2.3. Subjetividad como un hacia afuera en el conocer
2.3.4. Conocer: fenómeno de ausencia y de presencia
No hay lugar a dudas de que el acto de conocer implica un cierto encuentro, una cierta relación entre dos elementos. Todo conocimiento sirve para encontrar la realidad de las cosas (su naturaleza o su verdad) y disfrutarla. Se la encuentra, no en lo superficial (en lo exterior) de las cosas, sino en su interior. Por eso, no se equivoca quien afirma que todo proceso de conocimiento consiste en ir más allá de lo superficial, de lo exterior hacia lo interior de las cosas. Consiste en pasar la línea de separación para llegar a lo más íntimo de las cosas. Consiste en ir poniendo entre paréntesis cosas de menos importancias para poder identificar las más importantes que son las esenciales de la verdad de las cosas:
191 « L’autre de l’autre ». Mikel DUFRENNE, (1968), Pour l’homme, op.cit., p. 148. 192 Cf. Mikel DUFRENNE, (1968), Pour l’homme, op.cit., p. 148.
reducción fenomenológica193. Es, por ejemplo, el mismo proceso que caracterizó a nuestro autor Mikel Dufrenne cuando quería conocer la realidad del objeto de la experiencia estética. Decía que «el objeto estético nos invita a dejar la inmediatez de lo sensible, y nos propone un sentido respecto al cual lo sensible sólo es un medio (…) nos invita a separarnos de la apariencia y a buscar en otra parte su propia verdad»194.
El fenómeno de un movimiento es también imprescindible a la hora de comprender lo que es conocer. Al aparecer, el conocimiento se define como un movimiento que va del sujeto al objeto. Pero también no hay que olvidar, el otro movimiento que viene del objeto al sujeto. Sin embargo, el movimiento que nos interesa aquí, es este movimiento que se encuentra caracterizado y motivado por este fenómeno de ausencia y de presencia. La presencia siempre se define con su vocación de llenar la ausencia. Así, el conocimiento definido por el movimiento, sería considerado como esta etapa en la realidad de la ausencia donde el gran protagonista es la presencia. La ausencia va dejando sitio a la presencia. Es como si dejara su sitio para ocupar el otro sitio fuera de lo que tenía. Si es así, tendríamos entonces razón de considerar el proceso de conocimiento como un salir hacia algo, un descubrimiento de algo que estaba escondido, un llegar al mundo que antes estaba distanciado con el mundo del sujeto, un hallar algo inmanente en el mundo presente de las cosas.
El fenómeno de la presencia y de la ausencia fundamenta la visión epistemológica de Mikel Dufrenne. En el fenómeno de conocimiento, el sujeto y el objeto reciben algo nuevo que antes no tenían. El sujeto se da cuenta de la existencia del objeto fuera de él mientras, que el objeto mismo sale de su anonimato. Es lo que Mikel Dufrenne intentó, de una manera u otra, demostrar cuando analizaba lo que el objeto estético espera
193 Cf. Edmund HUSSERL, (1949), Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica, Fondo de cultura económica, México-Buenos Aires, p. 70-77. 238-239.
194 Mikel DUFRENNE, (1953-1982), Fenomenología de la experiencia estética. Vol. I. El objeto estético,
op.cit., p. 359 [« l’objet esthétique nous invite à quitter l’immédiat du sensible, et nous propose un sens à
l’égard duquel le sensible n’est qu’un moyen (…) il m’invite à me détourner de l’apparence et à chercher ailleurs sa propre vérité ». Mikel DUFRENNE, (1953-1992), Phénoménologie de l’expérience esthétique. T.
del espectador, o de lo que aporta el espectador al objeto estético195. De antemano, recordamos que uno necesita lo que esencialmente le falta. Por eso diríamos que el objeto estético necesita ser consagrado y definido como tal196. Y «precisamente alcanza su plena realidad gracias al espectador»197. El objeto necesita ser sacado de su mundo natural para que su presencia sea confirmada por alguien en el mundo cultural importante. Para manifestarse, el objeto estético necesita el espectador como testigo. Y este, al entrar en contacto con el objeto estético, desarrolla lo más humano que pudiera haber en sí mismo198.
Volviendo al tema del conocimiento, diríamos que lo que motiva para conocer es buscar y llegar a la realidad de las cosas, a su verdad. Esta verdad es siempre inmanente al interior de un mundo. Su totalidad se halla en la superficie de un mundo. Se necesita una entrada en lo más hondo. Pero no hay que olvidar que es el objeto el que muestra su realidad al ingenuo que es el sujeto. El sujeto proclama, del objeto, lo que ha aprendido de él. Sin embargo, el hecho de exteriorizarse no le quita su aspecto interior que fundamenta su naturaliza.
El sujeto se da cuenta de la verdad de las cosas, pero no la agota. Siempre el mundo del objeto reserva algo oculto donde nada ni nadie podrán acceder. Esto confirma lo que hemos expresado anteriormente de que, en ningún momento, el sujeto debería
195 Nos referimos a los títulos usados por Mikel Dufrenne: «Lo que la obra espera del espectador». Mikel DUFRENNE, (1953-1982), Fenomenología de la experiencia estética. Vol. I. El objeto estético, op.cit., p.88 [«Ce que l’oeuvre attend du spectateur». Mikel DUFRENNE, (1953-1992), Phénoménologie de l’expérience
esthétique. T. I. L’objet esthétique, op.cit., p. 82]. Y «Lo que la obra aporta al espectador». Mikel
DUFRENNE, (1953-1982), Fenomenología de la experiencia estética. Vol. I. El objeto estético, op.cit., p. 99. [«Ce que l’oeuvre apporte au spectateur». Mikel DUFRENNE, (1953-1992), Phénoménologie de l’expérience
esthétique. T. I. L’objet esthétique, op.cit., p.98].
196 Cf. Mikel DUFRENNE, (1953-1982), Fenomenología de la experiencia estética. Vol. I. El objeto estético,
op.cit., p. 87. [Versión francesa, véase la p. 81-82].
197 Mikel DUFRENNE, (1953-1982), Fenomenología de la experiencia estética. Vol. I. El objeto estético,
op.cit., p. 87. [« C’est par le spectateur qu’elle trouve sa pleine réalité ». Mikel DUFRENNE, (1953-1992),
Phénoménologie de l’expérience esthétique. T. I. L’objet esthétique, op.cit., p. 81].
198 Cf. Mikel DUFRENNE, (1953-1982), Fenomenología de la experiencia estética. Vol. I. El objeto estético,
proclamarse como creador o inventor de la verdad de las cosas. Delante del objeto conocido, el sujeto tendría que sentirse y proclamarse nada más que un receptor humilde y fiel.