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3. LAS PREOCUPACIONES SOBRE LA PREOCUPACIÓN: CRÍTICAS Y OBJECIONES

3.4 RESPUESTAS Y VÍAS DE LEVANTAMIENTO DE OBJECIONES

3.4.2 Preocupación y cambio

Quizá la crítica más pertinente de las estipuladas en este apartado sea la que remite a la escasa o nula referencia al cambio en la teoría sobre las necesidades volitivas. El habitualmente citado pasaje en el que Frankfurt recomienda evitar poner en cuestión las preocupaciones ignorando las posibles amenazas a sus fundamentos, la idea de la imposibilidad de modificar las restricciones de la voluntad de forma intencional (por lo tanto la limitada capacidad de afectar de forma directa mediante la deliberación racional la estabilidad de las preocupaciones), el supuesto de que tales necesidades conforman la esencia y por lo

152 tanto la identidad personal, la noción de incondicionalidad, son rasgos que parece confirmar la versión presentada tanto por Jelinek como por Davenport en la que la única forma de alterar las preocupaciones es a partir del cambio de las circunstancias que generan y mantienen estas restricciones de la voluntad. El cambio parece ser siempre exógeno y el papel del agente parece quedar reducido a un simple locus donde las preocupaciones surgen y se desvanecen sin su injerencia. Pareciera que, en su afán por rechazar la elección radical sartreana (y su propia versión del decisionismo como fuente de autorización de las voliciones de segundo orden) Frankfurt desbarrancó hacia un determinismo volitivo en el cual ni la articulación mediante un lenguaje valorativo socialmente constituido ni un margen de libertad existencial están permitidos. Pero aunque relevante, la objeción tiene dos matices:

1. En primer lugar, esta crítica adquiere su mayor fuerza debido a que el análisis se concentran en algunas partes de la obra de Frankfurt, dejando de lado dos elementos centrales para la comprensión cabal de la teoría del filósofo estadounidense (separación que es, en cierta medida, estimulada por el propio Frankfurt quien tampoco hace una referencia demasiado extensa a estos conceptos en el cuerpo central de su argumentación sobre las preocupaciones y el amor). Estos elementos son la preocupación por distinguir la verdad de la falsedad en el marco de su crítica al bullshit y la idea de una confianza madura. La articulación entre estos conceptos que se presentará al final del último capítulo tiene la intención de mostrar tanto la incoherencia de sugerir una postura radicalmente anti-cognitivista en Frankfurt, así como detallar de qué forma la preocupación por hacer las distinciones relevantes es el motor de la consolidación, profundización o cambio de las necesidades volitivas. 2. En segundo lugar, tanto las alternativas taylorianas como las existencialistas a la

perspectiva de Frankfurt sobre las necesidades volitivas que fueron reseñadas en este capítulo pasan por alto las variadas referencias introducidas por el filósofo estadounidense a la tarea de articular y dotar de sentido al material en bruto que realiza el agente al establecer una preocupación212. Pero además estos puntos de vista poseen una especie de contradicción en sí mismos. En su búsqueda de distanciarse tanto de la elección radical como del supuesto determinismo volitivo de Frankfurt, presentan finalmente un núcleo irreductible de indeterminación que generalmente no es asumido y que se presenta como una “caja negra” explicativa que les resta poder argumentativo. Quizá el punto se aclara analizando el ejemplo de articulación que

212

Ver en particular la sección dedicada a precisar la noción de “Identificación” y las referencias a la “claridad y distinción” en el próximo capítulo.

153 plantea Jelinek y el de motivación de proyectiva sugerido Davenport. La primera recuerda el caso de los hermanos Scholl quienes en un principio eran fervientes adherentes a la ideología nazi y que luego de un proceso de múltiples experiencias y reflexión realizaron un “cambio de corazón” a partir del cual rechazaron su identificación con el partido nacional socialista y se enfrentaron a la política de segregación y exterminio. Jelinek dice que su amor original por las ideas propugnadas por Hitler et al era una combinación de un rudimentario patriotismo como componente descriptivo y un lenguaje valorativo proveniente del imaginario nazi como componente constitutivo. Para Jelinek el cambio se dio, entre otras razones, porque los Scholl en su desarrollo se familiarizaron con el arte, la música, la literatura, la filosofía y la teología desarrollada en Alemania, lo que hizo que dejaran de comprender a su pueblo como uno netamente guerrero y adoptaran el dictum que afirma que los alemanes son un pueblo de poetas y pensadores. Y este compromiso los proveyó de nuevas formas de articular su patriotismo. Los Scholl aprendieron así que su modo original de articulación estaba lejos de ser adecuado y que les conducía a una interpretación distorsionada de su sentimiento hacia su patria (Jelinek, 2013, págs. 84-86). Ahora bien, ¿cuál es el fundamento último para decir que la primera articulación era menos precisa o ajustada que la segunda? El componente descriptivo, en este caso el patriotismo, permite reducir la arbitrariedad pero no eliminarla porque en sí no poseen una carga normativa específica. Se podría pensar, entonces que el componente constitutivo presenta la clave principal de ajuste. ¿Pero cuál es el criterio para determinar que “un pueblo de una raza única que debe imponerse al mundo” es una peor interpretación del amor a la patria que “un pueblo de músicos y pensadores”? Obviamente ciertas experiencias y, en particular, ciertas experiencias en las que otros personales están involucrados son relevantes para motivar el cambio. Pero si solo se reduce a un cambio de circunstancias esto no parece diferir radicalmente de lo que plantea Frankfurt. Esto puede verse a partir del análisis del caso de Alfred Kinsey que Davenport incluye para ilustra su idea de la motivación proyectiva (Davenport, 2013, pág. 69). Cuando en su juventud se rebela contra su puritano y represivo padre, Kinsey se dedica a la investigación con animales porque había experimentado las maravillas de la naturaleza cerca de su hogar. Esta preocupación fue más accesible para él en tales circunstancias dada su personalidad que, por ejemplo, la opción de volverse un diseñador gráfico o un marino, aunque podrían haber existido otras opciones relevantes tales como convertirse en un experto en los textos bíblicos de forma de criticar el fundamentalismo de su padre. Davenport

154 sugiere imaginar que Kinsey pudo haber pasado un tiempo con un tío lingüista y mitógrafo con quien aprendió los rudimentos de la religión comparativa; podría haber tomado entonces el camino hacia la crítica histórica antes que la senda de la ciencia. Siendo así, en el momento de su rebelión inicial no podría haber imaginado su carrera como investigador del comportamiento sexual: “no hay razón para pensar que la ruta que eligió en sus circunstancias era volitivamente necesaria para él, pero tampoco parece de ninguna forma arbitraria” (Ibíd.). Pero Davenport parece poseer una idea equivocada del papel que juegan las necesidades volitivas en la arquitectura de Frankfurt. Su ejemplo sugiere que Frankfurt propone que un sujeto no podría haberse preocupado por otras cosas de las que de hecho se preocupa, como una especie de destino volitivo. Pero esto no solo no aparece en la argumentación del filósofo estadounidense, sino que explícitamente la rechaza. Lo que Frankfurt podría decir en este caso es que si algo así como la “personalidad” implica algunas trazas ineliminables de la identidad del sujeto (en el sentido de identidad propuesto por Oshana), entonces el cambio de contexto esgrimido por Davenport podría haber conducido a que Kinsley se preocupase más por la exégesis bíblica que por la sexualidad. Pero es probable que ambos caminos fuesen pensables para él debido a una necesidad de su voluntad más básica que cualquiera de las instanciadas por las profesiones: por ejemplo una preocupación por distinguir entre lo verdadero y lo falso. Es decir, probablemente no podría haberse preocupado por cualquier cosa (esto es el punto contra la arbitrariedad que plantea Frankfurt), por ejemplo, por ser marinero. Resumiendo, ¿cómo se puede explicar la forma en que los hermanos Scholl o Kinsley llegaron a asumir que su articulación o su motivación eran correctas, verdaderas, digna de ser asumida? Las opciones posibles parecen ser tres: o la arbitrariedad (algo similar al gusto o el azar, o a la idea sartreana de que toda elección conlleva en sí su propia autorización), o el realismo axiológico (la idea de que, por ejemplo el término “pueblo” o el término “vocación” poseen un cierto valor en sí y que este valor está vinculado a ideales como lo bello o lo bueno comprendidos en una forma canónica) o el descubrimiento de que, dadas las circunstancias, el sujeto no puede dejar de dar asentimiento a ciertos cursos de acción y considerar otros como impensables. Esta última es, claramente, la perspectiva frankfurtiana. Obviamente no reduce la indeterminación (o mejor dicho, no elimina cierta pasividad) pero la asume como ineludible en su reconstrucción del agente autónomo. Es posible pensar que el mecanismo que tiene en mente Frankfurt

155 se ajuste a la reconstrucción que hace David Shoemaker sobre qué implica realmente decidirse por un curso de acción213. Este autor presenta su punto de vista mediante el ejemplo de lo que sucede cuando alguien debe decidirse sobre dos ofertas de trabajo similares cuya principal divergencia es que cada una se ubica en una ciudad diferente (Shoemaker, 2003, pág. 108). Cuando el sujeto evalúa, toma en consideración una cantidad de factores y otros los deja de lado (por ejemplo tamaño de la ciudad es significativo, la cantidad de plazas de toros que cada una posea quizá no, y así). El criterio de importancia es el que determina cuál factor es considerado como relevante y cuál es descartado: “cuando todos los hechos han sido tomados en cuenta, el sujeto simplemente se encuentra sabiendo qué hacer, y puede articular el resultado diciendo: «No ha habido realmente una elección. Una vez que me di cuenta de [la relación entre ciertos rasgos los pueblos y] mis preocupaciones, la decisión fue tomada por mi»” (Ibíd.). Shoemaker sugiere que tomar una decisión no está bien caracterizado como un tipo de evento único e intencional, como definiendo un momento de verdadera libertad. En vez, la mejor forma de definirlo es sugerir que la mente de la persona se conformó. En este punto, Shoemaker reproduce la idea Frankfurt de la satisfacción o de confianza madura como un criterio para determinar el carácter de las preocupaciones. En este sentido, el sujeto tiene tan poco control absoluto sobre la decisión como sobre la preocupación. Pero aún así puede asumirse que se ha decidido autónomamente porque la decisión no se impuso desde fuera, sino que fue impuesta por el propio sujeto, es una decisión que habla por la persona, que la representa (Shoemaker, 2003, pág. 109). Shoemaker, siguiendo a Frankfurt, afirma que la reflexión crítica es importante tanto para descubrir qué es lo que le preocupa realmente a la persona, como para iniciar (ocasionalmente) un subsecuente reordenamiento de sus motivaciones. Pero el movimiento hacia la reflexión crítica es simplemente otra instancia de una necesidad volitiva: “cuando me preocupo sobre cuál acción refleja aquello por lo que me preocupo, no puede abstenerme de la reflexión crítica; la alternativa es simplemente incapaz de volverse mi voluntad (unwillable)” (Ibíd.). En toda esta reconstrucción hay un concepto sistemáticamente elidido pero cuya relevancia es inobjetable: la noción de subproducto tal como la presenta Jon Elster214. En el capítulo final se detallará cómo puede articularse de forma satisfactoria con las nociones de preocupación por distinguir entre la verdad y la falsedad, claridad y confianza.

213

(Shoemaker, 2003). 214

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