traer nueva vida a nuestro mundo”
ESTADOS UNIDOS, 1931 - 2005
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sin Tierra fueron asesinados por policías) hasta el asesinato de sor Dorothy, la política del Gobierno del Estado de Pará ha sido la defensa de los inte- reses de los grileiros, madereros y latifundistas”. Desde entonces, la labor de Dorothy Stang con- tinúa y las reivindicaciones de los pueblos del Amazonas están más que nunca en la agenda in- ternacional. En 2009 el Foro Social Mundial que se celebró en Belem (Estado de Pará), dedicó una jornada entera a la Amazonía y a los pueblos que la habitan. El derecho de los campesinos a la tie- rra y la conservación del Amazonas se convirtie- ron en dos de las reivindicaciones más relevantes de este Foro. En 2008 Naciones Unidas otorgó a Dorothy Stang el premio de Derechos Humanos a título póstumo, que se otorga cada cinco años a aquellas personas que han jugado un papel re- levante en la defensa de los derechos humanos. camos a los pobres en los lugares más remotos y
abandonados. Viviendo, comiendo, compartiendo el día a día nuestra misión con nuestra gente, nos sentimos impulsadas para hacer todo lo que po- damos para ayudar a que la situación cambie”. Su fe religiosa no le impedía aceptar otras religiones: “En el medio de toda esta violencia, hay muchas comunidades pequeñas que han aprendido el se- creto de la vida —solidaridad, confianza, igualdad, el perdón, trabajar juntos, compartir—. No impor- ta cuáles son sus creencias religiosas, siempre que tengan valores humanos que los guíen”. Su mayor ambición era el Proyecto Desarrollo Sustentable “La Esperanza”, que defiende repar- tir 130.000 hectáreas de tierra entre 600 fami- lias campesinas. Esta intención chocaba direc- tamente con los intereses de los terratenientes y grandes hacendados que explotan ilegalmente los recursos forestales de la Amazonía, sobre todo los árboles exóticos y en peligro de extinción como la caoba, el cedro y el jatobá, que se pagan a muy buen precio en el mercado negro. Dorothy tuvo que aprender a convivir con las constantes amenazas de muerte, al igual que varios de sus colaboradores. En 2004 se registraron 10 de- nuncias ante la justicia del Estado de Pará por amenazas de muerte contra ella. Sin embargo el Gobierno de Pará no tomó ninguna medida para garantizar la seguridad de la religiosa. Esta región es uno los lugares de Brasil donde se re- gistra el mayor número de conflictos a causa de la tierra y por cuestiones ambientales. Además en muchas haciendas todavía tienen trabajado- res en situación de esclavitud. Pará es conside- rada uno de los lugares más violentos del país. Ella no se dejaba atemorizar por las amenazas y llevaba una camiseta que decía: “La muerte del bosque es el fin de nuestra vida”. Un 20% de selva virgen se ha destruído en las últimas dos décadas. En agosto de 2004, 2.500 acres en la zona de Anapú donde vivía Dorothy fueron corta- dos y quemados. Esto llevó a Dorothy a viajar a
Brasilia para testificar ante una Comisión de In- vestigación creada en Congreso para investigar la destrucción del Amazonas. Su fe religiosa la ayudaba a proseguir la lucha, pero ella recono- cía las grandes dificultades que enfrentaba: “He aprendido tres cosas que son muy difíciles: ser tomada en serio como mujer en la lucha por la reforma agraria; creer en este pequeño grupo de campesinos y en su capacidad para organizarse y seguir adelante con su propia agenda; y tener el coraje de dar tu vida en la lucha por el cambio”. El asesinato de Dorothy Stang ocurrió el sábado 12 de febrero de 2005, a las 9 de la mañana, mientras ella se dirigía con dos trabajadores a una reunión del Proyecto de Desarrollo Susten- table “La Esperanza”. Dos pistoleros le dispa- raron seis balazos a quemarropa segándole la vida. Una ola de indignación y rechazo invadió Brasil. Aunque ella había dicho muchas veces que la podían matar, nadie podía aceptar que esto ocurriera. La muerte de Dorothy Stang se sumó a los más de 772 campesinos que han sido asesinados en los últimos 30 años por los conflictos de la tierra en el Estado de Pará. De ellos, sólo nueve casos han sido llevados a juicio y ninguno de los que ordenan los asesinatos ha sido jamás condenado. La impunidad es total. Ella no quiso nunca marcharse y su cuerpo se en- terró allí. “No quiero marcharme, no quiero aban- donar la lucha de estos campesinos que viven sin ninguna protección en la selva. Ellos tiene el derecho sacrosanto de aspirar a una vida mejor en la tierra en la que viven y en la que trabajan con dignidad y respetando el medio ambiente”. Tras su muerte, el Foro Nacional por la Reforma Agraria y Justicia en el Campo denunció cómo las acciones del Gobierno Federal en el Estado de Pará “han sido retóricas y sin firmeza, cediendo ante los grupos de presión” y añadían de forma dura y contundente: “Desde la masacre de Eldorado de Carajás (donde 19 campesinos del Movimiento
DOROTHY STANG
Ministra de Cultura y Turismo entre 1997 y 2000. Activista política y escritora. Es cofundadora del Forum Social Africano. Fue Directora Regional del Programa de Fomento de la Participación de la Mujer del PNUD. En la actualidad dirige el Centro Amadou Hampate BA para el desarrollo humano y es autora de diversos libros.
Esta mujer de mirada clara y sonrisa amplia nos recibe en el hall de un hotel en Madrid antes de participar como ponente en el 25º aniversario del Instituto de la Mujer. No es su primera estancia en Madrid, está acostumbrada a viajar y a par- ticipar en conferencias, seminarios y otros even- tos. Es considerada una de las voces más críticas contra la globalización y las políticas económicas que se aplican en los países africanos. Denuncia