Una de las áreas que ha sido objeto de más investigación que la mayoría es la relacionada con el conflicto progenitor-adolescente. En el discurso popular, esto se conoce como “vacío intergeneracional”. Lo que es especialmente intere- sante sobre este asunto es que parece haber una divergencia clara de opinión entre los investigadores y el público general. Por lo común, los padres y el públi- co general creen que los años adolescentes traen consigo conflicto y desacuerdo en el hogar, así como opiniones ampliamente divergentes en asuntos como el sexo, las drogas y la moralidad. Los investigadores, por otra parte, comunican buenas relaciones entre los padres y los adolescentes, con relativamente pocos datos de vacío intergeneracional en las actitudes hacia la carrera, la educación y la moralidad. Examinemos con más detenimiento los datos relacionados con esta materia.
Hemos citado ya la investigación de FOGELMAN(1976), que examinó a 11.000 jóvenes y sus padres en el Reino Unido y mostró que la gran mayoría de los pa- dres comunicaba buenas relaciones con los adolescentes, al tiempo que los propios jóvenes confirmaban esta visión, dejando bien sentado que respetaban las opiniones de sus padres y recababan su consejo sobre los principales proble- mas a los que hacían frente. Un estudio tras otro ha alcanzado hallazgos simila- res (para resúmenes, véase STEINBERG, 1990; NOLLER y CALLAN, 1991; HILL, 1993). Por supuesto, hay familias en las que existen relaciones con problemas entre los padres y los adolescentes, pero también hay otras en las que se dan problemas en las relaciones entre los padres y los niños más pequeños. Los estu- dios muestran que, cuando hay dificultades serias en las relaciones progenitor- adolescente, es muy probable que haya habido dificultades graves durante la infancia (HAGGERTYy cols., 1994).
Las investigaciones que examinan los valores y las actitudes encuentran tam- bién más similitudes que diferencias entre las generaciones. GECAS y SEFF (1990), por ejemplo, mostraron que los padres y los adolescentes compartían creencias sobre el trabajo, los valores religiosos y morales, y sobre los atributos personales que son importantes para ellos. En realidad, este estudio sostiene que hay mayores diferencias entre los propios jóvenes de diferente origen que entre una generación y otra. Una cuestión interesante aquí es el hecho de que las per- sonas ven las diferencias como si fueran mayores de lo que son. Esto es algo que exploraron NOLLER y CALLAN (1991), que señalan que los jóvenes ven a sus padres como más conservadores en sus actitudes de lo que éstos creen ser, mientras que los adultos ven a los jóvenes como sumamente radicales, una con- cepción que no resiste un examen detenido.
Por supuesto, sería poco realista ignorar el hecho de que hay diferencias en- tre las generaciones, tanto en función del gusto personal (por ejemplo, en la ropa, la música, etc.) como en relación con las disposiciones de la vida diaria. La lim- pieza de los dormitorios, los hábitos alimenticios, la televisión y la hora de ir a la cama son ejemplos obvios de áreas donde son probables los desacuerdos; sin embargo, es posible diferir en ellas sin ruptura de las relaciones. En interesantes trabajos de SMETANAy otros (SMETANA, 1988; SMETANA, 1989; SMETANAy ASQUITH, 1994) se propugna que una de las razones para los desacuerdos es que las
generaciones definen el problema de manera diferente. Así, es más probable que los padres crean que el comportamiento es un asunto de convención, es decir, la elección de ropas la dicta lo que otros esperarían, o lo que es normal en esas cir- cunstancias. Los jóvenes, por su parte, ven cuestiones como la elección de la indumentaria como una cuestión de libertad personal. Si pueden escoger lo que quieren sin referencia a la convención, entonces eso es un reflejo de su auto- nomía y madurez.
SMETANAy otros creen que los padres y los adolescentes es más probable que choquen en la definición de una cuestión que en los detalles específicos. En otras palabras, se trata más de “quién tiene la autoridad” que de “quién tiene razón”. Si los jóvenes y sus padres definen las cuestiones cotidianas de manera diferente, entonces puede ocurrir que la resolución de los conflictos resulte difícil. Sin embargo, en este punto es donde la idea de comunicación entre las generaciones se hace crítica. En varios estudios se ha mostrado que cuanto mejor es la comu- nicación entre los padres y los adolescentes, más probable es que los conflictos se resuelvan. Además, en los asuntos en que la comunicación es mala, como las drogas, es más probable que las actitudes entre las generaciones se separen. Un estudio interesante (BRODYy cols., 1994) mostró que cuanto más implicados esta- ban los jóvenes en la toma de decisiones en la familia, más probable era que tuvieran actitudes similares a sus padres en la adolescencia avanzada y al princi- pio de la edad adulta.
La calidad de la comunicación entre los padres y los jóvenes variará según un conjunto de variables. NOLLERy CALLAN(1991) proponen que el origen social, la edad del joven y las creencias religiosas afectan a la comunicación dentro del hogar. DRURYy cols. (1998) informaron sobre las atribuciones utilizadas por los jóvenes para explicar la ruptura de la comunicación en la familia, y mostraron que la razón más común dada era no comprender el punto de vista del otro. Estos autores hicieron resaltar también las diferencias percibidas por los jóvenes entre la comunicación con los padres y las madres. Generalmente, se consideraba que la establecida con la madre era de superior calidad y proporcionaba más apoyo. Examinaremos con más detenimiento las diferencias entre las madres y los padres más adelante en este capítulo. En un importante estudio, YOUNISSy SMOLLAR (1985) mostraron diferencias claras entre los asuntos comunicados a los padres y los comunicados a los iguales. Los hallazgos de este estudio se ilus- tran en la Tabla 5.3. Como se puede ver, es probable que los jóvenes analicen con los padres cuestiones relativas a la escuela y la carrera, pero los asuntos sobre sexo y las relaciones sociales es mucho más probable que se analicen con los iguales.
Para concluir este epígrafe, se puede ver que hay pocos datos para apoyar la noción de un conflicto de gran amplitud entre las generaciones. Sin embargo, también es esencial reconocer que en algunas familias habrá elevados niveles de conflicto como resultado de luchas sobre cuestiones relacionadas con la autono- mía o a causa de una compleja variedad de problemas de relación dentro del hogar. Algunos de los factores que subyacen al conflicto crónico, como el divorcio o la separación familiar, o los estilos de educación, se examinarán en apartados posteriores de este capítulo. Por último, nos enfrentamos todavía al problema de encontrar una explicación para la creencia del público en un “vacío intergenera- cional” durante el estadio adolescente. Algunos podrían decir que los medios de
Tabla 5.3.NComparaciones entre los padres y los amigos a través de debate seleccionados
comunicación dan pábulo a esta idea, mientras que otros creen que se presta demasiada atención al pequeño número de jóvenes que se salen de las normas. Posiblemente, un estereotipo negativo de la adolescencia cumple una función importante para una sociedad que ve a los adolescentes como personas que desafían el estado de cosas. Cualquiera que sea la veracidad de estos enfoques, no deberíamos perder de vista el hecho de que los hallazgos de la investigación son inequívocos. El conflicto serio entre padres y adolescentes es cierto sólo en una pequeña minoría de familias, lo que debería aportar consuelo a los padres que contemplan con inquietud el comienzo de la adolescencia.