Está a la vista de todos: Rwanda, como lugar de los «banyarwanda», es uno de los pocos países del continente africano donde no se encuentran muchas lenguas. Mientras que identificamos solamente dos lenguas en Rwanda, «Kinyarwanda» y «Urukiga», hay,
por ejemplo, más de «trescientas sesenta lenguas en África central y meridional»374 (se trata solamente de lenguas bantúes).
Nº14:La parte de África donde se habla lenguas bantúes. El hecho de tener casi una sola lengua, «Kinyarwanda», que se ha impuesto en todo el territorio ruandés, ha sido una desventaja y una ventaja para los «banyarwanda». Una desventaja, porque no ha favorecido el aprendizaje de otras lenguas extranjeras. Y una ventaja, porque fortaleció mucho la consolidación casi de una única cultura. Una cultura que se distinguió por su manera de vivir, de creer de los «banyarwanda», tal cual lo veremos más adelante.
Es verdad que, en muchas culturas africanas, encontramos una cierta creencia tal como lo podríamos verificar también en la cultura ruandesa: en Dios o Ser Supremo, en espíritus extraterrestres, o en difuntos375. Pero hay que matizar las cosas en este tema de la práctica religiosa. En otras culturas, encontramos cultos organizados y lugares sagrados, incluso altares para hacer sacrificios. Pero en Rwanda, aunque no podríamos negar la existencia de cultos, no podemos afirmar que había cultos especiales para un Dios, Ser Supremo. Sólo se conocía cultos para los difuntos. Veremos más adelante el porqué de esta actitud especial y que hace diferente a los «banyarwanda» dentro del resto de África bantue.
374 Miguel COMBARROS, (1993), Dios en África. Valores de la tradición bantú, Editorial Mundo Negro, Madrid, p. 16.
375 Cf. Canisius NIYONSABA, (2011), Orígenes de la ideología Hutu-Tutsi en la tradición de los grandes
También se podría destacar la ausencia del uso de máscaras tal como lo podríamos notar en la tradición de otros pueblos africanos sobre todo en África de culturas bantúes. En estas culturas, las máscaras solían servir, no sólo para divertirse, sino también para transmitir un cierto sentido que afecta, directamente o indirectamente, a la vida de los seres en el mundo. Eran más usadas en los diferentes ritos que marcaban la vida del ser humano tal como funeraria, cosecha, iniciación cultural, etc.376. A veces, eran signos que simbolizaban la comunión entre vivos y toda la naturaleza que les hacía vivir y sobrevivir. «Algunos sostienen que, en los aspectos de máscara, hay expresión de sentimiento de angustia, el espanto, el dolor, lo cómico» escribíanSoter Azombo-Menda y Pierre Meyongo377. La máscara protegía a la sociedad de las personas mal- intencionadas. Las figuras de animales o de sus familiares que aparecían en estas máscaras378 era una muestra de los deseos de comunión y de comunicación que animaba el espíritu de los que las usaban. Eran, para los vivos, una manera de mirar al lado y de valorar lo bueno que había para poder alabar a la vida, sostenerla, promoverla, y protegerla.
Por tanto, ¿podríamos decir que la ausencia del uso de máscaras en la vida religiosa de los «banyarwanda» pudiera significar que ellos eran indiferentes del mundo y de lo que había en él? Por supuesto que no. Los «banyarwanda» sabían valorar la naturaleza y usar todos los medios para conocer sus riquezas, protegerlas y perpetuarlas. Sabían que, sin el mundo, ellos mismos no existirían. Su vida dependía totalmente de lo que había en el mundo. Se organizaba la vida, a veces, siguiendo el modelo que el mundo les ofrecía. Para ellos, el mundo servía como instrumento para su método de promover y proteger la vida en general y la vida de ellos en particular. Por eso, debían mantener y
376 Cf. Soter AZOMBO-MENDA et Pierre MEYONGO, (1981) Précis de philosophie pour l’Afrique, Éditions Fernand Nathan, p.103.
377 « Certains soutiennent qu’il y a, dans les aspects du masque, l’expression de sentiment d’angoisse, la frayeur, la douleur, le comique ». Soter AZOMBO-MENDA et Pierre MEYONGO, (1981), Précis de
philosophie pour l’Afrique, op.cit., p. 105.
378 Cf. Soter AZOMBO-MENDA et Pierre MEYONGO, (1981), Précis de philosophie pour l’Afrique, op.cit., p.103.
cuidar su comunión con los entes de la tierra. A mi manera de pensar, esta comunión que hay entre los vivos y el resto del mundo, era tan estrecha que no hacía falta un intermediario. No había ni espacio, ni urgencia para el uso de máscaras (entendidas como instrumentos para facilitar la relación entre el ser humano y el resto de su entorno).
Sin embargo, no hay que negar la realidad del simbolismo en la cultura ruandesa. Cada gesto de los «banyarwanda» estaba cargado de símbolos significativos que necesitaban ser interpretados para poder llegar a su verdad y poder disfrutar de su sentido. Para los «banyarwanda», todo tiene su sentido en este mundo. Dicen que «n’uhigimye aba avuze» [«incluso él que murmura dice algo»]. Para ellos, una palabra, un silencio o cualquier gesto, tiene su sentido: su por qué y su para qué. Nada, en este mundo, es gratuito o fortuito. Si hay algo, tiene que haber también una razón para poder justificarlo. Todo lo que hay en el mundo, lanza un mensaje que necesita ser recibido, e interpretado para poder abrazar su sentido. Lo veremos con detalle más adelante. Ahora centremos nuestra atención sobre el tema de la vida en esa cultura.