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2. SEGUNDO MOVIMIENTO: PREOCUPACIONES Y NECESIDADES VOLITIVAS

2.2 NECESIDADES VOLITIVAS

2.2.6 Preocupación (care about) y cuidado o cura (Sorge)

En este apartado se buscará precisar los alcances de la comparación entre dos nociones cuyas respectivas traducciones son sinónimas y que cumplen una función similar en la arquitectura argumental de los filósofos que las proponen: el concepto de preocupación

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Autoidentidad no debe entenderse como ser consciente o haber articulado verbalmente los límites de la voluntad. En este sentido Frankfurt presenta una idea de autoidentidad similar a la estipulada por Marina Oshana (y que será precisada en el próximo capítulo).

107 (care about) en Frankfurt y el de cuidado o cura (Sorge) en Heidegger140. Esta comparación busca mostrar cómo es posible pensar la preocupación como estructural a la identidad del agente sin por ello postular una esencia o una naturaleza esencial definida en términos generales y apriorísticamente. Para ello se utilizarán como guía –de la que se harán mínimos apartamientos- algunos pasajes del artículo de Marlène Jouan denominado “Harry Frankfurt”s metaphysics of care : Towards an ethics without reason”141.

En primer lugar, analizando la aparición del concepto de cuidado o preocupación en la filosofía feminista anglosajona, en particular en el contexto de la ética del cuidado, Jouan dice que sin denegar ni el carácter fructífero del debate, ni la importancia de sus contendientes, ni el tipo de quiebre epistemológico que han introducido las filósofas feministas, se debe reconocer que el concepto de cuidado o preocupación ha quedado confinado al ámbito específico de la ética o de la moral142. Por el contrario, afirma la filósofa francesa, el trayecto iniciado por Frankfurt desde “La importancia de lo que nos preocupa” se interna en el intrincado y descuidado terreno de la antropología filosófica. Siguiendo la división tripartita que Frankfurt establece en el campo de la filosofía, Jouan propone -de forma original- que si la duda sobre qué creer es aborda por la epistemología y la interrogante referida a cómo comportarse es investigada por la ética, la pregunta “¿qué debe preocuparnos?” debe abrir un campo disciplinar que podría denominarse carología (carolgy) (Jouan, 2008, pág. 760). Contra la indicación crítica de algunos autores143que aseguran que este ámbito no es más que una nueva versión de la ética de las virtudes, Jouan propone que debería entenderse mejor como una forma de-generada y des-moralizada de la ética del cuidado feminista. Como Frankfurt afirma, su interés radica en las “necesidades metafísicas que caracterizan la vida humana” lo cual, si bien no excluye de plano, al menos parece dejar de lado tanto las consideraciones morales por no ser pertinentes como las consideraciones sociológicas o educativas por ser

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Posibilidad de vincular también con cuidado de sí en Foucault: “El gnothi seauton aparece, de una manera bastante clara y también en este caso en una serie de textos significativos, en el marco más general de la epimeleia heautou (inquietud de sí mismo), como una de las formas, una de las consecuencias, una suerte de aplicación concreta, precisa y particular, de la regla general: deberás ocuparte de ti mismo, no tienes que olvidarte de ti mismo, es preciso que te cuides. Y dentro de esto aparece y se forma, como en el extremo mismo de esa inquietud, la regla “conócete a ti mismo”. (Foucault, 2001, pág. 20). Esta perspectiva comparte con Frankfurt la idea de que el “gnothi

seauton” –el conocerse a sí mismo- está subordinado al “epimeleia heautou” (ἐπιμελείας ἑαυτ), el ocuparse de sí.

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(Jouan, 2008). 142

Lo que se conoce como “ética del cuidado” incluye un conjunto diversos de perspectivas éticas de raíz feminista que tienen algunos puntos en común (referencia al otro concreto en vez del otro generalizado, la contextualización sobre la abstracción, el colapso de la dicotomía público y privado, la concepción intersubjetivista de la persona), así como el interés de poner el foco en las debilidades intrínsecas a lo que puede denominarse como “éticas de la justicia” o éticas patriarcales. Dada esta específica relación entre la ética del cuidado y la filosofía moral y política, los puntos de contacto con Frankfurt son apenas tangenciales (el uso compartido del término “care about”), aunque podrían verse como posturas alternativas a las perspectivas estándar tanto de la ética como de la teoría de la agencia dentro de la tradición analítica. Para un análisis más detallado de las características generales de la “ética del cuidado” y sus limitados contactos con la perspectiva de Frankfurt, ver (Held, 2006) y (Sander-Staudt).

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108 contingentes. La ya mencionada sobremoralización de las concepciones contemporáneas de la persona es, para Frankfurt uno de los defectos que integran la heredad moderna. Por lo tanto, la búsqueda por determinar qué hace esencialmente a la persona y la centralidad que en esta tarea adquiere la noción de preocupación, le llevan a sugerir a Jouan una posible vinculación entre la antropología metafísica frankfurtiana y el estudio del Dasein elaborado por Heidegger en “Ser y Tiempo” (Jouan, 2008, págs. 761-767). Pero antes de detallar esta relación es importante reconstruir brevemente cómo entiende y en qué contexto surge la idea de Sorge en Heidegger144.

En general se reconoce que existen dos pasajes de “Ser y Tiempo” que están dedicados directa y principalmente a definir la noción de Sorge: el capítulo 6 de la primera sección, en el que el concepto cualifica al ser del Dasein como comprendido en la unidad o en la totalidad de sus diversas estructuras existenciales, y luego en el capítulo 3 de la segunda sección, en el que Heidegger establece la cuestión del significado (Sinn) del cuidado (el cual está fundado en la temporalidad). Jouan sugiere que también debería agregarse el §57 (incluido en el capítulo 2 de la segunda sección), dado que allí el filósofo alemán refiere al cuidado en relación con la llamada de la conciencia. Resumiendo sucintamente las ideas espigadas en estos pasajes se puede dar la siguiente definición: cuidar o preocuparse, en la medida en que al Dasein le concierne, es estar comprometido con algunas posibilidades de sí mismo entendidas como la forma específica de sus ya siempre alcanzadas relaciones con el mundo y de sus autocomprensiones dentro de él. Ontológicamente, esto implica que el cuidado define la constitución a priori del Dasein que gobierna las diversas maneras en las que está involucrado con los otros y con las cosas a la mano en el mundo. Por lo tanto, el cuidado es el fundamento central articulado en el cual todas las características existenciales del Dasein encuentran su unidad, y en referencia al cual las variadas formas “existenciarias” de gestionarse a sí mismo en el mundo pueden ser explicadas.

Jouan sugiere que pueden plantearse tres analogías con respecto al sentido y el lugar que poseen los términos de “care about” y “Sorge” en la economía argumental de Frankfurt y de Heidegger: una de corte epistemológico, otra funcional y finalmente una de raíz fenomenológica. En primer lugar, es dable señalar como semejante la posición epistemológica que ocupa estas nociones dentro del marco conceptual construido por ambos autores para formular las condiciones esenciales de la existencia humana. Estas condiciones consisten en un tipo de relación consigo mismo que está mediada necesariamente por cierta una relación con

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Aquí también seguiremos estrictamente la reconstrucción que realiza Jouan. Es probable que algunos aspectos relevantes del pensamiento metafísico de Heidegger queden de lado o se revelen como entimemas.

109 el mundo (o con sus objetos) y que, a su vez, corresponde a una particular forma de actuar y vivir. En ambos casos, el concepto de preocupación o cuidado representa el momento fundacional tanto de una perspectiva de la autoconstitución de la identidad personal como de las pautas que guían los proyectos y las acciones, es decir, de su autorrealización (Jouan, 2008). Esta descripción de las condiciones necesarias y suficientes para determinar qué es una persona es parcialmente aceptada por Frankfurt en su respuesta a la crítica que le realiza Jonathan Lear a su abordaje de la ideas de amor e incondicionalidad145. Frankfurt dice

“no tengo problemas con [la idea de Lear] de que el yo está relacionado esencialmente con objetos. Estoy de acuerdo de que no existe fuera de tales relaciones y que ésta es la más primitiva o fundamental condición su de existencia. [Pero] los seres humanos no son las únicas criaturas que tienen relaciones con objetos […] Si las criaturas sub-humanas que tienen relaciones con los objetos no tienen yoes, se debe a que no son autoconscientes o reflexivos de la forma particular que es distintiva de la vida humana. La formación de un yo humano completamente desarrollado, con un robusto sentido del yo y una capacidad para [preocuparse], obviamente requiere no solo relaciones con objetos sino también de la formación de una cierta estructura psíquica compleja, [la cual] implica no solo una conexión de la persona con el mundo sino también una conexión consigo mismo […] Sea cual sea la necesidad más básica, es esencial satisfacer ambas” (Frankfurt, 2002j, pág. 293).

Por lo tanto, para ambos autores, cuidar o preocuparse no debe ser confundido con aquello que, desde un punto de vista metafísico, es mucho más superficial, es decir, con algunos eventos psicológicos particulares y estados mentales (o pro-actitudes), tanto cognitivos como afectivos, que aunque pueden darse concomitantemente con el cuidado o la preocupación, no los constituyen. Es por esto también que el concepto de cuidado o preocupación no está limitado internamente o de forma a priori por una particular clase de objetos, incluso si siempre requiere un objeto para ser efectivo. Como se ha consignado, en el caso de Frankfurt los objetos de preocupación pueden ser tanto una persona como una cosa, tanto algo concreto como algo abstracto: el alcance, contenido y modo de preocupación está ya siempre indeterminado. Por su parte, para Heidegger el cuidado, ontológicamente concebido, precede tanto a tomar cuidado (Besorgen) de las cosas al alcance de la mano como a la preocupación (Fürsorge) por los otros. Es decir, anticipa a los dos modos existenciales en los que el Dasein se relaciona con la otredad (Jouan, 2008, pág. 763).

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Lear presenta su perspectiva utilizando las ideas de Sigmund Freud (1859-1939), Donald W. Winnicott (1986- 1971) y Hans Loewald (1906-1993). En particular refiere a (Loewald, 2000), (Winnicott D. W., 1965), (Winnicott D. W., 1975) y (Lear, 1999)

110 En este sentido, tanto Heidegger como Frankfurt cargan con la objeción de circularidad en la definición de qué hace importante a una preocupación o cómo puede entenderse que la existencia preceda al ser del Dasein (Ibíd., pág 763). Y en ambos casos la respuesta es, aunque con matices, la misma: el círculo denunciado no es vicioso sino virtuoso dado que refleja con precisión las propiedades características del concepto de preocupación o cuidado. En el caso de Frankfurt, esta postura está definida mediante la calificación de las preguntas sobre la preocupación y la importancia como sistemáticamente incipientes. Mientras que Heidegger se despacha afirmando que “hablar de un «círculo» de la comprensión implica un doble desconocimiento: 1. que el comprender mismo constituye un modo fundamental del ser del Dasein; 2. que este ser está constituido por el cuidado. Negar, ocultar o querer superar el círculo equivale a consolidar definitivamente este desconocimiento […] Se supone no demasiado, sino demasiado poco para la ontología del Dasein, cuando se «parte» de un yo carente de mundo, para proporcionarle luego un objeto y una relación a éste, carente de fundamento ontológico” (Heidegger, 2009, pág. 307). En el mismo sentido, podría recordarse cómo Frankfurt sugiere que una persona está constituida por sus preocupaciones, que no hay voluntad personal sin preocupación y que no hay preocupaciones carentes de objetos, es decir, ayunas de mundanidad.

En segundo lugar, Jouan afirma que pueden revelarse ciertas analogías funcionales en los conceptos de necesidades volitivas (Frankfurt) y posibilidades arrojadas (geworfene Möglichkeiten) (Jouan, 2008, pág. 764). El sentido de las primeras ha sido expuesto en la sección anterior. Las segundas son una categoría modal que lejos de implicar o la contingencia del propio cuidado o la arbitraria indiferencia hacia los objetos de dedicación, conlleva una ya siempre lograda forma de cuidado (que en el mismo movimiento es una forma de ser para el Dasein). Si cada posibilidad de cuidar está necesariamente afectada (befindlich) o determinada por una disposición con respecto a la cual el sujeto no tiene un acceso cognitivo, la facticidad (Faktizität) es el momento de cuidar que, negativamente, determina sobre qué y de qué forma puede cuidar el Dasein (Heidegger, 2009, §29, §31). En el caso de Frankfurt, las necesidades volitivas, dado que depende de una particular estructura, configuración o disposición de la voluntad, también excluyen por sí mismas cualquier otro modo de desear o actuar. Limitan el conjunto de cosas que pueden ser objeto de preocupación de la persona y, así, circunscriben su radio de acción. Jouan es consciente de que las necesidades volitivas y las posibilidades arrojadas no son la misma cosa, pero sugiere que cumplen un papel similar, es decir, restringen los posibles modos de actuar y de comprenderse a sí mismo. Por lo tanto la analogía es meramente funcional y no sustancial. El énfasis en un caso en la noción de “necesidad” y en

111 el otro de “posibilidad” no es menor y será abordada en el próximo punto (Jouan, 2008, pág. 764).

Finalmente, Jouan estipula que no sería descabellado proponer una analogía fenomenológica entre ambos autores. Porque de hecho, la forma y el modo de preocuparse o cuidar es un fenómeno que comprende, tanto para Frankfurt como para Heidegger, la posibilidad de ser una persona o un sujeto, es decir, la posibilidad de seguir siendo uno mismo o de realizarse uno mismo a través de los diferentes momentos o “estasis” del tiempo. Si la personalidad está enraizada en la preocupación así como en el preocuparse, las relaciones que vinculan el pasado, presente y futuro de las personas son internas y no solo externas, dependen de quién es el sujeto y no del azar o la contingencia. La posibilidad de que una persona se gobierne a sí misma (que no sea objeto de la dirección de algo o alguien más) se sustenta en una temporalidad específica que solo puede instituirse a través del cuidado o de la preocupación. Ahora bien, el quién que instituye la preocupación en el caso de Frankfurt y el cuidado en el caso de Heidegger son, para Jouan, radicalmente diferentes. Mientras que Heidegger se refiere a la ipseidad, Frankfurt está interesado en la identidad personal (Jouan, 2008, pág. 765). Es por eso que la filósofa francesa evita proponer la existencia de una postura ontológica común con respecto a la relación entre los términos cuidado o preocupación, sino sugerir una meramente fenomenológica (Jouan, 2008, pág. 765). Porque podría sugerirse que Heidegger acusaría a Frankfurt de cierto esencialismo o reificación dada su referencia a la naturaleza esencial de la persona146. El error de Frankfurt, en la perspectiva Heidegger, residiría en su intento de fundamentar la personalidad en algo más objetivo, sustancial y necesario que el cuidado en sí mismo. En términos del filósofo alemán esto es un puro ejercicio de mala metafísica, en el que la exclusión de ciertos modos de acción y de ser no solo se dan de facto, sino de jure. Es por eso, sigue Jouan, que Heidegger nunca habla de necesidades sino de posibilidades, las cuales deben ser entendidas como una compleja forma de relacionarse con y promulgar la propia existencia, y no como maneras de corresponder a un ser dado (como parecen implicar las necesidades volitivas). En este sentido, mientras que Frankfurt ancla la autorrealización de los sujetos en un hecho de su identidad, Heidegger asocia este concepto a una particular posibilidad de existir que puede entenderse como autenticidad (la cual es mucho menos “natural” que su opuesto) (Jouan, 2008). Por ejemplo en el §64, Heidegger afirma que

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“La mismidad sólo puede ser existencialmente descubierta en el modo propio de poder‐ser‐sí‐mismo, es decir, en la propiedad del ser del Dasein en cuanto cuidado. Desde aquí recibe su aclaración la estabilidad del sí mismo como presunta persistencia del sujeto. Pero el fenómeno del poder‐ser propio abre también la mirada para la estabilidad del

sí‐mismo en el sentido de haber alcanzado un cierto estado [Standgewonnenhaben]. La estabilidad del sí‐mismo, en el doble sentido de la constancia y de la firmeza de estado es la

contraposibilidad propia de la inestabilidad del sí‐mismo de la caída irresoluta. La estabilidad

del sí‐mismo [Selbst‐ständigkeit] no significa existencialmente otra cosa que la resolución

precursora. La estructura ontológica de la resolución precursora revela la existencialidad de la mismidad del sí‐mismo” (Heidegger, 2009, pág. 313).

En algún sentido, esta postura heideggeriana refleja el corazón de la tesis existencialista cum libertarianismo y, por lo tanto, coincide parcialmente con la perspectiva de Frankfurt sobre la libertad de la voluntad en la que la decisión juega un rol protagónico (aunque la estabilidad en esa primera aproximación de Frankfurt a la idea de una unidad del yo solo debe entenderse como firmeza de estado y no como constancia). Pero más allá de esta semejanza, la contrafáctica denuncia de esencialismo esgrimida por Heidegger a Frankfurt no parece ser completamente de recibo (al menos no afecta a la autopercepción que Frankfurt tiene sobre su utilización de las nociones de esencia o naturaleza ya analizadas en una primera versión). Aún cuando los elementos para desactivarla serán presentados con detalle en la siguiente sección, vale la pena recordar que Frankfurt sugiere que el tipo y el carácter de las preocupaciones está dado por una conjunción de condiciones externas y rasgos idiosincráticos de cada sujeto y que la objetividad o resistencia que poseen las necesidades volitivas no se fundan en mayor sustancia que la que conlleva la imposibilidad de modificarlas mediante cualquier acto intencional. Además, como se detallará en los capítulos 4 y 6, las nociones de incondicionalidad y de preocupación por distinguir la verdad de la falsedad parecen desempeñar un papel similar al que cumple la resolución precursora en la estabilidad de la identidad o mismidad (o, son la contraparte funcional de la caída irresoluta).

Las analogías consignadas en este apartado conducen a Jouan a la siguiente conclusión: asumir, como hace Frankfurt, que la carología (o el estudio de las preocupaciones o el ámbito de la autorrealización) y la ética poseen el mismo estatus, es decir, que se conciben una al lado de la otra es un error (Jouan, 2008, pág. 766). En particular, admitir esta igualdad no parece ser coherente con la línea de pensamiento frankfurtiana que el paralelismo con Heidegger expone de forma cruda e implacable. Si las analogías son pertinentes, entonces la carología no solo no es una disciplina similar en todo salvo en su objeto a la ética, sino que su

113 obvia diferencia de profundidad hace que el lugar natural de la primera sea detrás o debajo de la segunda. Jouan considera que esta forma de concebir la preocupación como fundamento de la moral, o de la autorrealización como sustento de la autonomía moral, es la mejor forma de comprender la búsqueda que realiza Franfkurt. Y, aunque la tripartida división de los intereses filosóficos estipulada en el artículo “La importancia de lo que nos preocupa” pareciera denegar esta posibilidad explícitamente, hay suficientes indicios en el resto de la obra del filósofo estadounidense para sustentar la hipótesis esgrimida por Jouan (o una variante reconstructiva de corte pragmático como la que se estipulará en la última sección del capítulo final). Pero si esto es así, entonces, la filósofa francesa estima que la pregunta sobre la neutralidad de la carología en relación a la ética y la moral emerge con fuerza. Es decir, la fundación de la persona mediante el concepto de preocupación, ¿puede ser realmente indiferente o neutral a sus posibles implicaciones éticas o, por el contrario, conlleva algunos compromisos morales? En las últimas secciones de este documento se abordará directamente esta pregunta