22:1. Las llanuras de Moab. Se trata de la ancha planicie o región de estepas inmediatamente al norte del mar Muerto y al este del río Jordán, opuesta a las “llanuras de Jericó” (Jos. 4:13). Su ubicación sirve como trampolín para la entrada a Canaán.
22:2. Balac de Moab. El rey de Moab Balac no aparece en otras fuentes históricas. De hecho, se ha recuperado muy poco respecto a la historia de Moab aparte de la información de la inscripción de Mesa en el siglo IX. Debe recordarse que el título “rey” pudo haberse usado para gobernantes de vastos imperios o, lo que es más probable en este caso, para gobernantes de menor escala o líderes tribales.
22:4-7. Los madianitas. Eran un pueblo que vivía en la parte sur de la región transjordana. Se los describe como descendientes de Abraham y Que- tura (Gen. 25:1-6) y actuaban como comerciantes en caravanas de acuerdo con el relato de José (Gén. 37:25-36). Moisés se unió al clan madia-
nita de Jetro después de huir de Egipto (ver el comentario sobre Éxo. 2:15), pero ellos no se unieron a los israelitas en la conquista de Canaán. En el relato de Balaam, los ancianos madianitas estaban aliados con los moabitas y participaron en la contratación del profeta que debía maldecir a Israel. 22:4-20. Balaam en Deir Alia. En 1967 una expedición arqueológica holandesa dirigida por H. J. Francken descubrió algunas piezas de barro con inscripciones en un sitio del Jordán llamado Deir Alia. Aparentemente, los fragmentos fueron escritos en *arameo y datan de alrededor del 850 a. de J.C. Mencionan a Balaam, hijo de Beor, el mismo personaje que es descrito como adivino en Números 22—24. Aunque el texto es muy fragmentario, con muchos intervalos y palabras inciertas, se puede establecer que Balaam era un adivino que recibió un mensaje divino durante la noche y que no era lo que sus vecinos esperaban oír. Es cuestionable si este texto se refiere a los hechos narrados en la Biblia, pero sí establece una tradición extrabíblica común en el siglo IX sobre un profeta llamado Balaam. Puede ser que la notoriedad de Balaam haya sido tan grande que siguió siendo una importante figura profética durante siglos y así es cómo se lo puede identificar con los relatos israelitas anteriores del tiempo de la conquista.
22:5. Petor. Probablemente deba identificarse con Pitru en el río Sajur, un tributario del alto Eufrates, ubicado a unos 20 Ion de Carquemis en el norte de Siria. Como en Números 23:7 se dice que Balaam había sido llevado desde *Aram, esta identificación parece adecuada. Sin embargo, la distancia que eso implicaba (unos 640 km) ha hecho que algunos busquen más cerca de Moab para ubicar a Petor. 22:6. La posición profética de Balaam. En Josué 13:22, Balaam es descrito como adivino, mientras que en Números 22:6 se dice que era un hombre cuyas maldiciones y bendiciones eran efectivas. Era de la zona del norte de Mesopotamia, cerca de Carquemis, y tenía mucha reputación como verdadero profeta. A lo largo de la narración de Números 22—24, Balaam le recuerda continuamente a B.alac que él sólo puede decir las palabras que Dios leíha dicho que hable (Núm. 22:18, 38; 23:12, 26; 24:13). Aunque Balaam usaba sacrificios rituales para obtener la respuesta divina, no es considerado simplemente como un adivino. La
NÚMEROS 22:6-22
adivinación, aunque a veces era usada por los pro- fetas mesopotámicos, más a menudo se la asociaba con quienes tenían *cultos en los que examinaban los animales sacrificados o las condiciones naturales (el vuelo de las aves, etc.). En cada caso, parece que Balaam tenía comunicación directa con Dios y que entonces declaraba a Balac la palabra de Dios en forma de *oráculos. Esa es la forma típica del mensaje profètico que se encuentra en los libros de Isaías, Jeremías y otros profetas israelitas. Los *oráculos orales también aparecen en más de 50 textos de *Mari (pocos siglos antes de Balaam, a unos 400 lem río abajo desde Carque- mis). Por medio de laicos o personal del templo, se ofrecían varios mensajes a Zimri-lim, rey de Mari, de parte de varias deidades. Por lo tanto, es claro que la actividad profètica en el antiguo Cercano Oriente no era rara en ese tiempo. 22:6. El poder de una maldición. Las maldiciones atraían la ira de la deidad sobre personas, grupos, ciudades o lugares. Podían ser compuestas o declaradas por cualquiera con la intención de pro- ducir muerte, destrucción, enfermedad o derrota. También era empleada una realización ritual, como en un texto heteo que requería que se derramara agua y se declarara una maldición contra cualquiera que hubiera dado al rey agua “contaminada” para beber. A menudo, las maldiciones eran acompañadas por acuerdos de *pacto o tratado que implicaban el poder de los dioses como asignatarios, y para advertir de su peligro a quienes quebrantaran el tratado. Sin embargo, la maldición podía tener efectos negativos también sobre el que la profería. La pena capital era impuesta a los que maldecían a sus padres (Éxo. 21:17) o a Dios (Lev. 24:11-16). En la tradición israelita que se expresa en la narrativa de Balaam, sólo *Yahvé era capaz de cumplir una maldición y ningún profeta que actuara por sí mismo podía maldecir efectivamente a nadie. Pero Balac describe a Balaam como alguien tan en contacto con los dioses que tanto sus bendiciones como sus maldiciones siempre eran efectivas. En efecto, se suponía que el profeta, como intermediario o representante de un dios, era capaz de interceder para bien o para mal ante el dios o los dioses. Pero Balaam lo descartaba, diciendo que él sólo podía decir lo que Dios le decía. 22:7. La tarifa por la ^adivinación. Se suponía que sería pagada una tarifa o recompensa por una
información vital (ver 2 Sam. 4:10). Los adivinos, así como los practicantes de una religión, debían ser pagados por sus servicios (1 Sam. 9:8). Sin embargo, Balaam no recibiría su paga hasta que maldijera a los israelitas (Núm. 24:11). Así es comò esto pudo ser simplemente un ofrecimiento más que un anticipo por sus servicios.
22:18. Balaam y Yahvé. Si Balaam era realmente un profeta mesopotámico que hablaba en nombre de muchos dioses, parece inusual que se refiriera a *Yahvé como “el Señor mi Dios”. Es perfectamente posible que estuviera familiarizado con el Dios de Israel, al menos por su reputación (ver las palabras de Rahab en Jos. 2:9-11). O podría referirse con aquellos términos íntimos a cualquier dios con que tratara para demostrar su autoridad profètica. El interés de Balac en Balaam parece haberse basado en su capacidad para invocar bendiciones o maldiciones, sin importar a qué dios estaba apelando. Hay pocos motivos para mantener que Balaam servía exclusivamente a Yahvé.
22:21-35. Dios se opone luego de enviar. Hay veces cuando parece que ha habido un extraño cambio de opinión de parte Dios. El Señor llamó a Jacob (Gén. 31—32) y a Moisés para ir a determinado lugar pero luego los detuvo en el camino. En cada caso, Dios realmente quería que ese individuo hiciera el viaje, pero tenía un asunto que arreglar primero. 22:22-35. El ángel del Señor. En el mundo antiguo, la comunicación directa entre los jefes de estado era algo poco común. El intercambio diplomático y político normalmente requería el uso dé un intermediario. El mensajero que cumplía ese papel era un representante con plenos poderes de parte del representado. Hablaba de su parte y con su autoridad. Se le daba el mismo trato que hubiera recibido el representado si hubiera estado presente. Si bien ése era el protocolo habitual, no había ninguna confusión sobre la identidad personal. Todo ese trato servía simplemente como reconocimiento adecuado del individuo a quien representaba. Se hacían obsequios entendiendo que pertenecían al representado y no al representante. Se esperaba que lo que se decía al representante sería informado en minucioso detalle y se lo entendía como algo dicho directamente al individuo representado. Cuando el representante decía palabras oficiales, todos entendían que no estaba hablando por sí mismo sino que simplemente estaba pre
NÚMEROS 22:28—24:1 sentando las palabras, opiniones, políticas y deci-
siones de su mandatario. De la misma manera, el ángel del Señor servía como mensajero o enviado real dotado de la autoridad de quien mandaba el mensaje. La palabra que en hebreo describe lo que hizo el ángel del Señor essatan. Este ser no es el “acusador” o “adversario” personificado que se encuentra en Job 1—2 y Zacarías 3:1. El término se usa sólo para explicar el papel enemigo que jugaba el ángel. 22:28-30. Animales que hablan. El único otro caso en la Biblia de un animal que habla es el diálogo entre Eva y la serpiente en Génesis 3:1-5. En ese caso, la serpiente es descrita como el más astuto de los animales y es posible que fuera el único que podía hablar. En el relato de Balaam, el asno puede hacerlo sólo después de que Dios le da esa capacidad. Estas historias son identificadas comúnmente como fábulas y eran muy populares en la literatura tanto antigua como reciente. Generalmente tienen un tema de sabiduría y su finalidad es la de establecer o cuestionar verdades básicas. Entre los ejemplos del antiguo Cercano Oriente, se cuentan las reses parlantes en laHistoria de dos hermanos de Egipto y el diálogo entre el leopardo y la gacela en las Enseñanzas de *Ahicar de Asiria. El efecto de un animal parlante en esta historia es el de dejar en claro a Balaam que Dios puede hablar por medio de cualquier ser viviente que él elija, sin que eso sea mérito del mismo.
22:36-41. Geografía. Desde la ciudad de Ar, cerca de la frontera norte de Moab, los dos prosiguieron hacia el norte hasta Quiriat-juzot y Bamot-baal. Ar (ver 21:15) no ha sido identificada con certeza, pero generalmente se la relaciona con la moderna Balua, a lo largo del tributario sur que seguía el “Camino real” hasta el Arnón. Se desconoce la ubicación de Quiriat-juzot, así como la de Bamot- baal. Algunos ubican esta última unos 50 km al norte de Ar en el “Camino real”, aunque otros la colocarían mucho más al norte, muy próxima a donde habían acampado los israelitas.
23:1. Los siete altares. El número siete a menudo es presentado en la Biblia y puede asociarse con los siete días de la creación o el hecho de que es un número primo (ver 1 Rey. 18:43; 2 Rey. 5:10). En ninguna otra parte de la Biblia aparece la construcción de siete altares para sacrificios. Esto puede relacionarse con un *ritual no israelita en el que cada uno de los altares estaba dedicado a un dios
diferente. Era concebible que cuando se acordaba un tratado internacional y se apelaba a dioses como testigos del acuerdo (como en el tratado entre el rey * asirio Esar-Haddon y Baal de Tiro, quien apeló a los “siete dioses”), se levantaran altares y se hicieran sacrificios a cada dios delante de ellos (ver Gén. 31:44-54). Pero también en contextos que no eran de tratados en Mesopotamia hay testimonio de esta práctica de usar siete altares a fin de ofrecer siete sacrificios simultáneamente ante los diferentes dioses.
23:1. Los sacrificios de toros y carneros. Eran las cabezas de ganado más apreciadas y valiosas en el antiguo Cercano Oriente, y por eso su sacrificio debe haber significado un esfuerzo supremo por parte de los adoradores para complacer al dios o a los dioses y conseguir su ayuda. El sacrificio de siete de estos animales también se encuentra en la ofrenda de Job por el pecado de sus tres amigos (Job 42:8).
23:3. El cerro para la revelación. Se discute la traducción “cerro”, y el significado de la palabra hebrea es discutible. Según el contexto, parece claro que Balaam se apartó de los moabitas para practicar su *adivinación a solas. Esto podía ser un requisito del *ritual o quizá por el deseo de Dios de comunicarse directamente sólo con él. En cualquier caso, los lugares altos son asociados con frecuencia con los dioses y sus revelaciones (Sinaí, Zafón, Olimpo). 23:4. El encuentro con Dios (*Elohim). En el mundo antiguo, los mensajes de la deidad generalmente llegaban por medio de sueños, comunicaciones de los muertos o el personal del templo en trances proféticos. El lenguaje no sugiere aquí ninguna de estas opciones, aunque no se describe la naturaleza del encuentro de Balaam con Dios. 23:14. Zofim/Pisga. “Zofim” significa “vigilantes” u “observar”. Usado en relación con Pisga, el término genérico para los promontorios de la planicie moabita que mira al oeste hacia Canaán (ver Núm. 21:20); Zofim simplemente significa que Balaam fue a un punto de observación conocido para esperar una señal de Dios. Es posible que pretendiera observar el vuelo de las aves a fin de recibir un'agüero. Esta práctica no sólo era común en la *adivinación en Mesopotamia sino algo que la inscripción de Deir Alia (ver el comentario sobre 22:4-20) parece relacionar con Balaam.
24:1, 2. La diferencia entre el método de Balaam y el papel del Espíritu de Dios. Como profeta
NÚMEROS 24:5-24
mesopotámico, los procedimientos usuales de Balaam cuando invocaba un dios o buscaba un agüero, debieron haber hecho que se diera alguna forma de ‘adivinación, Habiendo percibido que la intención de *Yahvé era la de bendecir a los israelitas, Balaam pasa por alto esos métodos mecá- nicos y queda abierto a la revelación directa de parte de Dios. En ese punto, se vuelve hacia los israelitas y recibe poder del Espíritu de Dios. Declara la bendición divina probablemente en trance. Lo que demostró la veracidad de su mensaje fue su disposición a volverse vulnerable a la vista del rey moabita y esto aportó un ejemplo de profecía extática (ver 1 Sam. 10:5, 6, 10, 11). 24:5-7. Las metáforas. El ‘oráculo de Balaam contenía una promesa de abundancia y prosperidad para los israelitas. Observando sus tiendas, las asemejó a un bosque con áloes aromáticos y cedros. Los áloes no son originarios de Canaán, pero la metáfora puede referirse a los israelitas como inmigrantes “plantados” por Dios en la “tierra prometida”. Los cedros no crecen cerca de los arroyos y esto puede referirse simplemente a cualquier conifera. La imagen de aguas y semillas abundantes se refiere a la riqueza de la tierra de Canaán y a la promesa del ‘pacto a los hijos. Al referirse a un rey, el autor habla del futuro triunfo de la nación sobre sus enemigos, los amalequitas, cuyo rey Agag sería derrotado por Saúl (1 Sam. 15:7, 8).
24:7. Agag. Agag era el poderoso rey de los amale- quitas en tiempos de Saúl (1 Sam. 15:7, 8). Aunque éste los derrotó, los amalequitas siguieron siendo una espina en el costado de Israel (1 Sam. 27:8; 30:1; 2 Sam. 1:1). El nombre de Agag vuelve a aparecer en el libro de Ester como término étnico del perverso Amán el agageo. Algunos han sugerido que Agag debe entenderse como un título (como el de faraón), pero no hay evidencia disponible. 24:17. Las metáforas de la estrella y el cetro. Si bien la estrella es una metáfora común para los reyes en el antiguo Cercano Oriente, es poco usada en la Biblia (Eze. 32:7). Sin embargo, su asociación aquí con un cetro, símbolo del poder real (Sal. 45:6), da más seguridad a su identificación. El ‘oráculo de Balaam predice de ese modo el surgimiento de la monarquía en Israel y la amplitud de su poder (como sacudiendo un cetro) sobre las tierras de Transjordania. Como en la inscripción egipcia deTutmoses III (1504-1450 a. de J.C.), el cetro también era usado como maza para aplas
tar la cabeza de las naciones enemigas.
24:20. Los amalequitas. Eran una confederación de tribus que vivían principalmente en la estepa al sudeste de Canaán (Éxo. 17; Jue, 6, 7). Puede que también haya habido grupos de amalequitas en la zona montañosa al oeste de Samaría. Siempre son presentados como rivales de Israel en cuanto a territorio. El título “primera de las naciones” puede ¡; referirse a la forma en que se llamaban a sí mismos i; o quizá a haberse hecho notar como el primer pueblo que desafió a los israelitas (Exo. 17:8-15).
¿ 24:21, 22. Los queneos. Aunque los queneos son presentados como amigables antes de este ‘oráculo (el suegro de Moisés, Éxo. 2:16-22), aquí son condenados junto con los amalequitas. Eran tribus nómadas que vivían alrededor de Cades en el norte de la península del Sinaí y en la región de Galilea, : y pueden haber sido trabajadores nómadas de metal (había minas de cobre cerca en el Sinaí), así ;= como pastores. Balaam se burla de sus establecimientos en los montes, diciendo que no pueden evitar su eventual caída ante Asur. , 24:22, 24. Asur. Es improbable que esta referencia sea al Imperio neoasirio, que dominó todo el antiguo Cercano Oriente durante los siglos VIII y J VII a. de J.C. Eso colocaría el foco (y algunos di- 1 rían que la composición) de este ‘oráculo en fecha
5
muy posterior. Pero los asúreos, una tribu que des- J cendía de Abraham y Quetura (Gén. 25:3), no * parecen tener tanta importancia como para derro- j tar a los queneos. Los ‘asirios del siglo XIV esta- , ban lo suficientemente armados como para con- 1 tribuir a la caída del reino ‘hurrita de Mitani, pero ¡ no hay evidencia de una actividad militar más j hacia el oeste. Lo más probable es que esto deba ,1 ser identificado como el Asur que se menciona en | relación con los ismaelitas en Génesis 25:18. j 24:24. Quitim. Es el antiguo nombre para la isla '1 de Chipre (Gén. 10:4) y se deriva de la ciudad I Quitión. En textos posteriores (Qumram), Quitim 1 se usa en forma genérica para las naciones maríti- | mas (Dan. 11:30) o para los romanos. Algunos han I sugerido que aquí puede referirse a la ‘gente del | mar, la amalgama de tribus, incluyendo los filis- jj teos, que invadieron el Cercano Oriente alrededor I del 1200 a. de J.C. I 24:24. Heber. Es identificada como antecesora de 1 los hebreos en Génesis 10:21 y 11:14. Eso no se adapta al contexto en este ‘oráculo, porque sería | una maldición sobre Israel. Las posibles soluciones JNÚMEROS 25:1—26:55 pueden ser que se trate de una referencia a un ataque
de losquitim sobre los beber, o uno de los clanes de los queneos o la tribu israelita de Aser. No se ha presentado ninguna explicación realmente satisfactoria sobre este nombre.
25