ESPAÑA, 1951 Diseñad o p or Ricard o Salas / Mé xico
son otros de sus temas de investigación. “Para evaluar las aportaciones de la mujeres a la cien- cia a lo largo de la Historia, hay que conocer cuán- do y en qué contexto pudieron incorporarse a las instituciones científicas… Su presencia ha de ser revaluada aplicando un coeficiente multiplicador que tenga en cuenta cómo tuvieron que luchar contra poderosos estereotipos y derribar muchas prohibiciones para realizar sus contribuciones. ¿Hay que recordar que la universidad española sólo en 1910 se abrió a las mujeres en condicio- nes de igualdad?”.
Sé de este tiempo de trabajo, de esa laboriosidad inquietante y tan fructífera donde cada letra viaja al papel recubierta de vida, de intensidad y sobre todo de solidaridad y “sororidad” (sé que no pue- do nombrar todo lo que hace). Mientras escribo ella me ha abrazado en el aeropuerto camino a México llena de papeles, ordenadores, y curio- sidad y, eso sí, una gran maleta llena de cosas que luego no se pondrá (“odio hacer la maleta”, suele decir, y me consta). Y cuando regrese ha- brá mil cosas nuevas que comenzar, mil detalles retenidos en la pupila y un proyecto para volver a empezar.
Brecht hubiera dicho que es una mujer impres- cindible, yo sé que lo eres, muchas lo sabemos, y desde estas palabras entrelazadas en el humilde papel te doy las gracias en nombre de todas las que intentamos vivir nuestras vidas sin olvidar las vidas de las otras y los otros, de los que están y de las que han de venir, admitiendo que el tiempo, en este largo proceso de paz que queremos sea nuestra vida, tal vez no nos ayude a entenderlo todo pero sí nos enseñe a admitirnos en nuestra igualdad y en nuestra diferencia.
Eres parte, querida y sabia amiga, de la Tierra que me da, que nos da, soporte. Gracias.
Entonces, yo no sabía que Carmen era tantas co- sas, tan inteligente y tan brillante en todo lo que hacía y, sobre todo, tan humilde, de esa humildad que sólo he encontrado en algunas mujeres sa- bias, ese don de saber escuchar y de aprehender. Tiene el ángel de la vida, ese “tener ángel” del que se habla y no se ve, pero que pocos tienen. Supe que habíamos estudiado en el mismo colegio de monjas, allí aprendimos a soñar, y supongo que a sobrevivir en el frío invierno de Teruel. Nos pa- reció que compartir aquellas paredes y aquellas aulas y aquel trajecito a cuadros era compartir la esencia de muchas cosas, la austeridad y el esfuerzo sin límites que nuestras familias hacían para que sus hijas estudiaran y así, sin bien sa- berlo, intentaran cambiar el mundo aunque fue- se un poquito.
La mente privilegiada de esta activista la llevó a las ciencias y se doctoró en Físicas y estudió Filo- sofía y Psicología. Catedrática de Física y Quími- ca, se curtió en la docencia durante muchos años y es escritora y madre y amiga e investigadora y feminista y a veces libre. Es, desde hace unos meses, miembro del consejo editorial del perió- dico Público. Ella vive entre la ciencia, el género y la cultura de paz y entre la vida y la literatura. Ha publicado poesía, aunque nunca lo cuenta, y ha hecho teatro y se ha inventado una y otra vez el mundo, como si “la vida fuera un largo proceso de paz que dura toda la vida”, un proceso que a veces se recorre a pie y otras andando y otras, las menos, pero ocurre, flotando.
Y llegó En pie de Paz en 1986 y produjo nuevos amores y una curiosidad por aprender y reflexio- nar y romper moldes, sin saber que así era y así sería hasta el 2001. Allí se crecía sin saber que se crecía, se hablaba de paz y de resolución de con- flictos, de objeción de conciencia, de feminismo, de ser verde, rojo, violeta, de arco iris, de estruc- turas horizontales y Carmen viajaba y escribía y crecía y su arrojo por la paz nos iba convirtiendo a algunas, que como yo llegamos de otros mundos
pero queríamos construir un camino de paz, lleva- mos a la práctica la vieja máxima de que lo priva- do era político. Si alguien fue En Pie de Paz, esa fue sin duda Carmen Magallón, ella representa para mí todo ese espíritu, todo ese esfuerzo y esa alegría por saber y por cambiar el mundo. En Pie
de Paz es la escuela de muchos y sobre todo de
muchas en un encuentro de generaciones, que inauguraba otros espacios para vivir, otra forma de querer hacer y de volver a amar.
Mujeres en Pie de Paz es el gran libro homenaje
que Carmen escribió donde nos reconoce a mu- chas y rinde homenaje a las que fueron antes y da memoria a las que han de venir. Es un libro imprescindible que teje una red de acciones y re- flexiones donde las vidas laten por sí solas. Es un reconocimiento a todas las que luchan, tejen abrigos o redes, discursos políticos y memorias. Un reconocimiento donde no falta nadie.
Carmen Magallón sabe que después de tanto tiempo, todavía hoy, hablar desde las mujeres “no sólo es un descubrimiento, sigue siendo una provocación” y Mujeres en Pie de Paz es una pro- vocación, que habla del amor y del poder con los otros y no sobre las otras y los otros. Del resultado de organizar la vida en horizontal y no en vertical, que es lo que siempre hay. Parte de tu recorrido vital está entre estas páginas, tus páginas, y es- tán las políticas cotidianas y el reconocimiento de mujeres que han construido también nuestro día a día. Hablo de Virginia Wolf, de Petra Kelly, de Julia Adinolfi… y colectivos más cercanos, queri- das amigas de Lisístrata, Librería de Mujeres o, más lejanos que no más lejos; Greenhan Com- mon, Mujeres de Negro o las Madres de la Plaza de Mayo y tantos otros que viven su día a día en- vueltos en una tela de silencio, silenciadas, que no en silencio.
La historia de las mujeres en la ciencia y el aná- lisis epistemológico del quehacer científico y las relaciones entre género, ciencia y cultura de paz
CARMEN MAGALLÓN
Licenciada en Derecho, Universidad Libre de los Grandes Lagos, Goma, RDC. Co-fundadora de “Si- nergia de las Mujeres por las Víctimas de Violen- cias Sexuales” (SFVS), 2002. Fue galardonada en 2008 con el premio Women Peace Maker (Mu- jeres creadoras de Paz) del Joan B. Kroc Institute for Peace and Justice (Instituto JB Kroc para la Paz y la Justicia).
La guerra de Kivu (región oriental de la Republica Democrática del Congo, RDC) no ha cesado des- de 1996. Sylvie incluso recuerda que las primeras tensiones se originaron en 1994 tras el genocidio de Ruanda (país fronterizo con la RDC) cuando la región de los Grandes Lagos ardió, y aún siguen los rescoldos…