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Predominio del comportamiento antisocial

In document Psi de La Adolescencia Rv63 (página 191-195)

Todas las revisiones de este asunto (véase, por ejemplo, SMITH, 1995; STEIN- BERG, 1996; RUTTERy cols., 1998) reflejan un aumento en el comportamiento anti- social durante décadas recientes, sea en los países europeos o en Norteamérica. Así, por ejemplo, RUTTERy cols., (1998) ilustran esto con cifras que muestran un aumento en cinco veces en los delitos registrados en el Reino Unido durante el período entre 1950 y 1990, y señalan que la gran mayoría de estos actos los han cometido jóvenes menores de 25 años. Del mismo modo, STEINBERGinforma de un aumento sostenido en la delincuencia entre los menores de 18 años en EE.UU., y señala en particular un aumento espectacular en los delitos violentos entre este grupo de edad. SMITH(1995) comunica tendencias similares en países europeos. Sin embargo, hay aquí varios factores que deben tenerse en cuenta. En primer lugar, la mayoría de estos análisis adoptan una perspectiva histórica de largo alcance, normalmente durante 30 ó 40 años. Sin embargo, en el pasado más reciente, las cosas no parecen ser iguales. Así, en Gran Bretaña, entre los años 1980 y 1990, hubo en realidad una ligera caída en el número de delincuen- tes juveniles declarados culpables o amonestados por delitos procesables. Además de esto, el nivel real de delitos registrados está sometido a variaciones en el procedimiento policial y en los métodos de recogida de datos. Sin duda, es cierto que las estadísticas oficiales ofrecen sólo un cuadro parcial del comporta- miento antisocial en los jóvenes.

Preocupaciones como estas han llevado a varios investigadores a utilizar pro- cedimientos de autoinforme para evaluar los niveles reales de conducta delictiva en este grupo de edad. Cuando se utilizaron estos métodos por primera vez, los resultados causaron cierta sorpresa. Así, en el estudio de Cambridge (WEST y FARRINGTON, 1977), el 96% de los varones jóvenes de Londres admitió haber

cometido al menos 1 de 10 delitos comunes (incluido robo, violencia, robo con escalo, vandalismo y abuso de drogas). Sin embargo, sólo un 33% había sido declarado culpable por alguno de estos delitos (FARRINGTON, 1989). Otros estu- dios (por ejemplo, HUIZINGAy ELLIOTT, 1986) han comunicado también niveles muy altos de conducta delictiva, aunque la mayoría han encontrado que estos niveles se encuentran entre el 60% y el 80%, según la muestra. En el Reino Unido, el pro- yecto de investigación más reciente de este tipo lo realizaron GRAHAMy BOWLING (1995). Estos autores comunican que el 55% de los varones y el 31% de las muje- res entre 14 y 25 años de edad admitió haber cometido al menos un delito penal en su vida, y que, en el año del estudio, un 28% de los varones y un 12% de las mujeres habían cometido un delito.

Estas cifras ofrecen un cuadro de niveles de delincuencia superiores a lo que se esperaría a partir de la estadística oficial, aunque, como FARRINGTON(1995) advierte, existe una fuerte correlación entre el autoinforme y los registros oficia- les cuando se consideran los delitos más graves. Centrándose en los peores de- lincuentes (por la gravedad y la frecuencia de las infracciones cometidas) en el estudio de Cambridge, vemos que el 62% de los que comunicaron actividad delictiva grave habían sido condenados también por estos hechos en los tribuna- les (WEST y FARRINGTON, 1977). Los estudios de autoinforme señalan también otra conclusión importante. Aunque los jóvenes procedentes de minorías étnicas aparecen con más frecuencia en las estadísticas oficiales que los pertenecientes a culturas blancas de la corriente principal, no parecen ser más antisociales cuando se consideran los datos de autoinforme. En efecto, tanto en EE.UU. (KRISBERGy cols., 1986) como en el Reino Unido (GRAHAMy BOWLING, 1995), los datos muestran con claridad que existe muy poca diferencia entre culturas en las tasas de delincuencia. La explicación más probable para la discrepancia entre la estadística oficial y los datos de autoinforme es la manera en que la policía trata a los adolescentes de las comunidades minoritarias. Según la descripción de todos los estudios de autoinforme, la policía es menos tolerante, concede un tra- tamiento más duro y es más probable que detenga a los jóvenes de minorías étnicas que a los de comunidades blancas. Los datos sobre comparaciones entre los grupos étnicos en relación con los delitos contra la propiedad se ilustran en la Figura 10.1.

Cambiando ahora a otro rasgo del comportamiento antisocial, los datos indi- can que esta conducta no se distribuye por igual a través de los grupos de edad. Las estadísticas más recientes muestran que el pico de edad de delitos es 18 años para los varones y 15 años para las mujeres. La distribución de edad apa- rece en la Figura 10.2. Este fenómeno ha provocado varios debates sobre las causas del comportamiento antisocial. ¿Por qué está asociado tan estrecha- mente con el período adolescente, y por qué disminuye de manera tan acusada cuando los jóvenes llegan a la edad adulta? Aunque no hay respuestas claras a estas preguntas, los autores han avanzado diversas propuestas. Así, algunos sostienen que los vínculos sociales que estimulan el comportamiento de obe- diencia a la ley son más débiles durante la adolescencia que en otras épocas (GOTTFREDSONy HIRSHI, 1990), mientras que otros creen que los procesos en el grupo de iguales o una confrontación inevitable con la autoridad subyacen al comportamiento antisocial en este estadio (EMLERy REICHER, 1995). La mayoría está de acuerdo en que se necesita trabajar más antes de poder encontrar una

respuesta satisfactoria. Como SMITHindica: “Parece probable que la curva edad- delito refleje ampliamente procesos de desarrollo biológico y maduración, pero, si es así, los procesos específicos implicados no se han identificado, y no se comprende por qué deberían resultar en un patrón de abandono bastante brus- co” (SMITH, 1995, pág. 173).

Al considerar el predominio del comportamiento antisocial, es importante reconocer que existe un amplio grado de variación en los tipos de conducta exa- minada. Este punto lo apoyan enérgicamente RUTTERy colaboradores (1998) en su revisión reciente del campo. Estos autores creen que los datos longitudinales permiten trazar una distinción clara entre tres amplios tipos de comportamiento antisocial. En primer lugar, está el comportamiento antisocial que se solapa con hiperactividad. Normalmente, comienza en algún momento en la infancia, se aso- cia con problemas cognitivos y sociales, es probable que persista en la edad adul- ta, y muestra una respuesta positiva a la medicación, al menos a corto plazo. Un segundo tipo es el comportamiento antisocial que tiene un comienzo muy tem- prano. En algunos estudios, se muestra que el inicio de la conducta “problema” está presente antes incluso de la edad escolar. Es probable también que este tipo

Figura 10.1.NJóvenes de 14 a 25 años que cometieron delitos contra la propiedad en Ingla- terra y Gales según su origen étnico, 1993.

Fuente: Focus on Ethnic Minorities (1996). Crown Copyright. Reproducido con permiso del Controla-

de comportamiento antisocial persista en la adolescencia y la edad adulta, y se ha llegado a llamar “persistente en el curso vital”. Por último, existe comporta- miento antisocial que surge en la adolescencia y está limitado, en general, a este estadio del desarrollo. Este último grupo es, con mucho, el mayor de los tres. Se debería advertir que varios estudios han mostrado un grado de solapa- miento entre el primer tipo y el segundo, por ejemplo, indicando que ambos tie- nen más deficiencias cognitivas y tasas más altas de problemas sociales. Como RUTTERy colaboradores señalan: “Reconocer la heterogeneidad del comporta- miento antisocial tiene consecuencias obvias para la manera en que se estudia y se trata. Vías causales distintas pueden relacionarse con subgrupos diferen- tes, y serán apropiadas diversas intervenciones según lo que sepamos sobre las vías alternativas por las que se accede o se abandona este comportamien- to“ (1998, pág. 377).

Uno de los trabajos longitudinales más valiosos en este campo ha sido el rea- lizado en Estocolmo por MAGNUSSONy STATTINy sus colaboradores (MAGNUSSONy BERGMAN, 1990; STATTINy MAGNUSSON, 1996). Este estudio examinó a 700 varones desde la infancia hasta los 30 años de edad, y documentó patrones de compor- tamiento delictivo que se ajustan estrechamente a los descritos por RUTTER y cols. (1998). En la Tabla 10.1 se presentan las ocho variaciones posibles, junto con las proporciones de la muestra que entran en las ocho categorías. Se adver- tirá que un 5% es clasificado como antisocial en todos los estadios, mientras que un 11% lo es sólo durante la adolescencia. Aproximadamente un 38% de la muestra participa en alguna forma de comportamiento antisocial al menos en uno de los tres estadios. Es de particular interés el hallazgo de que los varones en la

Figura 10.2.NPersonas encontradas culpables o amonestadas por delitos procesables por 100.000 personas según la edad, 1995, en Inglaterra y Gales.

Tabla 10.1.NEl flujo de la actividad delictiva con el tiempo (709 varones)a

primera secuencia (a saber, antisocial en todos los estadios) representan el 14% de los implicados en comportamientos delictivos en algún momento. Sin embar- go, este grupo da cuenta del 60% aproximadamente de todos los delitos cometi- dos por toda la muestra. Así, el que, en palabras de RUTTER, es “persistente en el curso vital” constituye sin duda el grupo de delincuentes más importante.

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