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3. LAS PREOCUPACIONES SOBRE LA PREOCUPACIÓN: CRÍTICAS Y OBJECIONES

3.1 CRÍTICAS A LA VISIÓN INTERNALISTA DE FRANKFURT

3.1.2 Preocupación y evaluación

En el recuento del punto de vista anterior, Jaworska presentó una distinción importante dentro del conjunto de filósofos que sugieren que una cierta naturaleza reflexiva es necesaria para dotar de autoridad y representación a algunos deseos o actitudes volitivas. Por un lado Frankfurt, para quien la reflexividad no implica más que una actitud de aceptación o de apropiación y por el otro autores como Bratman159, Wallace y Seidman160 quienes entienden que es relevante sumar a la reflexividad un componente evaluativo. En este apartado se presentarán las principales ideas de estos autores.

En primer lugar, R. Jay Wallace161 rechaza la noción de que la reflexividad esté asociada necesariamente a la de jerarquía de elementos volitivos. Retomando una idea ya expresada por Frankfurt, sugiere que la reflexión tiene una prioridad normativa sobre la jerarquía. Pero, a diferencia de Frankfurt, Wallace entiende que cuando un agente reflexiona sobre un deseo, su punto de atención no es la actitud volitiva en sí sino en los méritos concretos del objeto del deseo o de la preocupación por el que el individuo se ve atraído (Wallace, 2006, pág. 193). En este sentido, Wallace afirma que una pregunta evaluativa requiere una respuesta evaluativa, es decir una respuesta que incluya algunas afirmaciones sobre lo que tenemos razones para hacer, o por qué cierta acción puede ser buena para realizar y no un reporte descriptivo acerca de del estado actual de nuestras propensiones subjetivas (es decir, si nos identificamos con él o nos distanciamos). Para Wallace en el modelo jerárquico la reflexión se abstrae del contenido de los deseo, enfocándose en los hechos psicológicos brutos y por lo tanto expulsa el vocabulario evaluativo de las descripciones de la motivación humana. Pero esto es un verdadero problema, según Wallace, por dos razones (Ibíd., pág. 196):

1. A menos que el sujeto pueda articular qué considera deseable en cierto curso de acción o en cierto objeto de preocupación, su dedicación volitiva parece esencialmente inescrutable y es difícil de distinguirla de otros componentes brutos de la vida psíquica a los cuales no se les asigna ninguna cualidad autoritativa.

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La perspectiva de Bratman, en líneas generales, fue presentada en el capítulo anterior como una modificación epigonal de la perspectiva de la jerarquización frankfurtiana. (Bratman, 1999).

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Ver también (Watson, 1975), (Watson, 1989). 161

121 2. El deseo se estructura mediante conceptos que representan ciertos cursos de acción como buenos en alguna dimensión. Si se abstrae completamente el contenido de los deseo, la persona no será capaz de reflexionar sobre ellos162. Por el contrario, en la versión de Wallace, arribar a una conclusión sobre si es correcto o incorrecto el contenido de un deseo de primero orden es una cuestión de aceptar, mediante el ejercicio de las facultades críticas y deliberativas, la cognición evaluativa presentada al individuo por el deseo en cuestión: “Cuando esta condición es satisfecha, se puede decir que me identifiqué con mi deseo de primer orden. Pero tal identificación se logra sin la formación de una actitud reflexiva de un orden superior. Identificarse no es tomar una postura sobre el hecho del deseo, sino aceptando que sería bueno hacer aquello que me parece bueno a hacer” (Ibíd., pág. 197). En este sentido, el autor marca una distinción con Bratman163. Este último considera las actitudes identificatorias del agente como decisiones reflexivas que implica considerar los deseos como fuente de razones. Pero según Wallace, (a) los deseos en sí mismos raramente proveen razones para la acción; y (b) las actitudes a través de la cuales un sujeto se identifica con sus deseos se vinculan al contenido antes que al hecho de tenerlos: “La identificación es un juicio evaluativo de primer orden sobre lo que es una razón para nosotros, y no decisiones relativas a considerar a los deseos de una forma u otra” (Ibíd., pág. 198). En el modelo sustantivo propuesto por Wallace, los juicios evaluativos son el contexto de un razonamiento práctico acerca de las alternativas concretas. Es decir, acciones para las cuales el agente tiene buenas y suficientes razones. Tratando de contrastar la distinción de Frankfurt entre pensar o imaginar tener una preocupación y estar preocupado de hecho, Wallace dice que “si cuando la suerte está echada me doy cuenta de que no me preocupo por la tarea que consideré como la mejor, esto no tira abajo el punto de vista general de la evaluación reflexiva, sino pone en cuestión la verdad de los juicios particulares que aprobé” (Ibíd., pág. 199). Por lo tanto, el filósofo introduce una modificación en su perspectiva: los juicios evaluativos que una persona avala luego de la deliberación práctica son autoritativos solo cuando las facultades racionales y deliberativas funcionan bien, y la persona sopesa correctamente la evidencia y otras consideraciones.

Luego de criticar el modelo jerárquico de Frankfurt, Wallace sugiere que existe un contexto básico y especializado de deliberación práctica que exhibe una estructura similar a la de Frankfurt con respecto a preocupación e importancia. A este ámbito lo denomina reflexión eudaimonística (Ibíd., pág. 206). En la reflexión de este tipo, el sujeto se distancia de los

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(Scanlon, 1998, págs. 65-66). 163

122 patrones de preocupaciones que dan forma a las deliberaciones sobre los problemas concretos y se concentra sobre estas preocupaciones en sí. Wallace entiende por preocupación el tipo de compromiso y actividad que colorea de forma más fundamental la personalidad del sujeto como agente (en este sentido es similar a lo que Frankfurt refiere con necesidad volitivas y lo que Korsgaard llama aspectos de la “identidad práctica”). Asemejándose en algún punto a Jaworska, Wallace indica que en la reflexión eudaimonística la persona reflexiona acerca de las bases emocionales de sus proyectos (que implican una dimensión cognitiva significativa) junto con las actividades que dan expresión a tales emociones y compromisos. Pero esta deliberación eudaimonística requiere para ser auténtica una dimensión crítica: “sin esta dimensión, la reflexiva contemplación de nuestros proyectos y preocupaciones amenaza con degenerar en un ejercicio de estar en contacto con nuestros sentimientos, antes que ser un genuino ejemplo de razonamiento o deliberación” (Ibíd, pág. 209). Reproduciendo en otros términos ideas de Frankfurt, el filósofo sugiere que cuando un sujeto se pregunta si un proyecto contribuye a hacer su vida significativa no implica asumir el punto de vista de los otros particulares o un punto de vista universal. Pero sí conlleva poder discernir entre diversos cursos de acción. Como sucede en Frankfurt, pero también en Taylor y en todos los autores que postulan una alternativa al modelo existencial libertarista, Wallace entiende que la reflexión eudaimonística toma como punto de partida algún patrón de compromiso que de hecho ya estructure el carácter del agente, y considera que el objetivo de reflexión deliberativa es determinar si el proyecto en cuestión es razonable o existen suficientes razones para adoptarlo. Por lo tanto, en la perspectiva de Wallace la reflexión crítica puede ser entendida como articulación normativa de las preocupaciones y proyectos (Ibíd., pág. 210).

En un sentido similar se expresa Jeffrey Seidman164. Con el objetivo de reconstruir los fundamentos de lo que Bernard Williams denomina incapacidades de carácter165, Seidman afirma que en los adultos racionales, el cuidado es, en parte, una disposición cognitiva y deliberativa (Seidman, 2010). El cuidado es un estado mental que dispone al agente a creer ciertas consideraciones como buenas razones para la deliberación y la acción, al tiempo que estructura la deliberación práctica estableciendo límites presuntivos en el terreno de las posibilidades sobre el rango de su imaginación deliberativa. Por el contrario, Seidman reconstruye la idea de preocupación en Frankfurt como si implicara una volición de segundo orden sobre un deseo. Pero esta forma de considerarla secciona su verdadera naturaleza compuesta por un nexo de disposiciones interconectadas, tanto afectivas, como cognitivas y

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(Seidman, 2009), (Seidman, 2010). 165

Estas incapacidades serán analizadas en la próxima sección junto con otras alternativas al concepto de necesidades

123 deliberativas166. En particular, Seidman sugiere que cuando una persona se preocupa por un objeto, el hecho de que ese objeto, por ejemplo, esté en peligro le brinda una buena razón para hacer algo en su favor. Si esto es así, entonces se puede establecer una conexión conceptual entre las preocupaciones de una persona racional y aquello que está dispuesta a creer como una buena razón.

Pero también es posible que, en algunos casos, una persona continúe viendo el hecho de que alguien o algo que ama están en peligro como una razón, aunque crea que no lo es167. Por ejemplo, es posible imaginar una madre cuya identidad práctica está conformada privilegiadamente por un estilo de vida religioso que impone estrictas reglas de comportamiento, reglas que su hijo traicionó y que por lo tanto lo convierten en alguien que está socialmente muerto. Aún cuando crea que su hijo no merece su ayuda es posible que, llegado el caso, no puede dejar de ver el peligro de su amado como una razón para ampararlo. Seidman resume su postura de la siguiente forma: una persona preocupada por un cierto fin, ideal, objeto o persona, organiza sus esfuerzos perceptivos de forma de buscar características relacionadas con su objeto en su entorno -características del entorno que pudiesen significar una amenaza o presentar una oportunidad para realizar o sostener el contenido de su investidura. Por otra parte, las preocupaciones de la persona la disponen a creer que algunas consideraciones sobre los rasgos del contexto relacionados con su objeto pueden ser consideradas buenas razones para actuar (Ibíd., págs. 308-312). En circunstancias en las cuales no existen consideraciones compensatorias que la conduzcan a cuestionarse si debería preocuparse por el objeto (circunstancias que Seidman refiere como “normales”), la persona creerá que estas características de hecho le brindan buenas razones. En las circunstancias en la que su disposición a creer es derrotada, por otro lado, la disposición continúa teniendo sentido: a pesar de juicio global, ella continuará viendo estas características como buenas razones (Seidman, 2010, pág. 311). En este sentido, Seidman entiende que preocuparse por algo podría ser sinónimo de considerarlo valioso y, por lo tanto, en esta disposición cognitiva, volitiva y emotiva residiría la fuente autoritativa de las razones para actuar.

166 “El cuidado o la preocupación no solo involucra disposiciones emocionales del tipo que Agnieszka Jaworska ha elaborado, sino también una disposición distintivamente cognitiva –es decir, una disposición para creer que el objeto de preocupación es una fuente de razones relativas al agente tanto para la acción como para la emoción […] Comprendidas de esta forma, las preocupaciones de un agente poseen una pretensión más fuerte de ser quien hable por el agente […] En particular, las preocupaciones establecen continuidades psicológicas y conexiones temporales más robustas que las realizadas por las políticas de autogobierno del tipo que describe Michael Bratman” (Seidman, 2009, pág. 272).

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