COLOMBIA, 1951
Diseñad
o p
los colombianos: “Pedimos perdón a las víctimas de esta tragedia, a sus familiares y amigos, por la parte de responsabilidad que nos correspondió”. Vera Grabe no estuvo allí, sólo hubo una super- viviente, Clara Enciso. Todos los demás murieron y a los que estaban vivos les hicieron desapare- cer. Este suceso cambió el escenario interno del M-19: “A nosotros mismos nos fue llevando a mirar y comprender poco a poco la paz desde la paz”.
En un contexto de guerra, a la mujer, a la co- mandante, le habían dolido las separaciones, las pérdidas de compañeros, estar escondida, el machismo del M-19, cuyos miembros no la consi- deraban a pesar de haber superado las mayores pruebas, que censuraban su deseo de ser madre y, cuando tuvo a su hija, la obligaron a alejarse de ella.
Más tarde, en un contexto de paz, lo primero fue dejar las armas. Vera Grabe consiguió ser congre- sista y luego senadora por la Alianza Democrática M-19, la primera vez que una ex guerrillera era elegida para ocupar cargos en las Cámaras de Representantes. Fue promotora de la creación de la Asamblea Constituyente con la que intentaron democratizar el sistema político colombiano. “Siento que nosotros caminamos muy rápido en términos de la vida y que cuando volvimos a la so- ciedad ésta no había cambiado tanto como creí- mos. Además tras tanta exigencia política llega un momento en que uno comienza a preguntar- se: ‘Bueno, ¿dónde me quedé yo?”.
Vera Grabe desempeñó el cargo de consejera para los Derechos Humanos en la Embajada de Colombia en España: “Había dejado las armas, había pasado por la paz política, y sabía que la paz era una decisión sin retorno” y añade: “Por- que hoy sabemos que la paz no es sólo propósito sino un camino donde hay mucho que inventar”. Vera Grabe había viajado a Hamburgo pocos
años antes presionada por sus padres, para que estudiara en Europa. Tardó poco en darse cuen- ta de que le faltaban los aromas y los colores de Colombia y, sobre todo, su realidad. La experien- cia europea le dejó un gran regalo: reconoció su origen e identificó su compromiso con América Latina.
Pertenece a esa generación fundamental en la que los compañeros y los amigos eran los mis- mos; la manera de ser, de vivir, de conspirar, de respirar era la misma. Todos juntos. Compartían mentiras, desencuentros, emociones, aventura, riesgo y clandestinidad. Unidos aprendieron que la lucha armada iba en serio, que los finales feli- ces y positivos que querían dar a todas sus accio- nes tenían otra versión: matar y morir.
Con suerte o con buena estrella, como escribe la propia Vera Grabe en su libro Razones de vida, salió de algunas situaciones complicadas, entre ellas de la cárcel del Buen Pastor, donde estuvo presa entre 1979 y 1980. Para ella aún hoy, su liberación tiene parte de misterio. La cárcel fue un escenario perfecto donde hacer política, don- de continuar con la trasformación social y sobre todo una escuela de “formación revolucionaria”. Antes de llevarla a prisión fue torturada hasta la extenuación. El Movimiento había robado miles de armas de un depósito del ejército en Usaquén. La respuesta llegó con gran rapidez: primero los allanamientos, después las detenciones, las tor- turas. Fueron cayendo casi todos y casi todas. “En Colombia hay presos políticos”. Así se dio a conocer el M-19 en el mundo, tras el asalto a la Embajada de Colombia en la República Domini- cana. Era la primera vez en la historia de ese país que un movimiento armado hacía una propuesta de negociación política para el diálogo nacional, la democratización y la paz. Esta proyección inter- nacional resultó ser para Vera Grabe un puente
para trasladarse a otros países de América La- tina y Europa. Su misión era dar a conocer con credibilidad al M-19 y utilizar la vía diplomática para el acercamiento a otras fuerzas políticas. Se entrevistó con Torrijos, Castro, Gadafi: “Creíamos que ahora Colombia podía ser tierra para hacer realidad una América Latina unida, libre”.
Con la llegada de Belisario Betancur a la presi- dencia en 1982, termina una etapa que en el terreno de la confrontación había sido un fatal conflicto: “Esta guerra se detuvo pero marcó el comienzo de los grupos paramilitares”.
Después de algunos años de conversaciones para llegar a acuerdos, Vera Grabe sintió que era el momento de vivir en el monte como “destino obligado de guerrilleros y guerrilleras”.
Mientras la propuesta de paz continuó su proceso por otros países como Costa Rica, Panamá, Méxi- co, España y vuelta a Colombia, la comandante Catalina vivió días sin tregua pensando en estra- tegias, en propuestas políticas, en la manera de llevarlas a cabo. El ambiente era favorable. Más de 10.000 personas se reunieron en Bogotá, en una manifestación con el lema: “Paso a la paz, paso a la vida”. En lo más profundo de ese acto yacía un deseo intenso de tregua para organizar el Diálogo Nacional. Tiempo de dualidades (paz y guerra) y tiempo para albergar alguna esperanza: “En Colombia la palabra fue traicionada muchas veces, el diálogo estaba herido de muerte, la pa- labra había perdido su valor y su fuerza positiva, para convertirse en argucia para obtener benefi- cios a costa de la buena fe de los demás”. La tragedia no se hizo esperar y supuso un an- tes y un después para el movimiento guerrillero: la toma por las armas del Palacio de Justicia en 1985. En este asalto murieron al menos 100 per- sonas. En el año 1995, cinco años después de haber entregado las armas y diez años después del combate, hubo una carta pidiendo perdón a
VERA GRABE
Actualmente Vera Grabe apuesta e inventa todos los días desde el Observatorio para la Paz de Bo- gotá “la magia del diálogo”. “Una vez iniciado, se puede interrumpir, pero de alguna manera tiene que continuar. Siempre hay que volver, porque la conversación no ha terminado”.
Licenciada en Sociología por la Universidad de Kabul. Fue galardonada en 2006 con el Women Peace Maker (Mujeres Creadoras de Paz) por el Instituto para la Paz y la Justicia Joan B. Kroc (Joan B. Kroc Institute for Peace and Justice). Palwasha Kakar ha sido Ministra Diputada de los Asuntos Femeninos del Gobierno afgano de Ha- mid Karzai, presidente electo desde noviembre del 2004. Su tarea es colosal y desesperante en este país que está en guerra desde el año 1979 y donde las mujeres siempre han sido considera- das como las ovejas negras de los regímenes que se han sucedido.
En 2001, la caída del régimen de los talibanes suscita mucho optimismo pero en la actualidad