• No se han encontrado resultados

Las TIC como estímulo para la innovación

INNOVACIÓN E INTEGRACIÓN DE LAS TIC EN EL CONTEXTO ESCOLAR

Capítulo 2. Innovación e integración de las TIC en el contexto escolar

2.1. Innovación y TIC

2.1.2. Las TIC como estímulo para la innovación

nuestras necesidades. Havelock y Huberman (1980) describen seis tipos de innovación educativa que pasamos a comentar a continuación:

- Innovaciones de adición, que consisten en añadir algo nuevo al sistema educativo sin que resulten modificados el resto de sus elementos. Por ejemplo, el uso de las tecnologías para facilitar la práctica docente.

- Innovaciones de alteración, que se fundamentan en cambiar acciones y funciones atribuidas a diferentes personas o elementos del sistema. Por ejemplo, cuando se convocan comisiones de evaluación para calificar las asignaturas.

- Innovaciones de eliminación, en este caso se trata de eliminar un elemento o componente del sistema de enseñanza y aprendizaje. Por ejemplo, eliminar las pruebas de evaluación.

- Innovaciones de reforzamiento, consisten en incidir y profundizar en aspectos y elementos ya conocidos con la intención de mejorarlos. Por ejemplo, la realización de cursos de formación permanente del profesorado.

- Innovaciones de reestructuración, este tipo innovación supone una nueva organización educativa. Por ejemplo, la enseñanza en equipos docentes.

- Innovaciones de sustitución, sustituyen un aspecto o elemento por otro. Por ejemplo, una pizarra tradicional por una digital.

Como resumen, la innovación educativa no es un fin, sino un medio que busca la mejora de la calidad y la consecución de unos objetivos educativos. No es fruto de la casualidad, sino que implica una intencionalidad o intervención deliberada, una planificación que debe ser revisada desde la práctica (De Pablos, 2010). Y si concebimos la innovación educativa como un proceso, con fases establecidas y tiempos variables, que surge y se desarrolla en un contexto educativo que da sentido y acogida a nuevas ideas, prácticas y procedimientos; entenderemos cómo el contexto interno (tipo de centro, historia innovadora del centro, características del centro), así como el contexto externo a la escuela, influyen en el éxito y sostenibilidad de las innovaciones.

vehículo para la innovación educativa ha sido abordada por diversos autores (Cebrián, 2003; Montero y Gewerc, 2011; Salinas, 2004) que defienden que las TIC ofrecen mayores posibilidades de codificación de los conocimientos, proporcionan accesibilidad a la información, poseen un alto potencial pedagógico y son fáciles de manejar. De hecho, la mayoría de los profesores, en los centros educativos, afirman utilizar las TIC para realizar tareas, preparar lecciones, secuenciar actividades en el aula, etc. Por lo tanto, los maestros planifican sus clases de manera más eficiente cuando utilizan las TIC y también les ayuda a trabajar en equipo y compartir ideas relacionadas con sus materias.

Blanskat, Blamire y Kefala (2006) realizaron un estudio en escuelas nacionales, internacionales y europeas con el objetivo de obtener evidencias sobre las ventajas y beneficios de las TIC en los logros escolares. El estudio también trató de establecer un vínculo entre el uso de las TIC y los resultados de los estudiantes en el rendimiento académico. Los hallazgos son interesantes: las TIC tienen un impacto positivo en los resultados de los estudiantes en las escuelas primarias, particularmente en el idioma inglés y menos en las asignaturas de ciencias. Las escuelas con mayor nivel de madurez digital muestran un rápido aumento en los resultados en las puntuaciones en comparación con las de menor nivel. Por último, los docentes están más convencidos de que los logros educativos de los alumnos se deben al buen uso de las TIC. De hecho, un alto porcentaje de docentes afirma que los alumnos están más motivados cuando utilizan tecnologías en clase. Estos resultados evidencian que las TIC pueden facilitar la enseñanza e introducir nuevas formas de aprendizaje.

En la mayoría de los países europeos, la utilización de las TIC en la educación y la formación se ha convertido en una prioridad durante la última década. Sin embargo, muy pocos han logrado progresos importantes. De hecho, un pequeño porcentaje de escuelas, en algunos países, ha logrado un alto nivel de uso efectivo de las TIC para apoyar y cambiar el proceso de enseñanza y aprendizaje en muchas áreas del currículo educativo (Srivastava, 2016). Otras todavía están en la primera fase de adopción de las TIC. Los cambios que se benefician de las TIC suceden lentamente, con el tiempo, y sólo si los docentes continúan experimentando nuevos enfoques y perspectivas.

Y es que el cambio no consiste únicamente en sustituir los medios tradicionales por los medios tecnológicos sino en modificar la forma en la que se utilizan estas herramientas (Del Moral, Villalustre y Neira, 2014). Y este cambio profundo en la metodología educativa, debe afectar a la enseñanza a favor de las necesidades individuales del

alumnado (Gnanam, Vetrivel y Raju, 2016) a través de la interactividad, creando un nuevo marco de relaciones, fomentando el trabajo colaborativo y, sobre todo, ofreciendo una metodología creativa y flexible más próxima a la diversidad (García- Valcárcel y González, 2006).

Además, el uso de la tecnología no debe concebirse como un fin en sí mismo, sino como un medio conducente a mejorar el proceso de aprendizaje, siendo fundamental utilizarlas de forma apropiada. La tecnología, desde estas posiciones, no debe ser el eje o centro de los procesos de enseñanza, sino un elemento mediador entre el conocimiento que debe construirse y la actividad que debe realizar el alumnado. En este contexto, el papel y la formación de los docentes en TIC es fundamental porque son ellos los que deben integrar las tecnologías en las diferentes áreas de conocimiento y dotar de contenidos educativos a las herramientas tecnológicas (Cviko, Mckenney y Voogt, 2014). Para comprender el proceso de integración de las TIC en las aulas presentamos, en la Figura 2.1, tres dimensiones básicas que influyen en los procesos de innovación tecnológicos: el profesional que innova, la propia innovación y el contexto en el cual la innovación surge o se implementa.

Figura 2.1. Condiciones para las innovaciones tecnológicas en el aula Fuente: Marcelo (2013)

Por un lado, la innovación necesita de profesores que se ilusionen y comprometan con un proyecto que introduzca un cambio en sus prácticas habituales, por ello, son importantes las creencias pedagógicas y el conocimiento práctico que tenga el

profesorado acerca de las TIC. También hay que tener en cuenta a los destinatarios de cualquier innovación, al alumnado. En muchas ocasiones fracasan las innovaciones precisamente porque los alumnos se vuelven resistentes a ellas, bien por falta de explicación de los objetivos y prácticas innovadoras, bien por las consecuencias que estas innovaciones tienen para su carga de trabajo.

Otra condición que influye en el éxito de la integración de las TIC en las aulas, es la propia innovación que se quiere llevar a cabo, así como los procesos que se generan desde su origen. El contenido sobre el cual se innova es un aspecto esencial, porque su relevancia va a determinar el grado de implicación de los docentes, y en definitiva, porque no se innova porque sí, se innova para mejorar las condiciones de aprendizaje de los alumnos. Además del contenido, también es importante conocer cuáles son los resultados o efectos de la innovación tanto en el alumnado, en el profesorado, como en el propio centro.

Por último, el contexto, tanto interno como externo a la escuela, influye de forma determinante en cada una de las fases por las que atraviesa una innovación. El contexto externo incluye no sólo el entorno próximo a la escuela (aspectos culturales, sociales, familiares, económicos) sino el discurso dominante en la sociedad en general.

Y junto al contexto externo, hay que prestar atención al contexto interno de la escuela, a su clima, cultura, liderazgo, relaciones, etc. Algunas dimensiones, de estos contextos, que ayudan a que las innovaciones con TIC sean sostenibles en el tiempo, son las siguientes: un elevado número de docentes implicados en la innovación; una atención por las necesidades sentidas en el centro escolar; un liderazgo claro, impulsor de la innovación e integrador; y un apoyo y reconocimiento externo.

Tal y como vemos, la presencia de recursos tecnológicos en las aulas es una condición necesaria pero no suficiente para integrar las TIC de manera adecuada, siendo necesario profundizar en sus repercusiones pedagógicas, en los métodos de enseñanza, en los modos de organización escolar y en los sistemas de evaluación (Casanova, 2007). Porque los efectos pedagógicos de las TIC dependen de las tareas que se demandan que realice el alumno con las mismas, del entorno social y organizativo de la clase, de la estrategia metodológica implementada, y del tipo de interacción comunicativa que se establezca entre el alumnado y el profesorado durante el proceso de aprendizaje (Area, 2005). La cuestión no es solo qué pueden hacer metodológicamente las TIC para mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje sino qué escuela queremos, cómo pretendemos desarrollar en ella esos

procesos y qué papel desempeñan las TIC como herramientas ineludibles para el desarrollo de innovaciones sostenibles. De tal modo, que la existencia de un plan, proyecto o programa institucional, asumido y liderado por el equipo directivo y la mayoría de su claustro, que impulse la innovación y el uso de las tecnologías en el centro educativo, es un paso crucial hacia su utilización integrada en los procesos de enseñanza y aprendizaje. Si no hay un proyecto genuino de innovación, la incorporación de las TIC puede estar sobredimensionando los viejos usos didácticos (Álvarez y Fernández, 2009; Sosa y Valverde; 2017).

Las TIC, en opinión de Díaz (2009), se integran en el proceso de enseñanza y aprendizaje cuando se usan naturalmente para apoyar y ampliar los objetivos curriculares y para estimular a los estudiantes a comprender mejor y a construir el aprendizaje. No es algo que se añade al desarrollo curricular, sino algo que forma parte de las actividades diarias que se llevan a cabo en el aula, para facilitar, enriquecer y mejorar la construcción de los aprendizajes del alumno. Algo, que en definitiva, logra hacerse invisible porque se ha integrado en el proceso de enseñanza y aprendizaje. No se trata pues de pensar en modernizar o cambiar la enseñanza utilizando las TIC, sino valorar las posibilidades didácticas de éstas en relación a objetivos y fines propiamente instructivos y educativos. La reflexión pedagógica debe estar centrada en pensar a quién benefician, cómo y en qué sentido benefician esos medios a los posibles usuarios, qué representan, qué actitudes, aprendizaje, habilidades, etc. Los soportes tecnológicos deben ser tratados como un elemento curricular más, lo cual requiere contemplar el espacio o la perspectiva de conjunto de las demás variables curriculares, incluido el profesor, el alumno, la estructura organizativa del centro, etc. (Quintero y Hernández, 2011).

Por lo tanto, el impacto de la tecnología no puede abordarse de forma aislada; hay que conocer cómo se integran estas herramientas en los grupos y contextos educativos reales, cómo los recursos tecnológicos son interpretados y adaptados por los usuarios y por último, cómo los cambios tecnológicos influyen en la innovación de otras dimensiones del proceso educativo como la evaluación, la gestión, la comunicación o el desarrollo del currículo (De Pablos, 2010).

Ya hemos comentado que uno de los problemas permanentes en la innovación educativa es su escasa sostenibilidad, bien porque se terminen los recursos, porque otros profesores interfieran y obstaculicen el cambio, la desilusión, la intensidad de trabajo, falta de reconocimiento, etc. En el caso de las innovaciones que incorporan

tecnologías, tienen un riesgo añadido si lo que se desea es ir más allá de entender las tecnologías como recursos complementarios al modelo de enseñanza tradicional. En general, en relación con la innovación educativa, el problema no son sus primeras etapas de iniciación y experimentación. El problema reside en la fase de institucionalización, es decir aquélla en la que lo nuevo deja de ser nuevo y se integra en la cultura, creencias y prácticas habituales de los docentes.

Con el objetivo de que las innovaciones con TIC que se desarrollan en las escuelas sean sostenibles y se integren en la cultura del centro, en las creencias de alumnos y profesores; recomendamos seguir los principios que se presentan a continuación, adoptados por Marcelo (2013) y que creemos de interés para la comunidad educativa:

- Profundidad: las innovaciones deberían promover un aprendizaje profundo y duradero en los alumnos, que vaya mucho más allá de la mera memorización o estudio de contenidos superficiales.

- Longitud: los cambios y las innovaciones deben tener una continuidad en el tiempo, es decir promover y cuidar su propia historia, integrando a los nuevos miembros y modificando continuamente la innovación para que siga viva.

- Anchura: la innovación tiene que fomentar la participación de muchas personas, de forma que se distribuya el conocimiento adquirido.

- Justicia: la innovación no debe perjudicar intencionadamente a nadie.

- Diversidad: las innovaciones deben fomentar y respetar la diversidad de ideas y prácticas y estar en contra de procedimientos estandarizados y lineales.

- Recursos: hay que cuidar los recursos tanto materiales como personales, reconociendo el esfuerzo de las personas involucradas y exigiendo en función de sus posibilidades.

- Conservación: los centros innovadores mantienen y defienden su propia historia y biografía institucional, manteniendo su identidad y mirando hacia su desarrollo presente y futuro.