Los canales del cambio
CUALES SON LOS LIMITES DEL CAMBIO?
¿Cuáles son en última instancia, los límites a nuestro intento de cambiar nuestras pautas de pensamiento y nuestra vida?
Es un hecho que el individuo puede cambiar muchísimo, pero si a los cuarenta años alguien quiere hacerse músico, lo más probable es que no pueda convertirse en un moderno Beethoven o Mozart. Si usted quiere aprender a jugar al tenis, probablemente no podrá competir con Ivan Lendl o una Martina Navratilova. Algunas habilidades hay que empezar a cultivarlas desde temprana edad si uno quiere alcanzar el máximo de sus potencialidades. E incluso si realmente se empieza temprano, hay limitaciones genéticas a lo que puede lograr cada uno.
Yo Mozart
Antes Después Antes Después
Algo Mucho
CAPACIDAD MUSICAL
Para entender cuáles son los límites genéticos que pueden condicionar los cambios cerebrales, es útil imaginarse una línea horizontal por cada aspecto del comportamiento o del pensamiento que a uno le interese transformar.
Supongamos, por ejemplo, que usted quiera cultivar su capacidad musical aunque tiene ya una edad mediana. Al lado izquierdo de la línea puede escribir las palabras “Yo-Antes”, para indicar en qué nivel está su capacidad antes de empezar a adquirir esa habilidad nueva. Al lado derecho de la línea podría escribir “Mozart”. Y luego en algún lugar intermedio, puede anotar “Yo-después de cinco años de trabajar y estudiar mucho”.
Dicho de otra manera: decididamente, usted tiene la potencialidad de mejorar su capacidad natural con cierto esfuerzo y disciplina. Pero por más que se esfuerce a esta altura de su vida, es probable que jamás se aproxime, en esa línea, a los logros de Mozart, que para empezar, nació con dones excepcionales. Por otra parte está la esperanza de que, si pone usted en la disposición anímica adecuada y confía en el Principio de la Maxi-Mente, reforzará sus probabilidades de alcanzar grandes logros, independientemente de su edad y de sus capacidades innatas.
Uno de los problemas más enigmáticos y misteriosos con que se enfrentan los investigadores de la función cerebral es la distinción entre la mente y el cerebro. ¿Son los dos la misma cosa? ¿O la mente está hecha características que van más allá de la estructura física del cerebro?
A lo largo de años, este punto ha sido sumamente discutido. Hay quienes sostienen que la mente es la suma total de las capacidades físicas del cerebro: nada más ni nada menos. Pero sir John Eccles, Premio Nóbel de Medicina en 1963, ha rechazado esta visión mecanicista de los procesos pensantes del hombre. Eccles no cree que el poder la mente se apoye exclusivamente en las células nerviosas, las dendritas, las sinapsis y los neurotransmisores, sino que más bien sostiene: “Creo que hay un misterio fundamental en mi existencia, que trasciende cualquier explicación biológica del desarrollo de mi cuerpo (que incluye mi cerebro) con su herencia genética y su origen evolutivo”.
Y sigue argumentando: “Si digo que la peculiaridad del ser humano no se deriva del código genético ni de la experiencia, entonces, ¿de qué se deriva? Mi respuesta es la siguiente: de una creación divina. Cada ser humano es una creación divina”.
En la misma vena expresó William Penfield, el famoso neurocirujano canadiense, en su libro The Mistery of Mind (el misterio de la mente), que probablemente el funcionamiento de la mente será siempre imposible de explicar basándose únicamente en las acciones químicas o eléctricas en el cerebro y en el sistema nervioso.
“La mente es independiente del cerebro- declaró- El cerebro es un ordenador, pero está programado por algo que es externo a él, la mente”.
Roger Perry, el ganador del Premio Nóbel a quién se debe buena parte de las investigaciones sobre el split brain, no va tan lejos como Eccles ni como Penfield, pero llega a la conclusión de que la mente “es el logro que corona unos quinientos millones de años –o más- de evolución”. Sugiere también que la mente es más que la suma de los mecanismos y componentes físicos del cerebro. En otras palabras, así como el oxígeno y el hidrógeno se combinan para producir agua, que es totalmente diferente de sus componentes, también las partes del cerebro se combinan para producir una mente que trasciende sus cimientos puramente moleculares.
Cabe preguntarse si es posible definir la “mente”.
En términos científicos, simplemente no podemos ser definitivos. Con seguridad, la mente reside en gran parte en el cerebro; en muchos sentidos parece, también, que trasciende los componentes individuales del cerebro. Los grupos religiosos han reconocido desde hace tiempo esta característica trascendente de nuestra conciencia, y por eso usan expresiones como “el espíritu humano” u otras formas de lenguaje metafísico. Entre la institución religiosa y este fenómeno de la mente existe un vínculo, que da la impresión de trascender de algún modo lo físico, y en este sentido me parece interesante observar que la forma más frecuente y más efectiva de alcanzar la Relajación, con todos sus beneficios psicológicos, ha sido mediante diversas formas de plegaria.
Está claro que hemos alcanzado ya algunas fronteras del pensamiento y del entendimiento científico. Aunque sea mucho lo que no sabemos y quizá nunca sepamos, en lo referente al funcionamiento del cerebro y de la mente, creo que tenemos justificación suficiente para reconocer –e intentar utilizarlo- el fenómeno que he denominado el Principio de la Maxi-Mente, es decir, la capacidad de los seres humanos para abrirnos paso a través de hábitos y formas de pensamiento arraigados, y transformar nuestra vida. Los rasgos fundamentales de este principio, tal como lo hemos visto incluyen:
-La capacidad para superar la “dictadura” del lado izquierdo del cerebro y para aumentar la comunicación y la coherencia entre los hemisferios izquierdo y derecho.
-La plasticidad del cerebro, o su capacidad de ser moldeado y configurado mediante la transformación de las células y la instalación de vías nuevas;
-El papel central de las creencias en el desencadenamiento de cambios importantes en el cerebro y en la mente; y
-El papel de eje que desempeña la Relajación para ayudar a abrir la puerta a transformaciones capaces de cambiarnos la vida.
Ahora, teniendo bien presentes estos puntos básicos consideremos algunas formas prácticas en que usted puede usar el Principio de la Maxi- Mente para cambiar su vida.