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Enfoques teóricos para el desarrollo de la identidad

In document Psi de La Adolescencia Rv63 (página 69-74)

ERIKSON(1968) es una figura clave en cualquier análisis del desarrollo de la identidad. Para los que quieran profundizar en su trabajo, pueden encontrar una revisión excelente en KROGER(1996). ERIKSONconcebía la vida como una serie de estadios, asociado cada uno de ellos con una tarea evolutiva particular de natu- raleza psicológica. En la lactancia, por ejemplo, la cuestión es establecer un sen- timiento de confianza básica, y combatir la desconfianza. Se considera aquí que la relación materna es crucial en la creación de una base sobre la que el bebé pueda construir relaciones de confianza posteriores. Por lo que a la adolescencia se refiere, la tarea implica el establecimiento de una identidad coherente, y la anulación del sentimiento de difusión de la identidad. ERIKSONcreía que la bús- queda de identidad se hace especialmente aguda en este estadio como resulta- do de varios factores. Así, destacó el fenómeno del rápido cambio biológico y social durante la adolescencia, y señaló especialmente la importancia para el individuo de tener que tomar en esta época decisiones importantes en casi todas las áreas de la vida. En muchos de sus escritos, ERIKSONafirmaba o suponía que es necesaria alguna forma de crisis para que el joven resuelva la cuestión de la identidad y venza la difusión de la identidad. En la Figura 4.4. se ilustra una repre- sentación esquemática de los estadios de ERIKSON.

Según ERIKSON (1968), la difusión de la identidad tiene cuatro componentes principales. En primer lugar, está el reto de la intimidad. Aquí, el individuo puede temer el compromiso o la implicación en relaciones interpersonales íntimas a causa de la posible pérdida de su propia identidad. Este temor puede llevar a re- laciones estereotipadas, formalizadas, al aislamiento, o el joven puede, como expresa ERIKSON: “en repetidos intentos febriles y fracasos deprimentes, buscar intimidad con los compañeros más improbables” (ERIKSON, 1968, pág. 167). En

segundo lugar, existe la posibilidad de una difusión de la perspectiva temporal.

Figura 4.4. N Diagrama de E RIKSON . Fuente: E RIKSON (1968). Reproducido con permiso.

VIII VII VI V IV III II

I 12 3 4 5 6 78 Perspectiva tem- poral frente a con- fusión temporal CONFIANZA frente a DES- CONFIANZA Seguridad en sí mismo frente a

timidez AUTONOMÍA frente

a VER- GÜENZA y DUDA Experimentación de roles frente a fijación en un rol INICIATIVA fren- teaC U L P A Aprendizaje fren- te a parálisis en el trabajo LABORIOSIDAD frente a INFE- RIORIDAD IDENTIDAD frente a CONFU- SIÓN DE LA

IDENTIDAD Identificación con

la tarea fren- te a sentimiento de futilidad Anticipación de roles frente a inhibición de rol Deseo de ser uno mismo fren- te a dudas sobre sí mismo Reconocimiento mutuo frente a aislamiento autista INTIMIDAD frente a AISLAMIENTO Polarización sexual frente a confusión bisexual GENERATIVI- DAD frente a ES- TANCAMIENTO Liderazgo y se- guimiento frente a confusión de autoridad INTEGRIDAD frente a DESES- PERACIÓN Compromiso ideo- lógico frente a confusión de va- lores

cualquier sentido del tiempo. Se piensa que este problema está asociado con preocupaciones por el cambio y el proceso de hacerse adulto, y a menudo “con- siste en una decidida incredulidad en la posibilidad de que el tiempo pueda traer cambios, y sin embargo también en un temor violento a que pueda hacer- lo” (página 169).

Después, está una difusión de la laboriosidad, en la que el joven encuentra

difícil aprovechar sus recursos de manera realista en el trabajo o el estudio. Am- bas actividades representan un compromiso, y como defensa frente a esto el in- dividuo puede encontrar imposible concentrarse, o puede comprometerse fre- néticamente en una única tarea con exclusión de todas las demás. Por último, ERIKSON esboza el concepto de una identidad negativa. Se hace referencia con esto a la selección por el joven de una identidad exactamente opuesta a la prefe- rida por los padres u otros adultos importantes.

La pérdida de un sentido de la identidad se expresa a menudo en una hostilidad despreciativa y presuntuosa hacia el rol ofrecido como adecuado y deseable en la pro- pia familia o comunidad inmediata. Cualquier aspecto del rol requerido o todo él —sea la masculinidad o la feminidad, la nacionalidad o la pertenencia de clase— se puede convertir en el principal foco del ácido desdén del joven.

(ERIKSON, 1968, pág. 172.) Estos cuatro elementos, por tanto, constituyen los rasgos principales de la difusión de la identidad, aunque desde luego no todos estarán presentes en un individuo que experimenta una crisis de identidad. Además de estos conceptos, es preciso mencionar como rasgo importante de la teoría de ERIKSONotra noción: la moratoria psicosocial. Esta noción alude a un período durante el cual las deci- siones se dejan en suspenso. Se afirma que la sociedad permite, incluso alienta, una época de la vida en que el joven puede retrasar elecciones de identidad importantes y experimentar roles para descubrir la clase de persona que desea ser. Aunque este estadio puede llevar a desorientación o perturbación, tiene, según ERIKSON, una función saludable: “Gran parte de esta aparente confusión se debe considerar, así, un juego social: el verdadero sucesor genético para el jue- go infantil” (1968, pág. 164).

La integración de la dotación biológica, las identificaciones significativas y las defensas del ego con los roles ofrecidos por la sociedad de una persona son inhe- rentes a la conceptualización de ERIKSONdel proceso de formación de la identi- dad: por la interacción y regulación mutua de estos factores es como puede evo- lucionar un sentido de la identidad interna. Los medios por los que el adolescente entra en relación con la sociedad son, principalmente, los roles ocupacionales, ideológicos y sexuales, y es en gran parte por estos caminos como se ha explo- rado el proceso de formación de la identidad.

El problema real con la teoría de ERIKSONradica en el hecho de que no espe- cifica el alcance de la crisis de identidad adolescente. Su uso de términos como “crisis normativa” y “la psicopatología de la adolescencia cotidiana” da a entender que se puede esperar que todos los jóvenes se enfrenten a estas crisis, sin embargo, no reconoce en ningún lugar la amplia variedad de la experiencia ado- lescente. Prefiere en cambio tratar los aspectos cualitativos del desarrollo de la identidad, y aunque en su pensamiento existe una riqueza evidente de penetra-

ción clínica, se ha dejado a otros traducir sus ideas a una forma que se pueda poner a prueba de manera empírica.

El trabajo de MARCIA(1966, 1980, 1993) es primordial a este respecto. MARCIA ha utilizado las dimensiones conceptuales de crisis y compromiso de ERIKSON para definir cuatro niveles de identidad. Los cuatro estadios o niveles de identi- dad, como se han designado, son los siguientes:

1.NDifusión de la identidad. Aquí, el individuo no ha experimentado todavía

una crisis de identidad ni ha establecido un compromiso con una vocación o conjunto de creencias. Tampoco hay indicación de que esté intentando activamente establecer un compromiso.

2.NHipoteca de la identidad. En este nivel, el individuo no ha experimentado

una crisis, pero no obstante está comprometido con sus metas y creen- cias, en gran parte como resultado de elecciones hechas por otros. 3.NMoratoria. Un individuo en esta categoría no ha resuelto todavía la lucha

por la identidad, pero busca activamente alternativas en un intento por lle- gar a una elección de identidad.

4.NConsecución de la identidad. En este estadio, se considera que el indivi-

duo ha experimentado una crisis, pero la ha resuelto en sus propios tér- minos, y ahora está firmemente comprometido con una ocupación, una ideología y con roles sociales.

Los niveles de consecución, moratoria, hipoteca y difusión de la identidad caracterizan con mayor detalle a los jóvenes que intentan resolver o evitar el tra- bajo de la identidad de la adolescencia. Los individuos que han conseguido la identidad o la han hipotecado comparten un compromiso con los papeles adultos; sin embargo, los primeros han sintetizado figuras de identificación importantes de la infancia en una configuración original y personal, mientras que los segundos han evitado este trabajo de desarrollo adoptando identidades creadas para ellos por otros. En cambio, los jóvenes con moratoria y difusión de la identidad com- parten una falta de compromiso. Sin embargo, para el grupo de moratoria esa fal- ta es instrumental, actuando como un estímulo hacia la síntesis de la identidad, mientras que para los que están en el nivel de hipoteca representa una incapaci- dad para establecer un compromiso con una forma de identidad adulta.

En opinión de MARCIA, estos cuatro niveles de la identidad se pueden ver como una secuencia evolutiva, pero no necesariamente en el sentido que uno sea el prerrequisito de los otros. Sólo la moratoria parece ser esencial para la con- secución de la identidad, puesto que la búsqueda y la exploración que la ca- racterizan deben preceder a una resolución del problema de la identidad. En su investigación original (1966), MARCIAencontró que a medida que los estudiantes pasaban por los cuatro años de facultad, la proporción de los que se encontraban en el nivel de difusión de la identidad disminuía, mientras que el número de los sujetos con consecución de la identidad aumentaba de manera sostenida.

La conceptualización de MARCIAdel desarrollo de la identidad ha producido una enorme cantidad de actividad investigadora. Durante las décadas de 1970 y 1980 se trataron dos cuestiones clave. En primer lugar, los investigadores de- seaban averiguar si los métodos propuestos por MARCIAapoyaban la teoría del desarrollo de la identidad de ERIKSON. Hablando en general, así resultó ser. Por

ejemplo, los jóvenes que consiguen la identidad parecen ser más sanos psicoló- gicamente que otros individuos en diversos grados. Puntúan más alto en motiva- ción para el logro, razonamiento moral, madurez de carrera y destrezas sociales con los iguales. Los individuos en el grupo con moratoria puntúan más alto en las medidas de ansiedad, y muestran los mayores niveles de conflicto con la autori- dad. Se ha mostrado que los que se encuentran en el nivel de hipoteca de la iden- tidad son más autoritarios, tienen la necesidad más alta de aprobación social y el nivel más bajo de autonomía. Por último, los que se hallan en un estado de difu- sión de la identidad tienen los niveles más altos de problemas psicológicos e interpersonales. También son los que muestran más aislamiento social y tienen las peores destrezas sociales con los iguales. Se pueden encontrar revisiones y resúmenes de estas investigaciones en ADAMSy cols. (1992), en KROGER(1993, 1996) y en PHINNEYy GOOSSENS(1996).

La segunda cuestión importante a la que se encaminaron los que siguieron a

MARCIAtenía que ver con el proceso evolutivo de los cuatro niveles de identidad. Varios investigadores han mostrado que es poco probable que la consecución de la identidad se produzca mucho antes de los 18 años de edad. Los que han exa- minado a jóvenes en los años intermedios de la adolescencia encuentran pocas diferencias uniformes (véase ARCHER, 1982; ADAMSy JONES, 1983). Parece que, aunque el autoexamen puede ocurrir durante este periodo, la formación real de una identidad adulta no se produce como pronto hasta la adolescencia avanzada. En estudios clave de WATERMAN y colaboradores, se siguió el desarrollo de la identidad de estudiantes universitarios durante varios años (WATERMANy WATER- MAN, 1971; WATERMANy cols., 1974; WATERMANy GOLDMAN, 1976). Los resultados de esta investigación revelan que, incluso al final de la universidad, el logro de la identidad se produce principalmente en la esfera de la identidad ocupacional. El compromiso en el área de la identidad política e ideológica no se ha puesto de manifiesto todavía para una proporción considerable de adultos jóvenes (véase también WATERMAN, 1982).

Ha habido también considerable interés en si los individuos cambian de un nivel de identidad a otro con el tiempo. ¿Son estables los niveles? Y ¿se debe esperar que haya más variación entre unos individuos que entre otros? Un estu- dio de ADAMSy FITCH(1982) mostró que más del 60% de los estudiantes a los que se clasificó en el nivel de difusión de la identidad habían pasado a un nivel dife- rente en un período de un año. La investigación de WATERMANy sus colaborado- res, mencionada anteriormente, ilustra una conclusión similar. En un estudio (WATERMANy WATERMAN, 1971) se comunicó que el 50% había salido de la difu- sión de la identidad en 12 meses, mientras que en otro (WATERMANy GOLDMAN, 1976) aproximadamente el 90% de los que estaban en el grupo de moratoria había cambiado a otro nivel para el final del estudio. Está claro, por tanto, que el reto de identidad no se resuelve necesariamente en un punto en el tiempo, sino que continúa surgiendo de nuevo una y otra vez mientras el individuo atraviesa la adolescencia avanzada y el principio de la edad adulta.

Como KROGER(1996) deja bien sentado, la vitalidad de la empresa investiga- dora que se originó con el trabajo de ERIKSONy MARCIAes todavía muy evidente. Los estudios en la última década han examinado los estilos de identidad y las estrategias defensivas (BERZONSKY, 1992), el papel de las relaciones en el proce- so de formación de la identidad (ARCHER, 1993), el papel de la experiencia óptima

facilitando el desarrollo de la identidad (WATERMAN, 1992), los acontecimientos que se asocian con el cambio del nivel de identidad (KROGERy GREEN, 1996) y una perspectiva de sistemas dinámicos sobre el proceso de adopción de com- promisos (BOSMA, 1992). Además, se han propuesto diferentes tipos de hipotecas y difusiones (ARCHERy WATERMAN, 1990), y se puede ver un desarrollo importan- te en el pensamiento sobre esta materia en el trabajo de COTEsobre el capital de identidad (COTE, 1996, 1997). Esencialmente, COTEsostiene que, con la disloca- ción de la sociedad moderna avanzada, los recursos psicológicos y sociales se han vuelto limitados, y que necesitamos considerar con más detenimiento los activos tangibles e intangibles de que disponen los jóvenes para comprender el proceso de formación de la identidad hoy en día.

Al concluir este epígrafe sobre los enfoques teóricos para el desarrollo de la identidad, nos queda por señalar otra tendencia importante que se ha puesto de manifiesto en años recientes. Esta tendencia tiene una significación particular, pues está estrechamente vinculada con el interés que se muestra en la actualidad por el contextualismo evolutivo, el enfoque teórico perfilado en el Capítulo Prime- ro. Esencialmente, es esta: que los teóricos de la identidad están dirigiendo su atención cada vez más al contexto de la formación de la identidad. Un reflejo de esta tendencia se puede ver en los títulos de las nuevas publicaciones, como, por ejemplo, el número especial de PHINNEYy GOOSSENS(1996) del Journal of Ado-

lescence titulado “Desarrollo de la identidad en el contexto”. Aunque los compila-

dores de ese volumen creen que se ha prestado relativamente poca atención a los factores contextuales en la investigación de identidad, la amplitud y el alcance de los artículos en ese número especial ilustran un cambio de enfoque entre los investigadores en el campo. Los artículos exploran la interacción entre el desa- rrollo de la identidad y los contextos histórico, geográfico y étnico, y parece pro- bable que esta tendencia adquiera impulso en los años venideros. Posiblemente el rasgo más importante de este movimiento, en el que la propia PHINNEY ha desempeñado un papel clave, sea la creciente preocupación por el origen étnico. La investigación sobre esta materia proporciona un ejemplo destacado de la manera en que las cuestiones contextuales y evolutivas se unen. Este asunto es el que trataremos ahora.

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