NICARAGUA, 1956
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Diseñad
o p
do de la cultura como Mario Benedetti, Eduardo Galeano, Juan Gelman, Noam Chomsky, Salman Rushdie o Bianca Jagger, que publicaron en una carta: “Admiramos la valentía y compromiso de Dora María Téllez. Su integridad, su prestigio, de- dicación y el riesgo que corrió su vida al perma- necer trece días en huelga de hambre nos motiva a solicitar al Gobierno de Nicaragua que medite muy bien sobre las consecuencias de no atender las demandas que ella representa”.
Pero no sólo grandes nombres internacionales apoyaron a Dora. El nueve de junio en El Nuevo
Diario de Managua aparecía una columna de un
compañero de estudios de Dora en la Facultad de Historia de Managua cuando compartieron tres años de investigaciones. Karlos Navarro afir- maba: “Siempre mostró en clase una agudeza mental extraordinaria para analizar los procesos históricos y como mujer inteligente rechaza las ideas definitivas, acepta los problemas y los asu- me dándoles una perspectiva profunda y comple- ja”. Tras esos estudios Dora había elaborado una tesis titulada Muera la Gobierna, un profundo trabajo de campo que describe detalladamente el proceso de despojo de sus tierras a los indíge- nas de Matagalpa y Jinoteca, causado por la co- lonización del Estado nicaragüense en los años 1820-1890. Navarro también la visitó durante sus días de huelga de hambre y Dora le comentó nada más verlo: “He tomado la decisión de iniciar en este momento una huelga de hambre, para la defensa de nuestro derecho a la democracia y de nuestro derecho a la vida”.
Una vez recuperada afirmaba con la misma fuer- za de siempre: “Vamos a ir ahora a las calles a seguir presionando para que en Nicaragua se restablezca la democracia”. Pero con su integri- dad habitual añadía: “Estos días he aprendido mucho. He hablado con miles de personas y la constante de todos es que hay que luchar contra este Gobierno. Hay que romper el miedo”.
cho a las mujeres”, dice. Con los años llegó el descontento, la frustración.
Su compañero de militancia y Gobierno, el poeta y sacerdote Ernesto Cardenal, también opinaba con tristeza que “la revolución sandinista fue, para mí, la más bella. Supuso una realización personal. Como dijo la escritora Gioconda Belli, “fue la plasmación de la ternura de los pueblos”. Fueron años muy bellos pero con el tiempo los principales dirigentes sandinistas perdieron la moral al ser derrotados en las urnas. Se corrom- pieron”. Dora añade que “en estos momentos Or- tega se dedica única y exclusivamente a reprimir a los ciudadanos y no a resolver los problemas de la vida”. Tanto Cardenal como el escritor Sergio Ramírez, que fue vicepresidente del Gobierno re- cién triunfante de la revolución, o la propia Dora, opinan que en estos momentos “Nicaragua es una dictadura familiar de Daniel Ortega, familia y amigos”.
Por esa razón Dora María y sus amigos Cardenal y Ramírez decidieron abandonar el Frente Sandi- nista liderado por Ortega y fundar en 1995 su pro- pio partido, el Movimiento Renovador Sandinista, con la finalidad de crear una nueva fuerza política que “reivindique los auténticos valores del sandi- nismo, la democracia y la justicia social”. El MRS se fundó oficialmente el 18 de mayo de 1995, en el centenario del nacimiento de Sandino.
Desde su nacimiento el Movimiento cuya líder in- discutible es Dora, aunque dejó de ser presidenta en el 2007 para dar paso a Enrique Sáenz, enar- bola la democracia, el respeto a las instituciones así como el Estado de derecho “junto a la justicia social y el desarrollo con equidad”, añade esta fuerte mujer.
La Red de Salud de las Mujeres Latinoamerica- nas salió en defensa de las posiciones de Dora declarando: “Expresamos nuestro apoyo y respal- do a Dora María o a Ernesto Cardenal, a quienes
el Gobierno ha constreñido arbitrariamente su participación en el ámbito público, en una actitud dictatorial que ha sido denunciada internacional- mente” y exigían que cesara el ataque a esas per- sonas y que las autoridades acataran la Declara- ción de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Dora no sólo ha tenido que hacer frente al Go- bierno de Ortega, sino que tambien ha tenido que enfrentarse a múltiples obstáculos en la defensa de unos valores, pero siempre ha contado con el apoyo de mucha gente, que la ha acompañado en su lucha. En 2004 esta valiente y pertinaz mujer tuvo que ver cómo el Gobierno de Estados Unidos le negaba la entrada a ese país para acudir a unos cursos en la Universidad de Harvard. Rápidamen- te 112 profesores de dicha Universidad junto a otros profesores de 15 universidades america- nas publicaron una declaración en su defensa señalando que se trataba “de una persecución contra quienes hicieron posible el derrocamiento de la atroz dictadura de Anastasio Somoza. Un régimen criminal e inhumano que fue apoyado fi- nanciera y militarmente por Estados Unidos”. Daniel Ortega ha proseguido su línea represora y en el año 2007 decidió ilegalizar el Movimiento Renovador Sandinista, el partido de sus ex com- pañeros de guerrilla. En junio del 2008, Dora de- cidió iniciar una huelga de hambre en la rotonda de Metrocentro, en pleno corazón de la ciudad de Managua, junto a la Catedral, para reivindicar la legalidad de su grupo así como mostrar su “soli- daridad con miles de nicaragüenses que padecen hambre, que viven en asentamientos en condicio- nes infrahumanas, que están desempleados...”. Doce días después su vida corría peligro y debido a la presión de todos sus compañeros, tras cono- cer el diagnóstico de los médicos, Dora abandonó la huelga y tuvo que ser ingresada en un hospital en un estado muy delicado.
En esos días duros e inolvidables Dora tuvo el apoyo de numerosas personalidades del mun-
DORA MARlA TÉLLEZ
Doctora en Filosofía y Master en Educación y Administración (Honoris Causa) en St. Clemens University (Indias Occidentales Británicas). Fue nombrada ministra de Educación en 1994. Fun- dó la sección de Sierra Leona del Forum para las Mujeres Educadoras de África (FAWE) en 1995. Presidenta de la Comisión Electoral Nacional de Sierra Leona desde 2005. Ha recibido numero- sos premios entre los que destacan Women Pea- ce Maker (Mujeres Creadoras de la Paz), 2004, de Joan B. Kroc Institute for Peace and Justice, y el Voices of Courage Award (Premio Voces de Coraje) 2006 de la Comisión de Mujeres Refugia- das.
“La profesora”, así la llamaban sus vecinas del barrio pobre de Freetown donde Christiana, jun-