Capítulo 6. Contexto histórico urbano
6.4 El siglo XX
cos y las prácticas higiénicas cuyas ideas no solo se ocupaban de la inmunización sino de la prevención de enfermedades. En ese mismo sentido, las autoridades publicaron el código sanita- rio en 1894 y proyectaron obras de saneamiento, desagüe y alcantarillado, que por falta de presu- puesto no se llevaron a cabo en el siglo XIX.
La vida social todavía diferenciaba los usos de los espacio públicos. Indios y mestizos po- dían ir al centro, pero se encontraban en una estatus inferior a los blancos, quienes los desprecia- ban. Las procesiones religiosas eran encabezadas por blancos, los mestizos en segundo lugar y por último los indios. Lo sacerdotes que oficiaban misa para los blancos tenían prohibido predicar o atender a mestizo e indios. La catedral se destinó a los blancos, la iglesia de Jesús y María a los mestizos y las capillas de los barrios a los indios. En el caso de que un mestizo acudiera a la Catedral a escuchar al misa debía permanecer de pie ya que las bancas eras para uso exclusivo de los blancos. En la plaza principal, los indios se sentaban en las bancas cercanas al kiosco, los mestizos en las de la prefería y los blancos se paseaban en sus carruajes en torno a la plaza. La sociedad de castas se negaba a desaparecer.
Alberto Pineda fue vencida, finalmente San Cristóbal de Las Casas perdió la iniciativa de gobierno local, dependiendo para toda decisión de Tuxtla Gutiérrez. El resultado de la errada elección de los finqueros fue un vacío constructivo y cultural. Sin embargo Pineda tuvo la capacidad de plantear una solución negociada al encono entre las respectivas facciones y fue nombrado presidente municipal de San Cristóbal. La obra municipal más notable que realizó su gobierno fue la instala- ción de la red de agua potable, proyecto que satisfizo las necesidades de la ciudad hasta la década de 1980, aunque a duras penas. El amargo humor característico del presidente municipal tuvo consecuencias para la población indígena la que se veía amenazada por una concepción dual revivificada, desde 1909 los indios tenían prohibido transitar por el parque central y de noche la prohibición se extendía a todas las calles del centro, además los indios debían bajar de las ban- quetas para dar paso libre a la «gente de razón». (Zabadúa, 1998, Aubry, 1992).
El presidente Cárdenas hizo una memorable visita a San Cristóbal de Las Casas, cuyo tortuoso trayecto ayuda a entender el grado de marginación y aislamiento de la comarca, de la Ciudad de México partió en automóvil hacia el puerto de Acapulco, donde se embarcó rumbo a Salina Cruz, un ferrocarril le llevó hasta Arriaga, donde nuevamente abordó otro automóvil para dirigirse a Tuxtla Gutiérrez por la nueva carretera de la Sepultura, arribó a San Cristóbal por la Brecha del Burrero y de las Salinas después de varios días de haber dejado la capital nacional. A pesar de la simpatía que la visita de Cárdenas despertó en los coletos, las noticias que traía no serían del todo gratas, dio inicio al tan atrasado reparto agrario, y ordenó la construcción de escuelas rurales que ponían la educación de los trabajadores indígenas (peones acasillados) a cargo de los finqueros.
Los hombres de Cárdenas en Chiapas eran el gobernador Efraín Gutiérrez y Erasto Urbina, tiempo después de la visita del presidente de la República Urbina ocupó el cargo de presidente municipal coleto. Bajo su mandato se abolieron las prácticas discriminatorias contra los indígenas de los tiempos de Pineda, ahora podían transitar a todas horas por el palacio municipal, se borra- ron las señales exteriores de la ciudad dual. El proyecto modernizador revolucionario, llegó tarde y con poca elegancia, pronto la ciudad vio el surgimiento de escuelas y oficinas construidas al vapor por iniciativa federal que no dejaron huella monumental alguna, todo el patrimonio artístico y cultural de la ciudad se debe a los cuatro siglos anteriores a la llegada de la revolución.
No fue hasta 1946 que una verdadera carretera conectó a San Cristóbal con el resto del país representado por la capital estatal. A esta obra, aún cuando su «cola» fuera San Cristóbal, se le nombró «panamericana» pues se tenía proyectado su continuación hacia Centroamérica, cosa que sucedió once años más tarde. Primero se amplió hasta Comitán y alcanzó la frontera con Guatemala. En 1970 se terminó la vía paralela costera de la panamericana y al fin una red conso- lidada de transportes atravesó la isla chiapaneca, los flujos comerciales eran fundamentalmente
transitorios, en su camino del centro del país hacia Guatemala y viceversa el paso por los Altos de Chiapas era solo cosa de trámite.
Al interior del estado la situación no mejoró hasta que el Instituto Nacional Indigenista en 1951 y el Programa de Modernización de Chiapas (PRODESCH) abrieron brechas de penetración a todo lo largo de la carretera panamericana, las brechas morían en pueblos indígenas. Estas medidas acentuaron el papel principal de San Cristóbal de Las Casas como ciudad señorial que dominaba su hinterland pluriétnico, nuevamente una cabecera dual. Pronto el mercado, lugar del encuentro con el indígena fue promovido como sitio turístico, la principal riqueza de la ciudad era su población indígena, tal como durante la colonia.
A iniciativa del Gobernador coleto, el Dr. Manuel Velasco Suárez, se construyó un túnel de desagüe para evitar inundaciones en San Cristóbal, como la ocurrida en 1973, otra obra que pretendía salvar a la población de los desastres naturales fue la construcción del periférico que permitiría mantener la comunicación en todos los barrios, el efecto no deseado de dicha obra fue la consolidación de un nuevo cinturón de miseria.
En 1978 se funda la Universidad de Chiapas con dos campus. En San Cristóbal, al tiempo, se inauguran nuevos centros del saber: un centro de investigación CIES, seguido por el CIESAS del Sureste. Una nueva ola constructiva comienza, se promulga el Centro Histórico como patri- monio monumental, se adoquinan sus calles e inicia la restauración de los edificios históricos.
6.4.2 Mérida Siglo XX.
6.4.2 Mérida Siglo XX.6.4.2 Mérida Siglo XX.
6.4.2 Mérida Siglo XX.6.4.2 Mérida Siglo XX.
Mientras San Cristóbal de Las Casas perdía importancia, en la península sucedía lo contrario con Mérida. Los empresarios vinculados con la producción henequenera se encargaron, junto con sus socios en el extranjero, de conectar la ciudad blanca con el circuito del capital internacional; la bonanaza experimentada por la industrialización en países extranjeros tuvo repercusiones en la península. Varias exposiciones internacionales vieron pasear por sus pabellones a la divina casta yucateca. Los antiguos depósitos de agua llenados por acarreo manual abrieron su paso a las características veletas que aprovechando la fuerza del viento extraían el agua de los pozos, las veletas fueron importadas de Chicago, ciudad de residencia del empresario estadounidense Cyrius McCormick, claro que las veletas «adornaban» únicamente las casas de quienes las pudieron adquirir (Quezada, 2002).
La electrificación de la ciudad comenzó a finales del siglo XIX; en 1892 por concesión de la Thompson Houston International Electric Co. de Boston, se inaugura la primer planta eléctrica,
que se encargó de dar servicio al alumbrado público de algunas calles céntricas; las calles más alejadas del centro se iluminaron con lámparas de petróleo. Para 1906 el servicio se extendió a casas particulares aún cuando sólo tenían disponible el servicio cuatro horas por noche. Ese mismo año, se llevó a cabo el proyecto de drenaje, alcantarillado y el estreno de novedosas tecnologías de pavimentación
Otra compañía estadounidense, la King Bridge Co, de Cleveland, Ohio, ganó el concurso para la construcción del Paseo Montejo; para 1901 se habían concluido 2,649 m2 de la calzada central y 880 en la del lado poniente con un gasto de 6,504 pesos. Los nuevos estilos arquitectó- nicos junto con las prácticas higienistas hicieron su aparición. El modelo urbano elegido fue el boulevard parisino con amplias calles con camellón central y aceras adornados con árboles. La especulación no se hizo esperar, una sociedad anónima, La Alianza, se constituyó en 1900 y se dedicó a construir casas sobre todo en torno a la flamante vialidad. La expansión de la ciudad se hizo necesaria, sobre todo hacia los terrenos de las Quintas cercanas al pueblo de Itzimná.
Los hacendados en sus recién estrenados domicilios querían comodidad y gusto en la ar- quitectura. La comodidad cuidaba de la adecuada circulación dentro del hogar, de la funcionalidad de los espacios respecto a la movilidad del ocupante. Se introdujeron elementos nuevos, como el jardín externo, que a veces ocupaba solo el frente o bien rodeaba a la vivienda; el laurel de la india se introdujo exitosamente como planta de ornato con diversas figuras en maleable copa, obra de hábiles jardineros, la anti-ciudad o ciudad jardín se asentó en los barrios nuevos meridanos. La difusión de la ideas higienistas también influyó en la separación de los espacios de reunión, como los recibidores o salas, de los espacios privados, como alcobas, habitaciones y por supuesto el cuarto de baño.5
Así, la bonanza y el contacto con las nuevas ideas higienistas marcaron el eventual abando- no de la construcción vernácula de mampostería. La zona que circunda al Paseo Montejo se convirtió en el símbolo de las aspiraciones de la burguesía Meridana, que pese a repartos agrarios o crisis en la industria henequenera, que para la década de 1970 había casi desaparecido, osten- taban orgullosos el título de embellecedores de la ciudad blanca.
5. En algunos casos el modelo europeo se hacía presente con todos sus accesorios: tina, ducha, bidé y el inodoro, modificado recientemente que además de estético resultaba higienico debido al sistema de sello de agua que impide la infiltración de los aromas propios de los desechos. Dependiendo de la capacidad económica del deman- dante, los acabados también fueron elementos de cuidado especial, llaves esmaltadas, azulejos y demás materia- les novedosos con diversidad de diseños que se adquirían en las modernas ferreterías, así como mobiliaros de los más diversos estilos, desde los diferentes Luises franceses, pasando por las delicias del oriente hasta el art nouveu. A manera de ejemplo, vale la pena mencionar la construcción de las residencias que los hermanos Zavala mandaron construir al inicio del Paseo Montejo. Los materiales provenían de Europa, el diseño que incluía desde las chapas y herrería hasta la estructura de los edificios, se encargó al arquitecto M. Umbbdestock; el mismo patrón cundió entre los hacendados, la reluciente vialidad se llenó de mansiones con estilo neoclásico y nouveau.