Las decisiones actuales de consumo pueden depender no sólo de la renta actual sino también de la renta que esperamos percibir en el futuro. Por ejemplo, una per- sona que no trabaja actualmente pero que tiene un contrato para comenzar a tra- bajar en un empleo bien remunerado dentro de tres meses probablemente consumirá más hoy que otro desempleado que no tenga perspectivas de encontrar trabajo.
Para mostrar el efecto de las variaciones de la renta futura esperada, suponga- mos que en lugar de recibir el plus de 3.000 euros este año, Prudencia se entera de que recibirá un plus de 3.000 euros (después de impuestos) el año que viene. La promesa del plus es legalmente vinculante, por lo que Prudencia no tiene ninguna duda de que recibirá la renta adicional el año que viene. ¿Cómo afectará esta in- formación al consumo y al ahorro de Prudencia este año?
Como su renta actual no resulta afectada, Prudencia podría no alterar su consumo y su ahorro actuales, a la espera de recibir realmente el plus para au- mentar su consumo. Sin embargo, si sus decisiones se basan en el motivo de la homogeneización del consumo, preferirá utilizar el plus para aumentar su con- sumo actual y su consumo futuro. Puede aumentar su consumo actual, a pesar de que su renta actual no varía, reduciendo su ahorro actual (podría “desaho- rrar” incluso, es decir, tener un ahorro actual negativo, consumir hoy una can- tidad superior a su renta actual, utilizando sus activos acumulados o pidiendo un préstamo). Supongamos, por ejemplo, que Prudencia decide consumir 1.000 euros más este año. Como su renta actual no varía, el aumento de 1.000 euros de su consumo actual equivale a una reducción de su ahorro actual de 1.000 euros.
La reducción del ahorro actual de 1.000 euros reducirá en 1.000 euros(1 + r) los recursos de que dispondrá Prudencia el año que viene, en relación con la situación en la que su ahorro no varía. Por ejemplo, si el tipo de interés real es 0,05, una re- ducción del ahorro actual de 1.000 euros reduce en 1.000 euros(1,05) = 1.050 euros los recursos de que dispondrá Prudencia el año que viene. En conjunto, los recur- sos que tendrá el año que viene aumentarán en 3.000 euros debido al plus, pero dis- minuirán en 1.050 debido a la reducción del ahorro actual, lo que da como
resultado un aumento neto de los recursos de 3.000 euros – 1.050 euros = 1.950, que pueden utilizarse para aumentar el consumo el año que viene o los siguientes. Efectivamente, Prudencia puede utilizar el aumento de su renta futura esperada para consumir más tanto hoy como en el futuro.
En suma, un aumento de la renta futura esperada de una persona tiende a lle- varla a aumentar su consumo actual y a reducir su ahorro actual. Lo mismo ocurre en el conjunto de la macroeconomía: si la gente espera que la producción y la ren- ta agregadas, Y, sean mayores en el futuro, el consumo deseado actual, Cd, debería
aumentar y el ahorro nacional deseado actual, Sd, debería disminuir.
Los economistas no pueden medir directamente la renta futura esperada, por lo que ¿cómo tienen en cuenta esta variable cuando predicen la conducta de con- sumo y de ahorro? Un método es encuestar a los consumidores y preguntarles por sus expectativas. Sus respuestas pueden ser útiles para evaluar los acontecimientos macroeconómicos, como muestra la Aplicación titulada “La opinión de los consu- midores y la recesión de 1990-1991”.
4.1. El consumo y el ahorro 127
La teoría de la conducta del consumidor nos dice que las decisiones de los consu- midores sobre la cantidad que van a consumir y sobre la que van a ahorrar depen- den de sus expectativas sobre el futuro de la economía. Cuando los consumidores son optimistas sobre el futuro, consumen más y ahorran menos que cuando son pe- simistas. Por este motivo, a los expertos en predicciones económicas y a otros ana- listas económicos les resulta útil saber qué piensan los consumidores sobre el futuro en cualquier momento.
En Estados Unidos, son varias las encuestas que tratan de averiguar periódi- camente las expectativas de los consumidores. Dos de las más conocidas son el “índice de confianza de los consumidores” publicado por The Conference Board y el “índice de opinión de los consumidores” publicado por The Survey Research Center de la Universidad de Michigan. Aquí centramos la atención en el índice de opinión de los consumidores, que se basa en las respuestas de varios cientos de hogares a preguntas sobre su situación financiera actual y futura esperada y so- bre sus expectativas acerca de los resultados de la economía en los próximos años (de uno a cinco). El índice se mide en relación con un valor de 100 en 1996: los valores más altos corresponden a un optimismo mayor de los consumidores. El Survey Research Center publica el índice en un detallado informe mensual lla- mado Surveys of Consumer Attitudes (que puede consultarse en Internet en athe- na.sca.isr.umich.edu).
Históricamente, el índice de opinión de los consumidores ha sido un indica- dor sensible de las recesiones y de otras perturbaciones macroeconómicas. La
La opinión de los consumidores y la recesión de 1990-1991 Aplicación (Continúa)
Figura 4.1(a) muestra datos mensuales de Estados Unidos correspondientes al pe- ríodo de ocho años comprendido entre enero de 1987 y diciembre de 1994 y la 4.1(b) muestra datos trimestrales del gasto real total de consumo y del gasto real de consumo en bienes duraderos de ese mismo período. Los gastos en bienes du- raderos, que se miden en la escala de la derecha de la figura, sólo representan al- rededor de un octavo del gasto total de consumo, que se mide en la escala de la izquierda. Mostramos los gastos en bienes duraderos además del consumo total porque los gastos en bienes duraderos (como automóviles, electrodomésticos y muebles) tienden a mostrar mayores fluctuaciones que los gastos en los demás componentes del consumo (como los alimentos y el petróleo para calefacciones). Cuando los consumidores se muestran pesimistas sobre el futuro, pueden retra- sar la compra de un automóvil nuevo más fácilmente que la de alimentos o pe- tróleo para calefacciones, por lo que los efectos de la opinión de los consumidores pueden ser más evidentes en los gastos en bienes duraderos que en el consumo total.
Cuando Irak invadió Kuwait en agosto de 1990, el índice de opinión de los con- sumidores experimentó la mayor caída en casi diez años, debido a la preocupación de los consumidores por las consecuencias a largo plazo de la invasión y quizá tam- bién a otras inquietudes económicas más generales. Como muestra la Figura 4.1(b), el gasto de consumo también disminuyó vertiginosamente en el cuarto trimestre de
Año
Índice de opinión de los consumidores
100 60 65 70 75 80 85 90 95 1994 1993 1992 1991 1990 1989 1988 1987 1995 OPINIÓN DE LOS CONSUMIDORES Crisis bursátil de octubre de 1987 Invasión iraquí de Kuwait en agosto de 1990 Figura 4.1(a) El índice de opinión de los consumidores, Estados Unidos, enero 1987-diciembre 1994
El índice de opinión de los consumidores se basa en las declaraciones de los consumidores a los encuestadores sobre sus expectativas acerca del futuro de la economía. Cayó después de la crisis bursátil de octubre de 1987 y después de la in- vasión iraquí de Kuwait de 1990. Subió vertigino- samente a principios de 1991 y se mantuvo ines- table durante los años si- guientes.
Fuente: Índice de opinión de
los consumidores (copyright, Universidad de Michigan) de The Conference Board.