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CARTA DE UN NORT-AMERICANO DESDE BALTIMORE Y LA RESPUESTA DE EL CENSOR.

En el Nº 144 de El Censor, del 20 de junio de 1818, se va a publicar una carta dirigida al editor de El Censor, y publicada en el The Patriot Advertiser de

284 El Censor-Biblioteca de Mayo-Ob. op. cit-pags. 7248/7249 John Milton-Areopagítica-(Análisis crítico

de la ley del parlamento inglés-Discurso del 14-06-1643)-Traducción y prólogo Francesc Ll. Cardona- Ediciones Brontes S.L.-Impreso en España-Barcelona-2011.

Baltimore el 28 de marzo del mismo año. En la misma se expresaba: “En los

precisos momentos en que algunos de nuestros distinguidos estadistas, cediendo al honroso impulso de una simpatía y benevolencia republicana, solicitan que Buenos-Ayres esté en el pie de las otras potencias respecto a nuestras relaciones exteriores, llegan patriotas y traen la noticia de la prisiones arbitrarias de los ciudadanos, de la apertura de la correspondencia, y pruebas de numerosas de las violencias y poder arbitrario del Director, que igual todo quanto se halla en los anales del despotismo de Robespierre. La libertad personal depende unicamente de la voluntad del Director. Basta que se sospeche… para que, sin forma de acusación y menos de un juicio imparcial, sea por la mera voz del Director arrastrado a las prisiones, y transportado a alguna parte del mundo.” Para ya luego ingresando en el tratamiento del

posible reconocimiento del Rio de la Plata como estado independiente sostendrá: “Se nos puede decir que debemos reconocer la independencia de

Buenos-Ayres sin atender a la particular estructura o a la administración interna del gobierno. Pero hay mucha diferencia entre romper las relaciones existentes con un gobierno antiguo reconocido de todo el mundo, y entre ser los primeros que reconozcan uno nuevo. Como la qüestión de reconocer a Buenos-Ayres y otras repúblicas de Sud-América está por decidirse, ¿no tendremos derecho de averiguar no solo sus profesiones sino también sus acciones? Una bella constitución o una declaración de derechos es una cosa, pero proceder según los principios constitucionales es otra. Solo la conformidad de miras de gobierno y de libertad pudiera justificar a Estados-Unidos de provocar los riesgos y hacer sacrificios para asegurar la independencia de sus hermanos del Sud.” Para también afirmar: “Acuérdese el pueblo de Buenos-Ayres, y el de las otras provincias, de que nuestro gobierno es del pueblo-todos sus actos son meras indicaciones de su voluntad, y si desean entablar con nosotros las relaciones más amigables, convénzannos de que pelean no solo por la independencia sino por los principios esenciales de un gobierno libre, lo cual, vuelvo a decir que no puede juzgarse establecido sino hay libertad de imprenta, y si el Supremo Director no está tan sujeto a las leyes como el menor de los ciudadanos. Para nosotros es de poca consecuencia que tiranize al pueblo un

Fernando VII, o un Pueyrredón, un Juan VI o un general San Martín.” La carta

está suscripta como Un Nort-Americano.285

Algunas observaciones a su respecto: La carta esta redactada con suma habilidad, en la medida en que se ingresa al tema de la situación interna en el Río de la Plata, desde la perspectiva del posible reconocimiento de la independencia por Estados Unidos, justificándose así la no violación del principio de no injerencia en asuntos internos de un tercer estado, desde el extranjero. Seguidamente hará una distinción entre la ruptura de relaciones con otros países y el reconocimiento inicial de la independencia, con el que justificará tal análisis. (La situación interna). Finalmente ya puede advertirse el tono paternalista y de cancerbero de la democracia que caracterizará su política exterior hasta nuestros días (Convénzannos de que pelean no solo por la independencia sino por los principios esenciales de un gobierno libre). Asimismo, de un modo indudable surge el aporte de los expatriados en la confección de la misma. (Llegan patriotas y traen la noticia de las prisiones arbitrarias) y que consta la veracidad de tales denuncias.

En ese mismo número se insertará la primera parte de LA CONTESTACIÓN de la referida carta por EL CENSOR.

Haciendo gala, también, de astucia política iniciará su réplica sosteniendo: “Si

la imprenta no es libre en Buenos Ayres, ¿Cómo habéis formado esperanzas, Sr. Avisador Patriótico de Baltimore, de que fuese insertada vuestra carta en el Censor?” También se ocupará de denunciar la maniobra de Valdés de editar

dos periódicos simultáneamente, en términos agresivos: “Huvo aquí tiempos en

que un aventurero de funesta memoria se apoderó de la imprenta, e insultó impunemente a los gobiernos, a los pueblos, a los magistrados, y a los ciudadanos más distinguidos,… Era el autor de dos periódicos, que jugaba como si fuesen de distintos, batiéndose y lisonjeándose alternativamente según le convenía, de modo que siempre resultase victorioso; fingía remitidos; y los atribuía después como que vendía la confianza a los ciudadanos que quería embrollar; estampaba expresiones misteriosas en sus papeles que glosava de

palabra en los términos más malignos, en fin se había constituido en el intrigante en xefe de nuestra patria, y disponía de ella a su antojo ya como principal, y ya como instrumento de otros paisanos nuestros a quienes había alucinado miserablemente…” Sin dejar de señalar que el nombrado llega a la

función en 1815 por decisión del Cabildo, y percibiendo un sueldo. Seguidamente analizará el proceder de los periodistas censurados y la necesaria intervención del Gobierno, en su defensa: “Es preciso tener muy

poco pudor para darse al público en espectáculo de las desvergüenzas y crueles invectivas a que provoca el furor de las contiendas aunque sean simplemente literarias, mucho más quando se atraviesan otras pasiones más violentas y más interesadas. A que se agrega que no siempre son atacados los que saben escribir, que el costo de la impresiones es subido y que no es justo que quatro o seis hombres hábiles, que no por eso serán bien intencionados, tengan los medios de ofender al resto de sus compatriotas quando estos carecen de los medios de defenderse.” Además ello se reforzará con la

necesidad de que los periódicos requieren, para su sostenimiento, el subsidio del gobierno, y la responsabilidad que ello genera: “Un periodista no se costea

en Buenos-Ayres y la gazeta y el Censor no existieran si no fuese por que los redactores son dotados, y el gobierno costea un número crecido de ejemplares; sucediendo lo mismo con cualesquiera periódicos que se publican en las dos imprentas de esta capital. Así escribimos, señor Avisador, a la faz de los que pueden desmentirnos, y no como V a quien debe dar muy poco cuidado que sean calumnias, y ligerezas las que publica.” De igual modo se referirá en

términos satirizantes a la libertad de imprenta existente en los Estados Unidos al afirmar que :” Por eso es, que en Nort-América se puede escribir con la

licencia que se observa; pues el oficio de escritor se halla tan degradado que no hay pobre hombre que no mire con el mayor desprecio al más grande número de sus folletistas.” Para luego contestar, con mordacidad, a la

interpelación formulada para que se demuestre nuestro apego a los principios de un gobierno libre así: “y como nosotros ignoramos quien sea el primero que

nos reconozca, estaremos fluctuantes entre los varios sistemas de gobierno que rigen a las varias naciones que pueden reconocernos. El despropósito es singular, y supone un amor propio intolerable. El régimen de los Estados Unidos puede ser el más conveniente para aquellos Estados- no queremos

disputarlo- pero pretender que sin aquel régimen, no puede haber felicidad en parte alguna del glovo, es la pretensión más quijotesca y ridícula que pudiera ocurrir.”

A su vez, en la continuación del nª 145 del 27 de junio de 1818, atemperará su visión de los Estados Unidos, al afirmar: “Nosotros no queremos negar que en

los Estados Unidos se halle establecido un orden de cosas, y que se disfrute de una felicidad, uno y otro superior a lo que de presente pueden ofrecer nuestras Provincias” pero destacando que en estos ocho años de la revolución, frente a

la carencia de hombres y de medios, los logros son significativos. Asimismo se reclinará en la opinión pública, para apoyar la decisión, por el momento de no permitirles regresar a los expatriados: “Si algunos son excluidos de este rol

(dispensa de confianza por parte del gobierno), y sienten la pena acerca de vivir lejos de la patria, nosotros disculpamos al gobierno en su resolución de no permitirles por ahora que vuelvan a ella; respeta la opinión pública, que está bastante indicada, y que no dexaría de alarmarse si el gobierno observase otra conducta” Para finalmente, contener una advertencia a los que conspiran

desde el extranjero: “Infelices, los que se conjuren contra la patria estando

fuera de ella!.”286

Varias observaciones que entendemos dignas de señalar: Se advierte la estrategia política de publicar la carta de carácter crítico, para desvirtuar la ausencia de libertad de prensa, para luego, advertir que quienes fueron sancionados lo fueron por abusar de ella. Se critica acremente al anterior editor y su “maniobra” de publicar dos periódicos simultáneamente, en aparente enfrentamiento, abriendo un abanico de posibilidades más amplio, y así satisfacer a diversos sectores e intereses, exponiendo tempranamente algunos de los cuestionamientos a ciertas formas de concentración. Reconoce la realidad de los medios de prensa en la medida en que para su subsistencia requieren de emolumentos y suscripciones que provienen de fondos públicos (el gobierno), lo que genera, desde su punto de vista, una responsabilidad ulterior en el hacer responsablemente. Comparando ello, socarronamente, con la “licencia” con que se hace en Estados Unidos, donde los medios de prensa

se encuentran desacreditados. (Esto último, que de por si constituye un argumento débil, va a procurar corregirse reconociendo que existe un orden de cosas y que puede disfrutarse de “una” felicidad, en aquel país, superior al de estas provincias). Finalmente, es de destacar la ingeniosa respuesta al requerimiento de que se demuestre que se lucha por los principios de un gobierno libre, afirmando que, no sabiendo cual será el primer país en reconocernos, correspondería mantener una relación equidistante con los principios de los diversos Estados o Gobiernos, y que tal exigencia constituye una pedantería. La utilización del fundamento de la “opinión pública” para justificar el no otorgamiento de un perdón por parte del gobierno y una advertencia ante la decisión de conspirar desde el extranjero.

Como se ve los hechos concretos que se imputan en la carta no son abordados de un modo directo, hay, lo que podríamos denominar una explicación política de la cuestión, una recurrencia a la opinión pública, y, una respuesta ingeniosa a la pretensión del “guardián del buen gobierno” Nort-Americano.

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