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Preocupaciones de los jóvenes

In document Psi de La Adolescencia Rv63 (página 140-142)

En este capítulo hemos examinado hasta ahora las preocupaciones de los adultos sobre la salud adolescente. ¿Qué preocupa a los jóvenes? Como hemos advertido, se considera generalmente que los adolescentes son una población sana a causa de su contacto relativamente bajo con los servicios de salud. Sin embargo, en un estudio escolar de adolescentes de 13 a 15 años de edad con cuestionarios realizados en 9 escuelas comprensivas de Londres, los jóvenes demostraron que sus preocupaciones de salud principales trataban del peso, el acné, la nutrición y el ejercicio (EPSTEIN y cols., 1989). Además, como varios estudios han mostrado, parece haber una necesidad no satisfecha de debatir el desarrollo sexual, las enfermedades de transmisión sexual y la anticoncepción (véase, por ejemplo, SHUCKSMITH y HENDRY, 1998). Por lo general, se muestra que los adolescentes tienen menos interés en hablar sobre el tabaco, el alcohol o las drogas —todas las preocupaciones adultas— con los profesionales de la salud. Además, en una encuesta por correo realizada a jóvenes de 16 a 20 años registrados en una práctica general en el centro de Londres, el 30% de las chi- cas y el 15% de los chicos comunicaron que algo iba mal con su salud y, en par- ticular, que tenían sobrepeso (BEWLEY y cols., 1984). Una serie de entrevistas realizadas por AGGLETONy cols. (1996) a niños y adolescentes de 8 a 17 años de edad apoya la idea de que las preocupaciones de salud de los jóvenes se extien- den más allá de las cuestiones relacionadas con el tabaco, las drogas y la salud sexual. Además de las preocupaciones por la dieta y el peso, había clara inquie- tud por los problemas de relación y su influencia en el bienestar emocional y psi- cológico.

Estar en posesión de las destrezas básicas para “llevarse bien con otros” se veía como un componente esencial para un sentimiento de salud y bienestar. Se consideraba que pocos adultos apreciaban la naturaleza de las necesidades de los adolescentes de aprender estas destrezas sociales o la importancia de la tarea evolutiva implicada y, generalmente, que los adultos podían aprender a ser más empáticos con las preocupaciones de los jóvenes. En el estudio de HENDRY y cols. (1998), se expresó frecuentemente la opinión de que los adultos —y esto incluía a padres, profesores y la comunidad de adultos en general— no com- prendían necesariamente cuáles eran las inquietudes de los jóvenes en relación con la salud, ni lo importantes que son algunas experiencias para fortalecer o dañar la autoestima e influir en los “recursos” que podrían ayudar a los jóvenes a desarrollar actitudes y prácticas de comportamiento más sanas. Se recogieron más datos de las entrevistas acerca de la necesidad de educar sobre la depresión

y otras enfermedades afectivas. Los jóvenes creían también que debían recibir una especie de “educación emocional”, que incluía aprender a afrontar la ira y comprender (es decir, reconocer) las emociones, los estados de ánimo y qué hacer con ellos, incluido abrirse paso por los problemas del dolor y la pérdida (PERSCHY, 1997).

CHURCHILLy cols. (1997) afirmaron que las actitudes hacia la salud se pueden clasificar según que una persona crea que tiene control sobre su propia salud, o que esta se relaciona más con el azar. Estas actitudes pueden influir luego en el comportamiento relacionado con la salud y la asunción de riesgos. Esta clasifica- ción forma la base de una medida de “locus de control de la salud” (NORMAN y BENNETT, 1996). MACFARLANEy cols. (1987) encontraron que el 13% de los ado- lescentes expresaba la opinión de que la salud es una cuestión de suerte, mien- tras que el 85% estaba de acuerdo con la afirmación de que “hay muchas cosas que puedes hacer para estar sano y evitar la enfermedad”. BALDING(1992) incor- poró la escala de locus de control interno-externo en un estudio de las escuelas. Había poco cambio en actitudes entre los 11 y 15 años de edad, pero los chicos puntuaban más alto con respecto al locus de control interno que las chicas, que, así, parecen percibirse con un menor control sobre su propia salud. Aproximada- mente un tercio de ambos sexos expresó diferentes grados de “indefensión” fren- te a las influencias externas en su salud, y BALDING indica que estas actitudes actuarán como un filtro para cualquier mensaje de promoción de la salud. Del mis- mo modo, en un extenso estudio de adolescentes escoceses, HENDRY y cols. (1993) encontraron que los jóvenes tenían opiniones bastante positivas sobre su propia salud, que las mujeres se consideraban menos sanas y tenían más pro- blemas que los varones y que, aunque algunos veían la salud como un asunto de suerte o de genética, la mayoría consideraba que podían influir en ella por el pa- trón de estilo de vida que escogiera.

LEWIN(1980) propuso que la posición social de los adolescentes, que no es la de los niños ni la de los adultos, es lo que contribuye a sus problemas emo- cionales y de comportamiento. Aunque puede haber períodos difíciles, que inclu- yen momentos de desesperación, confusión, soledad y dudas sobre sí mismos, la mayoría de los jóvenes afrontan estos sentimientos e intentan corregir las situaciones adversas que los causan (PLANCHERELy BOLOGNINI, 1995). Se puede afirmar que el logro de las tareas evolutivas implicadas en la transición adoles- cente influye positivamente en la salud mental. KLEIBERy RICKARDS(1985) afir- man que “el orden del día esencial de los adolescentes es establecerse como individuos con un sentido del yo y con alguna legitimidad, ejerciendo sus capa- cidades en expansión en aspectos que los hagan efectivos en la sociedad más amplía.” NuRMI(1997), en un excelente artículo que muestra las relaciones entre la definición de sí mismo y la salud mental auténtica, pone de relieve también este punto. Además, los factores externos desempeñan también su papel, ya que sobre el desarrollo influyen varios contextos diferentes, particularmente los contextos familiar y escolar, que se han encontrado asociados, junto con las ca- racterísticas individuales, con riesgos de salud y de comportamiento (RESNICK y cols., 1997).

In document Psi de La Adolescencia Rv63 (página 140-142)