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hay que comprenderla primero”

MALÍ, 1947

Diseñad

o p

sidere que su forma de vida es la mejor posible hace que, sobre estos parámetros, se analice la realidad desde una posición de superioridad. Esta visión ha permitido la expoliación de África durante siglos. Aminata Traoré plantea que es preciso respetar la dignidad de los africanos, sus valores y espiritualidad, su capacidad para desa- rrollar modelos propios. En su libro La violación

del imaginario, ella afirma: “El orden neoliberal

quiere transformar las economías y sociedades africanas sin tener en cuenta a las personas, des- truyendo su visión del mundo y de ellos mismos”. No considera que el pasado fuera un paraíso pero, a través de sus páginas, resalta cómo Áfri- ca debe saber extraer lo mejor de su patrimonio cultural y socio-religioso para avanzar en el desa- rrollo. “Todo pasa por las palabras” afirma, pero “la mayor parte de ellas no tiene traducción en nuestras lenguas, el Norte se ha apropiado del derecho de definir el mundo. La rehabilitación de nuestro imaginario violado es un reto económico, político y cultural. Debemos luchar por la reapro- piación de nuestro destino”.

La fascinación que irradia Aminata no sólo se debe a la contundencia de sus argumentos, sino a su actitud luchadora. Ella propone la “micro- resistencia contra la macro-dominación” y esto la ha llevado a promover iniciativas como la recu- peración de una barriada de Bamako a partir de la movilización popular. “Toda mi vida desde que era niña ha estado marcada por el sentimiento de que había que hacer algo; yo sueño con que las cosas puedan ser diferentes. África no es po- bre y tiene su dignidad. La creatividad es nuestra esperanza, incluida la creatividad política. Cuan- do vemos los desastres de hoy, las proezas tec- nológicas, pero también los daños que producen las tecnologías, nos damos cuenta, una vez más, de que África posee unos valores sociales y cul- turales que pueden salvar el mundo. La igualdad de oportunidades y de respeto mutuo será fruto de que reconozcamos que las mismas políticas pero para ello las personas tienen que tener el

espacio y las condiciones adecuadas.

Cuando Aminata era niña, Malí obtuvo la indepen- dencia y los años que siguieron fueron de un gran optimismo, en el que se fundían la búsqueda per- sonal y la nacional, con una gran esperanza en el futuro. Aminata es parte de esa generación que vivió el llamado “socialismo africano” encarnado por Modibo Keita. Proveniente de una familia de 11 hermanos, fue escolarizada y esto fue clave en toda su trayectoria. El Gobierno de Modibo Keita promovió la educación, pasando el índice de escolaridad del 4% al 20%. Nacionalizó las principales actividades económicas y promovió la industrialización. Luchó por la unidad del conti- nente, por el no alineamiento y por una política exterior independiente, lo que le ganó el respe- to de las fuerzas progresistas de toda África. Un golpe militar lo derrocó en noviembre de 1968 y puso fin a los grandes avances que se habían pro- ducido en el país. Los sueños se quebraron y Malí aplicó un modelo económico muy dependiente del exterior, orientado hacia la especialización agrícola, particularmente el monocultivo del algo- dón. Cuando los precios de este producto bajaron en los mercados internacionales, en la década de los setenta, este país acumuló una voluminosa deuda externa, que se ha convertido en un lastre para avanzar en el desarrollo del país. Además, la sustitución de los productos básicos para el consumo por el algodón para la exportación ha creado una gran inseguridad alimentaria. Malí es uno de los países más pobres de África.

Por eso, con la llegada de la democracia, Aminata aceptó participar en la política, siendo Ministra de Cultura y Turismo entre 1997 y 2000. Poste- riormente prosiguió su lucha como defensora de los derechos humanos. Puso todas sus energías en impulsar el Foro Social Africano, expresión re- gional del Foro Social Mundial. Este Foro ha teni- do una gran relevancia, dado que pretende con-

solidar la capacidad de análisis, de acción y de movilización de los diferentes integrantes del mo- vimiento social africano. Se trata de construir un espacio africano de elaboración de alternativas a la mundialización neoliberal y de definir nue- vas estrategias políticas, financieras, culturales y medioambientales. Se trata de facilitar la emer- gencia de una nueva conciencia que, a través de foros y reuniones, articule las distintas iniciativas y propuestas. Para Aminata, la democracia parti- cipativa es el mejor horizonte para el hemisferio Sur, pero para ello es imprescindible la justicia y la equidad social, así como la capacidad ciudada- na, para poder denunciar y evitar, por ejemplo, la competitividad de productos subvencionados por las grandes potencias.

Aminata también reivindica un nuevo espacio de igualdad para las relaciones Norte-Sur, entre hombres y mujeres. Ella plantea la necesidad de cancelar la deuda externa y de modificar las po- líticas del Banco Mundial que, en la década de los ochenta, con sus programas de ajuste estruc- tural, impidieron la ampliación de los servicios básicos para la población, como el acceso a la educación o la salud, y generaron más pobreza y desigualdad. Y un mayor apoyo a las mujeres que son un motor de cambio en las sociedades africanas. Aminata plantea que el problema para las mujeres en África es que todas sus energías siguen centradas en sobrevivir en una dura co- tidianidad, donde conseguir alimentos, agua, o parir puede suponer la muerte. La mayoría de las mujeres no tienen la posibilidad de asistir a la escuela y son víctimas de prácticas tradicionales que las excluyen y marginan. “La mejor manera de luchar contra prácticas como la ablación es ofrecer a las mujeres mayores opciones como el acceso a la educación y la salud.”

Aminata cuestiona con firmeza el imaginario co- lectivo occidental basado en el consumo, en te- ner o no tener. El hecho de que Occidente con-

AMlNATA TRAORÉ

en cualquier lugar del mundo abren las mismas heridas”. Todos estamos en el mismo barco. Si dejamos que se hunda África dejaremos que se hunda el mundo.

Fundadora y presidenta de AIL (Afghan Institute of Learning – Instituto Afgano de Aprendizaje), una organización sin ánimo de lucro que trata de pro- veer de educación a las mujeres y niñas afganas para que conozcan sus derechos y para contribuir al desarrollo y la paz en el país. La lucha contra el analfabetismo, que sufre el 72% de la pobla- ción afgana, es el objetivo central de sus progra- mas. AIL también desarrolla servicios de salud y proyectos generadores de recursos (formación en costura y confección). Por su labor, Sakena Yacoobi ha sido galardonada, entre otros, con el Premio Peacemakers in Action (Pacifistas en Acción) del Tanenbaum Center for Interreligious Understanding y el Premio a la Democracia 2005 de National Endowment for Democracy. Ha sido una de las 1.000 mujeres nominadas al Premio

SAKENA

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