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1. PRIMER MOVIMIENTO: LA LIBERTAD DE LA VOLUNTAD Y SU ESTRUCTURA

1.3 ALTERNATIVAS, CRÍTICAS Y OBJECIONES

1.3.5 Objeción de profundidad

La última objeción a la jerarquización estructural frankfurtiana es presentada tempranamente por Charles Taylor, y puede ser denominada como objeción de profundidad. Esta crítica –y la posterior elaboración conceptual de Taylor- tiene sus raíces en una afirmación que aparece en el artículo “La libertad de la voluntad y el concepto de persona” (y que ya fue citada al comienzo del capítulo): “Es posible que una persona actúe en forma caprichosa e irresponsable al formar sus voliciones de segundo orden y no considere con seriedad qué está en juego. Las voliciones de segundo expresan evaluaciones sólo en el sentido de que son preferencias. No hay una restricción esencial en cuanto al tipo de fundamento, si es que lo hay, sobre el cual se forman” (Frankfurt, 2006c, pág. 34). En su artículo “Responsibility for Self”79, Taylor establece su crítica como un refinamiento de la perspectiva de la autoevaluación reflexiva que es una de las claves centrales de la teoría propuesta por Frankfurt (Taylor C. , 1976). En particular, lo que hace Taylor es distinguir entre una forma fuerte y una forma débil de evaluar los deseos efectivos. En la evaluación débil:

1. La base de valor del deseo no es puesta en duda.

2. El agente sopesa acciones deseables simplemente para determinar conveniencia o para ver cómo se pueden componer diferentes deseos.

3. No hay una distinción de la deseabilidad de los deseos en cuestión.

Sin embargo, en el caso de la evaluación fuerte las motivaciones del sujeto son tasadas a la luz de distinciones cualitativas concernientes al valor de las opciones. En una evaluación

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Las ideas centrales de Taylor se pueden espigar en la obra citada, así como en (Taylor C. , Self-interpreting animals, 1985), (Taylor C. , What is human agency?, 1985), (Taylor C. , Atomism, 1985), (Taylor C. , Diversity of Goods, 1985), (Taylor C. , 1989). Una discusión crítica de su perspectiva se puede encontrar en (Slote, 1988), (Tugendhat, 1991), (Forst, 1994), (Rorty, 1994), (MacIntyre, 1994), (Flanagan, 1996), (Weinstock, 1994), (Habermas, 1993, 1994) and (Joas, 1997). Finalmente, un conjunto de respuesta de Taylor a estas críticas en (Taylor C. , 1991), (Taylor C. , 1994).

61 fuerte, los deseos son clasificados en categorías tales como altos o bajos, virtuosos o viciosos, más o menos realizables, más o menos refinados, profundos o superficiales, nobles o básicos, fragmentados o integrados, alienados o libres, valientes o pusilánimes, etc. Según Taylor, las personas evalúan sus motivaciones como potenciales aspectos de modos de vida, o como aspiraciones expresas de ser un cierto tipo de persona, o en términos de la cualidad de vida que ellas expresan y sostienen. Por lo tanto, mientras que Frankfurt sugiere que no hay restricciones sobre el carácter del fundamento en el que se basan las voliciones de segundo orden, la perspectiva de Taylor implica una distinción radical sobre el tipo de base en cuestión. Para Taylor, un evaluador fuerte posee algunos estándares para rechazar ciertos deseos como no-valiosos en sí mismos y, en este sentido, se inscribe en la senda de Aristóteles, Hegel, Heidegger y M. Ponty80. Siguiendo a Arto Laitinen es posible señalar algunos rasgos que poseen las evaluaciones fuertes:

1. En primer lugar, hay que consignar que el estatus de estas evaluaciones es un tanto ambiguo. Aunque remiten a la estructura jerárquica de Frankfurt, las evaluaciones fuertes no parecen ser deseos, sino creencias evaluativas dado que incluyen afirmaciones concernientes a los aspectos evaluativos de los objetos, y esas reivindicaciones pueden estar erradas y sujetas a críticas. La naturaleza exacta de esta crítica depende de la teoría moral que uno favorezca. El análisis original de Taylor calza con interpretaciones subjetivistas, comunitaristas y objetivistas de la naturaleza de las distinciones cualitativas. Esto ha permitido que la evaluación fuerte puede ser un complemento para un marco kantiano, tal como han hecho Habermas y Ricoeur (aunque, según Laitinen, en artículos posteriores Taylor ha optado por un realismo moral fuerte)81.

2. Las evaluaciones fuertes están íntimamente relacionadas con el concepto de identidad personal. Para Taylor, la respuesta a la pregunta “¿Cuál es mi identidad?” no puede darse de forma definitiva por ninguna lista de propiedades relacionadas con la descripción física, la historia familiar, el contexto, las capacidades y así. Todas estas características pueden figurar en la identidad del sujeto, pero solo son asumidas a partir del ejercicio de la evaluación fuerte (Laitinen, 2008, págs. 19-22). La identidad personal no solo depende de la propia orientación moral o de la concepción del bien adjudicada por el sujeto. También

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Una crítica similar sobre la necesidad de determinar el carácter inherentemente valioso o despreciable del deseo o del objeto de amor para que estas actitudes proposicionales posean autoridad es presentada por Susan Wolf (ver 3.1.5).

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62 depende de la autoevaluación así como del valor de las motivaciones y acciones. Laitinen resumen los diferentes tipo de relación que pueden darse entre las evaluaciones fuertes y la identidad (Laitinen, 2008, págs. 19-22):

a. Las convicciones evaluativas directamente determinan la identidad práctica u orientación práctica;

b. Las propias evaluaciones fuertes guían la forma en la cual las personas se identifican con algunas características;

c. Las actuales características con las que un sujeto se identifica juegan un rol en la selección y especificación de la propia orientación;

d. El sujeto juzga sus motivaciones y éxitos en la vida a la luz de las propias evaluaciones fuertes.

3. Para Laitinen, tres son las características centrales de las evaluaciones fuertes (Laitinen, 2008, págs. 26-33):

a. El rasgo de articulación y discriminación. Los estados psicológicos brutos sobre los que la reflexividad hecha luz son habitualmente vagos y rudimentarios. Para cumplir finalmente el rol de razones para la acción deben articularse en un determinado lenguaje (no necesariamente un lenguaje verbal), interpretarse, constituirse. Como sugiere Taylor en varios momentos de su obra, todo lenguaje implica un trasfondo de significado compartido (langue) que es actualizado por el agente (parole). En una evaluación débil toda lo que se requiere para optar por A antes que B es que uno prefiere A sobre B (y, en realidad, ya esta preferencia posee una articulación determinada). Si comienza a dar razones de su preferencia en términos de propiedades que hacen a la opción A más deseable que la opción B, el sujeto está realmente comprometido en una evaluación fuerte.

b. El rasgo de la profundidad. Dominar un lenguaje evaluativo es tener un cierto tipo de repertorio de vida interna, un cierto tipo de sensibilidad. La articulación detallada de las evaluaciones fuertes requiere, al tiempo que constituye, niveles de profundidad o seriedad. La superficialidad en el uso del vocabulario implica en realidad lo mismo que no saber muy bien cómo continuar usando términos fuertemente evaluativos. La superficialidad puede ser, en definitiva, una patología más de la voluntad y no solo una marca que señala un ejercicio mínimo de libertad volitiva. En este sentido, el análisis que Frankfurt propondrá sobre el concepto de bullshit

63 entendiéndolo como indiferencia por la distinción entre verdad y falsedad posee muchos puntos de contacto con la propuesta de Taylor82.

c. La centralidad de la reflexividad. En la reconstrucción de Laitinen, la evaluación fuerte tiene una estructura reflexiva en un sentido: los deseos brutos son objetos de actitudes de segundo orden. Esta reflexividad, al igual que en Frankfurt, no presupone una evaluación consciente ni deliberación. Solo es una característica de algunos deseos que sean percibidos a la luz de actitudes concernientes a estos deseos. Y, aunque los agentes humanos como evaluadores fuertes tasan sus deseos a la luz de su marco evaluativo, no tienen por qué reflexionar sobre este horizonte de significación. Los evaluadores fuertes pueden ser dogmáticos sobre su concepción del bien y del mal83. Pero, por otro lado, según Taylor los agentes tienen una cierta responsabilidad por el “yo”, es decir, tienen una permanente obligación de reflexionar. Esta es una demanda normativa, no un criterio de la evaluación fuerte. Taylor asume un criterio de responsabilidad moral que tiene una mayor profundidad que la de Frankfurt, pero que incluye también una crítica al principio de las posibilidades alternativas. Porque para el filósofo canadiense, los evaluadores fuertes son responsables por sus visiones, aunque no se hayan originado por una elección o decisión, es decir, aunque el sujeto no tuviese, prima facie, varias opciones normativas disponibles84.

A partir de este resumen es posible determinar que, en parte, la perspectiva de Taylor anticipa varios aspectos que Frankfurt desarrollará en su análisis de la preocupación y del amor como fuente de razones para la acción (en particular, para las acciones mediantes las cuales la persona se autorrealiza). Aún así, ambos puntos de vista presentan una diferencia significativa: para Taylor, dado que asume que tanto el lenguaje necesario para la articulación como el

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Ver capítulo final. 83

Según Laitinen, la reflexividad no coincide necesariamente con articulación. Se puede tener un vocabulario sofisticado y ser totalmente dogmático (y viceversa). Aunque una función de la reflexividad es ampliar el marco evaluativo y aumentar su nivel de sofisticación, la gente comienza la vida reflexiva desde diferentes puntos de partida (Laitinen, 2008, pág. 32).

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Según, (Kühler & Jelinek, 2013), Taylor presupone un cierto grado de apertura ontológica o inclusive de libertad libertaria, dado que siempre es posible preguntarse si se han articulado las actitudes fundamentales de la forma más apropiada. Por el contrario, los autores sugieren que al negar el principio de posibilidades alternativas (PPA), Frankfurt también niega la apertura ontológica. Pero esto es una errónea interpretación de Frankfurt. Porque como se ha señalado, el filósofo estadounidense, aunque habitualmente considerado un compatibilista, asume en realidad una postura neutral con respecto al determinismo. Lo que niega Frankfurt es que el PPA sea condición necesaria para la libertad de la voluntad.

64 marco evaluativo poseen una irreductible dimensión común o social85, la intersubjetividad juega un papel inherente en la constitución de la autonomía personal; para Frankfurt la intersubjetividad prima facie es un rasgo accidental o histórico y no es imprescindible para la consideración trascendental de lo que hace a una persona el tipo de ser que es. De cualquier forma, en el capítulo final y en las conclusiones se estipulará que la preocupación por distinguir entre la verdad y la falsedad como clave estructural de la autorrealización es la brecha por dónde podría comenzar a corroerse la explícita postura atomista de Frankfurt.