3.3. Subjetividad en la experiencia estética
3.3.3. Experiencia estética, relaciones fructuosas
Como lo hemos expresado anteriormente, toda experiencia estética evoca una habilidad o un conocimiento derivados de una observación, de una participación y de una vivencia. Toda experiencia implica, de una manera u otra, la presencia de dos elementos diferentes: sujeto y objeto, del sujeto que tiene experiencia de su objeto. No hay experiencia sin sujeto y sin objeto. Un sujeto entra en contacto o en relación con un objeto. Un sujeto necesita la presencia real de un objeto para nacer con él, para estar con él (ya que no lo estaba anteriormente). Lo que le basta es sólo la presencia real del objeto experimentado en su vida. Porque, para él, «en el plan de la presencia, todo está dado, nada es conocido»295.
De un lado, en ese encuentro sujeto-objeto de experiencia, el objeto cambia por el simple hecho de ser observado y experimentado. Deja el mundo de lo irreal y se incorpora en el mundo de lo real. Abandona el mundo de la abstracción para entrar en el de lo concreto. Rompe con el mundo de lo desconocido para formar parte del de lo conocido. Se disocia del mundo de lo indefinido para integrarse en el de lo definido. Se diferencia del mundo de lo indeterminado para identificarse con el mundo de lo determinado. Se trata de un cambio de estatuto que se afirma en la realidad del objeto experimentado.
294 Cf. Mikel DUFRENNE, (1953-1982), Fenomenología de la experiencia estética. Vol. I. El objeto estético,
op.cit., p. 32. [Versión francesa, véase p. 21.
295 Mikel DUFRENNE, (1953-1983), Fenomenología de la experiencia estética. Vol. II. La percepción
estética, op.cit., p. 14. [« Sur le plan de la présence, tout est donné, rien n’est connu ». Mikel DUFRENNE, (1953-1992), Phénoménologie de l’expérience esthétique. T.2. La perception esthétique, op.cit., p. 424 – 425].
De otro lado, la presencia real de un objeto en la vivencia del sujeto, no deja a este último insensible. El sujeto se siente transformado por el simple hecho de entrar en contacto con el objeto. El objeto ejerce una cierta influencia sobre el sujeto. Y el sujeto se deja llevar y ser manipulado por la presencia del objeto. El objeto se hace presente en el sujeto. O el sujeto se da cuenta, no sólo de la presencia del objeto percibido, sino, de que se encuentra ya llevado al mundo del objeto mismo dejando, de una manera u otra, su propio mundo. Maravillosamente lo afirmaba Mikel Dufrenne de esta manera: «el objeto estético mismo debe ser real para dominarnos, y arrastrarnos al mundo que nos abre y que es su más alta significación»296. De ahí, podríamos también afirmar que el sujeto no podría seguir viviendo una vida indiferente delante de las realidades que se ofrecen a sus sentidos y a sus capacidades vivenciales. Le transforman a un ser activo, testigo de la verdad que ellas le transmiten.
Entrando en contacto con el objeto, el sujeto adquiere un cierto conocimiento nuevo: el conocimiento de sí mismo, y el del objeto percibido. Este conocimiento, que es algo más en la vida del sujeto, es fruto de una comunicación. Es como si el objeto se encontrase siempre en una actitud de ofrecimiento, en una actitud de apertura a todo el que quiera ser recibido por él (objeto), recibirlo como presencia real. Por eso, el sujeto debe cumplir algo para que el objeto se haga presente en su realidad vital. Debe disfrutar de su presencia. Debe darse cuenta de lo que el objeto es en sí y por sí, es decir, en su esencia más íntima, como diría Clément Rosset297.
Volviendo a la experiencia estética, definida «como un modo y una actitud concreta de relacionarnos con las cosas y con el mundo»298 estético, diríamos que ella se muestra siempre como la habilidad que el sujeto tiene para darse cuenta de la presencia
296 Mikel DUFRENNE, (1953-1982), Fenomenología de la experiencia estética. Vol. I. El objeto estético,
op.cit., p. 210-211. [« L’objet esthétique lui-même doit être réel pour s’imposer à nous, et nous entraîner
dans ce monde qu’il nous ouvre et qui est sa plus haute signification ». Mikel DUFRENNE, (1953-1992), Phénoménologie de l’expérience esthétique. T.1. L’objet esthétique, op.cit., p. 224].
297 Cf. Clément ROSSET, (2005), Escritos sobre Schopenhauer, Versión Castellana de Rafael del Hierro Oliva, Editorial Pre-Textos, Valencia, p. 134.
298 Ricardo PINILLA BURGOS, «La relación estética: Notas para un análisis de la experiencia estética a partir de su multiplicidad intencional» en Revista portuguesa de Filosofía, T. 67, Fasc.3 (2011), p. 395.
de algo que afecta su vida sentimental. El sujeto, delante del objeto, toma una actitud de escucha, de reflexión y de acción. Mientras que el objeto se caracteriza por su actitud de ofrecimiento mostrándose, el sujeto, por su parte se ofrece recibiendo, en su vida, todo lo que el objeto le revela. Diría Mikel Dufrenne que hay una cierta comprensión entre sujeto y objeto: el uno lleva al otro en su estar presente299. Y es verdad, el sujeto se queda despierto al tomar conciencia de la presencia del objeto. «Esta conciencia se despierta en un mundo ya arreglado donde se encuentra como heredera de una tradición, beneficiaria de una historia, y donde afronta por sí misma una nueva historia»300.
Queda por saber si la recepción que el sujeto hace de la presencia real del objeto cambia ontológicamente el objeto de la experiencia estética. Si es así, el sujeto tiene una fuerza que crea o modifica el ser mismo o la verdad del objeto estético. Si no es así, estaríamos tentados de afirmar que el objeto muestra su fuerza y su resistencia que van más allá hasta independizarse delante de la fuerza y de la vivencia que el sujeto presenta delante de él (Objeto).
Como iremos viéndolo, Mikel Dufrenne se posiciona ante la afirmación de la idea de la independencia del objeto estético301. El sujeto de la experiencia no cambia nada
de lo que es el objeto. No se hace, sino que se muestra. El sujeto recibe fielmente lo que le da el objeto. Su postura es seguir las normas del mismo objeto de la experiencia. Del objeto de la experiencia se conoce solamente lo que se ofrece por medio de contacto. Y lo que ofrece es su realidad, no su imagen o su representación. No es el sujeto el que
299 Ver la idea de la unidad (entre el sujeto y el objeto percibido) subrayada por Mikel Dufrenne desde el principio de su obra. Cf. Mikel DUFRENNE, (1953-1982), Fenomenología de la experiencia estética. Vol. I.
El objeto estético, op.cit., p. 19-20. [Versión francesa, véase p.5].
300 Mikel DUFRENNE, (1953-1982), Fenomenología de la experiencia estética. Vol. I. El objeto estético,
op.cit., p. 21. [« S’éveille dans un monde déjà aménagé où elle se trouve héritière d’une tradition, la
bénéficiaire d’une histoire, et où elle entame elle-même une nouvelle histoire ». Mikel DUFRENNE, (1953- 1992), Phénoménologie de l’expérience esthétique. T.1. L’objet esthétique, op.cit., p. 6].
301 Nos referimos a estas palabras suyas: «el objeto estético reivindicaba la autonomía del en-sí y merecía ser considerado por sí mismo». Mikel DUFRENNE, (1953-1983), Fenomenología de la experiencia estética.
Vol. II. La percepción estética, op.cit., p. 9. [« l’objet esthétique revendiquait l’autonomie de l’en soi et
méritait d’être considéré pour lui-même ». Mikel DUFRENNE, (1953-1992), Phénoménologie de
determina o crea su sentido, su sitio en el espacio o en el tiempo, sino que traduce lo que el objeto mismo le enseña con autoridad. Estamos ante una actitud activa de contemplación por parte del sujeto. Lo importante para él no es investigar sobre el «dónde, cuándo, el por qué (…), sino únicamente lo que las cosas son»302. Lo importante es que los dos, sujeto y objeto, pueden encontrarse activos en ese fenómeno de la experiencia.
De aquí surge una pregunta. ¿De dónde viene una tal autonomía en la realidad de una experiencia estética? El hecho de ser independiente y autónoma, no nos ofrece argumentos suficientes para poder afirmar la ausencia de influencias mutuas entre los dos (objeto y sujeto). Sería también contradecir lo que hemos visto en los párrafos anteriores. La materialidad del objeto se encuentra como fruto del hacer de un sujeto, con su cabeza y con su mano. ¿Quién podría negar la acción del sujeto sobre el objeto que llamamos artificial? ¿Podríamos aplicar la misma afirmación sobre cualquier objeto estético? ¿Acaso el que percibe el objeto estético no podría ser, al mismo tiempo, receptor y creador a la vez?
De todas maneras, nos es difícil, en la realidad de una experiencia estética, afirmar la realidad de un puro espectador, de un espectador pasivo303. El espectador se
encuentra siempre afectado por el objeto estético. Y por su genialidad, hace imagenes, representaciones. Expresa el sentido del mismo objeto percibido. El que percibe el objeto estético, lo hace distintamente que cualquier otro espectador. Para que una obra cause efectos estéticos, el sujeto debe poner a su disposición todo su ser y su estar, todo su cuerpo y su alma, toda su conciencia304. Hay una cierta vinculación entre lo estético y lo afectivo tal cual lo demuestra perfectamente Ricardo Pinilla Burgos en su artículo ya
302 Arturo SCHOPENHAUER, (1963), El amor, las mujeres y la muerte, Biblioteca E.D.A.F., Madrid, p. 189. 303 La realidad del «puro espectador» parece ser la posición de Mikel Dufrenne. El objetivo de nuestras investigaciones es demostrar, gracias a la realidad de la trascendencia del tiempo estético, que no hay «espectador puro». En adelante lo veremos con mucho detalle.
304 Cf. Mikel DUFRENNE, (1953-1982), Fenomenología de la experiencia estética. Vol. I. El objeto estético,
citado anteriormente305. Tener un cuerpo vivo capaz de sentir es imprescindible para que el sujeto pueda gozar de la presencia del objeto estético en su vida.