El secreto para ponerse en forma
UNA NUEVA DISCIPLINA
Para la mayoría de las personas, sobre todo alcanzada una vez la edad adulta, no es fácil iniciar un programa nuevo para ponerse en forma. A esa edad tendemos a sentirnos cómodos con nuestras costumbres sedentarias, y se hace muy difícil romper con los antiguos hábitos para iniciar otros nuevos, especialmente cuando la empresa puede significar agujetas, músculos doloridos y otras incomodidades físicas.
Lo primero que tiene que tener presente quien esté planteando un nuevo régimen de ejercicios es que probablemente necesitará lo menos un mes para obtener resultados apreciables. Ese tiempo de transición se necesita, por lo común, para establecer en el cerebro nuevas pautas de pensamiento que conformarán nuevos hábitos para el futuro. Además, generalmente son necesarias dos o tres semanas para que el adulto sedentario promedio empiece a recuperarse del dolor inicial proveniente de ejercitar músculos relativamente inactivos.
En general, la mayoría de las personas que quieren poner en forma su sistema cardiovascular recurren a las actividades de resistencia llamadas aeróbicas, tales como caminar, correr, trotar, andar en bicicleta, nadar y quizás el esquí de fondo. En la mayoría de los casos, el individuo escoge alguna de estas actividades y se dedica a ella hasta que su nivel de forma física mejora en forma significativa. La marcha y la carrera, que exigen relativamente poca destreza y un mínimo de equipamiento suelen contarse entre las actividades más populares en este terreno.
Emplear el Principio de la Maxi-Mente durante esta fase de transición, y después de ella, contribuirá enormemente a que la nueva disciplina o hábito deportivo quede integrado en su comportamiento.
¿De qué manera actúa el Principio cuando está usted tratando de adquirir una nueva disciplina para ponerse en forma?
Como siempre la Fase Uno requiere que se empiece por inducir la Relajación. Con ello se abrirá usted a las posibilidades de hacer mejor uso de su hemisferio derecho. Cuando el cerebro está así preparado, es más fácil transformar en sentido positivo cualquier interferencia negativa del hemisferio izquierdo, como podría ser “Yo soy constitucionalmente incapaz de ser deportista”.
A renglón seguido, en la Fase Dos deberá comenzar inmediatamente a influir sobre el hemisferio izquierdo aportándole información benéfica, en la forma de instrucciones e imágenes que promuevan los cambios que usted quiere obtener y lo encaminen en la dirección de la disciplina deseada. De hecho, durante la Fase Dos estará usted creando en el hemisferio izquierdo nuevas inferencias que lo renovarán mentalmente, ayudándole a transformar su vida.
En ocasiones, algo semejante a esta secuencia en dos fases puede suceder aun cuando un individuo no sabe nada del Principio de la Maxi- Mente. Recuerdo la experiencia de Bárbara, una ejecutiva publicitaria de poco más de treinta años, que inició un programa de natación mucho antes de la actual popularidad de los programas para ponerse en forma. Ya nadaba razonablemente bien cuando empezó, pero eso no habría bastado para mantenerla en marcha si ella no hubiera visto inmediatamente una relación entre la actividad repetitiva de la natación y su propia necesidad de encontrar alivio a la tensión producida por su trabajo en publicidad.
Desde que cumplió los treinta, había estado sintiendo la edad, como ella decía. Había aumentado de peso y en general se sentía en mala forma, tensa y apática. Aunque nunca había practicado ninguna forma de atletismo en serio, solía gustarle nadar, de modo que decidió asociarse a un club local y ver si allí podía mejorar su forma física.
Esta nadadora en ciernes nada sabía del Principio de la Maxi-Mente ni, para el caso, de la Relajación. Además no tenía ninguna postura teórica de autoayuda que le sirviera para empezar a cultivar esta nueva disciplina deportiva. Lo más probable, si sus primeras experiencias en la piscina le hubieran resultado incómodas, o sin interés, era que hubiese abandonado el proyecto.
De hecho Bárbara tenía antecedentes de abandonar bruscamente su actividad deportiva si no la encontraba inmediatamente satisfactoria. Había empezado a jugar al tenis, pero lo había dejado enseguida porque le hacía sudar y acalorarse más de lo que le gustaba, además no jugaba lo bastante
bien como para mantener la pelota en movimiento durante un tiempo apreciable. Después intentó aumentar el tiempo que dedicaba a la marcha, pero al andar por el duro pavimento de la ciudad, donde intentaba ejercitarse, le dolían los pies y las rodillas.
La natación resultó ser algo muy diferente, principalmente porque en ella acertó a tener una experiencia sumamente positiva que ponía en juego el Principio de la Maxi-Mente. Inicialmente, tropezó con algunas dificultades, tal como le había sucedido con los otros deportes: no podía hacer más de cinco o seis largos en la piscina olímpica donde practicaba. Los músculos de brazos y piernas se le cansaban demasiado para seguir, le faltaba resistencia para hacer distancia. Pese a estas dificultades físicas, como le gustaba mucho nadar, Bárbara empezó, sin darse cuenta, a practicar la Fase Uno del Principio de la Maxi-Mente.
-Lo que realmente me gustaba de la natación, desde el comienzo mismo era el hecho de que el agua fuese tan sedante –explicó-. Y también había algo en el movimiento rítmico de los brazos y las piernas que me acunaba, llevándome a un estado que no puedo acabar de explicar, pero que indudablemente era placentero y me relajaba mucho.
Tenemos aquí un ejemplo de esa inefable vivencia del cerebro derecho, que se produce con la inducción de la Relajación, y con la introducción del Principio de la Maxi-Mente. Esa sensación se acentuó más a medida que Bárbara adquiría mayor competencia en su deporte. Cuenta que después de haber estado nadando dos o tres semanas, el número de largos de piscinas que podía nadar se duplicó, y después se triplicó. Poco a poco su mente empezó a concentrarse principalmente en la brazada que estaba dando. En particular, cuando iba nadando el primer largo, cada vez que el brazo izquierdo entraba en el agua, Bárbara se decía “uno…uno…uno”. Y después repetía el proceso mientras nadaba el segundo largo, esta vez diciendo “dos” cada vez que el brazo izquierdo se sumergía en el agua.
Sin darse cuenta de lo que hacía, esta joven nadadora estaba usando como foco de meditación el número de largo que estaba nadando. Ese foco, repetido una y otra vez, al combinarse con el movimiento rítmico del cuerpo le provocaba la Relajación.
Bárbara no tardó mucho tiempo –unas tres o cuatro semanas- en descubrir que periódicamente tendía a fusionarse con el agua. Tenía casi la sensación de estar fundiéndose con las ondas que fluían suavemente a su paso. Varios otros concurrentes a la piscina le comentaron que ellos también tenían esa vivencia, y esto reforzó sus expectativas. Así que
empezó a esperar, cada vez con mayor ilusión, este nuevo y fascinante nivel de conciencia.
Bárbara se benefició también de otras formas de reforzamiento al alternar con los otros nadadores que fue conociendo en la piscina. Después de nadar, era frecuente que se pusiera a charlar con otros nadadores que esperaban para hacer sus largos de piscina. Hablaban de técnicas de natación, del equipo, gafas para el agua o tapones para los oídos, y del placer y la satisfacción que obtenían de aquel deporte.
Aquellas conversaciones acentuaban el interés de la joven nadadora por su actividad. Tal como ella lo expresaba, “se sentía como si hubiera llegado a ser miembro de un club nuevo y estupendo”.
Una vez más sin saberlo, estaba aplicando el Principio de la Maxi- Mente: primero, en la piscina, inducía la Relajación. Luego se concentraba en la información y en los conceptos positivos relacionados con la destreza que quería perfeccionar.
Bárbara jamás tuvo problema alguno con los antiguos impulsos de abandonar su nueva disciplina, cosa bastante notable, ya que pasó por un período durante el cual tuvo los músculos un tanto doloridos. Además las sesiones de entrenamiento le tomaban generalmente entre una hora y una hora y media, desde que salía de su casa o de su despacho hasta que regresaba.
Lo que tenemos aquí es, pues, un compromiso importante con una habilidad nueva, un compromiso que se vio muy facilitado por la acción del Principio de la Maxi-Mente. Las inferencias negativas de su hemisferio izquierdo acerca de los ejercicios cambiaron en forma espectacular. Sólo más adelante pudimos definir con más precisión lo que probablemente le había permitido iniciado y mantener con éxito aquella disciplina. En la actualidad hace dieciséis años que Bárbara va a nadar entre tres y cuatro veces por semana.
¿Qué se puede aprender de la experiencia de esta mujer, como de otras y otros que finalmente han conseguido emprender alguna disciplina para mantenerse en forma?
Como es obvio, Bárbara estaba motivada. Sentía que estaba perdiendo su apariencia juvenil y como la mayoría de nosotros, había tropezado con múltiples dificultades en sus intentos de embarcarse en un programa de ejercicios. Sólo consiguió el éxito luego de haber escogido un deporte que podía practicar en el contexto del Principio de la Maxi-Mente.
De la misma manera, deberá ser emplear el método en dos fases para practicar el Principio de la Maxi-Mente. Dicho de otra manera: empiece por inducir la Relajación, y luego concéntrese en informaciones y conceptos tendentes a reforzar la disciplina a iniciar.
Hay límites para las nuevas disciplinas de forma física que es posible establecer mediante el Principio de la Maxi-Mente. Por ejemplo, los aspectos de la forma física, que exigen una disminución de peso pueden requerir un esfuerzo considerable. Con las dietas hay un problema importante, que se ha dado en llamar el “efecto yo-yo”, y que es la tendencia de la persona a rebajar de peso para después volver a recuperarlo, y seguir repitiendo el mismo proceso.
Por otra parte, si la reducción de la angustia es un factor importante en la capacidad de adelgazar, entonces confiar en el Principio de la Maxi- Mente puede ser muy útil y dar resultados duraderos. Puede que la angustia y las preocupaciones contribuyan en forma significativa a su tendencia a comer en exceso, pero valiéndose del Principio, usted puede reducir la angustia, haciendo así desaparecer un importante factor que lo mueve a comer demasiado.
Sin embargo, los problemas de peso y otros similares suelen ser bastantes recalcitrantes y requieren algo más. Entre otras cosas, le será útil tener una firme red de apoyo para su programa. Por ejemplo, podría participar en un grupo integrado por personas que tengan el mismo problema. Y si tiene un sistema de creencias sólido en qué apoyarse, será mucho más fácil que alcance éxito en estos terrenos difíciles.
Arturo, un hombre de cuarenta años, quería rebajar unos siete kilos. No tenía un gran exceso de peso, pero sí lo suficiente para que se le formará un antiestético rollo de grasa en la cintura, que le hacía sentir mal consigo mismo. Por más que se esforzaba, no podía perder peso. Sabía que la única forma de conseguirlo era comer menos, pero eso le resultaba casi imposible, porque le encantaban los dulces y los postres.
Además, no tenía tiempo para participar en un grupo de personas empeñadas en adelgazar, ni le interesaba hacerlo. En cambio, era profundamente religioso, no sólo sentía que él quería librarse de esos kilos, sino que creía firmemente que Dios quería que lo hiciera.
A diferencia de Bárbara, la nadadora, Arturo tenía bien claro cómo podía ayudarle el Principio de la Maxi-Mente, de modo que empezó a
practicar la Relajación por la mañana, con sus oraciones. Inmediatamente después de los momentos dedicados a la meditación, se concentraba en algún pasaje de las Escrituras que creía iba a reforzar la idea de que debía adelgazar. Los que más le gustaban eran estos:
¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo que habita en vosotros…?
I Corintios, 6:19
…ofreceos a Dios como resucitados de entre los muertos, y vuestros miembros como instrumentos de justicia para Dios.
Romanos, 6:13
En su opinión no poder adelgazar era ofender a Dios. Por eso, como creía que era muy importante vivir de acuerdo con sus principios y sus escrúpulos religiosos, estaba muy motivado para hacerlo. Incluso llevó el tema a un grupo de discusión y de oración donde concurría regularmente, y los demás participantes aplaudieron su resolución. Al combinar sus períodos de plegaria y meditación con la cuidadosa consideración de pasajes específicos de las Escrituras, Arturo consiguió adelgazar esos kilos en pocos meses.
Como ya he dicho, los problemas de peso son muy difíciles de resolver, y el de Arturo no era la excepción, pese a su fe y al apoyo que recibió de sus compañeros. Durante los dos meses siguientes, volvió a aumentar casi tres kilos.
Sin embargo, después su peso se estabilizó y se sintió capaz de evitar los dulces y otras cosas que podían hacerle engordar para mantenerse muy poco por encima del peso deseado. Hasta podía rebajar un kilo extra de vez en cuando, al volver a concentrarse en el uso del Principio de la Maxi- Mente.
Como veremos luego, cuando consideremos el uso del Principio de la Maxi-Mente con las disciplinas espirituales, la relación entre los cambios producidos en el cerebro y la fe religiosa es muy difícil –si no imposible- de describir científicamente. Nuestra hipótesis es que lo sucedido con Arturo, como con muchos otros que han conseguido éxitos similares, es que en el cerebro se crean vías para nuevas pautas de acción. Arturo creó en su hemisferio izquierdo nuevas inferencias relativas a sus hábitos de alimentación. Es imposible medir el ingrediente espiritual de este proceso, aún cuando haya sido evidentemente un ingrediente importante en el logro de lo que se proponía.
Creo que cualquiera puede usar el Principio de la Maxi-Mente con el fin de mejorar su estado físico, incluida la pérdida de peso; pero ha de tener en cuenta que quizá necesite algo más –que puede ser un grupo de apoyo- para reforzar su sistema de creencias. En otras palabras, según la dificultad de la empresa, puede que necesite un apoyo comunitario si desea superarla.