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B IBLIOGRAFÍA C ENTENARIO B UÑUEL

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A modo de balance

B IBLIOGRAFÍA C ENTENARIO B UÑUEL

LIBROS Y MONOGRAFÍAS:

• XAVIERBERMÚDEZ: Buñuel, espejo y sueño, Valencia, Ediciones de la mirada/Tarvos, 2000. • LUISBUÑUEL, HUGOBUTLER, JEANROUVEROLBUTLER(ED.): La joven, Teruel-Zaragoza,

Instituto de Estudios Turolenses, 2000

3. LU I S FE R N Á N D E Z CO L O R A D O:

“Buñuel, Urgoiti y Filmófono”, Ar-

chivos de la Filmoteca, nº 34; MARI-

NADÍAZ: “Algunas precisiones en

torno a ciertos melodramas cita- dinos mexicanos de Buñuel”, Ar-

chivos de la Filmoteca, nº 35. Véase,

a este respecto, el artículo pionero de MANUELPALACIO“El cine de van- guardia” —en MANUEL PALACIO YJULIO

PÉREZPERUCHA(COORDS.): Historia Ge-

neral del cine, vol V, Madrid, Cáte-

dra, 1997— en el que se analiza la re-

cepción inicial de Un chien andalou en España.

Recordando a Luis Buñuel: los

L

i b r o s d e l c e n t e n a r i o

Juan Carlos

I

b á ñ e z

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• JOSÉLUISCANO: La santa infancia de Luis Buñuel, Zaragoza, Ediciones del Astral, 1999. • MARISOLCARNICERO/DANIELSÁNCHEZSALAS(COORDS.): “En torno a Buñuel”,

Cuadernos de la Academia, nos7-8, 2000.

• ROMÁNGUBERN: Proyector de luna, Barcelona,Anagrama, 1999.

• MERCÈIBARZ: Buñuel documental.Tierra sin pan y su tiempo, Zaragoza, Prensas Universitarias de Zaragoza, 1999.

• JUANJOSÉPORTO: El espíritu de la libertad, Madrid, Caballo loco ed., 1999.

• LUISCARLOSPORTOLÉSRODRÍGUEZ: Narrativa literaria y narrativa fílmica. Buñuel, primeros

suspiros, Zaragoza, Gorfi, 1999.

• VICENTESÁNCHEZ-BIOSCA: Viridiana, Barcelona, Paidós, 1999.

• CÉSARSANTOSFONTELA: Buñuel. Es peligroso asomarse al interior, Madrid, Jaguar, 2000. • MANUELE.VILLEGASLÓPEZ(ED.): Escritos de Luis Buñuel, Madrid, Páginas de espuma, 2000. • MANUELE.VILLEGASLÓPEZ: Sade y Buñuel, Teruel-Zaragoza, Instituto de Estudios

Turolenses, 1998

CATÁLOGOS DE EXPOSICIONES:

• Buñuel 100 años. 100 ans. Prohibido asomarse al interior, Madrid, Instituto Cervantes, 1999.

• Buñuel 1900-2000, Dirección General de Acción Cultural, Biblioteca Nacional. • Buñuel en tres dimensiones, Zaragoza, Gobierno de Aragón, 1999

• Las Hurdes, tierra sin pan. Un documental de Luis Buñuel, Badajoz, Junta de Extremadura, 1999. Xunta de Galicia, 1999

• Luis Buñuel, el ojo de la libertad, Huesca, Diputación de Huesca, 1999. • Tierra sin pan y los nuevos caminos de las vanguardias,Valencia, IVAM, 1999. • Luis Buñuel, el ojo de la libertad, Madrid, Residencia de Estudiantes-ICO, 2000. • Luis Buñuel, los enigmas de un sueño, Zaragoza, Gobierno de Aragón-Diputación

Provincial de Huesca, 2000.

REVISTAS:

• Nickel Odeón, invierno, 1998. • Turia, nº 50, 1999.

T

he article explores current perspectives on the life and

work of Luis Buñuel, taking as its point of departure the books published in Spain at the centennial celebration of his birth. Among other question taken up is, for example, the interplay between Buñuel’s imagery and the construction of historic discourse, or the recent appearance of new interpretative focuses.

a b s t r a c t

In Memory of Luis Buñuel: Centennial Anniversary Books

Siguiente Sumario

“Muchos años más tarde, en 1951, de nuevo en Pa- rís, volví a ver a Luis Buñuel en casa de unos amigos: Gaston y Betty Bouthoul. Durante esa temporada lo vi con cierta frecuencia, estuvo en mi casa y finalmente, un día, me llamó para confiarme una misión: presentar su filme Los Olvidados en el Festival de Cannes de ese año. Acepté inmediatamente y con estusiasmo. Había visto esa película, en una exhibición privada, con André Breton y otros amigos… Apenas llegué a Cannes me entrevisté con el otro delegado de México. Era un pro- ductor y exhibidor de origen polaco que vivía en París. Me dijo que estaba al corriente de mi nombramiento como delegado mexicano ante el Festival y me señaló que nuestro país había enviado al Festival otra película En realidad, Buñuel participaba en el Festival a título personal, invitado por los organizadores franceses. Me dijo también que había visto Los Olvidados en París y que le parecía, no obstante sus méritos artísticos, una película esotérica, esteticista y a ratos incomprensible. A su juicio no tenía la menor posibilidad de ganar algún premio. Agregó que varios altos funcionarios mexica- nos, así como numerosos intelectuales y periodistas, re- probaban que se exhibiese en Cannes un filme que de- nigraba a México... El escepticismo de mi colega en la delegación de México estaba compensado por el entu- siasmo y la buena voluntad que mostraron varios ami- gos, todos ellos admiradores de Buñuel. Entre ellos el legendario Langlois, director de la Cinemateca de París, y dos jóvenes surrealistas, Kyrou y Benayoun, que hacían una revista de vanguardia: L’Age du Cinéma. Visitamos a muchos artistas notables que vivían en la Costa Azul, in- vitándolos a la función en que se iba a exhibir la pelícu-

la. Casi todos aceptaron. Uno de los más decididos a manifestarse a favor de Buñuel y del arte libre fue, para mi sorpresa, el pintor Chagall. En cambio Picasso se mostró huidizo y reticente; al fin, no se presentó. Re- cordé su actitud poco amistosa con Apollinaire en el asunto de las estatuillas fenicias. El más generoso fue el poeta Jacques Prévert. Vivía en Vence, a unos cuantos kilómetros de Cannes; lo fuimos a ver Langlois y yo: le contamos nuestros apuros y a los pocos días nos envió un poema en homenaje a Buñuel, que nos apresuramos a publicar. Creo que causó cierta sensación entre los críticos y los periodistas que asistían al Festival… “1.

Frente a la explicitación y detallismo de Paz, la dis- creción y parquedad de Buñuel en todas sus declara- ciones y testimonios al referirse al mismo tema. Val- gan como muestra estos dos ejemplos: “Todo cambió —dice en sus memorias— después del festival de Can- nes en que el poeta Octavio Paz —hombre del que Breton me habló por primera vez y a quien admiro des- de hace mucho— distribuía personalmente a la puerta de la sala un artículo que había escrito, el mejor, sin duda, que he leído, un artículo bellísimo”2y en la entre-

vista con De la Colina y Pérez Turrent: “En cambio, allá en Francia, el embajador de México, el poeta Torres Bodet, no era muy partidario, ni mucho menos, de la película, pero su secretario era Octavio Paz, que sí esta- ba a favor del film, y a pesar del puesto que tenía en la embajada, escribió un texto de presentación sobre Los

Olvidados. Yo a Octavio lo conocía desde hacía muy

poco: de cuando presenté la película, en París, a los amigos surrealistas. A estos y al mismo Breton la pelícu- la les gustó”3.

DOCUMENTOS

L U I S B U Ñ U E L

Octavio Paz y Luis Buñuel: las cartas de Los Olvidados

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No mucho más, salvo quizás sus repercusiones políti- cas, vamos a encontrar sobre el episodio en palabras de Buñuel, quien, tras la citada presentación, siguió a dis- tancia los acontecimientos merced a las informaciones que, durante un mes escaso, le transmitía por carta desde Cannes el poeta mexicano. Así, es notorio que desde un primer momento, Octavio Paz se plantea su tarea con un encomiable entusiasmo, como si de una batalla se tratara, de ahí que afloren desde el principio términos belicistas, ese “orgullo de pelear” por algo —y por alguien— que se le antoja importante no solo des- de el punto de vista artístico (Buñuel en ese momento era una leyenda de la vanguardia que había que rescatar del olvido como fuera) sino también desde la óptica de su condición de representante mexicano en el exterior. Es por ello que las cuatro cartas expresan los “momen- tos” cruciales de esa particular contienda que sostiene contra el jurado del Festival de Cannes para ver cumpli- do el objetivo de lograr una plataforma de notoriedad para Buñuel y para su país: la declaración de la estrate- gia a seguir (carta nº1), la narración pormenorizada del primer contacto de la película con la arena competitiva (carta nº2), la constatación de la esperanza en el triunfo (carta nº3) y, finalmente, la recapitulación (carta nº4) razonada, el recuento de los “entresijos”, que deviene tras el descanso del guerrero.

Pero lo que inicialmente más sorprende es la seguri- dad absoluta que tiene Paz en el éxito de la película (ese “de todos modos tendrá un premio”), y que para obtenerlo resultaba fundamental poder contar con los amigos “notables” apoyados por la “infantería” creando una “atmósfera de expectación” adecuada y alcanzando una difusión acorde con los tiempos en los medios im- presos y radiofónicos entonces en boga; en suma, que Paz se nos muestra como un consumado estratega de la agitación cultural, como un pionero en la creación y coordinación de un lobby cinematográfico sin cuyo con- curso, desde luego, Buñuel no hubiera recuperado el pulso europeo, que en su caso suponía volver a ocupar un lugar de vanguardia en la trayectoria del cine mun-

dial. Entre sus componentes cabría destacar como los auténticos pesos pesados —y las cartas dan cumplido testimonio de la actuación de cada uno— a Cocteau y a Prévert dentro del núcleo “intelectual” (sin olvidar a Chagall) aunque tampoco habría que descartar la con- tribución del núcleo “cinéfilo” (los Langlois y Kyrou prin- cipalmente) que tendrán no escasa influencia en el co- nocimiento y apreciación futura del cine de Buñuel.

Mención aparte merecen las referencias a Picasso y su ausencia en el momento decisivo (aunque no sus amigos), insinuándose su cambio de actitud como con- secuencia de una “política de partido”, lo que nos sitúa dentro de las repercusiones políticas de la película y so- bre las que encontramos jugosas apreciaciones en rela- ción con los otros dos protagonistas principales del asunto: Pudovkin y Sadoul. No hay que olvidar que nos encontramos en pleno dominio neorrealista —que el propio festival confirma con la distinción suprema a Mi-

lagro en Milán, aunque se trate de una versión edulcora-

da— y que, por ello mismo, las reacciones “condiciona- das”, los “cambios de actitud”, sobre todo de Sadoul, y polémica suscitada por su película, y que Buñuel suele recordar en sus declaraciones, no dejan de ser elocuen- tes del estado de división ideológica en el que se en- contraban los intelectuales comunistas en relación con la estética del realismo ortodoxo, situación que, acaso,

Los Olvidados, si no provoca, sí al menos ayuda a que

aflore a la superficie; a este respecto, las cartas pueden ser ilustrativas de dicho momento histórico ❍

Javier Herrera

1. OCTAVIOPAZ: “Cannes, 1951: Los Olvidados” en Obras

completas, México 1982, vol. 3, pags. 230-232. Puede con-

sultarse también en www.fundacionpaz.org.mx/calenda- rop/2000_febrero_bunuel.html.

2. LUISBUÑUEL: Mi último suspiro. 6ª ed., Barcelona, Plaza y Janés, 1987, pag. 245.

3. JOSÉ DE LACOLINA-TOMASPÉREZTURRENT: Luis Buñuel.

Prohibido asomarse al interior, México, Joaquin Mortiz, 1986,

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CARTANº 1

Cannes, 5 de Abril de 1951 3 hojas manuscritas

Archivo Buñuel. Filmoteca Española/Residencia de Estudiantes (Membrete en rojo del Carlton Hotel)

Abril 5 de 1951 Querido Luis Buñuel:

Damos la batalla por Los Olvidados. Estoy orgulloso de pelear por usted y su pelí- cula. He visto a sus amigos. Todos están con usted. Prévert le manda un abrazo. Pi- casso lo saluda. Los periodistas inteligentes y los jóvenes están con usted. Vuelven un poco, gracias a Los Olvidados, los tiempos heroicos. He organizado una reunión “ínti- ma” unas horas [después] de la exhibición de su película (el domingo 8). Contamos con Prévert, Cocteau, Chagall, Trauner y otros para esa reunión (amén de todos los periodistas y críticos con algo en la cabeza o en el corazón o en otra parte). Picasso —sin que se lo pidiéramos— ha declarado públicamente que irá a la presentación de

Los Olvidados. Si el jurado premia su película (lo cual no es imposible) pensamos pu-

blicar un folleto o una declaración conjunta con las gentes mejores. De todos modos

Los Olvidados tendrá un premio, pero nosotros aspiramos al Gran Premio (los rivales

más serios son los italianos, los ingleses y los rusos). Aún en el caso improbable, casi imposible, de una derrota total, hemos ganado en la opinión. La prensa hablará —y hablará mucho— de Los Olvidados. Tenemos seguro, además, el premio de la crítica, en caso de no obtener el Gran Premio o el de dirección.

Deprisa, he escrito algo sobre usted*. Será distribuido en francés, el día 8. Después creo que obtendré un texto de Prévert. La copia que le envío (escrita anoche en una inservible aunque reluciente máquina de escribir suiza) le sugiero que sea publicado en

Novedades. Hable con Benítez, de mi parte. Es poco, para lo mucho que es usted, pero

no tuve tiempo de hacer nada mejor. Un abrazo,

Octavio Paz

* El texto que escribe Octavio Paz en Cannes al que alude en la primera carta y que co- loca en diversas revistas francesas lleva por título en su primera versión “Pourquoi le Me- xique présente au Festival de Cannes seulement un film: Los Olvidados” (Filmoteca Espa- ñola/Residencia de Estudiantes. Archivo Buñuel-2015). Luego, tras algunas modificaciones, será incluido en su libro Las peras del olmo de 1957 bajo el título de “El poeta Buñuel”. En la edición que manejamos (Seix Barral 1984) no se encuentra el añadido con la referencia a Halfter.

O c t a v i o P a z y L u i s B u ñ u e l

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CARTANº 2

Cannes, 11 de Abril de 1951 6 hojas manuscritas

Archivo Buñuel. Filmoteca Española/Residencia de Estudiantes M. Luis Buñuel

Mexico, D.F. Querido Buñuel:

Ayer presentamos Los Olvidados. Creo que la batalla con el público y la crítica la he- mos ganado. Mejor dicho, la ha ganado la película. No sé si el Jurado le otorgará el Gran Premio. Lo que sí es indudable es que todo el mundo considera que —por lo menos hasta ahora— Los Olvidados es la mejor película exhibida en el Festival. Así, tenemos se- guro (con, naturalmente, las reservas, sorpresas y combinaciones de última hora) un premio.

Ahora le contaré un poco como pasaron las cosas. El día 1 de abril (apenas supe que era delegado gubernamental, entrevisté a Karol, delegado de la industria (o de los distri- buidores, no sé aún a ciencia cierta). Karol y su mujer se mostraban totalmente escépti- cos. No solamente no creían en su película, sino que adiviné que no les gustaba. Claro que me pareció inútil discutir con ellos. Sabía que en ocho días —y ante opiniones de gente que ellos consideran— cambiarían. Así ocurrió. Ahora Karol proclama que Los Ol-

vidados obtendrá el gran premio.

Cuando llegué a Cannes (el 3) me dí cuenta que ni México ni Karol habían prepara- do la presentación. No teníamos folletos, publicaciones, nada. Tampoco había hecho la menor propaganda, ni se había utilizado la admiración y la amistad que aquí le profesan. Mi primera preocupación fue movilizar la opinión. Por fortuna, el mismo día 3, encontré varios amigos (periodistas y cineastas) que con todo desinterés —y por amistad hacia su obra— se dedicaron a hacer de Los Olvidados “el film del Festival”. Entre ellos debo mencionar a Simone Debreuilh (amiga suya), Kyrou (un chico amigo de Breton), Frédé- ric y Langlois (de la Cinemateca), etc. En primer término visitamos a Prévert (que se ha portado de un modo maravilloso), logramos la colaboración de Cocteau y Chagall (Pi- casso que prometió asistir, no pudo o no quiso —¿política de partido?— concurrir a la representación. De todos modos sus amigos estuvieron con nosotros). Movilizamos también a lo que los políticos mexicanos llaman “la infantería” del Festival, periodistas, secretarias, etc. Prévert declaró que se trataba de una gran película. Cocteau llamó va- rias veces a la Secretaría General, pidiendo boletos, etc. Finalmente, 24 horas antes dis- tribuimos el texto que escribí sobre usted. En suma, creamos una atmósfera de expecta- ción. Hay que decir que Karol, los últimos días, “despertó” y nos ayudó. Danztinguer (¿se escribe así?) se presentó a última hora y —aunque tarde— también fue eficaz.

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Ayer el teatro estaba lleno, como en los grandes días. Algo iba a pasar. Distribuimos a nuestros amigos estratégicamente. Pero no hubo batalla. La película ganó al público, aunque —claro está— parece que hay inconformes: los “refinados” y algún grupo co- munista (esto último no lo puedo asegurar, aunque me dicen que Sadoul encontró el film demasiado “negativo” e “inutilizable”). El público aplaudió varios fragmentos: el del sueño, la escena erótica entre el Jaibo y la madre, la del pederasta y Pedro, el diálogo entre Pedro y su madre, etc. Al final, grandes aplausos. Pero, sobre todo, una profun- da, hermosa emoción. Salimos, como se dice en español, con la garganta seca. Hubo un momento —cuando Jaibo quiere sacarle los ojos a Pedro— que algunos sisearon. Fueron callados por los aplausos.

Los comentarios no pueden ser más entusiastas. Prévert declaró que era la mejor película que había visto en los últimos diez años. Cocteau citó a Goethe, quien había afirmado que el mejor músico de su época era Bethoven. ¿Y Mozart? le dijeron: “Mo- zart no es el primero ni el segundo; es único, está aparte”. Así dijo de Buñuel. Ni es el primero, ni el segundo. Es único. Está solo. Pudovkin afirmó que se trataba de un gran film lleno de optimismo en los valores humanos*. Esta opinión desconcertará a los pe- riodistas comunistas. Hoy por la mañana la Radiodifusión francesa visitará a todas esas personalidades para pedirles opiniones. Ya se las enviaremos. También les remitiremos los recortes de prensa. Y por de pronto puede usted utilizar para la prensa lo que le cuente —omitiendo, naturalmente, los detalles íntimos que son solo para usted, como la actitud de Karol.

Tengo que pedirle un favor: agregue, en la página cinco del artículo que le envié, a continuación de “grandes y pequeñas estrellas”, lo siguiente: “Sabíamos que Rodolfo Hafter (sic) es un gran músico. Ignorábamos que la música —arte dotado de irreducti- bles poderes de encantación— era de tal modo capaz de fundirse a la acción. Imagen visual, sonido y movimiento fílmico forman un todo indivisible. La música de Hafter (sic) posee una calidad que no es exagerado llamar interior. Quiero decir: no acompa- ña al drama, no lo subraya, ni lo comenta: brota de la acción, es su respuesta fatal, y su necesario complemento. ¡Lograda unidad!”

Le ruego agregar este párrafo porque no solo me parece justo, sino porque no me perdonaría a mí mismo haber olvidado a Hafter. Asímismo le suplico que mande copiar el artículo y se lo envíe a Fernando Benítez, director de Novedades. Sería bueno que el artículo apareciera con una breve nota en la que se mencionase el éxito de Los Olvida-

dos y las opiniones que le transcribo en esta carta.

Y nada más, sino un cordial saludo de su amigo**, Octavio Paz

[En un recuadro a la derecha: “Le escribiré después con nuevos detalles”.]

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