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Clásicos y keynesianos

In document Macro Econom i A (página 50-53)

El enfoque clásico y el enfoque keynesiano son las dos principales tradiciones in- telectuales en macroeconomía. Aquí examinamos brevemente las diferencias entre los dos enfoques y dejamos para más adelante el análisis mucho más detallado.

El enfoque clásico. Los orígenes del enfoque clásico se remontan a hace más de doscientos años, por lo menos al famoso economista escocés Adam Smith. En 1776, Smith publicó su obra clásica, La riqueza de las naciones, en la que propone el con-

cepto de mano invisible. Este concepto se basa en que, si hay libres mercados y los individuos gestionan sus asuntos económicos buscando su propio provecho, la economía en su conjunto funcionará bien. En palabras de Smith, en una economía de mercado los individuos, en su búsqueda de su propio provecho, parecen lleva- dos por una mano invisible a maximizar el bienestar general de todos los miembros de la economía.

Sin embargo, no debemos exagerar la afirmación de Smith: decir que existe una mano invisible no significa que en las economías de mercado nadie tenga hambre o esté insatisfecho; los libres mercados no protegen a un país de los efectos de la se- quía, la guerra o la inestabilidad política. La mano invisible tampoco impide la exis- tencia de grandes desigualdades entre los ricos y los pobres, ya que en el análisis de Smith se considera dada la distribución inicial de la riqueza entre los individuos. El concepto de mano invisible se basa, más bien, en la idea de que dados los recursos de un país (naturales, humanos y tecnológicos) y la distribución inicial de su ri- queza, la utilización de libres mercados es la que más mejora el bienestar econó- mico de los individuos.

La validez del concepto de mano invisible depende de un supuesto funda- mental: los diversos mercados de la economía, incluidos los mercados financieros, los mercados de trabajo y los mercados de bienes y servicios, deben funcionar ar- moniosamente y sin impedimentos como los salarios mínimos y los tipos de inte- rés máximos. En concreto, los salarios y los precios deben ajustarse rápidamente para mantener el equilibrio –situación en la que las cantidades demandadas y ofrecidas son iguales– en todos los mercados. En aquellos en los que la cantidad de- mandada es mayor que la ofrecida, los precios deben subir para que el mercado esté en equilibrio. En los mercados en los que la cantidad de un bien es mayor que la que quieren comprar los individuos, los precios deben subir para que el merca- do esté en equilibrio.

La flexibilidad de los salarios y de los precios es fundamental para el concep- to de mano invisible, ya que en un sistema de libre mercado las variaciones de los salarios y de los precios son las señales que coordinan las acciones de los miembros de la economía. Para ilustrarlo, supongamos que estalla una guerra en otros países e interrumpe las importaciones de petróleo. Esta caída de la oferta eleva el precio del petróleo. Cuando sube el precio del petróleo, resulta más rentable para los ofe- rentes interiores de petróleo extraer más y perforar más pozos. La subida del pre- cio también induce a los consumidores interiores a ahorrar petróleo y a optar por otras fuentes de energía. El aumento de la demanda de otras fuentes de energía ele- va su precio y estimula su producción, etc. Por lo tanto, en ausencia de impedi- mentos, como controles públicos de los precios, el ajuste de los precios ayuda a la economía de libre mercado a responder de una manera constructiva y coordinada a la interrupción inicial del suministro.

El enfoque clásico de la macroeconomía se basa en los supuestos básicos de Smith de que los individuos buscan su propio provecho y de que los precios se ajustan razonablemente deprisa para lograr el equilibrio en todos los mercados. Con estos dos supuestos como base, los seguidores de este enfoque intentan cons- truir modelos de la macroeconomía coherentes con los datos que puedan utilizar- se para responder a las preguntas formuladas al comienzo de este capítulo.

La utilización del enfoque clásico tiene algunas poderosas consecuencias para la política económica. Como los supuestos clásicos implican que la mano invisible

1.3. ¿Por qué discrepan los macroeconomistas? 21

funciona bien, los economistas clásicos a menudo afirman (como proposición nor- mativa) que el Estado debe desempeñar, a lo sumo, un reducido papel en la econo- mía. También sostienen a menudo (como proposición positiva) que la política económica será ineficaz o contraproducente para lograr los objetivos fijados. Así, por ejemplo, la mayoría de los economistas clásicos cree que el Estado no debe tra- tar de eliminar activamente los ciclos económicos.

El enfoque keynesiano. El enfoque keynesiano es relativamente reciente en comparación con el clásico. El libro que lo introdujo, Teoría general de la ocupación,

el interés y el dinero, del economista británico John Maynard Keynes, apareció en

1936, es decir, 160 años más tarde que La riqueza de las naciones de Adam Smith. En 1936, el mundo estaba atravesando la Gran Depresión: unas elevadas tasas de de- sempleo sin precedentes habían aquejado durante años a la mayoría de las econo- mías del mundo y la mano invisible de los libres mercados parecía absolutamente ineficaz. Desde el punto de vista de 1936, la teoría clásica parecía gravemente in- coherente con los datos, por lo que era necesaria una nueva teoría macroeconómi- ca. Keynes la desarrolló.

En su libro, explica el persistente y elevado desempleo8. Basa esta explicación

en un supuesto sobre el ajuste de los salarios y los precios fundamentalmente di- ferente del supuesto clásico. En lugar de suponer que los salarios y los precios se ajustan rápidamente para lograr el equilibrio en todos los mercados, como en la tra- dición clásica, Keynes supone que los salarios y los precios se ajustan lentamente. El lento ajuste de los salarios y los precios significa que los mercados pueden no es- tar en equilibrio –es decir, que las cantidades demandadas pueden no ser iguales a las ofrecidas– durante largos períodos de tiempo. En la teoría keynesiana, el de- sempleo puede persistir porque los salarios y los precios no se ajustan suficiente- mente deprisa para igualar el número de personas que quieren contratar las empresas y el número de personas que quieren trabajar.

La solución propuesta por Keynes para reducir el elevado desempleo es au- mentar las compras de bienes y servicios por parte del Estado y elevar así la de- manda de producción. Keynes sostiene que esta política reduciría el desempleo, ya que para satisfacer la mayor demanda de sus productos, las empresas tienen que contratar más trabajadores. Keynes sugiere, además, que los trabajadores recién contratados tienen más renta para gastar, por lo que crean otra fuente de deman- da de producción que eleva aún más el empleo. En términos más generales, los keynesianos, a diferencia de los clásicos, tienden a recelar de la mano invisible y, por lo tanto, están más dispuestos a defender la intervención del Estado para me- jorar los resultados macroeconómicos.

La evolución del debate entre los clásicos y los keynesianos. Como la Gran Depresión mermó tanto la fe de muchos economistas en el enfoque clásico, el enfoque keynesiano predominó en la teoría y la política macroeconómicas desde la Segunda Guerra Mundial hasta 1970 aproximadamente. En el momento de mayor

8. En realidad, Keynes presentó en su libro diversas explicaciones del desempleo y actualmente conti- núa el debate sobre “lo que quiso decir realmente”. Nuestra interpretación de lo que quiso decir es la que han adoptado sus principales seguidores.

influencia de la teoría keynesiana, los economistas creían en general que el gobier- no podía fomentar el crecimiento económico y evitar al mismo tiempo una infla- ción o una recesión utilizando hábilmente la política macroeconómica. Parecía que se habían resuelto los principales problemas de la macroeconomía y que sólo que- daban por resolver algunos detalles.

Sin embargo, en los años 70 Estados Unidos sufrió tanto un elevado desempleo como una elevada inflación, lo que se denomina “estanflación”, es decir, estanca- miento más inflación. Esta experiencia mermó la confianza de los economistas y de los responsables de la política económica en el enfoque keynesiano tradicional, de la misma manera que la Gran Depresión había minado el enfoque clásico tradicio- nal. Además, el supuesto keynesiano de que los precios y los salarios se ajustan len- tamente, por lo que los mercados pueden no estar en equilibrio, fue criticado por carecer de unos fundamentos teóricos sólidos. Mientras el enfoque keynesiano era atacado, algunos avances de la teoría económica hicieron que la macroeconomía clásica les pareciera a muchos economistas más interesante y atractiva. A partir de principios de los años 70, este enfoque clásico modernizado disfrutó de un gran re- nacimiento entre los investigadores macroeconómicos, aunque la macroeconomía clásica no logró el predominio de que había disfrutado el keynesianismo en los pri- meros años del período posterior a la Segunda Guerra Mundial.

En los últimos veinticinco años, los defensores de ambos enfoques los han re- visado profundamente para resolver sus deficiencias. Los economistas que siguen la tradición clásica han mejorado sus explicaciones de los ciclos económicos y del desempleo. Los keynesianos han tratado de desarrollar unos fundamentos teóricos sólidos del lento ajuste de los salarios y de los precios, y actualmente los modelos keynesianos pueden explicar la estanflación. Actualmente, están realizándose ex- celentes investigaciones con ambos enfoques y existe un grado considerable de co- municación y de fecundación cruzada entre ellos.

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