75 Dimensión comunitaria (cf SC 26-27,31) Las acciones litúr-
R ITOS LITÚRGICOS OCCIDENTALES NO R OMANOS
La tercera gran familia litúrgica es la familia occidental latina, que incluye la liturgia de Roma, que ahora es la más extendida en el mundo. Parece que los demás ritos litúrgicos latinos en un inicio fueron evangelizados desde Roma, pero la decadencia del
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Imperio favoreció el desarrollo de elementos propios que, con el pasar del tiempo, fueron sustituidos o al menos fuertemente in- fluenciados por el rito Romano y también dejaron su huella en él. Los ritos latinos, como los del oriente, dejaron el griego en favor del idioma local, el latín, durante el siglo IV. Sin embargo a diferencia de las Iglesias orientales los motivos para el cambio fueron de orden pastoral y no por motivos políticos o doctrina- les. Además, si en el Oriente el paso consistía en simplemente traducir los textos griegos existentes al idioma local, en el Occi- dente, y especialmente en Roma, se creó una liturgia nueva, tan típicamente latina, que casi no dejó huella de las fuentes greco- semitas anteriores. Desde el siglo VI se desarrollaron liturgias propias latinas en muchas regiones, en África septentrional, Be- nevento, Aquileia, Rávena y otros lugares, pero tenemos muy escasas noticias sobre ellas. Noticias más precisas tenemos sobre las siguientes liturgias:
Liturgia Galicana:
La Galia romana equivale más o menos a la Francia moderna, pero la liturgia galicana, que según parece, se originó como una liturgia local del sur de Francia, en la zona de Marsella y Arles, al mismo tiempo y por motivos semejantes que la liturgia hispana. Estableció un estilo de liturgia que llegó a ser utilizado también en Irlanda y en el norte de Italia.
Las Iglesias de España y de la Galia, además de tradiciones romanas, tenían un patrimonio de tradiciones, costumbres litúr- gicas y características particulares que venían del oriente, del re- sto de Italia y del África latina, y que, sin formar una liturgia dis- tinta, las diferenciaban de la liturgia romana y fueron conserva- das fielmente. El fenómeno histórico que llevó a la creación de los ritos separados inicialmente consistía en un intento de reali- zar, en sus propios ambientes y con sus propios medios, algo semejante a lo que, según la evidencia del Sacramentario Leoni- no, había sucedido en Roma en el siglo V, antes de la simplifica- ción de los ritos realizado por del Papa Gregorio Magno. Es de- cir, la producción de muchos textos variables para la celebración eucarística y las demás celebraciones. Así, ellos comenzaron a
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componer muchos textos y variaciones nuevas pero conservan- do la estructura y el estilo tradicional de su patrimonio propio.
Los textos más antiguos de la liturgia galicana datan de alre- dedor del año 450, aunque hay algunas noticias sobre usos gali- canos en la carta que el Papa Inocencio I escribió a Decencio, obispo de Gubbio, en 416. Dado que el rito galicano no podía reclamar el prestigio de provenir de una sede de fundación apos- tólica, desde el inicio tuvo muchas dificultades para establecerse como una liturgia uniforme en todo su territorio y para resistir a las continuas infiltraciones de elementos externos, especialmen- te los que provenían del rito romano. La liturgia romana tenía la ventaja de ser un rito mucho menos complicado que el galicano y así fue fácilmente adoptada en su totalidad o incorporada en algunos de sus elementos a los libros Galicanos. Además, apenas nació, se vio amenazado por las invasiones de los Ostrogodos (508) y de los Francos (537), que impedían la comunicación y la consecuente formación de una liturgia definida. Esto lo vemos en uno de los manuscritos que sobreviven hoy, el misal de Bob- bio (de inicios del siglo VIII), que es ya una mezcla de elemen- tos romanos y galicanos. Estos textos revelan que el rito galica- no ya estaba en decadencia cuando Carlomagno decidió dar el golpe de gracia, adoptando el rito romano para todo su imperio.
Características: En cuanto a los textos el rito galicano era un
rito con abundancia de fórmulas variables, de un estilo prolijo y florido, con muchas apologías y otras oraciones sacerdotales privadas. En cuanto a los ritos, era propenso a tener mucha so- lemnidad y pompa en los ritos y gestos, con una tendencia de acentuar el aspecto dramático de las ceremonias.
La peculiaridad principal del rito galicano es que, a diferencia de los Ritos Romano y Ambrosiano, no tiene un canon o plega- ria eucarística fija. La liturgia galicana tenía un sistema para componer la plegaria eucarística con textos variables, incluso los que precedían y seguían inmediatamente al relato de la institu- ción, de modo que tenían textos diversos casi para cada día del año litúrgico. En esto es semejante a la liturgia hispana pero en un estadio menos desarrollado.
Otra peculiaridad del Pontifical galicano es dirigir una moni- ción, llamada prefatio, a la asamblea, antes de ciertas oraciones
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como la colecta y las fórmulas de bendición o de las ordenacio- nes. Esta monición anticipa y explica los temas de la oración y este método se hizo tan popular que llegó a ser una parte varia- ble de cada misa. Este sistema de combinar enseñanzas didascá- licas, moniciones y oraciones en la composición del ritual ponti- fical del obispo, fue ampliamente usado en el trabajo realizado por San Benito de Aniane, cuando Carlomagno adoptó la litur- gia romana, y sobrevive hoy en la liturgia romana en varias cele- braciones, como, por ejemplo, las ordenaciones.
En la misa solían usarse tres lecturas, intercalando a veces el cántico de los tres jóvenes en el horno. Después del Evangelio el diácono recitaba una oración litánica con respuestas del pueblo. Después del ofertorio, preparados antes de la misa y llevados al altar por el diácono, se leen los dípticos o intercesiones por los vivos y muertos, y al final de la oración conclusiva se da el signo de la paz. Siguen las oraciones consagratorias y de comunión.
Liturgia Hispano-Visigoda (Mozárabe)
Como hemos visto, el desarrollo de esta liturgia en la penín- sula ibérica es contemporáneo y con características semejantes a la liturgia galicana hacia finales del siglo VI. A partir de la con- versión al catolicismo del rey Visigodo Recaredo, en 589, llegó a su máxima extensión, y durante el siglo VII fue celebrada en to- da la península y en la Francia de la zona de los Pirineos Orien- tales. Pudo sobrevivir y desarrollarse, en parte a causa de los si- glos de aislamiento bajo la ocupación árabe de 711-1492, que li- mitaron los contactos con los demás cristianos. El nombre mo- zárabe parece venir de la palabra árabe mohaides, que significa tributarios, y que fue usada en Toledo sólo en la última fase de la ocupación de esta parte de España.
En la medida que los españoles iban reconquistando el terri- torio, se iba adoptando el rito romano. El Papa Gregorio VII (1073-1085) pidió y obtuvo la supresión del rito, porque algu- nos de sus elementos habían sido utilizados para defender posi- ciones heréticas, pero después de la reconquista de Toledo (1085), el Rey Alfonso VI pidió al Papa que la restaurase a seis parroquias de dicha ciudad como premio por la fidelidad y resis- tencia del pueblo. Después de cuatro siglos de decadencia, el
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Cardenal Francisco Ximénez de Cisneros, después de ser nom- brado obispo de Toledo en 1495, la restauró de nuevo y cons- truyó para ella la Capilla del Corpus Christi en la catedral de To- ledo, donde todavía se celebra la misa y oficio divino todos los días. En los últimos años, nuevos estudios históricos permitie- ron una restauración más exacta que la del Cardenal Cisneros, y en 1991, por primera vez en la historia, el Papa Juan Pablo II ce- lebró la misa con el nuevo misal mozárabe en la Basílica de San Pedro en Roma.
Liturgia Celta
Desarrollada en Irlanda pasa de ahí a Escocia, Inglaterra y Bretaña y en algunos de los monasterios fundados por misione- ros irlandeses (sobre todo San Columbano) como Luxeuil en Francia, Ratisbona en Alemania, San Galo en Suiza y Bobbio en Italia. Quizás no es del todo apropiado hablar de una “liturgia celta” como tal, pues no se trata de una liturgia completa des- arrollada autónomamente, sino de la adopción, algo ecléctica, de elementos de otras liturgias con la adición de algunos usos, cos- tumbres y ocasionalmente un texto o himno, propios de Irlanda. Los manuscritos antiguos, como el Antifonario de Bangor (es- crito en Irlanda entre el 680 y 691), el misal de Stowe y otros textos del fin del siglo VIII son fundamentalmente galicanos, aunque muestran también el influjo de Roma y de Milán. Parece que los irlandeses tomaron diversos elementos de las liturgias existentes y añadieron algunas composiciones propias, aunque a veces de calidad mediocre, quizás porque, no siendo de cultura latina, encontraron dificultad en expresarse en un idioma muy diverso del propio. Los textos propiamente irlandeses reflejan una espiritualidad mucho más personalista y devota que los tex- tos originalmente romanos y algunos de estos elementos han pa- sado al rito romano a través de la reforma de Carlomagno.
Como el rito galicano, los usos celtas fueron cediendo al rito romano, aunque duraron en Irlanda hasta el tiempo de San Ma- laquías arzobispo de Armagh (H 1148).
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Liturgia Ambrosiana
La liturgia ambrosiana es la única que queda de las liturgias de Italia septentrional y se conserva viva en la Iglesia de Milán. En el núcleo primitivo de la liturgia ambrosiana, parece que hay elementos provenientes del oriente y de Roma. Sin embargo, aunque influyó en las liturgias galicanas e hispanas, no recibió casi nada de ellas. Se llama ambrosiana, no porque nació con San Ambrosio, sino porque encuentra en él el coordinador de los usos existentes. Él es el representante más significativo y el creador de muchos de sus himnos y textos. Organizó la liturgia de Milán según una estructura semejante a la liturgia romana de la época, aunque con características propias. Sin embargo, des- pués de su episcopado, la liturgia recibió algunos influjos bizan- tinos por la presencia en Milán de monjes, soldados y otros per- sonajes orientales durante los siglos VI y VII. Los manuscritos más antiguos son del siglo VIII-IX cuando la liturgia ya había recibido, además, nuevos influjos romanos.
La estructura de la liturgia es fundamentalmente romana, pe- ro con mayor variedad de textos y oraciones propias y alguna variación en el rito, como el abrazo de la paz antes del ofertorio. Tiene además algunas particularidades en la distribución del año litúrgico y en el estilo del canto, que son testigos de su historia particular. Uno de estos elementos es la fuerte corriente de anti- arrianismo en los textos y ritos de la liturgia ambrosiana. Desde que nació en el siglo IV-V, en su desarrollo en los siglos VI-VII y en su consolidación en los siglos VIII-IX, siempre ha tenido que luchar contra el arrianismo, primero el arrianismo original, después el arrianismo de los invasores bárbaros, y finalmente el semi-arrianismo. Por eso es una liturgia que muestra un fuerte cristocentrismo y una constante acentuación de la humanidad divina de Jesucristo.