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Lo Sumamente Bueno no necesitaba cultos

5.3. Una cultura para la vida

5.3.3. Lo Sumamente Bueno no necesitaba cultos

Los «banyarwanda» estaban convencidos de que Dios era Omnipotente, Todopoderoso, Bueno y Perfecto por excelencia. Nada le faltaba. Por su naturaleza, era autosuficiente. No necesitaba nada de los hombres. No exigía incluso cultos tal cual lo destacó mejor Aloys Bigirumwami (Mgr.): «Sería una locura pretender dar culto exterior

393 Cf. Bernardin MUZUNGU, (1974), Le Dieu de nos pères. T. 1. Les sources de la religion traditionnelle

du Rwanda et du Burundi, op.cit., p. 56.

394 Cf. Bernardin MUZUNGU, (1974), Le Dieu de nos pères. T. 1. Les sources de la religion traditionnelle

a Dios. ¿Cuál sería la canción? ¿Cuál sería la casa que podríamos construir para Dios? ¿Cuál sería el lugar donde podríamos reservar para Dios?»395 Se entiende ahora la razón por la cual, a los «banyarwanda» no les interesaba hacer altares y cultos para su Dios. Pero la ausencia de culto para Dios no quita nada de la creencia que tenían en Él. Sirviéndonos en las palabras de Juan González Nuñez podríamos apoyar y aclarar esta idea de la manera siguiente:

«El conocimiento de la existencia de Dios no significa necesariamente que ocupe el lugar central en la religiosidad y en el culto (…). Conviene, sin embargo, advertir que, para el africano, ausencia de culto no significa necesariamente negación de la primacía absoluta de Dios o la abdicación por parte de sus responsabilidades. Al contrario (…)»396.

De hecho, los «banyarwanda» hubieran expresado sus relaciones con su Dios, no por hechos cultuales, sino por todo un corazón convencido de su realidad en la vida del ser humano. Se trataba de un culto de otro estilo. Se trataba de una relación vivida, de esa relación que se hacía visible incluso en lo que Mulago gwa Cikala define como «unité de vie» [unidad de vida]397. Se trata de una unidad que exige una cierta implicación participativa y activa en la realidad vital del otro.

Si los altares y cultos son una de las cosas visibles que nos aseguran la existencia de una creencia en algo sobrenatural, y si afirmamos que, en la cultura ruandesa, se carecía, por tanto, de estos dos elementos, ¿sería, de una manera u otra, afirmar que Dios nunca ha tenido trato con los «banyarwanda»? Por supuesto que no. Los «banyarwanda» han tenido siempre su lugar privilegiado en la realidad de Dios y viceversa. Siempre se ha sentido protegido por un Dios Omnipotente tal cual lo hace recordar este proverbio de la lengua «Kinyarwanda»: «Agati gateretswe n’Imana ntigahungabanywa n’umuyaga»

395 « Ce serait de la folie que de prétendre rendre à Dieu un culte exterieur. Quel chant ? Quelle maison peut-on construir pour Imana ? Quel lieu concevoir où confiner Imana ? » Aloys BIGIRUMWAMI (Mgr.), « La religion traditionnelle au Rwanda », en V.a., (1972), Aspects de la culture rwandaise, op.cit., p.65. 396 Juan GONZÁLEZ NUÑEZ, (1996), Las religiones tradicionales africanas y su vigencia, Ediciones SM, Madrid, p. 21-22

397 Cf. M. MULAGO GWA CIKALA, «Solidarité africaine et corresponsabilité chrétienne à la lumière de Vatican II», en Semaine théologique de Kinshasa «Foi chrétienne et langage humain», op.cit., p. 86.

[«El árbol plantado y protegido por Dios no puede ser movido por el viento»]398. De hecho, nadie es autosuficiente. Lo que el hombre es, depende siempre de los demás. Para realizarse, el hombre necesita la ayuda del otro sobre todo de Dios Omnipotente que es el Otro por excelencia. El contacto o la relación con Él se ve confirmada y reforzada por la cercanía de ese Dios. Se trataba de una cercanía que no puede aceptar un intermediario, sea lo que sea399.

Los «banyarwanda» no veían la necesidad de desarrollar un culto especial para poder pedir algo a Dios o agradecerle. Para recibir unos favores divinos, sólo bastaba un contacto personal y directo con Dios sin intermediarios. La oración que solía formular para Dios no era comunitaria, sino algo que le salía del interior de su corazón400. Sus deseos eran que Dios pudiera llenar sus corazones con sus bienes. Y como sabían claramente que todo lo que llenaba el corazón se expresaba al exterior con los labios401, no quisieron pretender encerrarse en los cultos definidos para poder expresar sus vivencias con Dios. Quisieron disfrutar de su libertad para poder expresar, de varias maneras, estas vivencias según lo que les dictaban su «umutima» [corazón].

De todo esto, podemos sacar unas consideraciones conclusivas. Es cierto que había un culto para Dios. Pero ese culto no se agotaba en una liturgia bien definida, en un lugar bien determinado, sino en las expresiones espontaneas que traducían una cierta experiencia de vida que el «munyarwanda» tenía de Dios y su intervención en la historia humana. Los apellidos402 comunes en la cultura ruandesa confirmarían esta idea. Si

398 Cf. Bernardin MUZUNGU, (1974), Le Dieu de nos pères. T. 1. Les sources de la religion traditionnelle

du Rwanda et du Burundi, op.cit., p.46.

399 Cf. Aloys BIGIRUMWAMI (Mgr.), « La religion traditionnelle au Rwanda », en V.a., (1972), Aspects de

la culture rwandaise, op.cit., p.66.

400 El corazón [«umutima»] en la cultura ruandesa era más que esta parte del cuerpo humano. Era el centro de todo el ser humano. Era lo que mandaba todo del ser humano: «kami ka muntu» [«el rey del hombre» o la conciencia]. Cf. Dominique NOTHOMB, (1965), Un humanisme africain. Valeurs et pierres d'attente,

op.cit., p. 22- 29.

401 Nos referimos al sentido de este proverbio de la lengua «Kinyarwanda»: «Akuzuye umutima gasesekara ku munwa» [Todo lo que está en el corazón se expresa con y por los labios].

402 En la cultura de los «banyarwanda», todo apellido tenía algo que ver con la situacion y el acontecimiento que precedían o acompañaban el nacimiento. Podía evocar la situacion socio-historica, del niño, la de sus padres, la de su familia, o la de su tierra. Podía ser deseos formulados por los padres o lecciones (mensajes)

admitimos que cada apellido estaba cargado de sentidos, ¿por qué no podríamos pensar que, todos los nombres que se referían a Dios, traducían una experiencia que una persona hubiera tenido de Dios? Entonces, se entenderá bien que tal persona pudiera imponer a su hijo un apellido relacionado con la realidad de su experiencia con Dios403. Es el caso, por ejemplo, de «Habyarimana» [Es Dios que engendra]. Porque, quizás sabía que todo fue creado por Dios y que él no valía más que un instrumento de Dios404. Aplicándolo a su hijo, ¿no sería un gesto espiritual de parte de los padres que simbolizaba un cierto abandono en las manos de ese Dios Bueno, una manera de sacrificar su propia voluntad para poder abrirse a la de un Dios Todopoderoso?

Desde nuestro punto de vista, todo esto era una manera privilegiada para dar culto a Dios, con su corazón cuyo contenido no podía ser encerrado en su interior, sino que salía fuera por vía de su boca u otro gesto similar. Mutatis mutandis, los «banyarwanda», pudieran interpretar bien las palabras del salmista afirmando que su Dios no quiso sacrificios y holocaustos, sino que les dieron un corazón que le reconociera y le compartiera con los demás405. El nombre de Dios estaba siembre en sus corazones y desbordaba en sus labios. Sus oraciones les acompañaban a lo largo de su vida. Para ellos, la vida es un tesoro importante que hay que guardar, cueste lo que cueste. Y Dios es Bueno, porque es dador y protector de la vida.

que estos querían transmitir a su entorno. cf. Bernardin MUZUNGU, (1974), Le Dieu de nos pères. T.I. Les

sources de la religion traditionnelle du Rwanda et du Burundi, op.cit., p. 3. El apellido, en la cultura de los

«banyarwanda» era todo un mundo de experiencia, una expresión de una cierta vivencia, y una manifestación de sus creencias.

403 Cf. Bernardin MUZUNGU, (1974), Le Dieu de nos pères. T.I. Les sources de la religion traditionnelle du

Rwanda et du Burundi, op.cit., p.3-38.

404 Aquí nos referimos al sentido literal e intencional que Bernardin Muzungu dio al apellido «Habyalimana» con lo cual el único Dador de la vida es Dios. Y los hombres son instrumentos suyos para transmitir esta vida. Cf. Bernardin MUZUNGU, (1974), Le Dieu de nos pères. T.I. Les sources de la religion

traditionnelle du Rwanda et du Burundi, op.cit., p. 4-5.

405 Véase estas palabras del salmista: «Sacrificio y ofrenda de cereal no has deseado; has abierto mis oídos; holocausto y ofrenda por el pecado no has requerido». Salmo 40(39), 7.

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