En cuanto a Colombia, y como bien lo describimos en un artículo anterior,
“nuestra coyuntura histórica tan particular engendró entonces nuestra cultura: las guerras múltiples durante siglos nos hirieron el alma, la falta de Know How producto de nuestra orfandad fue la base para un desorden total, y el conflicto de intereses entre las razas lo único que hizo fue obstruir el progreso. 3 grandes problemones de nuestra historia que hoy todavía deambulan como fantasmas por nuestras casas disfrazadas de historias y comentarios que hoy dicen nuestros padres y que han sido transmitidos de generación en generación”.
De hecho, la mezcla de razas ha ayudado a engendrar las tantísimas guerras civiles que se produjeron en el país durante la independencia y la República del siglo XIX. Los negros cimarrones que se escapaban de los blancos eran perseguidos y por tanto muchos se armaban para protegerse; los mulatos propiciaron muchos gritos independistas contra España lo cual generaba turbas constantes; el “tira y jala” en el que vivían día a día los criollos (blancos hijos de españoles), mulatos, negros y mestizos, creó desacuerdos en la política que fueron llevando a la generación de diferentes corrientes ideológicas como por ejemplo la del libertador Bolívar que quería la liberación de toda América española y la construcción de un gran proyecto regional, mientras que otros, como el general Santander preferían una consolidación republicana. Estas diferencias incluso le costaron al país la separación definitiva de Venezuela y Ecuador, lo que derivó en el camino en más conflictos y guerras, y posteriormente a la conformación de los dos grandes partidos políticos colombianos, los cuales a su vez, fueron el fogón ideal para más desacuerdos y guerras civiles. Incluso, el país fue protagonista del primer evento bélico del siglo XX: la guerra de los mil días, la cual significó una derrota para los liberales y la posterior separación de Panamá.
El país por tanto se concentró en ese “tira y jala” que no hizo sino debilitar a la nación; no había infraestructura, las leyes eran pobres y el país también lo era, la industria era paupérrima y además los inmigrantes eran muy pocos debido a todas esas contrariedades (recordemos que los inmigrantes son una sábila revitalizante para todo país y su economía. Los Estados Unidos pueden dar buena fe de ello). De hecho, en 1800 el PIB de Colombia era inferior al del Perú y mucho menor al de Brasil, México y Argentina… no muy distinto a lo que hoy se observa a excepción del Perú. Fijémonos entonces que nuestros problemas se reducen, en el fondo, a dos cosas: el conflicto de intereses y pensamientos producto del crisol de razas, y el desamparo que vivimos luego de la independencia española lo que provocó improvisación y conflicto de intereses (o más bien, guerra de intereses). Si llevamos el hilo de la historia podemos entender que la guerrilla de hoy es un grito más dentro de esos conflictos ya que nacieron protestando por la política social (lo cual a su vez es derivado de los roces raciales) y por el componente político puro lo cual también es producto de los desacuerdos entre razas además de por la misma improvisación en la que cayó el estado después de la orfandad en la que quedó sumergida cuando partieron definitivamente sus padres (los españoles). Han pasado casi 200 años desde la independencia final, y todavía vemos a grupos de gentes mestizas, negras, mulatas y criollas que, armados, se manifiestan contra los ideales del estado.
Todo esto es interesantísimo y nos ayuda a entender muchas cosas de nuestro comportamiento de hoy. Por ejemplo, es fácil entender por qué somos un país paternalista. Esta telaraña de conflictos y exigencias a viva voz por los derechos y la igualdad, hizo que desarrolláramos una mentalidad cuidadosa, prevenida y prudente, por lo cual nuestras leyes temen de someter con dureza a los asesinos o delincuentes. La impunidad, que es también producto del desorden y la improvisación que como Estado traemos a cuestas, es debido a esa prudencia generacional que aprendió a caminar suave y con cuidado porque en cualquier momento surge un grito de protesta feroz por las medidas adoptadas… como de hecho con naturalidad hoy en día ocurre. Esa forma paternalista y excesivamente cuidadosa de pensar y de hacer las cosas se ha filtrado en muchos aspectos de nuestra vida diaria. Por ejemplo, los más pobres son subsidiados a
través de los denominados estratos sociales, figura esta última extraña y además discriminatoria por su misma naturaleza que poco se ve en países similares o más desarrollados. Antes que el presidente Uribe llegara a la presidencia y se atreviera a hablar fuerte diciendo casi de frente que lo que había que hacer era casi que “darle bala a los violentos”, ningún candidato presidencial o presidente en ejercicio había sido capaz de expresarlo tan clara y directamente. Inconscientemente dudábamos que fuere correcto expresarlo así, a pesar que en el fondo todos sentíamos que debía ser así. Incluso, en nuestros propios hogares, hemos desarrollado una conducta paternalista y cuidadosa. En países desarrollados como Nueva Zelanda por ejemplo, los hijos entienden que a los 18 años deben irse de sus casas para trabajar y así buscar el dinero necesario para estudiar. Los padres difícilmente les pagan los estudios, al menos no completamente, lo que les permite a todos los hombres de aquel país desarrollar una mentalidad independiente capaz de solucionar problemas y conseguir recursos. En Colombia mientras tanto, los hijos pueden permanecer muchos años bajo la promoción paternal amparados en risas, abrazos y cuidados.
Todo el análisis realizado nos ayuda a comprender por qué las famosas captadoras ilegales de dinero, la religión y el mismo presidente Uribe son tan populares y tan deseados en Colombia. De ahí podemos partir para conocer bien lo que inconscientemente los colombianos quieren que represente su Presidente de la República (ver artículo # 34).
¿Por qué la selección Colombia de fútbol no gana? ¿Cómo es el presidente queremos?
La selección Colombia de fútbol, ¿por qué no gana? ¿Por qué genera más penas que júbilos? Aunque se ha hablado mucho ya del tema psicológico, queremos retomarlo y tratar de entenderlo mejor. Por ejemplo (y algo que tiene relación) ¿por qué en el fútbol la historia pesa? Equipos como Argentina y Brasil, así como los europeos, tienen una historia que indudablemente pesa en los resultados. Pero, ¿cómo puede pesar la historia si los jugadores del momento no vivían cuando durante décadas anteriores sus selecciones alcanzaron grandes títulos y triunfos históricos? Ese legado lo ha arrastrado la cultura, como ya lo hemos explicado en los artículos anteriores; las historias de nuestros antepasados, arrastran las
convicciones hasta el día de hoy. La historia del fútbol de esos países lo que ha gestado es algo que podríamos llamar “autoestima cultural”. Como es bien sabido, la autoestima puede hacer cosas grandiosas por los seres humanos.
Gracias al legado histórico, los jugadores argentinos, por ejemplo, en realidad se creen los mejores del mundo, y no dudan de ello. Esa confianza les permite jugar con mucho más dinamismo y convicción; la seguridad les fluye en cada zapatazo, en cada tiro al arco. Se nota cómo un argentino o brasilero lucha a muerte cuando va perdiendo un partido porque sabe que tiene con qué ganar… y en realidad da todo lo que tiene para lograrlo; tiene el respaldo de su camiseta y esa convicción los lleva muchas veces al título.
En cambio Colombia es un país pobre que, como nunca ha conseguido un título convincente, no tiene de dónde agarrarse para tirar con más fuerza. Y no sólo eso, pueden haber muchísimas otras razones con más peso. Por ejemplo, el sólo hecho que desde niños nos hayan enseñado que los europeos nos descubrieron y nos colonizaron, nos hace sentir como hijos del viejo mundo. Puede ser una buena razón para que inconscientemente percibamos que pueden lograr rendimientos superiores ya que muchos siglos atrás demostraron su poder, lo que a la vez nos puede llevar a pensar que podemos ser sometidos de nuevo a su dominio. Esos detrimentos a la autoestima cultural, o colectiva si se quiere, con seguridad afectan la manera como mentalmente encara un partido cualquier jugador de fútbol, cualquier empresario que debe vender sus productos, o cualquier diplomático que sale a hacer negociaciones transnacionales.
Otra razón importante tiene que ver con nuestra orfandad. Como huérfanos necesitamos de modelos de rol a seguir porque nos encontramos con que sabíamos hacer nada por nosotros mismos. Como hemos ya ilustrado en esos artículos, después de la independencia entramos en un “despelote” producto de la improvisación, y la mejor estrategia ha sido observar el mundo para imitar a otras naciones que son líderes en algo. Por eso en Colombia son muy bien recibidas las marcas extranjeras, y por eso es que los cánticos del hincha del fútbol local son fiel copia de los que retumban en los estadios argentinos. Como puedes suponer, por tanto, es
psicológicamente complicado sentirse superior a alguien que consideras tu modelo a seguir. Es simplemente casi imposible pretender ganar campeonatos cuando nos enfrentamos a equipos que inconscientemente sentimos como nuestros padres adoptivos en una disciplina específica. Mientras no creamos consiente e inconscientemente que estamos al menos en el mismo nivel, no hay nada que hacer; nuestro deporte nacional seguirá otorgando más pesares que júbilos.