2. SEGUNDO MOVIMIENTO: PREOCUPACIONES Y NECESIDADES VOLITIVAS
2.1 PREOCUPACIÓN (CARE ABOUT)
2.1.1 Razonamiento práctico
En el artículo “La utilidad de los fines últimos”94, Frankfurt afirma que “de los varios formatos conceptuales elaborados para ayudarnos a organizar nuestras ideas acerca de lo que hacemos, la distinción entre medios y fines es el de más amplia utilización” dado que “un ordenamiento de fines y medios abarca tanto el carácter deliberado como la racionalidad que son rasgos esenciales de nuestra naturaleza activa y también facilita la consideración de la relación que los conecta” (Frankfurt, 2007h, pág. 135). La versión más difundida de la racionalidad práctica instrumental es la que presenta Aristóteles en la Ética Nicomaquea y que, en cierta media, se refleja en la representación que sobre estos procedimientos existe en un sentido común relativamente extendido. En breve, el hombre puede determinar o descubrir ciertos fines (o bienes en este marco95) que son dignos de perseguirse y, luego, establecer los pasos requeridos en su persecución. Pero el filósofo estadounidense entiende que debe revisarse (o al menos complementarse) esta concepción porque está construida sobre una asimetría fundamental y desencaminada entre los dos términos que se articulan: los medios sólo ostentan un valor instrumental que brota de los fines para lo que se postulan, mientras que los fines últimos poseen, en general, un valor propio inherente que en ningún punto se deprecia o aumenta por los medios que conducen a alcanzarlo. Una perspectiva fundada en esta asimetría valorativa impedirá, a los ojos de Frankfurt, “nuestros intentos de desarrollar una representación generalizada y auténtica de lo que verdaderamente nos preocupa cuando nos preocupamos por la manera como deberíamos vivir” (Ibíd., pág. 136). El filósofo estadounidense ilustra el corazón de esta crítica a partir del análisis del comienzo de la Ética Nicomaquea en la que Aristóteles afirma que todo arte, toda investigación, toda acción y elección parecen tender a algún bien (Aristóteles, 1982, pág. 3). Pero “en realidad no son las acciones y los afanes los que tienen fines o metas. Son los agentes. Los fines de éstos solo pueden asignarse a sus actividades como una manera de decir. Estrictamente hablando, todas las metas atribuibles a las indagaciones y las artes no son más que las metas de quienes se dedican a ellas” (Frankfurt, 2007h, pág. 137) 96. Debido a su impersonalidad, sigue Frankfurt, el
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(Frankfurt, 2007h). 95
En el contexto aristotélico, porque Frankfurt sugiere que calificar algo como bueno depende en forma exclusiva de sus características inherentes, mientras que la consideración de cierto estado como fin en sí mismo dependerá de que alguien lo adopte o lo procure: “Los fines últimos son estados posibles de cosas, que alguien valora por sí mismos. No debe suponerse, con todo, que el valor de los fines últimos da la medida de cómo se vive una vida. Antes bien, ese modo de vivirla es una función de lo que es para la persona la búsqueda de dichos fines. El problema de los fines últimos no es igual al problema de la apreciación del valor inherente o terminal de estados posibles de cosas (Frankfurt, Sobre la utilidad de los fines últimos, 2007h, pág. 140). En este punto Frankfurt coincide con la perspectiva de Jaeggi sobre cuáles son las características que deben tener las actividades mediantes las cuales la persona se realiza. Ver capítulo6.
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Como en la nota anterior, esta idea se retomará en el capítulo final para proponer una interpretación similar sobre la necesaria personalización de los intereses y fines de los objetos de amor.
73 enfoque aristotélico tiende a separar la tarea de elaborar una teoría de los fines últimos de una evaluación del complejo papel que éstos desempeñan en la vida de la gente. Para entender mejor la función de los fines últimos y cuál es su sentido en la economía de la voluntad personal, Frankfurt presenta su segunda versión paradigmática de la persona (y su reverso el wanton) en la que incluye, por primera vez, una mención explícita a la necesidad estructural. Afirma, entonces, que los seres humanos “somos criaturas que no pueden evitar ser activas. Por lo tanto, seguiremos en actividad aunque no tengamos metas; pero seremos activos sin propósito” (Ibíd., pág. 136) (cursivas mías). Es claro que quien no tiene metas puede ser plenamente susceptible de sufrir y beneficiarse con su conducta, al tiempo que algunos de sus deseos y preferencias pueden verse satisfechos o frustrados por el comportamiento del agente. Pero Frankfurt entiende que hay dos razones por las que un sujeto necesita establecerse metas:
1. La primea, y la más evidente, se relaciona con el hecho de que para los agentes es importante provocar ciertos estados de cosas y evitar otros. Como algunos resultados son significativamente más valiosos es indeseable tener un comportamiento azaroso: “al menos parte del sentido de tener metas consiste en elevar la probabilidad de que el resultado de lo que hacemos sea algo que queremos. Tener un blanco es de importancia, porque acertar o no en él no nos es indiferente” (Ibíd., pág. 137).
2. En segundo lugar, la centralidad de las metas se relaciona con la calidad de la vida en su totalidad, no solo con los deseos y voliciones localmente considerados: “Si no tuviéramos fines últimos, no solo el deseo sería vacío y vano. También lo sería la vida misma. Pues vivir sin metas o propósitos es vivir sin nada que hacer” (Ibíd., pág. 138).
Frankfurt sugiere que sin una actividad dirigida hacia una meta -que es el terreno del valor instrumental- las personas carecerían de la indispensable idea fundacional que tienen de sí como agentes racionales. La vida de los sujetos estaría insoportablemente vacía de la cohesión y el significado generados al resolver problemas, tomar decisiones e implementar proyectos (Frankfurt, 2007ñ, pág. 275). Sin la existencia de fines no hay nada que pueda considerarse un medio. Y si ninguna actividad se presenta como medio, ninguna actividad es útil. Así, el hecho de tener un fin último es una condición de poder consagrarse a realizar una actividad útil (y esto es lo que entiende Frankfurt por ser activo). Por lo tanto, los fines últimos del agente deducen cierto valor instrumental de la circunstancia de ser valiosos en un sentido
74 último: “Una de las razones para buscarlos es, desde luego, que son (por hipótesis) valiosos por sí mismos. Sin embargo, su búsqueda también se justifica en parte porque el afán en pos de un estado de cosas intrínsecamente valioso es intrínsecamente valioso en sí mismo. En virtud de la imposibilidad de esta actividad intrínsecamente valiosa sin un fin último, su fin último posee valor instrumental” (Frankfurt, 2007h, pág. 147). En sí, consagrarse a buscar un estado deseable de cosas no es apetecible únicamente porque lo es la existencia de dicho estado. La búsqueda también es valiosa como un fin en sí. Esto se debe a que el esfuerzo en pos de fines deseables es esencial para una vida significativa o, como se detallará al presentar la perspectiva de Jaeggi, para la autorrealización (Ibíd., pág. 148). Frankfurt establece que una vida significativa no debe confundirse con ninguna de estas otras posibilidades:
1. No es que la vida del agente deba poseer un sentido especificable. Aún las vidas más vacías y ayunas de metas pueden leerse como cumpliendo una función social o brindando alguna enseñanza. Pero nada de esto las vuelve importantes para el agente.
2. No conlleva la idea de que deba tener impacto. Una bacteria que produce una epidemia masiva y fulminante posee un enorme impacto pero la significación de su vida es irrelevante.
3. No implica ninguna evaluación general sobre el carácter feliz o bueno de la existencia del agente.
4. No tiene por qué ser una vida preferible a otra que no tenga significado. Una vida puede llenarse de significado pertinente a causa de una lucha terriblemente frustrante pero ineludible, como puede ser la batalla contra una enfermedad terminal o la búsqueda de algún estado de cosas social o político finalmente inalcanzable (Frankfurt, 2007h, pág. 139).
En cambio, Frankfurt estipula que la vida de una persona es significativa únicamente si ésta dedica un tiempo considerable a una actividad relacionada con cosas por las que se preocupa: “El grado de significación de una vida depende menos de cuántos sean sus logros que de cómo se viva. Lo que cuenta es primordialmente la preocupación puesta por la persona en los fines últimos a los que aspira” (Frankfurt, 2007h, pág. 140). Por lo tanto, la preocupación por ciertos objetos o fines adquiere un papel clave a la hora de interpretar el razonamiento práctico en el marco de la determinación de las actividades mediante las cuales el sujeto se autorrealiza. En el siguiente apartado, se buscará detallar qué entiende Frankfurt por preocupación y en qué aspectos se diferencia de las voliciones de segundo orden.
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