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Multiplicidad en el fenómeno de una experiencia

3.2. Experiencia estética y su identidad subjetiva

3.2.2. Multiplicidad en el fenómeno de una experiencia

¿Cómo podríamos fundar la realidad misma de la naturaleza, de esa realidad de la experiencia que sirve para poder llegar al fundamento de las cosas? Esta pregunta nos abre a la naturaleza de la experiencia. Sin embargo, pensamos que, desde luego, no se podría hablar de su naturaleza si todavía se ignora cómo se hace (la experiencia). Esto nos abre directamente a la vida misma del sujeto de una experiencia. Porque toda experiencia es una experiencia vivida por alguien. No se separaría una experiencia con una vida y una vida vivida263.

260 Cf. John DEWEY, (1948), La naturaleza y la experiencia, op.cit., p. 3. 261 John DEWEY, (1948), La naturaleza y la experiencia, op.cit., p. 4.

262 Cf. Jean-Marie SCHAEFFER, (2015), L’expérience esthétique, op.cit., p. 38-40.

263 Nos referimos a las consideraciones de Jean-Marie Schaeffer sobre la conexión que hay entre una vida vivida y una experiencia estética. A lo mejor es uno de los objetivos de su libro L’expérience esthétique: demuestra cómo esa experiencia se fundamenta en la vida real de las personas. Haciendo nuestras sus consideraciones, vemos que lo que se dice de la experiencia estética podría ser aplicado a toda experiencia si reconocemos la importancia de un sujeto en todo fenómeno de la experiencia. «Su particularidad reside

Desde luego, hay que recordar que la manera de hacer experiencia es múltiple. Y la manera de calificarla será también múltiple. Dependerá del punto de partida para definirla. Es lo que justifica, a veces, las diferencias que se ponen entre diferentes experiencias que hay en el mundo. Por ejemplo, una experiencia que se hace en el dominio del arte es diferente de la que se realiza por el biólogo o físico en su empeño de explicar nexos de lo que hay en el cosmos. Incluso, en el mundo del arte, se puede encontrar diferentes tipos de experiencias: experiencia artística y experiencia estética264. La primera (la experiencia artística) será la experiencia de la creación artística relacionada mucho con lo psicológico, y la segunda (experiencia estética) sería una experiencia para disfrutar de lo creado artísticamente. Es una experiencia que se relacionaría mucho con el fenómeno de una contemplación. La contemplación, tal como lo veremos más adelante, es uno de los temas importantes que hay que comprender bien para poder abrazar las ideas principales de Mikel Dufrenne en su labor de analizar la verdad de la experiencia estética.

Volviendo un poco sobre la significación del termino experiencia, destacamos que la verificación como función de una experiencia (esta función está más acentuada en las experiencias científicas o experimentales). Una experiencia aparece cuando se quiere fundamentar la verdad de un mundo y de lo que hay en él, darse cuenta realmente de cómo él o sus elementos manifiestan sus verdades, sus constituciones esenciales. La experiencia, como lo dice mejor John Dewey, es «algo que plantea problemas y verifica las soluciones propuestas»265. De ahí, se puede distinguir entre experiencia primaria, que plantea problema y proporciona datos, y experiencia segundaria o reflexiva, que propone y verifica soluciones propuestas266. En lo que nos concierne, como investigadores de la

en el hecho que aparece a la vez como evento que se funda en lo más hondo de nuestra vida vivida y como una singularidad que emerge como si fuera una realidad otra» [«Sa particuarité reside dans le fait qu’elle apparaît à la fois comme un événement se rattachant au plus profond de notre vie vécue et comme une sengularité qui en émerge comme si elle était une réalité autre»]. Jean-Marie SCHAEFFER, (2015),

L’expérience esthétique, op.cit., p. 18.

264 Cf. Mikel DUFRENNE, (1953-1982), Fenomenología de la experiencia estética. Vol. I. El objeto estético,

op.cit., p. 17-18. [Versión francesa, véase p. 1-2].

265 John DEWEY, (1948), La naturaleza y la experiencia, op.cit., p. 8. 266 Cf. John DEWEY, (1948), La naturaleza y la experiencia, op.cit., p. 9.

experiencia estética, diríamos que es esta experiencia «primaria» que debería estar en juego para que disfrute el público de la presencia activa de un objeto estético. Sin embargo, no olvidamos la importancia reciproca que se establece entre las dos categorías de experiencia. Sin la experiencia primaria, la experiencia segundaria sería imposible. Y sin la experiencia segundaria, el trabajo se quedaría en la mitad del camino. La obra bien acabada y reconocida tal cual es, es esa obra que cumple todos los requisitos de una experiencia y de una experiencia estética. Entonces, hablando de la experiencia estética, resumimos la experiencia primaria y la experiencia segundaria en una sola y única unidad. Se puede también distinguir la experiencia ordinaria de la experiencia abstracta. La primera evoca contacto directo con las cosas mientras que la segunda no trata de ese contacto. De ahí cuesta saber de qué lado pondremos la experiencia estética: ¿en la experiencia ordinaria o en la abstracta? La experiencia estética suele implicar un contacto con las cosas de una manera sensible. Acaso, ¿no es esto lo que empujó a Jean-Marie Schaeffer a definirla y diferenciarla con lo que llama «expérience commune»267? De todas maneras, vemos que él mismo subrayó la singularidad o «étrangeté»268 que esta

experiencia presenta dentro de lo común que hay en la vida de los seres humanos. Cuando relacionamos la experiencia estética con la experiencia ordinaria, no queremos decir que el sujeto de la experiencia estética se queda en la superficialidad de las cosas. La experiencia estética lleva al sujeto mucho más allá de la superficie de las cosas. Es verdad que el artista crea su obra poniendo propiedades que permiten a la obra ser sentida por el público. Pero no hay que perder de vista que la obra ofrece mucho más que lo que creía ofrecer su autor creándola. O, mejor dicho, en la obra de arte, el autor crea mucho más que lo que esperaba. Lo que explica los diferentes descubrimientos inagotables que salen cuando se hace una experiencia con ella. ¿Cuántas interpretaciones que se hacen delante de una obra artística? La experiencia estética es una puerta que se abre a un lugar donde las informaciones artísticas y estéticas nunca se agotan. La experiencia ordinaria y la abstracta que se fundamentan en la facultad de la imaginación se implican, y se enriquecen mutuamente en la realidad de una experiencia estética.

267 Cf. Jean-Marie SCHAEFFER, (2015), L’expérience esthétique, op.cit., p. 11-12. 268Jean-Marie SCHAEFFER, (2015), L’expérience esthétique, op.cit., p. 18.

Para poder afirmar la verdad de las cosas en el mundo, el uso de una experiencia sirve de gran utilidad. Se sabe claramente que la verdad de la realidad no encierra al ser humano en una mónada, sino que supone una apertura a los demás. Igualmente, la realidad de una experiencia y sobre todo las afirmaciones que salen de una experiencia suponen de la existencia de presencias que se relacionan. Es esta relación la que posibilita el acceso a la verdad buscada. En ella se encuentra expresado la realidad de la comunicación269.

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