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Otras opiniones.

El capital por trabajador correspondiente al estado estacionario en el modelo neoclásico.

6. AOD y desarrollo económico.

6.2. Otras opiniones.

Desde la publicación de este último trabajo han sido numerosos los estudios que confirman el mensaje de Burnside, Craig y Dollar, como también lo han sido aquellos

que, añadiendo nuevas variables al estudio, no pueden avalar estas afirmaciones con resultados estadísticamente representativos.

Así, en 2001 Easterly realizó un trabajo para verificar el grado de cumplimento de aquella premisa según la cual la AOD mejora la inversión y el crecimiento. 152

Según el modelo “two-gap”, o de financiación del “gap” (diferencia), existen dos déficits que cubre la AOD. El primer “gap” sería el existente entre la inversión necesaria para mantener el crecimiento económico determinado y el ahorro doméstico disponible en el país receptor. El segundo “gap” estaría constituido por las importaciones necesarias para mantener un determinado ritmo de producción. Según este modelo, en algún momento del tiempo se produce uno de estos déficits que es cubierto por la AOD permitiendo así mantener su nivel de inversión y crecimiento.

Easterly estableció dos condicionantes para verificar el cumplimento del modelo, por un lado que la ayuda exterior debe aumentar la inversión y, por otro, que la inversión debe mejorar el crecimiento económico.

De una lista de 88 países observados sólo seis (China, Hong Kong, Túnez, Marruecos, Malta y Sri Lanka) cumplieron el primer requisito. El segundo requisito sólo fue superado por Israel, Liberia, la isla francesa de Reunión y Túnez. Así pues, de los 88 analizados sólo un país, Túnez, verificaba los dos requisitos.

En línea con lo apuntado por Easterly, un reciente estudio de Boone, determinó que la AOD se dirige principalmente a financiar consumo, no inversión.153 El dato, que explicaría la poca evidencia empírica de Easterly sobre el modelo de “two gaps”, por sí mismo no es malo ya que el consumo en países subdesarrollados se entiende dirigido a las capas más desfavorecidas. Sin embargo, no nos sirve ni para avalar el modelo de “two gaps” ni la tesis apuntada por Burnside, Craig y Dollar que relacionaba positivamente AOD y desarrollo.

Otros autores, utilizando información y métodos similares a los de Burnside, Craig y Dollar, llegan a conclusiones distintas o, sencillamente, no encuentran argumentaciones suficientes para llegar a conclusión cierta.

En 2003 Easterly, Levine y Roodman, elaboraron otro estudio con las mismas especificaciones de Burnside, Craig y Dollar pero al que incorporaron datos e

152 W. Easterly. The elusive quest for Growth: Economist’s adventure and misadventures in the tropics. MIT Press.

Cambridge, Massachusetts. EE.UU. 2001.

información disponibles tras la publicación del trabajo de estos últimos.154 En esta ocasión los resultados encontraron “insignificante” la relación entre AOD y crecimiento económico, por lo que concluyeron que no podía establecerse una relación entre políticas recomendables (“good practices”) y crecimiento económico.

Como apunta Easterly, ni siquiera sería necesario incluir nuevos datos o variables a los utilizados por Burnside, Craig y Dollar para llegar a diferentes conclusiones pues en función de la definición que hagamos de esas mismas variables podemos llegar a resultados distintos.155 Así, la consideración hecha inicialmente por estos autores de la ayuda incluye tan sólo las donaciones y excluye otras fórmulas de Ayuda Oficial al Desarrollo como las ayudas financieras reembolsables (p.e. créditos). Sin embargo, la definición del Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE considera AOD tanto a las donaciones hechas a un país en desarrollo como a los créditos y préstamos concedidos, descontados los reembolsos de financiaciones anteriores. Utilizando esta última definición para el concepto “ayuda”, la correlación entre AOD y políticas de un país, según Easterly, no es estadísticamente representativa.

Por otro lado, la definición de buenas prácticas o políticas recomendables puede ser objeto de formulaciones muy particulares. Burnside, Craig y Dollar entendieron por buenas prácticas o políticas adecuadas aquellas que conducían a superávit presupuestario, permitían un control de la inflación y mantenían cierto grado de apertura de la economía. Los valores de esta última variable (el grado de apertura de la economía), sólo admitía valores de 0 ó 1, con lo que su grado de definición real de apertura era muy limitado. La inclusión de otras variables con una mayor gradación del nivel de apertura de la economía llevaría a conclusiones distintas.

A la vista de los ejemplos apuntados la relación empírica entre AOD y crecimiento económico señalada por Burnside, Craig y Dollar, es mucho más frágil que su repercusión en medios de comunicación y en círculos políticos. Sin duda, en esta última cuestión tiene mucho que ver el proceso de decisiones en los organismos de AOD.

Según Easterly, la idea de que la “ayuda compra crecimiento” está muy extendida entre instituciones y en la doctrina de funcionarios y decisores políticos de AOD.156 Los objetivos finales de algunas instituciones de AOD se reducen a expresiones tan amplias como las de “reducción de la pobreza”, un término políticamente más correcto

154 Easterly, Levine y Roodman. “New data, new doubts: a comment on Burnside and Dollar’s aid, policies and growth”.

American Economic Review. Pittsburgh. EE. UU. 2003.

que el de crecimiento económico que se ha relacionado en las últimas décadas con medidas de ajuste macroeconómico impuesta a países en desarrollo por parte de organismos internacionales (Banco Mundial, FMI) y que en numerosas ocasiones han devenido en graves conflictos y problemas sociales en los países afectados.

Así, las instituciones de AOD centran más sus valoraciones en base a parámetros determinados por la ayuda efectivamente realizada y desembolsada frente a otras medida de valoración de su eficacia como instrumento para “combatir la pobreza”. Para algunos autores “el sentido de misión de una organización donante no está

necesariamente relacionado con el desarrollo económico si no con los recursos comprometidos y los fondos gestionados... Las estimaciones del capital necesario para la asistencia al desarrollo se han constituido en el estándar implícito por el que estas organizaciones guían su comportamiento y juzgan sus resultados... la medida

cuantitativa se ha impuesto por defecto en detrimento de otras valoraciones”. 157

En este sentido se manifestaba igualmente el Banco Mundial en un informe donde afirmaba que “los desembolsos (donaciones y créditos) eran fácilmente calculados y

tendían a ser una medida crítica para la evaluación de instituciones de ayuda al desarrollo... estas instituciones se han visto a sí mismas principalmente en el negocio

de despacho de dinero (dishing out money)”.158

Estas valoraciones escépticas sobre la capacidad de la AOD para promover el desarrollo de los países receptores, a la vista de estudios como los citados, llevan a algunos como Easterly a definiciones minimalistas de la AOD y que se condensan en el objetivo de “simplemente ayudar de vez en cuando a la gente pobre”. 159

Si limitáramos el objetivo de la AOD a la afirmación anterior, estaríamos admitiendo el fracaso de los países desarrollados en una acción que, aún mejorable, es loable y necesaria, y quedaría reducida a simple limosna. Para estos planteamientos no sería necesario el desarrollo y contraste de modelos teóricos y comprobaciones empíricas. Sin embargo, al margen de las diferencias existentes en torno a la capacidad de la AOD como catalizador del desarrollo de un país, no parece prudente abandonar su estudio si no, al contrario, es preciso determinar el grado de influencia que esa ayuda representa.

157 J. Tendler. Inside Foreign Aid. John Hopkins University Press. Baltimore, Massachusetts, EE. UU. 1975. 158 World Bank. Assessing Aid: What works, what doesn’t and why? Washington DC. EE.UU. 1998. 159 W. Easterly. Can aid buy growth? Pag. 40

En el siguiente capítulo analizaremos la AOD española en Marruecos y, de conformidad con los modelos de desarrollo descritos, completaremos su análisis con el estudio de la Inversión Directa Extranjera (IDE) y de las remesas de emigrantes en este país. De esta forma podremos determinar de una manera más completa la eventual contribución de variables determinantes en el potencial de desarrollo de Marruecos.

7. Conclusiones.

• El estudio de las variables que determinan el desarrollo económico de un país o región ha formado parte central de la Teoría Económica desde los economistas clásicos del siglo XVIII. Más recientemente su estudio ha sido también objeto de la Geografía económica.

• Aunque los distintos modelos elaborados a lo largo de la historia definen distintos factores determinantes del desarrollo, a finales del siglo XX se aprecia cierta convergencia de los postulados defendidos tanto desde la Economía como desde la Geografía económica.

• Con una creciente coincidencia teórica se señala como los factores determinantes en el crecimiento de una región al Capital Humano, concepto que incluye entre otras variables al desarrollo tecnológico, y al Capital Espacial, concepto más amplio que incorpora los procesos de aglomeración.

• Entre los conceptos comprendidos en los factores anteriores destacan el nivel de formación de los trabajadores, los métodos y sistemas de producción, el sistema administrativo y de gestión de la región, y la existencia de facilidades para las comunicaciones y transporte.

• Todo lo anterior se completa con la necesidad de un stock de capital que, al contrario de los modelos teóricos, en el mundo real de una economía abierta no se limita al existente en la región objeto de estudio ya que puede accederse a los mercados de capitales externos.

• Las políticas de Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) dirigidas a la “promoción del

desarrollo económico y del bienestar” constituyen a principios del siglo XXI una

práctica generalizada de ayuda de los países más desarrollados hacia los menos desarrollados.

• Pese a los numerosos recursos monetarios y humanos destinados a AOD durante décadas, los resultados globales en términos de desarrollo de las sociedades beneficiarias se han mostrado en muchos casos decepcionantes, lo que ha llevado a muchos autores a cuestionar la efectividad de este tipo de ayudas.

• El análisis de la efectividad de la ayuda puede determinarse simplemente mediante la comparación de los recursos utilizados y los resultados obtenidos. Sin embargo, para determinar la idoneidad de la contribución potencial de la

AOD recibida por un país parece razonable, a la vista de los modelos expuestos, plantearse si dichos recursos se dirigen realmente a potenciar los factores de desarrollo descritos y en qué medida su distribución y empleo se asigna al fortalecimiento de los mismos.

CAPITULO III.