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Una presencia que se abre a la novedad

2.2. El ser humano: sujeto para conocer y reconocer

2.2.4. Una presencia que se abre a la novedad

Hasta ahora hemos insistido sobre la correlación que hay entre sujeto y objeto. No existe objeto sin sujeto, ni sujeto sin objeto. El objeto existe por y para el sujeto159.

En este apartado que se abre ahora, no nos apartaremos de lo que, muchas veces, hemos hablado anteriormente. No se tratará de repetir y decir las mismas cosas. Se tratará de hablar del papel que juega el fenómeno de la presencia en el proceso de conocer algo del mundo. Con su presencia, el sujeto se da cuenta de la realidad presente160. En su propia presencia vivencial, experimenta la realidad de algo diferente.

El fenómeno del conocimiento parece ser explicado mejor por el del reconocimiento. Es un reconocimiento que no niega novedades. Es un reconocimiento que parte de algo conocido anteriormente para ir mucho más allá. Hay una afinidad entre sujeto y objeto. Esta afinidad aseguraría su unidad imprescindible para que haya un conocimiento o reconocimiento161. La cercanía entre objeto y sujeto, o lo que llamaríamos confrontación entre los dos, hace que, de una manera recíproca, uno se relacione con el otro. Esto se explica en y por el proceso del fenómeno de la percepción que es posible sólo cuando hay relación entre elementos diferentes.

Según Mikel Dufrenne, en toda percepción, se busca llegar a la realidad presencial162 y al sentido de lo percibido. Se hace de dos maneras: ordinariamente y estéticamente. En la percepción ordinaria, el sujeto parte de lo dado del objeto percibido, para ir más allá del mismo objeto. Su atención le proyecta a algo fuera del objeto cuya

159 En 1953, Mikel Dufrenne demostró esto en su tesis doctoral sobre la fenomenología de la experiencia

estética. Y en 1954, volvió a insistir sobre esto en su artículo «Intentionalité et esthétique». Cf. Mikel

DUFRENNE, (1976-1988), Esthétique et philosophie, T.I, Editions Klincksieck, Paris, p. 56. 160 Cf. Michel HENRY, (2000), Incarnation. Une philosophie de la chair, op.cit., p.70.

161 Cf. Mikel DUFRENNE, (1953-1982), Fenomenología de la experiencia estética. Vol. I. El objeto estético,

op.cit., p. 20. [Versión francesa, véase p. 5].

162 Según Mikel Dufrenne, la percepción nos advierte de la presencia del objeto. Cf. Mikel DUFRENNE, (1953-1982), Fenomenología de la experiencia estética. Vol. I. El objeto estético, op.cit., p. 259. [Versión francesa, véase p. 280].

realidad es resultado de ese encuentro diferenciado entre el sujeto y el objeto. Diferenciar sería una de las cosas que le caracterizarían. Porque basta, percibir algo para poder diferenciar el sujeto que percibe y el objeto percibido. Se reconoce, no sólo el objeto percibido, sino también el sujeto percibido como dos realidades diferentes. Sin embargo, en la percepción que Mikel Dufrenne llamó de estética, el sujeto no se aparta del objeto percibido, se para sobre él para disfrutar de su realidad163. No se separa para identificar el objeto o identificarse como sujeto. No hay tiempo para hacerlo. Lo que prima es la comunión entre los dos donde uno explica su realidad cuando se ha terminado. Es la misma experiencia estética que será uno de los elementos analizados en nuestro trabajo. De cualquier modo, para que haya percepción, sea lo que sea, se exige que se realice un fenómeno de la presencia. Porque, tal como lo escribió Mikel Dufrenne, la «percepción prueba la presencia»164. Esta presencia supone la realidad de algo que parece en la realidad presente del otro. Pero aquí, hay que aclarar una cosa: percibir la realidad de algo, no significa revelar todo de él. Esto es una verdad incuestionable. Toda percepción guarda siempre su carácter de ser una promesa. Toda percepción es una trascendencia en la inmanencia, una verdad que se revela ocultando siempre algo165. Lo

necesario no es abarcar todo del objeto percibido sino poder llegar al sentido. Que este sentido sea pequeño o grande, importa poco en el proceso de la percepción. Lo que importa es que el sujeto pueda disfrutar de algo del objeto percibido.

Si decimos que el sujeto se encuentra implicado en la revelación de un objeto no significa que inventa su sentido. No es él, el maestro de la ceremonia. Se presenta como obediente delante de lo que manda la presencia misma del objeto. Dócil que tiene que ser, hace lo que dice el objeto que está en su presencia. El sentido inmanente en lo sensible, lo libera de la indiferencia natural, lo mantiene conectado con la realidad presente del

163 Cf. Mikel DUFRENNE, (1953-1982), Fenomenología de la experiencia estética. Vol. I. El objeto estético,

op.cit., p. 162. [Versión francesa, véase p. 171].

164 Mikel DUFRENNE, (1953-1982), Fenomenología de la experiencia estética. Vol. I. El objeto estético,

op.cit., p. 263 [«perception éprouve la présence». Mikel DUFRENNE, (1953-1992), Phénoménologie de

l’expéience esthétique. T.1. L’objet esthétique, op.cit., p. 285].

165 Cf. Mikel DUFRENNE, (1953-1982), Fenomenología de la experiencia estética. Vol. I. El objeto estético,

objeto, y ofrece expresiones para disfrutar o para opinar sobre su realidad. Esto se verifica mucho en la experiencia estética que analizaremos un poco más adelante. Aquí nos limitamos en decir que, es para la revelación de algo que ha habido un contacto entre sujeto y objeto. Esta revelación es resultado de una cierta relación recíproca entre sujeto y objeto. No es una relación unidireccional sino bidireccional. No hay que privilegiar el papel de uno negando el de otro. Cada cosa que los protagonistas ponen en juego para la realidad de su relación, constituye ese puente que facilitaría la llegada a la verdad sin necesidad de efectuar saltos166. Para el sujeto, el mundo deja de ser protagonista pasivo para ser activo e importante guardando su independencia.

La cosa, delante del sujeto, goza de su poder que no hay que negar. ¿No sería esto lo que presentía Mikel Dufrenne cuando consideraba una obra de arte como un «casi- sujeto»167, es decir, algo que dotaría de capacidades influyentes en la actitud y la vida misma de su espectador? Calificó una obra de arte como un «casi-sujeto»168 por el hecho que ésta se comportaría como si fuera un sujeto de verdad. Parece tener una cierta vida y vivencia por su forma y su cuerpo que son normalmente necesarias para que esta obra sea sentida por el cuerpo del «sujeto-espectador». Su cuerpo le sirve de intermediario y su forma le ofrece fuerza para mover toda la realidad que se pone en relación con él. Es lo que hace siempre el espectador. Sale de su mundo para acudir al mundo del objeto estético.

Entonces, a la pregunta ¿qué conocemos de las cosas? Responderemos sencillamente que conocemos sólo su mundo que revela por su simple presencia en la del sujeto. Entre los dos, se realiza un fenómeno de compenetración que no niega ni borra la identidad de cada uno, sino que la reafirma abriéndose a la novedad de la verdad de cada uno. En el conocimiento, el sujeto penetra en el mundo del objeto y el objeto penetra en

166 Ver la nota explicativa Nº 2 que está en Mikel DUFRENNE, (1953-1982), Fenomenología de la

experiencia estética. Vol. I. El objeto estético, op.cit., p. 39. [Véase la versión francesa en la p. 4-5].

167 Cf. Mikel DUFRENNE, (1967-1988), Esthétique et philosophie, T. I, op.cit., p. 58.

168 Este tema de la obra de arte calificada como «casi-sujeto», será estudiado con mucho detalle en nuestro trabajo. Pero adelantamos diciendo que será uno de los elementos que nos permitirá plantear el papel importante que juega la realidad del fenómeno de la relación intersubjetiva en la realidad de la experiencia estética.

el del sujeto. El sujeto recibe la revelación de la realidad del objeto y de sí mismo. Por eso, no dudamos concluir este apartado diciendo que todo conocimiento abre al reconocimiento, y consiste en disfrutar de la proximidad o de la afinidad que hay entre los protagonistas del conocimiento: sujeto y objeto. Es también un hacia afuera sobre todo en la realidad del sujeto cognoscente tal cual lo analizaremos a continuación.

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