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Teoría del lugar central y Jerarquía

Capítulo 1. Marco teórico

1.2 Teoría del lugar central y Jerarquía

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Las ciudades y pueblos difieren en tamaño y carácter. Hasta ahora hemos visto que la urbaniza- ción como proceso implica no solo la aglomeración de la población en unidades ecológicas que llamamos ciudades, sino también las transformaciones en las relaciones sociales. Louis Wirth resalta la manera en que la ciudad predomina sobre cierto hinterland2, esto se explica por las características funcionales de la ciudad, las cuales en sintonía con su marco interpretativo, se establecen de acuerdo con el tamaño de la población y la densidad demográfica. Entonces el fenómeno del crecimiento urbano se vuelve un proceso circular en el que el mismo crecimiento aumenta las necesidades de la población, en términos de la vida cotidiana y la reproducción a través del trabajo. Pero también crecen las instalaciones tecnológicas complejas, que a su vez funcionan como atractoras de mano de obra. Es por ello que si bien el modo de vida urbano implica el descenso de la fecundidad, las ciudades más que producir, consumen hombres a tra- vés de la migración.

2 La palabra hinterland hace referencia al «interior» o a la «tierra» de la ciudad, es un término que alude únicamente al suelo que integra su territorio. En este trabajo se usa como un sinónimo de la zona de influencia de la ciudad.

FUENTE: Borsdorf, Bahr y Janoschka (2003).

Figura 1.3 Evolución desde la ciudad compacta hacia la ciudad fragmentada.

Por su parte, Manuel Castells, cuyo enfoque teórico se centra en el predominio de los facto- res económicos de la sociedad capitalista también enfatiza la importancia del análisis regional porque «En la medida en que la producción constituye una red de relaciones continuas no puede ser acotada por una unidad discontinua como es la ciudad; por ello su ámbito de mayor especifi- cidad es el regional» (1978: 279).

La noción de centralidad fue acuñada por el geógrafo norteamericano Mark Jefferson quien escribió: «Las ciudades no crecen por sí mismas, las campiñas les otorgan funciones especiales que se deben llevar a cabo en lugares centrales». La palabra clave asociada a la noción de centralidad es función, las ciudades no solo difieren en tamaño, lo que realmente les otorga un status en un nivel regional son las actividades que en ellas se llevan a cabo: el término lugar central se toma como sinónimo de poblados que sirven como centros para comunidades regiona- les a las que provee de bienes centrales y servicios centrales.

Harris y Ullman en 1945 consideraron que si bien cada ciudad es única, sus funciones y patrones espaciales pueden generalizarse, para ellos la naturaleza espacial de la ciudad se basa en tres soportes asociados a tres aspectos: 1) las ciudades como puntos centrales generan configuraciones y áreas de afluencia regulares, 2) los transportes generan servicios que se distri- buyen espacialmente en forma lineal y 3) los servicios altamente especializados se presentan en altas concentraciones que se asocian con áreas de influencia de gran amplitud (Buzai: 2003, 69).

Las ciudades contienen en su interior los tres tipos de soporte combinados en base al proceso de

«conurbación» antes descrito por Burguess, de modo que el distrito central de negocios no es el único pero si el más importante. Esto conduce a otro concepto clave del análisis regional: la jerarquía, que introduce mayor complejidad en el modelo y lo aproxima a situaciones de la vida real. (Figura 1.4)

Figura 1.4 Soportes urbanos de Harris y Ullman.

Patrón 1 Orientación al lugar central

Patrón 2 Orientación al transporte

Patrón 3

Orientación a la especialización

Núcleos múltiples Orientaciones combinadas

p y

FUENTE: Adaptación de Buzai 2003: 67

En todos estos modelos se puede observar la búsqueda de patrones espaciales resultado de las interacciones de los grupos en competencia. Múltiples autores comparten algunos supuestos del análisis locacional. Por ejemplo Von Tünen (1826) o Christaller (1933), incorporan a la distancia y la fricción al movimiento de las mercancías y personas como los elementos estructurantes de la geometría y centralidad de las ciudades; posteriormente el economista William Alonso (1971) intenta explicar el patrón de uso de suelo a partir de cuatro supuestos muy parecidos a los de Christaller: 1) la ciudad existe en un lugar completamente plano sin características particulares, 2) tiene un solo distrito central de negocios, 3) hay transporte eficiente en todas direcciones y 4) todas las personas en la ciudad son motivadas por el interés económico. El resultado de estos supuestos es una estructura de renta de la tierra decreciente en torno al distrito central de nego- cios que configura dos zonas principales, el «centro», donde las actividades económicas se con- centran y la zona residencial en torno al primero. Finalmente las casas tenderán a desaparecer debido a la fricción del movimiento y aparecerán granjas y el campo. El núcleo de estas teorías es la economía liberal clásica, las críticas surgen obviamente porque la acción de la famosa «mano invisible» de Adam Smith no promueve el bienestar general de todos, sino aumenta los beneficios de los ya de por sí pudientes mientras que arroja a la gran mayoría de la población hacia la pobre- za, la desnutrición y el analfabetismo (Todaro: 1999, 14). Sin embargo no hay que despreciar el aporte que hacen estos autores en términos de la comprensión de la dinámica regional al introdu- cir la noción de jerarquía.

Por su parte, aún cuando el objetivo central de los trabajos del geógrafo inglés David Harvey no es en sí una teoría del lugar central, aporta elementos para entender los desarrollos geográfi- cos desiguales, comparte algunos de los supuestos de los economistas neoclásicos: la localiza- ción es estratégica y se decide con base en un esquema de racionalidad económica cuya finali- dad es la maximización de la ganancia capitalista. La principal diferencia es que para Harvey el escenario geográfico de la producción, el intercambio, la distribución y el consumo capitalistas nunca están en equilibrio.

Harvey enfatiza también el papel que juega el espacio en la reproducción capitalista. En la medida en que la inversión en el espacio construido constituye la última alternativa del sistema para superar la caída de la tasa de ganancia, las mejoras en las vías de comunicación acortan las distancias, pero también los tiempos de traslado. Así, el área de influencia de algunas ciudades es global, debido a su importancia dentro de la producción capitalista mundial, en tanto otras son únicamente lugares destacados regionalmente. Otra característica importante del espacio es que su uso tiene un carácter monopolista, toda inversión en el espacio construido debe garantizar ganancias, el cambio funcional del espacio construido implica altos costos, por ello el Estado es un actor clave en la generación de infraestructura para movilizar personas y mercancías, además de planear la gestión urbana en términos de zonificación, dotación de servicios, vivienda, etc. El Estado ha sido el principal promotor de la producción capitalista a través de lo que en su momento Marx denominó la acumulación originaria; a la versión posindustrial de este proceso Harvey la llama acumulación por desposesión y la privatización es el principal mecanismo para que el Esta-

do modifique el espacio, ya sea para la construcción de infraestructura, o bien para permitir la operación de un mercado de tierras que promueva la especulación y refuerce así la desigualdad en el desarrollo.

Así, la noción de jerarquía se puede explorar a partir de los patrones de dispersión de los poblados de una región, y a través de los roles funcionales de un lugar central, estos roles se pueden intercambiar por la observación de una de las consecuencias de la centralidad, el tamaño de la población. Como las tesis de Wirth indican, las ciudades son atractores de población y su crecimiento es indicio de su centralidad dentro de una jerarquía regional.