualesquiera fueran la coherencia o la unidad que pudieran generarse de esta manera, sería meramente fortuitas y accidentales. No serían el resultado de ninguna intención deliberada o rectora de nuestra parte” (Frankfurt, 2007ñ, pág. 253).

En la historia psíquica de un individuo con estas características, los deseos y voliciones de diversos órdenes aparecerían y desaparecerían, y a veces podrían durar algún tiempo, “pero en la planificación y maquinación de su secuencia [el sujeto] no desempeñaría ningún

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En la comparación entre preocupación en Frankfurt y cuidado en Heidegger que se establece final de este capítulo se precisan algunos aspectos de esta relación entre persona y objeto de preocupación. En la sección 4.4 se detallará la idea de que la preocupación por algo implica, al mismo tiempo, la preocupación por honrar el ideal de persona autoimpuesto.

79 papel interesado o satisfactorio” (Ibíd., pág. 253). Las ideas de planificación y secuencia remiten a la primera de las dos características marcadamente diferenciales de la preocupación a la que se podría denominar como anclaje temporal.