( Henoc, Daniel, antropología, Apocalipsis, redacción). Literatura de carácter simbólico, que trata del surgi- miento del pecado y de la perversión
de la historia (caída angélica), con el conflicto entre aquellos poderes que intentan destruir o salvar a los hom- bres (ángeles* y demonios). Gran par- te del mensaje final de la Biblia se si- túa en un nivel apocalíptico, como muestran dos hechos principales: la re- dacción final de los textos proféticos del Antiguo Testamento, tal como aho- ra los conservamos, se ha realizado desde una perspectiva apocalíptica; por su parte, el Nuevo Testamento ha surgido y crecido en un contexto apo- calíptico, de revelación de las cosas escondidas. Ciertamente, tanto el Anti- guo como el Nuevo Testamento contie- nen estratos no apocalípticos, de tipo legal y sapiencial, profético y sacerdo- tal. Pero la apocalíptica ha influido de algún modo en la redacción final del conjunto de la Biblia. La apocalíptica se relaciona con la ley sacerdotal y con la experiencia sapiencial (como saben bien los esenios de Qumrán*); pero en sentido más profundo, ella va unida con la profecía y con el mesianismo: ella está vinculada a la revelación de la palabra de Dios y al compromiso ético de transformación humana que los profetas han proclamado en Israel.
(1) Profetas, apocalípticos y sabios. Como ha destacado la tradición kerig- mática protestante, que tiende a desta- car el valor de la profecía y a condenar el aspecto visionario y fatal (vengador) de la apocalíptica, pueden y deben pre- cisarse las diferencias entre profetas y apocalípticos. Los profetas critican la infidelidad y riesgo de la historia (so- bre todo israelita), porque quieren trans- formarla; los apocalípticos suponen que ella ha perdido su sentido, de ma- nera que Dios debe destruir este mun- do, creando un mundo nuevo para jus- tos o creyentes. Los profetas apelan a la libertad y responsabilidad humana; así abren un camino de transforma- ción ética, de cambio de la historia hu- mana, pues, según ellos, Dios habla en la historia. Los apocalípticos, en cam- bio, anuncian la presencia de agentes sobrenaturales (demonios y ángeles) que decidirán el futuro de la humani- dad. Los profetas preparan la obra his- tórica de Dios y buscan la respuesta fiel de los creyentes; los apocalípticos piensan que la hora final se encuentra decidida de antemano, de manera que los creyentes sólo pueden aguardar el tiempo definido para el juicio y fin del
mundo. A pesar de esas diferencias (más o menos marcadas según los ca- sos), podemos y debemos afirmar que la apocalíptica es hija legítima (aun- que no única) de la profecía, siendo hermana de la sabiduría, de manera que las imágenes y temas de la una perduran en la otra. Los motivos prin- cipales de la profecía, encuadrados en las nuevas circunstancias políticas y culturales de Israel en los siglos IV-III a.C., reinterpretados en un contexto sapiencial, desembocan en la apocalíp- tica, que, a pesar de su mayor distan- cia frente al mundo, sigue empeñada en entender o enriquecer la historia, para que los fieles (justos, elegidos) se mantengan firmes en la prueba. Ella ha sido y sigue siendo literatura de sa- biduría (conocimiento de la realidad oculta) y de resistencia. Por eso, los apocalípticos se presentan a sí mismos como sabios (cf. Dn 12,3). Así lo mues- tra Juan, autor del Apocalipsis, que se siente mensajero de Jesús, de manera que presenta su libro como Apocalipsis (o revelación) profética de Jesucristo.
(2) Origen. Teorías básicas. En el surgimiento y despliegue de la apoca- líptica han influido diversos factores de tipo político y religioso, que se de- sencadenaron de un modo especial tras la llegada del helenismo*, aunque estaban latentes desde tiempos anterio- res. La racionalidad política anterior, muy vinculada a la visión de los profe- tas, había fracasado. La ruptura del or- den persa y los estallidos militares vin- culados a las guerras helenistas (con los diádocos o sucesores de Alejandro Magno) implicaron, a finales del siglo IV a.C., el despliegue de una forma de vida que no podía entenderse ya con las categorías anteriores. Parecía que una inmensa maldición había descen- dido sobre el mundo, de tal forma que los matices proféticos anteriores se fueron perdiendo y muchos israelitas empezaron a entender la historia y a entenderse a sí mismos desde unas perspectivas de dualismo y lucha, que estaban ya presentes en la religión de los persas. En ese contexto, para expli- car el origen de la apocalíptica se han trazado diversas hipótesis: (a) ¿Mito mesopotamio? Algunos piensan que en el fondo de la apocalíptica hay un vie- jo mito mesopotamio, que hablaba de unos reyes-dioses, sabios antiguos, que conocían la realidad oculta de las co-
sas y salvaron a la humanidad de su desastre. Para interpretar su propia si- tuación de riesgo, los nuevos pensado- res judíos habrían reformulado la sabi- duría suprahistórica y politeísta de los mesopotamios de forma histórica y monoteísta. Según eso, los apocalípti- cos judíos serían ante todo unos sabios empeñados en resolver el problema del mal y el sentido de la historia. (b) ¿Teo- logía del templo de Jerusalén? Otros au- tores suponen que la apocalíptica sería una continuación de la teología del templo de Jerusalén, que (en contra de la teología del Norte: reino de Israel) destacaba la intervención judicial de Dios más que el pacto. Tras la caída del reino de Israel (721 a.C.) y, sobre todo, después del exilio, muchos judíos de Jerusalén habrían asumido la visión israelita del pacto, fundada en el diálo- go personal con Dios y en la responsa- bilidad del hombre, redactando en esa línea su Escritura (que se inicia con Gn 1–11). Pero otros judíos, más fieles a su propia tradición de Jerusalén, si- guieron poniendo en el centro de su teo- logía la intervención positiva de Dios, que ahora se realiza a través de inter- mediarios (ángeles y diablos). En esa lí- nea surgió la apocalíptica, con su visión dramática de la historia. (c) ¿Reinter- pretación judía del pensamiento helenis- ta? En ese contexto se puede afirmar también que las figuras celestes de la apocalíptica judía cumplen una función semejante a la que tienen las «ideas» griegas (especialmente significativas en el platonismo). Los griegos intentan superar la caducidad del mundo pro- yectando sobre el cielo las realidades eternas, entendidas como dioses; noso- tros pasamos, ellas quedan, son nues- tra esencia. En contra de eso, los vi- dentes judíos han proyectado sobre el cielo sagrado las figuras intermedias de los ángeles y diablos, entendidos como verdadera esencia de lo humano, principio antropológico. Es posible que los tres elementos se vinculen. Los apocalípticos son, ante todo, unos vi- dentes sabios que conocen el secreto del origen y meta de la vida humana, son hombres que buscan lo esencial y permanente, más allá de los cambios de la historia. En ese último plano, los apocalípticos acentúan el desnivel en- tre lo que existe (la situación actual) y aquello que se espera (la liberación escatológica). Por eso entienden este
mundo como diabólico y proyectan hacia el futuro un orden distinto, que no está en su mano, sino en la de Dios. Ellos han sido los creadores de una vi- sión antropológica que tendrá un gran influjo en toda la experiencia y pensa- miento posterior de Occidente.
(3) Los momentos básicos. Desde la base anterior podemos distinguir tres momentos principales de su historia. (a) La primera apocalíptica (1 Hen 6–36) nació en el tiempo de las guerras hele- nistas (al final del siglo IV a.C.), tras la muerte de Alejandro Magno, cuando los judíos percibieron que se desmoro- naban todas sus certezas anteriores. En este contexto se sitúan las primeras tradiciones de la literatura de Henoc. (b) La segunda apocalíptica (reflejada sobre todo por Daniel) se desarrolló cuando los seléucidas de Siria (del 175 al 164 a.C.), con la ayuda de un partido prohelenista de Jerusalén, quisieron imponer su unidad social y religiosa sobre su imperio, amenazando la iden- tidad y autonomía del pueblo israelita; en ese contexto se sitúan los movi- mientos y «sectas» (fariseos, esenios, celotas...) entre los que deben contarse varios grupos apocalípticos. (c) La ter- cera apocalíptica está vinculada a la crisis social y cultural del comienzo de nuestra era, que está unida al surgi- miento del cristianismo. En sentido histórico, esa crisis se puede centrar en torno a la guerra judía del 67 al 70 d.C., con el surgimiento de un judaís- mo posterior que ya no será apocalíp- tico y con el despliegue de un cristia- nismo que abandonará también su matriz apocalíptica.
(4) Problemática de fondo. En el sur- gimiento de la apocalíptica influyeron no sólo los problemas planteados por Gn 2–3 (división del bien-mal), sino también los de Gn 11 (la torre de Ba- bel): los grandes imperios, que querían construir con violencia su ciudad-torre, son violadores perversos que actúan en nombre de Azazel-Satán* (Semyaza). El pueblo de Israel, portador de una fuerte identidad religiosa de tipo nacio- nal, vivió traumatizado por el intento de «unificación mundial» de asirios, babilonios y persas (del 539 al 333 a.C.), intento que culmina y recibe su expresión definitiva con la expansión de los reinos helenistas, que, tras las conquistas de Alejandro Magno (a par- tir del 332 a.C.), quisieron favorecer un
sincretismo donde los antiguos cultos y costumbres nacionales vinieran a inte- grarse en un modelo universal de vida humana, de manera que el judaísmo perdiera su propia identidad. En esa línea, podemos afirmar que la apocalíp- tica surgió como respuesta judía, a par- tir de los retos y amenazas de la prime- ra globalización social y religiosa del oriente mediterráneo, que se inició con la conquista de Alejando Magno y que culminó para el judaísmo con la crisis de los macabeos* (en torno al 175-164 a.C.), cuando surgieron y se plantearon de una manera más intensa los grandes problemas de la identidad de Israel (macabeos*, Daniel*, Ester*). Unos ten- dieron a dejar a un lado los aspectos más específicos de la identidad judía, pactando con la cultura del entorno; se- rán los partidarios del proselitismo he- lenista, que fracasará tras el 70 d.C. Otros procuraron mantener la tradi- ción del pacto, en clave de fidelidad na- cional, pero reconociendo de alguna forma el valor de los poderes sociales no judíos; en esa línea surgirá el judaís- mo rabínico posterior, que tendió a su- perar las tensiones apocalípticas. Otros, más influidos por los cambios sociales y por la amenaza de unas guerras que parecen anunciar el fin del mundo, fija- rán su experiencia en claves de ruptura total, en línea apocalíptica.
(5) Contexto helenista. La segunda apocalíptica (apocalíptica* 2) está vin- culada al rechazo del riesgo de asimi- lación helenista* del tiempo de los ma- cabeos*. Los judíos que se sintieron amenazados respondieron de diversas maneras, marcando lo que será en lo esencial la historia del judaísmo y del cristianismo posterior. (a) Asimilación. Algunos judíos identificaron al Yahvé del pacto antiguo con el Zeus Olímpico de Grecia, entendido de un modo uni- versal, de modo que Israel debía inte- grarse, ofreciendo su propia aporta- ción, dentro del orden de la cultura mundial, aceptando el sincretismo do- minante. Ésa fue la opción del partido helenista, poderoso en el momento de la crisis helenista, cuando los reyes de Siria y muchos sacerdotes judíos de la clase alta quisieron convertir a Jeru- salén en una polis autónoma al estilo griego (cf. 2 Mac 4–5). (b) Rebelión po- lítica. Los macabeos, miembros de una familia sacerdotal menos elevada y otros muchos judíos, interpretaron ese
pacto con la cultura helenista como apostasía religiosa y nacional, y res- pondieron con las armas para defen- der las tradiciones nacionales, es decir, la autonomía social, religiosa y cultu- ral del pueblo; a su juicio, Israel no po- día integrarse en la cultura global do- minante, sino que tenía que conservar su independencia, en un plano más político-militar (1 Mac) o más religioso- sapiencial (2 Mac). (c) Protesta apo- calíptica. Algunos entendieron la asi- milación helenista como signo de perversidad completa, como expresión de un tipo de invasión angélica: los verdaderos enemigos de Israel no eran hombres concretos, como los helenis- tas, sino poderes satánicos, en los que se expresaba un pecado sobrehumano, propio de Azazel y de los grandes espí- ritus perversos. Era imposible la asi- milación al helenismo y carecía de sen- tido la lucha militar (al menos en su forma externa). Sólo una revelación nueva de Dios y un cambio radical en las condiciones de la misma vida hu- mana podía resolver la crisis. Por eso, los representantes de la apocalíptica no eran partidarios de una guerra na- cional, sino que querían ser soldados de una guerra de Dios, dirigida por ejércitos celestes, como se dice en los grandes textos que van de 1 Henoc y Daniel al Cuarto Esdras o al Apocalip- sis. (d) Fidelidad moral. Es una actitud que de algún modo puede hallarse en los momentos anteriores, pero que se expresa de un modo especial en grupos que, sin dejarse asimilar por el helenis- mo ni buscar la ruptura apocalíptica, quieren recrear los principios de la vi- da israelita desde una perspectiva so- cial y personal, reinterpretando en esa línea los principios básicos de la Ley antigua. En ese contexto podemos ha- blar de los fariseos*, que están en la base del judaísmo rabínico posterior, que se ha extendido y triunfado desde el siglo II d.C., al lado del cristianismo mesiánico y apocalíptico. También los cristianos, aunque en su origen han tenido elementos apocalípticos, pue- den situarse en esta línea por la im- portancia que han dado a los valores de la fidelidad moral, retomando los mejores elementos de la tradición pro- fética.
Cf. G. ARANDA, F. GARCÍAy F. PÉREZ, Litera-
tura judía intertestamentaria, Verbo Divino,
calyptic, WMANT 61, Neukirchen 1988; B.
MCGINN, H. J. COLLINSy S. STEIN(eds.), The
Encyclopaedia of Apocalypticism I-III, Nueva
York 1998s; G. W. E. NICKELSBURG, Jewish
Literature between the Bible and the Mish- nah, SCM, Londres 1981; D. S. RUSSEL, The
Method and Message of Jewish Apocalyptic,
SCM, Londres 1971; El período intertesta-
mentario, Casa Bautista, El Paso TX 1973.
APOCALÍPTICA